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LEOPOLDO TORRES BALBÁS

 

Arquitecto, historiador, arqueólogo, docente, restaurador y crítico. Madrid, 23-5-1888 – Madrid, 21-11-1960.

 

Leopoldo Torres Balbás nació en Madrid en 1888[1]. Creció en un ambiente culto, muy influenciado por su padre Rafael Torres Campos, geógrafo vinculado a la Sociedad Geográfica Madrileña y a la Institución Libre de Enseñanza, quien despertó su interés por la geografía y la historia. Inició bachillerato en 1898 en el Instituto Cardenal Cisneros, (próximo a su residencia en la calle Femando el Santo), donde tropezó con los métodos tradicionales de enseñanza. En 1904, cuando terminó el bachillerato se integró en el Club Alpino Español para conocer la Sierra de Guadarrama. En 1910 entró en la Escuela de Arquitectura de Madrid, al mismo tiempo que se inscribió en la sec­ción de arqueología del Centro de Estudios Históricos, donde se formaría con Manuel Gómez-Moreno y Manuel Cossio, cuyos métodos pedagógicos excursionistas habrían de influirle en su carrera. En 1917 obtuvo el título de arquitecto, si bien apenas lo ejerció en su faceta edificatoria, orientando su carrera e intereses hacia la historia de la arquitectura –luego también del urbanismo- y hacia la incipiente ciencia de la gestión del patrimonio y de la restauración. Mediante la lectura y la cultura del viaje fue desvelando el patrimonio arquitectónico español, tanto sus edificios más emblemáticos como otros desconocidos, abandonados o menos considerados, como la arquitectura popular. Las primeras revistas especializadas de la época, como Arquitectura, la neonata publicación de la Sociedad Central de Arquitectos de Madrid, o los boletines de las sociedades excursionistas de España y Madrid, fueron los vehículos con el que dio a conocer tanto los resultados de sus viajes por España -con especial interés por el arte medieval- como su producción teórica y crítica respecto de la arquitectura moderna y las tendencias restauradoras europeas.

 

Desarrolló su carrera profesional en el ámbito de la administración pública y de las instituciones más relevantes de España, por lo que estuvo marcada por los avatares históricos, políticos y sociales del siglo XX. Torres Balbás fue protagonista de la evolución de disciplinas como la arqueología, el patrimonio cultural, la historia de la arquitectura y la historia del arte y la consiguiente renovación en la gestión, la docencia y la pedagogía, la metodología investigadora y la producción científica.

 

Los destinos y ámbitos de trabajo le permitieron, a su vez, contactar con los profesionales más destacados del momento, así como con figuras relevantes de la cultura e intelectualidad. Perteneció a la Sociedad Central de Arquitectos de Madrid, donde asumió en 1918 la secretaría de la revista Arquitectura, fue delegado de publicaciones entre 1923 y 1925 y coincidió con colegas como Teodoro de Anasagasti y Roberto Fernández Balbuena. En junio de 1919 fue nombrado académico correspondiente por Santander de la Real Academia de la Historia. Pero fueron dos hitos de estos primeros años los que marcaron la trayectoria del joven arquitecto hacia el campo de la restauración y que se tradujeron en el afianzamiento respectivo de la teoría y de la praxis de Torres Balbás: su participación en 1919 en el VIII Congreso Nacional de Arquitectos en Zaragoza y la obtención en 1923 del cargo de arquitecto conservador de la Alhambra. A partir de 1929 compatibilizó su cargo en la Alhambra con el de arquitecto de zona en Andalucía y las provincias de Albacete, Alicante y Murcia.

 

El ambiente cultural e intelectual granadino le deparó su amistad con Manuel de Falla, Lorca, los catedráticos Fernando de los Ríos y Emilio García Gómez, el alcalde Antonio Gallego Burin; si bien no encajó con la parte más provinciana de la ciudad, que no supo entender sus intervenciones. Fue en Granada, además, donde se casó con la aristócrata Josefa Márquez Yanguas, con la que tuvo su único hijo, Rafael Torres Márquez en 1930 y de quién terminaría divorciándose.

 

El año 1931 fue decisivo en su trayectoria. Obtuvo la cátedra de Historia de las Artes Plásticas y de la Arquitectura en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, donde se había formado. Además, participó en la delegación española de la conferencia de restauración de monumentos de la Oficina Internacional de Museos, celebrada en Atenas. Desde Madrid estuvo desarrollando sus funciones en Andalucía, pero terminó instalándose definitivamente en la capital, incómodo en Granada por el ambiente de rechazo a su intervención en el Patio de los Leones, también por su divorcio. En Madrid se casaría con Susana Poirier de Bossy.

 

La guerra, que le sorprendió en Soria, supuso su destitución en la Alhambra, y el inicio de un paréntesis marcado por el ejercicio de la docencia en el instituto de Soria y la dirección de la restauración de la catedral de Sigüenza (1937), prácticamente su última obra en esta especialidad.

