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FRANCISCO JAVIER SÁENZ DE OIZA

 

Doctor Arquitecto. Cáseda (Navarra), 12 de octubre de 1918 – Madrid, 18 de julio de 2000.

 

“El artista, como el Dios de la creación, permanece dentro, o detrás, o más allá, o por encima de su obra, trasfundido, evaporado de la existencia…, indiferente…, entretenido en arreglarse las uñas”. Como recordaba el profesor José Manuel López-Peláez, gustaba a Francisco Javier Sáenz de Oíza repetir esta cita de James Joyce en sus clases, e incluso repetirla en disertaciones y conferencias, pues se sentía con ella profundamente identificado (1).

 

Francisco Javier Sáenz de Oíza fue el segundo hijo del matrimonio formado por el arquitecto Vicente Sáenz Vallejo y María de Oíza Sagüés (2), y vino al mundo el 12 de octubre de 1918 en la pequeña localidad navarra de Cáseda, no lejos de Sangüesa, en la casa de sus abuelos maternos. Se habían trasladado allí sus padres desde Talavera, de donde era él natural, huyendo de los estragos de la pandemia de gripe y aconsejados por los médicos como lugar más saludable para concluir el embarazo. La familia paterna procedía de la Sierra de Cameros en La Rioja (3), asentada en dicha localidad toledana desde finales del siglo XIX.

 

En 1922 Vicente Sáenz obtiene plaza de funcionario por oposición en el Cuerpo de Arquitectos del Catastro de Riqueza Urbana, siendo destinado a Sevilla, a donde se muda con toda su familia, la cual llegaría a ser muy numerosa, pues del matrimonio nacerían nueve hijos. Francisco estudia en el colegio de los padres carmelitas y comienza a despertarse en él su deseo de ser arquitecto, siguiendo el ejemplo de su padre. A la par descubre su afición a dibujar y pintar.

 

La solicitud de Sáenz Vallejo de plaza en Madrid y obtención en 1933 supone un nuevo traslado familiar que va a facilitar a su hijo la conclusión del bachillerato en el Instituto San Isidro, la realización de los dos cursos de Ciencias Exactas, necesarios para estudiar arquitectura, y la preparación del examen de ingreso en esta escuela. Sin embargo, estalla la guerra civil el 18 de julio de 1936 y al poco fallece el cabeza de familia, quedando Francisco, con diecinueve años, como hermano mayor, y con ello la necesidad de buscar trabajo para ayudar a la familia, consiguiéndolo como aprendiz de relojero (4).

 

En 1940, tras la guerra, continúa con sus estudios de arquitectura, y aunque él reconoció no tener maestro en la Escuela, lo cierto es que sí llegó a admirar a algunos de sus profesores, como Leopoldo Torres Balbás (5), Modesto López Otero o Luis Moya (6).

 

Se titula el 31 de julio de 1946, consiguiendo el Premio Aníbal Álvarez al mejor expediente académico, además de verse reconocido con el Premio Carmen del Río de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Comienza a trabajar en el estudio del arquitecto Manuel de Cabanyes y se colegia con el número 766 en el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.

 

Al poco de terminar se asocia a su compañero Luis Laorga para concurrir al concurso del “Proyecto de plaza de acceso al Acueducto de Segovia, convocado por la Dirección General de Bellas Artes a fin de otorgar el Premio Nacional de Arquitectura 1946, el cual ganan, a pesar de su juventud.

 

En octubre de 1947 se marcha a Estados Unidos de América con la Beca Conde de Cartagena de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de un año de duración, dedicándose a viajar por el país para conocer su arquitectura, visitando Nueva York, Boston, Pittsburgh, Washington y Chicago, entre otras ciudades. Le fascinó la tecnología estadounidense, más que las manifestaciones artísticas, y entre los edificios le marcó el Guaranty Building en Buffalo, de Adler & Sullivan.

 

Sus proyectos de arquitectura religiosa tienen un pronto reconocimiento, y así en 1949 obtiene el primer premio en el concurso para la realización de la Basílica Hispanoamericana de Nuestra Señora de la Merced en Madrid con el mismo Laorga, optando por una planta de cruz latina, con una única nave de 21 m de luz, la cual se resuelve con una estructura ligera tridimensional de tubo, conformando una bóveda de cañón rebajado, siendo de arista la del crucero. Destacan la desproporción de su altura en relación con la anchura y su frente principal con una calle central de hormigón visto, en la que se abre un gran arco de medio punto, reflejo del interior, cerrado con una cristalera con ligera carpintería metálica (7).