 

Tras distintos avatares en la posguerra, como los expedientes de depuración de que fue objeto y superó, regresó a su cátedra, si bien fue relegado del ejercicio de la arquitectura en el ámbito de la administración pública. Se volcó a partir de entonces en la docencia y la investigación, con cargos en instituciones como el CSIC desde 1940. Hubo de esperar a la década de los cincuenta para que llegasen los reconocimientos: académico de la Historia (en 1954 leyó su discurso de ingreso), académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes de Nuestra Señora de las Angustias de Granada, académico de honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga y correspondiente de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba; reconocimientos que se extenderían fuera de España: miembro correspondiente de la Hispanic Society of América de Nueva York y de la Academia Argentina de la Historia, doctor honoris causa por las universidades de Argel y Rabat. Falleció en 1960 víctima de un accidente, muerte repentina que provocó la reivindicación inmediata de su figura y la recopilación y reedición de su obra. No sólo sus profesores y compañeros de profesión (Emilio García Gómez, Henri Terrase), también alumnos destacados y admiradores del maestro de varias generaciones que pronto pasarían a las primeras filas (Fernando Chueca Goitia, Rafael Manzano Martos, Rafael Moneo Vallés) garantizaron la pervivencia de la obra de Torres Balbás en los campos de la investigación y recogieron el testigo de sus renovadoras propuestas en la gestión del patrimonio, en la definición de las disciplinas de la historia del arte y de la arquitectura, en la docencia y la pedagogía.

 

Resulta evidente que la guerra supuso un punto y aparte en la trayectoria profesional de Leopoldo Torres Balbas. Si bien la inquietud investigadora como arqueólogo e historiador del arte y de la arquitectura fue una constante de su vida, su primera etapa estuvo definida por el desarrollo teórico y el ejercicio práctico de la disciplina de la restauración del patrimonio histórico, el interés por la arquitectura contemporánea y su breve producción constructiva. Su cátedra, en la posguerra, determinó tanto la dedicación exclusiva a la docencia y la investigación en el ámbito académico de la Escuela de Arquitectura de Madrid y de las instituciones científicas, como la aplicación en las aulas de sus innovaciones y principios pedagógicos en la enseñanza de la arquitectura, que venía defendiendo desde sus primeras publicaciones en el seno de la Sociedad Central de Arquitectos.

 

TEORÍA Y PRÁCTICA DE LA RESTAURACIÓN

 

El VIII Congreso Nacional de Arquitectos de 1919 en Zaragoza fue el primer foro en el que Torres Balbás expuso su postura conservacionista en la restauración, opuesto a Viollet-le-Duc, y heredero de Ruskin, sostenida en el rigor, la investigación y las propuestas de Camilo Boito. En su ponencia “Legislación, inventario gráfico y organización de los monumentos históricos y artísticos de España” defendió el método multidisciplinar, la investigación previa del patrimonio y la consideración del valor documental del monumento, en detrimento de la autoridad del estilo, a la hora de acometer las labores de preservación y restauración. Fue una apuesta arriesgada, enfrentada a la predominante corriente violletiana española de la restauración en estilo y a su máximo representante, Vicente Lampérez; que sin embargo supuso el punto de partida de su personal teoría restauradora, influenciado por la arquitectura moderna en la defensa del empleo de nuevos materiales, el rechazo de los historicismos o la puesta en valor y uso de los edificios del pasado, ideas y propuestas que irá desgranando en artículos teóricos y de opinión.

 

Este bagaje intelectual tuvo su aplicación práctica en un campo de trabajo excepcional, la Alhambra de Granada. Allí rompió con la nefasta huella de los Contreras, para dar continuidad, inspirado por la trayectoria de Facundo Riaño en otros bienes patrimoniales, al proyecto racional y de conservación rigurosa y documentada iniciado por su antecesor Ricardo Velázquez Bosco. La huella de Torres Balbás en la Alhambra tuvo numerosas facetas[2]. Sus obras se rigieron por la investigación y documentación previa a la consolidación de la obra antigua, la negativa a rehacer en falso histórico o reconstruir lo desaparecido, la eliminación de los añadidos y el empleo de nuevos materiales. Sus diarios, editados en los primeros números de Cuadernos de la Alhambra, desgranan los criterios de mínima intervención, las fases de trabajo, la metodología de connotaciones museísticas y avalan su anticipación a lo que más adelante fue definido en Italia como el “restauro crítico”. Un soporte fundamental de la documentación de sus intervenciones fue su formación como arqueólogo, con la que abrió dos campos aún no transitados, el de la arqueología de la arquitectura y el de la arqueología medieval.

 

La tarea de Torres Balbás alcanzó una dimensión global, pues asumió además de la restauración propiamente dicha, la gestión del conjunto de la Alhambra, haciéndose cargo de contratas de mantenimiento, elaboración de presupuestos, adquisiciones de inmuebles y programas y actividades de difusión.

 

Como arquitecto de zona pudo extender su método a otras intervenciones, así como informar sobre el valor patrimonial artístico de numerosos inmuebles. Elaboró los proyectos de Santa María de los Reales Alcázares de Úbeda, la Alcazaba de Málaga, en Granada los de San Juan de los Reyes, Corral del Carbón, La Casa del Chapiz, Palacio de Daralhorra y la Casa de los Girones, en Murcia el de la Capilla de los Vélez de la catedral; también intervino en Baeza y Almería.

 

De este modo, desde 1919, y siguiendo muy de cerca la doctrina de Boito, fue enriqueciendo su posicionamiento conservacionista inicial, distanciándose de las radicales premisas de Ruskin e incorporando nuevas áreas de trabajo, como los jardines y los entornos urbanos de los edificios, la dimensión social del patrimonio y la educación y sensibilización ciudadanas. Antes del célebre congreso de Atenas, Torres Balbás ya había adquirido una proyección internacional; había continuado avanzando en la metodología restauradora, como ilustra su desplazamiento en 1926 a Italia, pensionado por la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas; había compartido sus teorías en encuentros internacionales como el congreso de París de 1921 (donde coincidió Venturi y Paul León). Su trayectoria en numerosos aspectos corrió paralela a la de Gustavo Giovannoni[3]. Ambos coincidieron en las sesiones de Atenas. En este congreso de Arquitectos de 1931, Torres Balbás realizó una síntesis de toda su labor teórica y su experiencia práctica en el laboratorio de La Alhambra en su ponencia “Evolución del criterio respecto a la restauración de monumentos en la España actual”, publicada posteriormente bajo diferentes títulos en Francia y España. Esta reunión científica consagró a nivel internacional la opción “conservacionista” en el tratamiento de edificios de interés histórico-artístico, que Torres Balbás había venido defendiendo. El evidente protagonismo del español quedó reflejado en el hecho de que fue uno de los redactores de las conclusiones del congreso, la influyente Carta de Atenas. En España tuvo una gran trascendencia, pues el pensamiento del arquitecto estuvo en la base de la nueva normativa promovida por su amigo Fernando de los Ríos, el ministro de Instrucción Pública: la ley del Tesoro Artístico de 1933 que estuvo vigente hasta 1985.

Entre 1931 y 1936 Torres Balbás continuó actualizando y sistematizando conceptos, como el de la necesidad de reorganización de los organismos públicos competentes en materia de patrimonio histórico y artístico. Tras la guerra abandonó el campo de la restauración, si bien ya había hecho escuela y continuó atento a las novedades.

 

ACTIVIDAD EDIFICATORIA

 

Su breve actividad constructora fue desarrollada al inicio de su carrera. Respecto de la arquitectura moderna dejó obra teórica y conceptos nuevos, si bien no siguió la estela de sus contemporáneos amigos, Anasagasti, Zuazo, o Fernández Balbuena, a cuyos edificios, así como a proyectos que emanaban de la misma escuela de arquitectura, dedicó varios artículos. Las construcciones de Balbás no compartieron de todos modos sus ideas escritas. Su primer trabajo conocido, nada más terminar la carrera, se ubica en Madrid, una tienda almacén en junto a la plaza de Cascorro[4], dispuesta en una esquina que resolvió con un acristalamiento entre columnas, a modo de voladizo y un piso superior con vanos de arco de medio punto, rematado con azotea. Estas formas y materiales compartían algunos de los rasgos de la arquitectura racionalista, pero no se desvinculaban de la tradición. El edificio resultó de gran sencillez, limpio de ornamentación y acorde con la arquitectura de la capital.

 

Pronto trabajó fuera de Madrid, en la provincia de Santander -a la que estaba vinculado vía materna desde la infancia- y en Medina del Campo donde entre 1919 y 1921 ejerció como arquitecto municipal. En 1921 fue nombrado director de construcciones escolares de las provincias de Ávila y Granada, tipologías de las que denunciaba la uniformidad de diseño y para las que reclamaba la adaptación al entorno y el empleo de materiales y tradiciones constructivas locales. Junto al director de la Oficina Técnica de Construcción de Escuelas, Antonio Flórez, proyectó la Escuela Normal de Granada. Fue en esta época cuando diseñó el desaparecido pabellón de Granada para la exposición de Sevilla en 1929 y la casa de los sacristanes de la catedral.

 

Su orientación hacia la restauración y la investigación, supuso el abandono del ejercicio edificatorio de la arquitectura, sólo con la excepción, ya en la posguerra, de su vivienda en San Lorenzo de El Escorial, ubicada en el barrio de Abantos, un proyecto de Javier Ferrero de 1923 de ciudad jardín, de calles ceñidas a las curvas de nivel de la ladera del monte[5]. La breve producción edilicia de Torres Balbás quedaba abierta y cerrada por sus dos únicas aportaciones madrileñas.

 

LA INVESTIGACIÓN

 

Las páginas dedicadas por estudiosos a recopilar su producción escrita, y el referente de su aportación historiográfica a la historia de la arquitectura y el arte y a la arqueología, ilustran su ingente creación. Emilio García[6] y Henri Terrase[7], a la muerte de Torres Balbás, le homenajeron con sendos obituarios y las primeras bibliografías del autor, con casi 400 entradas Fueron varios los temas que abordó, en ocasiones determinados por el compás de su biografía. Predominaron los estudios de caso, si bien, a partir de la década de los cuarenta, sin abandonar sus artículos en las revistas especializadas, se adentró en el ámbito de las obras colectivas y las monografías, con trabajos de síntesis y de alta divulgación, como sus influyentes tomos sobre arte califal, almohade, mazarí, mudéjar, gótico para Ars Hispaniae y la Historia de España de Menéndez Pidal. La vigencia de su producción escrita en la investigación contemporánea, explica la continua reedición de sus obras, como los diez volúmenes coordiandos por Casamar del Instituto de España bajo el título de Obra dispersa, (compilación de sus artículos en las revistas Arquitectura, Al-Andalus y Archivo español de arte y arqueología; Arquitectura), o la serie Estudios de arte mudéjar aragonés, selección de Gonzalo Borrás Gualis para la Institucion Fernando El Católico.