 

Un año después, con el mismo Laorga, concursa y gana el proyecto para la realización de la Basílica Nuestra Señora de Aránzazu en Oñate (Guipúzcoa), cuya propuesta fue muy polémica en su tiempo por su carácter novedoso. En él colaboraron los escultores Jorge Oteiza y Eduardo Chillida y los pintores Carlos Pascual de Lara, Lucio Muñoz y Néstor Basterrechea. Fue concebido como una obra de arte total e integradora, pero con un “profundo sentido religioso moderno”, como expresaba el acta del jurado.

 

Sin embargo, el proyecto religioso con el que el arquitecto se encontraba más satisfecho era la Capilla en el Camino de Santiago, con el que consigue el segundo Premio Nacional de Arquitectura en 1954, la cual llevó a cabo con José Luis Romany y Jorge Oteiza. Diría de ella que no habían dudado en aplicar las formas metálicas espaciales “a la más elevada arquitectura”, asumiendo “los conocimientos, los materiales, los cambios de escena y ambiente de su siglo” (8).

 

Paralelamente, un promotor particular le encarga en 1949 un edificio de viviendas en la calle Fernando el Católico de Madrid, que se convertiría en una de las primeras obras de posguerra en las que la arquitectura española conecta con el panorama internacional. Se distingue por sus fachadas exteriores, tanto a la calle, con balcones de gran vuelo, generando claroscuros, como al jardín lateral, con terrazas corridas, así como por su portal diáfano, que conecta directamente el exterior con el interior.

 

Se incorpora a la Escuela de Arquitectura de Madrid este mismo año y como profesor ayudante de la asignatura de Salubridad e Higiene de Edificios o Poblaciones, materia en cuya impartición se mantendría más de una década, transmitiendo la importancia de que las instalaciones funcionaran adecuadamente. Les hablaba a sus alumnos del “sol, del agua y de la importancia del control del medio para la creación de la forma habitacional” (9). Desde 1952 compatibiliza estas clases de salubridad con las de Proyectos Arquitectónicos, siendo nombrado siete años más tarde profesor adjunto a esta cátedra.

 

También dicho año comienza a trabajar en la oficina técnica de la Constructora Benéfica El Hogar del Empleado, fundación del sacerdote jesuita P. Tomás Morales en 1951 (10). Para la constructora proyecta en 1953 la Unidad de Habitación del Manzanares, con José Luis Romany Aranda, Manuel Sierra Nava y Adam Milczynski, consistente en 600 viviendas dúplex en dos alargados bloques de 13 plantas, con corredores de comunicación. Como ha estudiado Eva Hurtado, se trataba de una ciudad jardín vertical inspirada en Le Corbusier, que finalmente no se construyó, porque no contó con el beneplácito del Instituto Nacional de la Vivienda (11).

 

Se presenta al concurso para la Delegación de Hacienda en Valencia en1953, con una propuesta influida por el racionalismo italiano, que no resultó ganadora, como tampoco la de la nueva sede del Ministerio de Industria y Comercio en 1956 por la que obtiene el segundo premio, a pesar de participar con otros cuatro arquitectos muy relevantes, José Luis Romany, José Antonio Corrales, Alejandro de la Sota y Ramón Vázquez Molezún. Plantearon un edificio de planta en Z, mezclando torres y bloques, en relación con las mejores orientaciones y buscando la mejor adecuación al programa, dentro de las referencias a Mies van der Rohe. Para Ricardo Sánchez Lampreave, tras su viaje a Estados Unidos, Oíza encontró en Mies una de sus primeras fuentes de inspiración (12).

 

En 1954 proyecta con Sierra, Romany y Milczynski el grupo de viviendas sociales Nuestra Señora de Covadonga o Colonia Puerta del Ángel en Carabanchel para el Hogar del Empleado, bajo principios de un urbanismo racional y orgánico a la vez, con espacio central a modo de isla para la comunidad e integración de la naturaleza. Se trata de 195 viviendas mínimas con tipos unifamiliares y en bloque, éstos de tres crujías con patio o dos sin él, exentos, todas muy económicas y con reducidos espacios de distribución. En una de las viviendas unifamiliares establece Oíza su vivienda y estudio.