 

En su primera etapa destacaron sus escritos sobre crítica de la arquitectura contemporánea, la teoría de la restauración, pedagogía, que se editaron en la revista Arquitectura. No obstante, su vocación de fondo hizo de la arqueología, la historia de la arquitectura y del arte una constante. En sus inicios predominaron los temas medievales cristianos, especialmente arquitectura románica, que le llevaron por Aragón y Castilla. En ellos no sólo recuperaba la memoria de construcciones perdidas, abandonadas, junto con grandes referentes monumentales, sino que iba dejando huella de su innovador e influyente método de trabajo, basado en la observación y trabajo in situ, la documentación con dibujos y fotografías y el abordaje multidisciplinar, estableciendo conexiones entre arqueología, arquitectura y arte y confiriendo importancia a elementos estructurales y tipologías, novedoso enfoque que superaba los análisis reduccionistas de la ornamentación. Ya apuntaba las bases de lo que sería la arqueología de la arquitectura, por un lado, y por otro, la arqueología medieval, especialidades que a lo largo del siglo XX se abrirían hueco dentro de una disciplina que había surgido vinculada a los vestigios de la Edad Antigua. La importancia del viaje, clave en su despertar adolescente, y su formación con figuras como Manuel Gómez Moreno y Elías Tormo explican su comodidad en los boletines de las sociedades española y castellana de excursionistas. Su primer trabajo data de 1916. A este momento corresponden el primer estudio de conjunto de la diversidad regional de la arquitectura popular, su catálogo de arquitectura cisterciense y las primeras incursiones en el arte hispanomusulmán.

 

Fue su destino en la Alhambra el que le inclinó decididamente hacia el mundo andalusí, eje de su tarea científica. Fue decisiva en este sentido, su Crónica Arquitectónica de la España Musulmana, en la revisita Al-Andalus, fundada en 1934, sección que le reservó su director Emilio García Gómez, también director de la Escuela de Estudios Árabes de Granada. Esta prestigiosa publicación supuso para Torres Balbás la continuidad de sus investigaciones en la posguerra, a la que pronto se sumaría Archivo Español de Arte y Arqueología. Simultáneamente escribió en revistas del sur de la Península (Boletín del Centro Artístico y Reflejos, de Granada; Andalucía, de Córdoba; Annual Journal of the Gibraltar Society).

 

No fue ajeno a la investigación de sus colegas, como evidencia sus numerosas reseñas no sólo a sus amigos maestros y discípulos (Gómez-Moreno, García Gómez, Terrasse, Chueca Goitia), sino también a otros medievalistas reconocidos nacionales e internacionales.

 

Cierto fue su prestigio en vida, avalado por su cargo en 1940 de Jefe de Sección del Instituto Benito Arias Montano del CSIC, su colaboración con la Escuela de Estudios Árabes, su vocalía en 1944 en el Patronato del Museo Nacional de Arquitectura, y el nombramiento en 1949 como director del Patronato del Instituto Valencia de Don Juan.

 

Esta época le llevó a encauzar su obra hacia el campo del urbanismo, un tema por el que ya había mostrado interés en aquellos primeros textos de los años 20 en los que reivindicaba la contextualización territorial de los hitos arquitectónicos y los valores históricos de las tramas medievales y modernas de las ciudades. Es un ejemplo más de su método integral y multidisciplinar. Su discurso sobre lo mudéjar tenía su fundamento en las conexiones entre lo cristiano y lo andalusí, a la luz de las cuales revisó las categorías decimonónimas de Amador de los Ríos. No fue casual que el tema de su discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia fuese “Algunos aspectos del mudejarismo urbano medieval», contestado por Emilio García Gómez. Esta línea de investigación culminó en su obra póstuma sobre las ciudades hispanomusulmanas.

 

MADRID COMO OBJETO DE ESTUDIO

 

Madrid fue tratada por Torres Balbás desde dos enfoques diferentes, coincidentes con dos periodos diferenciados: en la década de los 20, la reflexión de la arquitectura moderna, testigo atento de los cambios de la ciudad; al final de su vida, el patrimonio de Madrid y su provincia[8].

 

En el primer grupo dejó manifiesta su postura de acercamiento a la arquitectura moderna, pero desde el rechazo de las simplificaciones formales y estructurales de la nueva arquitectura encabezada por Le Corbusier y la reivindicación de la tradición autóctona edificatoria. Su crítica a la casa del arquitecto Carlos Gato en la calle de Zurbarán, en 1919, ensalza el empleo de formas tradicionales, del clasicismo y de la sencillez ornamental. Con las mismas premisas, y desde el respeto al arquitecto, no valora positivamente la amalgama estilística regionalista de la obra de Rucabado en la plaza de Canillejas, si bien elogia la adaptación de la arquitectura moderna a las influencias de la arquitectura autóctona española. Es defensor de la obra depurada de líneas sencillas, como las viviendas unifamiliares de Gustavo Fernández Balbuena fuera del casco histórico (calles de Almagro, Valdivia, Serrano).

 

Ocupaban la atención de Torres Balbás las tipologías novedosas. Valoró positivamente la arquitectura industrial del proyecto de Gustavo Fernández Balbuena para la fábrica de automóviles SEFA. En esta línea se encuadra el comentario de los proyectos para el Círculo de Bellas Artes, donde duda de la posibilidad de ejecución de la colosal obra de Antonio Palacios y se decanta por otros proyectos que luego fueron desestimados. Su minuciosidad analítica abarca desde la integración urbana del proyecto con las vías a las que abre, la calle de Alcalá, hasta la distribución de interiores y a la diversidad funcional.

 

Su crítica a la casa de ejercicios jesuita en Chamartín de la Rosa, obra de López Otero, supone el aplauso a la recuperación de la tradición constructiva del ladrillo, en clave moderna, libre del concepto de lo neomudéjar y de la disyuntiva entre materiales nobles y populares. El análisis del hospital de San José y Santa Adela discurre desde la tipología de pabellones hasta los servicios, la comunicación interna y la disposición de espacios al aire libre para los convalecientes (jardín y azotea). La sencillez de un panteón le sirve, en otro artículo, para criticar la pretenciosa estética burguesa y reivindicar la conexión del hombre con la naturaleza, en un relato casi lírico que conecta el cementerio con la sierra de Guadarrama.

Su clarividencia sobre el valor de las ciudades, un tema recurrente al que se ha hecho mención, quedó manifiesta en su amplio y minucioso comentario al proyecto de reforma interior en Madrid de José Luis Oriol. Sus palabras, extremadamente duras, defienden la experimentación del nuevo urbanismo en los ensanches, pero no en los cascos históricos, donde supone la destrucción de la arquitectura y el viario; la propuesta de Oriol no es sino una prueba del escaso interés español por la cultura y el patrimonio artístico. Así contrapone Torres Balbás a la eficiencia de las grandes avenidas, las sensaciones intangibles de los trazados irregulares de las ciudades del pasado, a la par que denuncia el desconocimiento o el desprecio del proyecto a la historia urbana de Madrid desde el siglo X. Los problemas de aglomeración ciudadana y circulación viaria, no pueden borrar el carácter castellano de la villa; la apertura de vías no va a evitar la tradición del paseo y la concurrencia vecinal por el centro de la capital. En esencia lo que reivindica Torres Balbás es la idea de ciudad como organismo vivo, el respeto de las peculiaridades, mientras denuncia el sometimiento a la geometría de los cascos antiguos, sintetizado en la expresión “El plano de Madrid ha de adaptarse al proyecto del Sr. Oriol”; adaptación que implicaba la desaparición de buena parte del patrimonio inmueble y su patrimonio inmaterial asociado (como los espacios recoletos) así como la ruptura semántica de la Plaza Mayor, la pérdida de la plaza de las Descalzas, la reducción de la plaza de la Villa o el traslado de la fachada del Hospicio. Sorprende la relación de hitos monumentales que se verían en mayor o menor medida afectados por el nuevo viario del proyecto: la Academia de la Historia, la iglesia de San Luis, el palacio del Marqués de Perales, el Gobierno Civil, el Ayuntamiento, el Teatro Real. En este punto trae a colación la responsabilidad de las administraciones en la defensa del interés público frente a los intereses económicos de la iniciativa privada. Las acusaciones de destructor a Oriol, desde la clarividencia de la consideración del entorno en la conservación patrimonial y el estudio urbano, como garante de la contextualización geográfica e histórica de los edificios, no es sino la ejemplificación de su reivindicación a favor de la pervivencia de los cascos históricos en la ciudad moderna, un pensamiento paralelo al de algunos de sus contemporáneos, como Giovannoni.

 

En otro artículo se centra en un tema en apariencia menor, como es el movimiento del mobiliario urbano, grupos escultóricos, fuentes que cambian de sitio sin tener en cuenta la escala y las proporciones espaciales de la ciudad, mientras que critica el carácter ornamental de la escultura al aire libre, proponiendo el predominio arquitectónico de líneas depuradas para los nuevos monumentos conmemorativos.

 

En esta progresión espacial de los valores patrimoniales, resulta muy significativa su defensa del paisaje y en concreto de la sierra de Guadarrama, en sintonía con el pensamiento y la creación literaria y artística de contemporáneos como Ortega y Gasset, Cansino Assens o Sorolla. Así ha de entenderse la reflexión sobre la sierra que introduce el análisis de un proyecto de vivienda particular de Secundino Zuazo en San Lorenzo de El Escorial, edificio que debió tener presente a la hora de concebir su propia residencia en el mismo lugar décadas después. Para Torres Balbás la obra de Zuazo es la excepción (y el camino a seguir) en el maremágnum de edificios pastiche de los burgueses veraneantes que invaden la sierra, recargados, levantados con materiales (ladrillo rojo, teja plana, jardines amorfos) ajenos al territorio en que se asientan y que rompen el equilibrio entre arquitectura y naturaleza. Para Torres Balbás, el proyecto del arquitecto vasco armoniza con el territorio, asimila la esencia de la sierra y de su patrimonio arquitectónico, desde las humildes construcciones rurales pasando por los cascos de los pueblos de Navacerrada, La Cabrera o Cercedilla, para llegar hasta las joyas patrimoniales de El Escorial y el castillo de Manzanares el Real de las que ensalza su perfecta integración en el paisaje. De hecho, otro artículo de Torres Balbas dedicado a El Escorial abunda en la estrecha conexión entre el monumento y la mole granítica de la sierra, en su espíritu moderno, la concisión y sobriedad estructural, la actualización de los lenguajes y códigos clásicos y la huella de la interpretación hispana anticlásica, trazando una trayectoria que desde el renacimiento y más allá de los estilístico, habría de repercutir, a través de la arquitectura posterior, en la sociedad y la cultura españolas.

 

Un conjunto de publicaciones de la década de los cincuenta inauguró la aplicación de su método de investigación y trabajo de campo sobre el patrimonio medieval madrileño: «Las murallas de Madrid» (1957), «Castillo de Fuentidueña del Tajo» (1957), “Complutum, Qal’at Abd al-Salam y Alcalá de Henares» (1959), «Talamanca y la ruta olvidada del Jarama» (1960). Todo parece apuntar a que esta serie de trabajos que fue publicando en el Boletín de la Real Academia de la Historia quedó truncada por su fallecimiento.

 

En 1958 apareció un título «La reforma de las cubiertas de la Plaza Mayor de Madrid», editado tanto en forma de artículo del Boletín de la Real Academia de la Historia como de monografía, tal vez por la repercusión de las obras de tan emblemático espacio en la sociedad madrileña. Supuso un retorno a la aplicación práctica de la teoría de la restauración científica y crítica y al valor documental del monumento, que dejaba en evidencia cómo mediado el siglo XX aún se seguía restaurando en estilo. Sobre un análisis exhaustivo basado en representaciones gráficas del pasado, argumenta la falta de rigor en el empleo de pizarra en la cubierta (por inspiración escurialense) y la innecesaria normalización de buhardillas que se ha llevado a cabo en una primera fase y solicita que no se aplique el criterio al resto de la plaza. Este texto es el testimonio de la voz autorizada de Torres Balbás sobre uno de los más representativos espacios del patrimonio histórico y artístico de Madrid.