 

Al año siguiente, el Hogar del Empleado le encarga al mismo equipo la Unidad Vecinal Nuestra Señora de Lourdes o Colonia del Batán, con 284 viviendas en bloques de cinco plantas y torres de doce, con pórticos de hormigón armado, los cuales articulan la implantación urbana entre espacios públicos y equipamientos. Destaca la apertura y permeabilidad de los espacios libres y la disposición de las edificaciones entre zonas verdes, suficientemente separadas para permitir el soleamiento y la ventilación adecuados, así como la separación entre los itinerarios rodados perimetrales y los peatonales que se dirigen hacia el centro comunitario. Con este proyecto comienzan a colaborar con la constructora benéfica los arquitectos Eduardo Mangada y Carlos Ferrán.

 

Del mismo momento es otra de las colonias del Hogar del Empleado que realiza Oíza con sus compañeros, ahora más Luis Cubillo de Arteaga, que se incorpora por entonces a aquel: la Unidad Vecinal Erillas en Vallecas, con 340 viviendas de varios tipos y equipamientos, dispuestas aquéllas en bloques lineales de doble crujía y cinco alturas. Se distingue por su simplicidad, economía y racionalidad, sin retranqueos en fachada, con habitaciones bien orientadas y ventiladas, a base de repetir grandes huecos, y aprovechando al máximo el espacio interior. “La vivienda se enfoca, sobre todo, como hogar de la familia cristiana…, con espacio amplio y suficiente para el desarrollo de la vida familiar, con tres dormitorios diferentes para padres, hijos e hijas”. Las soluciones constructivas se mantienen sin variación, en cuanto a los exteriores de ladrillo visto, muy cuidado, persianas correderas, escaleras abiertas al exterior, bajantes vistas e instalaciones registrables (13).

 

El comisario de ordenación urbana de Madrid, Julián Laguna, atento a los valores de los jóvenes arquitectos, les encarga a Alejandro de la Sota y a él la realización del poblado de absorción de Fuencarral, que se dividen, quedándose Oíza el denominado A y su compañero el B. El proyecto de Fuencarral A lleva fecha de 1955 y la colaboración de Manuel Sierra y José Luis Romany, consistiendo en 500 viviendas, 300 unifamiliares y 200 en bloques de cuatro plantas. El poblado queda en medio entre una zona verde interior y un anillo perimetral también arbolado, conectado por una única calle rodada de la que derivan las peatonales. Se caracteriza por la rigidez en la agrupación de las casas y en ésta de las orientaciones, destacando además en la composición la agrupación de las viviendas-patio unifamiliares, por su conformación en hileras, la transparencia entre la fachada principal y su opuesta, su versatilidad y la imagen neorrealista (14).

 

Se presenta al concurso de viviendas experimentales Puerta Bonita en Carabanchel, que convoca el Instituto Nacional de la Vivienda en 1956, con dos propuestas, una unifamiliar, de tradición andaluza, donde pensaba que debía estar su emplazamiento, mejorando lo hecho en Fuencarral A, a juicio del profesor Miguel Ángel Baldellou, y otra en bloque, con un módulo duplicado, que le permitió mayor flexibilidad en planta (15), manteniendo el núcleo de servicios como único elemento fijo. Fue realizado con la Constructora San Martín, buscando la eficiencia en la técnica tradicional más que la innovación (16).

 

Participa el mismo año en el Poblado Dirigido de Entrevías en Vallecas junto a Manuel Sierra y Jaime de Alvear, promoción del Instituto Nacional de la Vivienda y de la Comisaría General para la Ordenación Urbana de Madrid, a petición del P. José María de Llanos (17), jesuita, que allí se había trasladado a vivir con varios universitarios. Se trataba de construir un barrio de 770 viviendas en bloques y unifamiliares, que viniera a sustituir el asentamiento chabolista existente, con soluciones residenciales económicas, en el que fusionan su experiencia y sus conocimientos compositivos y técnicos. Además, tratan de combinar la flexibilidad en la implantación de las viviendas en el conjunto con las rígidas soluciones constructivas o los tipos de viviendas. Es muy característico del poblado la repetición de un módulo de 3,60 m por 9 de fondo para la vivienda unifamiliar, agrupándose y enfrentándose como si de un único edificio se tratara, e interesante en su resultado la oposición de las fachadas ciegas al exterior y muy abiertas en la contraria hacia el jardín.