 

ACTIVIDAD DOCENTE Y METODOLOGÍA PEDAGÓGICA

 

La renovación docente y pedagógica de Torres Balbás en la enseñanza de la arquitectura está asociada a Madrid y a su escuela superior. Antes de que Torres Balbás obtuviese la cátedra ya había publicado diversos artículos sobre el tema desde su tribuna de la revista Arquitectura[9]. A través de sus páginas reclamó la necesidad del estudio de la historia de la arquitectura en la formación de los arquitectos; fundamentó el método de aprendizaje en la cultura del viaje, los estudios gráficos, el conocimiento directo del patrimonio y la investigación in situ. La inspiración se hallaba en el propio magisterio recibido de figuras tan relevantes como Manuel Gómez Moreno y de Miguel Asín Palacios, basado en los planteamientos de la Institución Libre de Enseñanza de fomento de la reflexión, frente al tradicional aprendizaje memorístico. Denunció el retroceso de la Escuela de Madrid, cuando ésta suprimió los viajes que organizaba desde 1877, lo que dio sus frutos, como demuestra un artículo de 1923 sobre los proyectos de alumnos basados en la práctica del viaje. En el mismo año «La enseñanza de la historia de la arquitectura» puso el acento en el conocimiento del pasado para el ejercicio y el avance técnico de la profesión. Del mismo modo defendió el abordaje de la disciplina desde una perspectiva más amplia que la de los estilos y ornamentos, incorporando los análisis de estructuras y tipologías, la contextualización histórica y geográfica de los edificios y la evolución de la arquitectura, considerando imprescindible el conocimiento y la consideración de los entornos urbanos, las relaciones culturales e interinfluencias a lo largo del tiempo.

Este manifiesto de intenciones fue recogido en la Memoria sobre la enseñanza de la Historia de las artes plásticas y de la arquitectura que defendió en su acceso a la cátedra. Desde su posición docente, tanto en la Escuela de Madrid, como en su circunstancial estancia en Soria, aplicó sus ideas de renovación pedagógica, dejando definidas la historia del arte y de la arquitectura como ciencias dinámicas.

 

El legado mutidisciplinar del madrileño Torres Balbás, hombre culto, vanguardista y cosmopolita, continúa hoy vigente en los ámbitos universitarios, científicos y administrativos, en los alumnos y profesionales de la gestión del patrimonio, de la arqueología y de la historia del arte y de la arquitectura. Torres Balbás se erige hoy, con la perspectiva del tiempo pasado, en el gran teórico de la historia de la restauración en España.

 

 

BIBLIOGRAFÍA DE CONSULTA Y REFERENCIA

 

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ALMAGRO GORBEA, ANTONIO, “Estudios islámicos de Torres Balbás”, Leopoldo Torres Balbás y la restauración científica. Ensayos (María del Mar Villafranca Jiménez y Román Fernández-Baca Casares, coords.), Granada: Patronato de la Alhambra y el Generalife, 2013, pp. 349-360.

 

ÁLVAREZ LOPERA, J. “La Alhambra entre la Conservación y la Restauración”, Cuadernos de arte de la universidad de Granada (CAR), 14 (1977), pp. 7-238.

 

ANGULO ÍÑIGUEZ, DIEGO, «Don Leopoldo Torres Balbás (1888-1960)», Archivo Español de Arte, 132 (1960), pp. 451-452.

 

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BERMÚDEZ LÓPEZ, JESÚS, “Reflexiones en torno a los primeros años de la Alhambra en la posguerra civil”, Leopoldo Torres Balbás y la restauración científica. Ensayos (María del Mar Villafranca Jiménez y Román Fernández-Baca Casares, coords.), Granada: Patronato de la Alhambra y el Generalife, 2013, pp. 235-260

 

BERMÚDEZ LÓPEZ, JESÚS, “Museo Arqueológico de la Alhambra”, Memorias de los Museos Arqueológicos Provinciales (Madrid), XI (1942-1943).

 

BORRÁS GUALIS, GONZALO M., “La construcción de la historia de la arquitectura hispanomusulmana: la figura de Leopoldo Torres Balbás”, Lecciones de los maestros: aproximación histórico-crítica a los grandes historiadores de la arquitectura española (Seminario, Zaragoza, 26, 27 y 28 de noviembre de 2009, María Pilar Biel Ibáñez, Ascensión Hernández Martínez, coords.), Zaragoza: Institución Fernando el Católico, Universidad de Zaragoza, 2011, pp. 159-168.

 

BORRÁS GUALIS, GONZALO M., “Torres Balbás, Leopoldo. Perfil crítico”, Diccionario de historiadores españoles del arte (Gonzalo. M. Borrás Gualis y A. R. Pacios Lozano, eds.), Madrid: Grandes Temas Cátedra, 2006, pp. 332-333.

 

CABANELAS RODRÍGUEZ, DARÍO, “La Escuela de Estudios Árabes de Granada en su 50 aniversario (1932-1982)”, CAR, 18 (1982).

 

CABANELAS RODRÍGUEZ, DARÍO, «Torres Balbás y los estudios islámicos en la España de su época». Cuadernos de la Alhambra, 25 (1989), pp. 23-32.

 

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FUENTES DOCUMENTALES

 

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Colección de Fotografías.