 

En este poblado de Entrevías proyecta Oíza la capilla y centro parroquial de Santa María del Pozo, inserta en la trama sin protagonismo y resuelta estructuralmente con pórticos de hormigón que dan lugar a dos naves que confluyen en el altar, las cuales se iluminan cenitalmente.

 

1956 es un año importante en su vida personal, pues se casa con María Felisa Guerra Chacón, natural de San Sebastián, a quién ha conocido en Oñate durante la dirección de las obras de la Basílica de Aránzazu, pes es donde ella pasaba los veranos. De su matrimonio, celebrado en la parroquia de San Miguel de Oñate, nacerían en ocho años siete hijos, Noemí, Javier, María, Vicente, Marisa, José y Águeda.

 

Consigue el primer premio en el concurso para la nueva Delegación de Hacienda en San Sebastián en 1958, en colaboración con Manuel Sierra. Su propuesta fue también deudora de Mies con basamento de mármol negro y fachadas de vidrio.

 

Siendo estudiante, el hoy reconocido arquitecto Rafael Moneo comienza este año a trabajar en el estudio de Oíza, el cual se hallaba situado en la calle San Francisco de Sales, aunque pasó inmediatamente a un ático de la de Villanueva, en el barrio de Salamanca. Su colaboración se prolongaría hasta al final de sus estudios, dos años después.

 

Viaja a Moscú en 1958 para asistir al V Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos, destacándose con una brillante participación, y tres años después es invitado a las sesiones del TEAM X en la abadía de Royamount (18).

 

Con Luis Cubillo, Manuel Sierra y José Luis Romany comienza la construcción en 1959 del Poblado del Calero en el Barrio de la Concepción de Madrid, nuevamente para la constructora El Hogar del Empleado, que lo bautiza, como el de Puerta del Ángel, con el nombre de Covadonga. Estaba constituido por 359 viviendas más equipamientos, como la iglesia y el colegio. Tiene gran impacto urbano por su bloque compacto de trece plantas que conforma el frente de una de las dos manzanas en que se desarrolla y es muy singular su organización con corredores alternos cada dos pisos a una fachada y la contraria, al quedar las viviendas contrapeadas, bajo la influencia del referido proyecto junto al río Manzanares. El resto son todos bloques de cinco alturas, resuelta su estructura con muros de carga y sin ascensores.

 

Proyecta la casa Fernando Gómez en Durana (Vizcaya) en 1959, cuya composición orgánica gira en torno a la chimenea central y un pilar, con muros que se prolongan al exterior, incorporando el paisaje, a lo que contribuye la inclinación de las cubiertas en triedro y los muros de carga en zigzag. Al año siguiente le encarga Lucas Prieto otra vivienda unifamiliar en Talavera de la Reina (Toledo), pero esta vez la influencia observable es de las casas patio de Mies (19).

 

De 1960 es el proyecto para la realización de la Unidad Vecinal Loyola en Carabanchel, también junto a José Luis Romany, Eduardo Mangada y Carlos Ferrán, en el que nuevamente reservan el centro para el espacio peatonal, a modo de plaza pública, priorizado sobre el tráfico rodado, y zonas de juego de niños, adaptando los bloques de vivienda a la topografía. Supone una evolución en el estudio de los tipos de viviendas, en cuanto a una mayor relación en su diseño con el ámbito urbano en el que se insertan. Su construcción de ladrillo y hormigón le da carácter brutalista, en la que se distinguen los aleros ligeros de vidrio armado y los tendederos comunes de celosías, contribuyendo a mejorar su imagen exterior. Éste sería el último proyecto en el que participa Oíza como técnico de la constructora El Hogar del Empleado.

 

Juan Huarte, director de la división inmobiliaria HISA, dentro de la empresa constructora familiar, le encarga en 1960 la adecuación de los sótanos de la sede en el Paseo de la Castellana, en colaboración con Rafael Moneo. Se trataba de adecuarlos para exposiciones, reuniones y conferencias, en los que impone una arquitectura brutalista en la utilización de los materiales y colores, con techos luminosos. El brillante resultado dará lugar al encargo de las viviendas escalonadas en Alcudia en 1961, en las que Oíza aplica su experiencia en la vivienda social experimental, y el edificio Torres Blancas en Madrid. En ambos proyectos colabora Juan Daniel Fullaondo y en el último, además, Rafael Moneo y el ingeniero Carlos Fernández Casado, como responsable de la estructura.

 

Oíza concibe Torres Blancas a partir de un proyecto ideal con dos condicionantes, libertad compositiva en las plantas y estructura laminar de hormigón armado. En él se enfrenta a la combinación de viviendas de distintos tamaños, algunas en dúplex, y a una solución estructural que no es la del rascacielos convencional, sino que los pilares y las vigas son sustituidos por muros portantes sólidos y resistentes, que aportan a su imagen enorme expresividad. A juicio de su hijo Javier Sáenz Guerra: “Esa torre es como un árbol con unas raíces hundidas y una flora arriba, en la zona común. Pero también es como una casa con patio, que siempre es algo ecológico. Es una torre metabolista, orgánica y también racionalista. Tres torres en una” (20).

Torres Blancas fue el fruto de una larga investigación, pasando por distintas propuestas en planta, en esvástica, triangular, hasta la solución definitiva, fechada en 1964. Planteadas dos torres, el Ayuntamiento denegó la licencia (21), permitiendo la realización de una de mayor altura, sin por ello perder su importancia ni el reflejo de la enseñanza recibida de Wright y Le Corbusier, siguiendo la idea de éste de que una casa es como una máquina (22). Torres Blancas es también prueba de la capacidad técnica de la época.

 

Realiza la Unidad Escolar de Batán en 1961 con muros curvos, trabajando con el círculo en la planta y el patio de un modo orgánico, nuevamente como Wright. A juicio del profesor Félix Cabrero, “aquí ensayará Oíza, en un momento de reflexión crítica, el tema del trazado generador dinámico de maclas de masas cilíndricas (precedente de la radical experiencia de Torres Blancas) según mutación contradictoria con las geometrías cartesianas de las viviendas y desde el pretexto de la cualidad de la forma curva como óptima para los necesarios muros de contención en la zona” (23).

 

Durante esta década participa en importantes concursos nacionales, como el Pabellón de España en la Exposición Universal de Nueva York de 1964, donde continúa su interés por las formas circulares, o los apartamentos del Paseo de la Castellana, con grandes miradores poligonales de vidrio, que recorren toda la fachada.

 

En 1962 se centra en la Escuela en la enseñanza de Proyectos Arquitectónicos, encargándose del segundo curso. Se doctora en 1965 y se presenta a la cátedra de Elementos de Composición de la Escuela de Arquitectura de Sevilla, que no gana, estallando la polémica en su entorno, por considerarlo una injusticia. Como compensación, al año siguiente es nombrado adjunto a cátedra en la Escuela de Arquitectura de Madrid y finalmente, en 1968, oposita y alcanza el puesto de catedrático de Proyectos Arquitectónicos III.

 

El Colegio de Arquitectos Vasco-Navarro le concede el Premio José Manuel Aizpurúa en 1963 a la mejor obra de arquitectura, por la sede de la Delegación de Hacienda en San Sebastián, y este mismo año colabora con Ramón Vázquez Molezún en la realización del gimnasio y la clínica del Instituto de Nutrición y Cirugía Estética (INCE), promovido por los Huarte y al que le otorgan una imagen neoplasticista.

 

En 1968 Juan Huarte le encarga la ampliación de su casa en Formentor, realizada previamente por Javier Carvajal y José María García de Paredes, con nuevas zonas de estancia, biblioteca y dormitorios principales y de invitados, para la que crea una gran cubierta invertida en prolongación a la existente sobre un pabellón de cristal. Al año siguiente, para María Josefa Huarte proyecta una nueva vivienda en su Villa Adriana de Palma de Mallorca.

 

Concursa para la realización de los Campus de las Universidades Autónoma de Madrid y Bilbao en 1969, con una propuesta lineal, colaborando en el último Rafael Moneo.

 

Inicia la década con la solicitud de excedencia voluntaria a la Escuela, por desacuerdo con la concesión de plazas en las oposiciones a cátedra, y se dedica a su estudio profesional con intensidad.

 

Diseña una original unidad de baño transportable para Roca y se presenta a concursos nacionales e internacionales, como el Nuevo Centro Deportivo y Comercial de Mónaco en 1970, con un sistema de galerías horizontales, un edificio de oficinas para Huarte junto a Torres Blancas y bajo la influencia de Wright, la manzana del Gran Kursaal de San Sebastián en 1972, la sede de Altos Hornos de Vizcaya en Madrid dos años más tarde o el Auditorio Nacional de Madrid en 1975, ninguno de los cuales gana.