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OBRA ESCRITA (SELECCIÓN) [10]

REFERENCIAS Y RECURSOS

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Dialnet

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REGESTA IMPERII (opac.regesta-imperii.de)

Universidad Politécnica de Madrid. Archivo Digital. Obras de Leopoldo Torres Balbás

VIAF

 

ARTÍCULOS DE REVISTAS

 

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«Diario de obras en la Alhambra: 1923», Cuadernos de la Alhambra, 1 (1965), pp. 75-92.

 

«Diario de obras en la Alhambra: 1924», Cuadernos de la Alhambra, 2 (1966), pp. 89-111.

 

«Diario de obras en la Alhambra: 1925-1926», Cuadernos de la Alhambra, 3 (1967), pp. 125-152.

 

«Diario de obras en la Alhambra: 1927-1929», Cuadernos de la Alhambra, 4 (1968), pp. 99-128.

 

«Diario de obras en la Alhambra: 1930-1936», Cuadernos de la Alhambra, 5 (1969), pp. 69-94.

 

«Diario de obras y reparos en el Generalife: 1925-1936», Cuadernos de la Alhambra, 6 (1970), pp. 109-130.

 

LIBROS

 

La vivienda popular en España, Barcelona: Alberto Martín, 1930.

 

La Alhambra y el Generalife, Colección Los monumentos cardinales de España, VII, Madrid: Editorial Plus Ultra, 1949, reed. 1953.

 

Arte almohade, arte nazarí, arte mudéjar, Ars Hispaniae, IV, Madrid: Editorial Plus Ultra, 1949.

 

Arquitectura gótica, Ars Hispaniae, VII, Madrid: Editorial Plus Ultra, 1952.

 

La Mezquita de Córdoba y las ruinas de Madinat Al-zahra, Madrid: Editorial Plus-Ultra, 1952.

 

Generalife, Colección El corazón manda, Granada: Ediciones CAM, 1954.

Algunos aspectos del mudejarismo urbano medieval. Discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia. Contestación de Emilio García Gómez. Madrid: Real Academia de la Historia, 1954.

 

Monasterios cistercienses de Galicia. Colección Obradoiro, VIII. Santiago de Compostela: Bibliófilos gallegos, 1954.

 

Arte almorávide y almohade, Madrid: Instituto de Estudios Africanos, Instituto Diego

Velázquez, CSIC, 1955.

 

Ciudades yermas hispanomusulmanas, Madrid: Maestre, 1957.

 

La Mezquita de Córdoba y las ruinas de Madinat al-Zahra. Colección Los Monumentos Cardinales de España, XIII, Madrid: Editorial Plus Ultra, 1960.

 

La Alcazaba y la Catedral de Málaga, Colección Los Monumentos Cardinales de España, XIV, Madrid: Editorial Plus Ultra, 1960.

 

Ciudades hispanomusulmanas, Madrid: Ministerio de Asuntos Exteriores, Instituto Hispanoárabe de Cultura, 1970, 2º ed. 1985.

 

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Sobre monumentos y otros escritos, Colección Textos dispersos, Madrid: Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, 1996.

 

La Alhambra y el Generalife de Granada (Antonio Malpica Cuello, ed.), Granada: Universidad, 2009.

 

OBRAS COLECTIVAS (CAPÍTULOS y ACTAS)

 

“Legislación, inventario gráfico y organización de los Monumentos históricos y artísticos de España”, VIII Congreso Nacional de Arquitectos (Zaragoza 30 septiembre- 7 octubre de 1919), Zaragoza: Tipografía “La Editorial”, 1919.

 

«Inventaire et classification des monastères cisterciens espagnols», Actes du Congrès d’histoire de l’Art.II, París, 1924.

 

“La restauration des monuments dans l’Espagne d’aujourd’hui”, Mouseion, 17-18 (1932), pp. 23-25. (ponencia del congreso de Atenas).

 

«Los edificios escolares vistos desde la España rural», Oficina técnica para construcción de escuelas, Madrid: Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, 1933.

 

«El arte de la alta edad media y del periodo románico en España». Arte de la alta edad media, Historia del Arte Labor (Max Hauttmann dir), Barcelona: Labor, 1934, tomo VI, pp. 147-216.

 

«El ambiente mudéjar en torno a la Reina católica y el arte hispanomusulmán en España y Berbería durante su reinado», Curso de conferencias sobre la política africana de los Reyes Católicos, Madrid: Instituto de Estudios Africanos, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1951, tomo II, pp. 81-125.

 

«Introducción», Planos de ciudades iberoamericanas y filipinas existentes en el Archivo de Indias (con Fernando Chueca Goitia), Madrid: Instituto de Estudios de Administración Local, Seminario de Urbanismo, 1951.

 

“Bibliography of Spanish Muslim Art 1939-1946”, Ars Islámica. Freer Gallery of Art, The Smithsonian Institution and Department of the History of Art, University of Michigan, Baltimore, 1951, pp. 165-185.

 

«Málaga como escenario histórico», XXI Congreso de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias, Madrid: Asociación Española para el Progreso de las Ciencias, 1952.

“The Mezquita of Cordoba and Madinat Al-Zahra” (con Werner Schiff, J), La Mezquita de Córdoba y las ruinas de Medinat Al-zahra, Madrid: Plus-Ultra.1952

 

«La Edad Media», Resumen histórico del urbanismo en España, Madrid: Instituto de Estudios de Administración Local, 1954. pp. 1-107. (ed. 1987, pp. 68-172).

 

«L’art andalou», Encyclopédie de l’Islam, París, Leiden, 1957, pp. 512-516.