 

Sin embargo, sí logra vencer en el concurso restringido que organizó el Banco de Bilbao en 1971 entre grandes profesionales para la construcción de su sede social en el complejo comercial madrileño de AZCA, con el condicionante de que fuera una torre. El proyecto ganador de Sáenz de Oíza se fundamentaba, en sus propias palabras, en “la movilidad de la organización interior y el confort fisiológico” (24). Es además un alarde de la técnica, contando con el asesoramiento de los ingenieros Javier Manterola, Carlos Fernández Casado y Leonardo Fernández Troyano, pues se soportan las 30 plantas con una base en puente de hormigón de dos pilas para salvar el túnel ferroviario subterráneo que atravesaba el solar. Sobre él se levantan dos troncos huecos de hormigón, recorridos por los conductos verticales de instalaciones y los sistemas de comunicación, desde los que se disponen las losas rectangulares en voladizo cada cinco niveles y entre ellas pilares metálicos que resuelven los pisos intermedios. “Esta disposición estructural, apreciable desde el exterior, unida a la elección de un cerramiento independiente de ella, efectuado con muro cortina en acero autooxidante con las esquinas redondeadas, de inspiración wrightiana, define la caracterización estética de la torre” (25).

 

En 1971 el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid le concede el Premio de Arquitectura por Torres Blancas y tres años después obtiene el de Excelencia Europea. En 1973 se había reincorporado a su cátedra en la Escuela de Arquitectura de Madrid.

 

Realiza en 1972 la Casa Arturo Echevarría en La Florida, situándola en la linde curva de la calle, de modo que su fachada exterior es también cerramiento a la vía pública, dejando más espacio a la piscina y al jardín. La planta se desarrolla hacia el interior ortogonalmente, cuyo complejo programa se organiza alrededor de un patio, con doble altura hacia el norte, que adopta forma de diente de sierra. Los materiales empleados son tradicionales, muros de carga de ladrillo, cubiertas pronunciadas de teja cerámica, a la manera de Arne Jacobsen, como señaló Antón Capitel (26), y celosías de madera, lo que le da un carácter atemporal.

 

Concursa para la realización de la sede del Colegio de Arquitectos de Andalucía Oriental en 1976 y al año siguiente consigue el primer premio con su proyecto para la Facultad de Ciencias en Córdoba, con una propuesta en retícula, inspirada en la arquitectura califal, con estrechas calles arboladas, en la que se destaca el aula magna.

 

Participa en 1978 en el desarrollo de Orcasur, junto a su sobrino Francisco Oíza Cuadrado, recién titulado, y José Manuel López-Peláez, realizando la primera fase de 198 viviendas sociales distribuidas en cuatro bloques lineales de cuatro plantas. Los bloques se ordenan ortogonalmente a la vía principal, ubicándose en cada uno dos viviendas por escalera. Éstas cuentan con terraza galería hacia el sur, junto con salones y cocinas, quedando hacia el norte los dormitorios y en el medio los núcleos de comunicación y circulaciones. Su organización se traduce en las fachadas de ladrillo, no estructurales.

 

El 21 de julio de 1981 Oíza es nombrado director de la Escuela de Arquitectura de Madrid, manteniendo este cargo durante dos años, momento en el que renunció. Coincide temporalmente este cargo con el de arquitecto restaurador de la Catedral de León.

 

Con Rafael Moneo se presenta al concurso para la realización del Anillo Olímpico de Montjuic en 1984, reconociendo su ubicación en un paisaje urbano y con claros propósitos figurativos y simbólicos. Este mismo año gana el concurso para el Palacio de Festivales de Santander, el cual nació con la pretensión de ser un edificio identificativo de la ciudad, adaptado a la ladera, con referencias, según el profesor Salvador Pérez Arroyo, a la Basílica de Aránzazu (27).

 

El palacio se sitúa sobre una fuerte pendiente y buscando las vistas hacia el mar, con aires posmodernos, aunque influyendo también en su propuesta su reciente viaje a Grecia, en cuanto a la manera de entender la sala de espectáculos, “ascendiendo desde la escena como en Epidauro” (28). Al año siguiente se impone con su Museo de Arte Contemporáneo de Las Palmas de Gran Canaria, cuyo patio convierte en una fuente de luz y por el que recibe el Premio Oráa de Arquitectura en 1989.