 

«Arte hispanomusulmán hasta la caída del califato de Córdoba (711-1031 d. J.C.)», Historia de España (dir. Ramón Menéndez Pidal), Tomo V, Madrid: Espasa Calpe, 1957, pp. 331-788.

 

«Ciudades hispanomusulmanas de nueva fundación», Études d’Orientalisme dediées á la memoire de Lévi-Provençal, París: Maisonneuve, 1962.

 

ACTIVIDAD EDILICIA EN MADRID

 

Tienda almacén. Plaza de Cascorro, Madrid, 1918.( Proyecto de inicial y de amplaición)

Fuentes documentales

AVM. Obras particulares. 22-189-66.

AVM. Obras particulares. 23-279-81.

Casa particular de Torres Balbás. c/ Concha Espina, 24. San Lorenzo de El Escorial. (años 40).

Referencia Bibliográfica

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OBRA ESCRITA SOBRE MADRID (crítica, investigación histórica, pedagogía)

 

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“Concurso de proyectos para el edificio del Círculo de Bellas Artes”, Arquitectura, II (1919), pp. 225-229.

 

«Arquitectura española contemporánea. La casa de don Carlos Gato en la calle de Zurbarán, en Madrid», Arquitectura, II (1919), pp. 252-257.

 

«La arquitectura moderna en la sierra de Guadarrama. Una obra de Zuazo en El Escorial», Arquitectura, III (1920), pp. 78-84.

 

«Arquitectura española contemporánea. La moderna arquitectura de ladrillo y la Casa de Ejercicios de Chamartín de la Rosa», Arquitectura, III (1920), pp. 108-111.

 

«Arquitectura española contemporánea. La última obra de Rucabado», Arquitectura, III (1920), pp. 132-139.

 

«Arquitectura contemporánea: los monumentos conmemorativos», Arquitectura, III (1920), pp. 167-172.

 

“Arquitectura española contemporánea. El proyecto de reforma interior en Madrid del Sr. Oriol”, Arquitectura, III (1920), pp. 284-291. Reed. Arquitectura, 378 (2019) (especial Arquitectura 1918-1948), pp. 124-125.

 

“La reproducción gráfica de nuestros monumentos y la Escuela de Arquitectura de Madrid», Boletín de la Sociedad Central de Arquitectos, 81 (1920), pp. 3-4.

 

«Arquitectura española contemporánea: Algunos hospitales modernos. El Hospital de San José y Santa Adela, en Madrid», Arquitectura, IV (1922), pp. 105-107.

 

«Arquitectura española contemporánea: Un panteón (De los señores de Schneider en el cementerio civil de Madrid)», Arquitectura, IV (1922), pp. 411-413.

 

«La exposición de trabajos de los alumnos de la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid», Arquitectura, V (1923), pp. 16-18.

 

«La enseñanza de la historia de la arquitectura». Arquitectura, V (1923), pp. 139-143.

 

«Lo que representa El Escorial en nuestra historia arquitectónica». Arquitectura, V (1923), pp. 215-219.

 

«Gustavo Fernández Balbuena: Algo sobre sus trabajos arqueológicos y arquitectónicos», Arquitectura, XIV (1932), pp. 6-13.

 

“Sobre la creación de un seminario de arqueología monumental en la Escuela Superior de Arquitectura”, APAA, 2 (1933), p. 10.

 

«Las murallas de Madrid», (en colaboración con Modesto López Otero), Boletín de la Real Academia de la Historia, CXL (1957), pp. 27-32.

 

«Castillo de Fuentidueña del Tajo», Boletín de la Real Academia de la Historia, CXL (1957), pp. 41-43.

La reforma de las cubiertas de las casas de la Plaza Mayor de Madrid. Madrid: Maestre, 1958.

 

«La reforma de las cubiertas de la Plaza Mayor de Madrid», Boletín de la Real Academia de la Historia, CXLII (1958), p. 279-286.

 

«Estudios de arqueología e historia urbana: Complutum, Qal’at Abd al-Salam y Alcalá de Henares», Boletín de la Real Academia de la Historia, CXLIV (1959), pp. 155-188.

 

«Talamanca y la ruta olvidada del Jarama», Boletín de la Real Academia de la Historia, CXLVI (1960), pp. 235-266.

 

 

MARÍA MAGDALENA MERLOS ROMERO

FECHA DE REDACCIÓN. 20 DE DICIEMBRE DE 2020

FECHA DE REVISIÓN.

 

NOTAS

[1] Son numerosos los estudios sobre Torres Balbás. Destaca por su carácter biográfico ALFONSO MUÑOZ COSME, La vida y la obra, 2005.

[2] Se remite a la bibliografía general.

[3] C. A CACCIAVILLANI, “Joan Rubió Bellver…”,2005.

[4] Archivo de Villa de Madrid (AVM). Obras particulares. 22-189-66 (AVM). Obras particulares. 23-279-81.

[5] Para el barrio de Abantos ALBERTO HUMANES BUSTAMANTE, Guía…, 2009, p. 178.

[6] GARCÍA GÓMEZ, EMILIO, «Bibliografía…”, 1960.

[7] HENRI TERRASSE, “Leopoldo…”, 1963.

[8] Vid. Apartado Obra escrita sobre Madrid, con la relación de todos sus escritos de la ciudad y la provincia.

[9] Vid. Apartado Obra escrita (selección).

[10] Bibliografía seleccionada para artículos, se remite a las obras de compilación y repertorios exclusivos de su obra. Bibliografía exhaustiva de congresos, capítulos y libros, así como de la producción literaria sobre Madrid.

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