 

Para la Exposición Universal de Sevilla proyecta su organización en la isla de la Cartuja, tratando de unificar ambas márgenes del río Guadalquivir. La Junta de Andalucía le encarga tres años más tarde la Torre Triana para sede de sus consejerías en la Expo 92, un edificio cilíndrico, monumental, que queda fuera del recinto. En su interior adopta la forma de paralelepípedo, con dependencias administrativas y de dirección, unido al anillo exterior mediante pasarelas.

 

También proyecta en 1985 la Villa Fabriciano en Torrelodones, adaptada a las difíciles características de la parcela, que resuelve situando la casa al fondo, liberando el resto para el jardín. La edificación, que recuerda a la obra de Louis Kahn y Mario Botta, se concentra en dos niveles, con un frente curvo al norte y casi ciego, sin vistas y con mala orientación, contrastando con el alzado sur, muy abierto, mediante grandes cristaleras. La planta se organiza alrededor del núcleo de escaleras, embutido en un cubo, sobre la cual se levanta el edificio mediante muros de carga de ladrillo, visto al exterior con alternancia de hiladas de todos rojizo y tostado. La cubierta es aterrazada, sobre la que se eleva un mirador (29).

 

Se jubila como docente en 1986 y es nombrado catedrático emérito, sufriendo en lo personal la pérdida de su madre, María de Oíza Sagüés el 15 de abril, a los 93 años (30).

 

Construye el edificio de viviendas sociales de realojo denominado El Ruedo, tras ganar el concurso restringido convocado por la Comunidad de Madrid en 1986. La forma helicoidal de la edificación venía determinada por la ordenación de la parcela, que él potencia con una fachada continua, de huecos mínimos, escalonada, con el fin de aligerar visualmente la intervención, tratando de separar a las viviendas del entorno agresivo de la vía de circulación M-30. Formalmente está en relación con la coetánea Villa Fabriciano, aunque su inspiración hay que buscarla en las Höfe vienesas del periodo de entreguerras (31). A pesar de la polémica suscitada por su construcción, fue Premio de Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid.

 

Proyecta el emblemático edificio de oficinas en el Recinto Ferial de Madrid en 1987, inspirado en el Palacio de Carlos V de La Alhambra, pero de rasgos posmodernos, siguiendo las corrientes internacionales. Su ubicación resuelve el acceso principal a los espacios expositivos, aunque su función es administrativa, siendo su geometría muy rotunda y su estructura metálica y de vidrio sobre zócalo de vidrio, al modo de los pabellones decimonónicos. Destaca su doble piel en fachada, justificada por cuestiones de aislamiento, la exterior soportada por dobles columnas metálicas y de perfil laminado la interior, unidas por pasarelas en anillo para mantenimiento.

 

En 1988 se inaugura la sede de la embajada española en Bruselas, proyectada cuatro años antes, y un año más tarde un Polideportivo en Plasencia, ambos en colaboración con su hijo Javier Sáenz Guerra. Destaca la ligereza de su cubierta con tubos metálicos y conectores, que aluden al antiguo proyecto de la capilla del Camino de Santiago (32).

 

Recibe la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 1987 y dos años después el III Premio de Arquitectura Antonio Camuñas, señalando el presidente de su tribunal, Rafael de La-Hoz Arderius, que Oíza es “la invención o novación permanentes. Se complace en sorprendernos con una arquitectura siempre cambiante” (33).

 

En 1988 proyecta un Centro Cultural en la Alhóndiga de Bilbao, con Jorge Oteiza, pero la falta de apoyo político impidió su consecución, y además el campus de la Universidad Pública de Navarra, que sí ejecuta en parte y se distingue por su eje principal presidido por el aulario, y al que se suman la biblioteca, los edificios de departamentos, paraninfo, no construido, y el rectorado.

 

La Hermandad Nacional de Arquitectos le encarga el Complejo Triada en la avenida de Burgos de Madrid, con torres de 12 plantas para oficinas, de contundente presencia urbana, enfatizada con sus pórticos de columnas en el frente principal, posmodernos y a la vez inspirados en las construcciones prehelénicas.

 

En 1989 recibe la Medalla de Oro de la Arquitectura, concedida por el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España, y cuatro años después, el 7 de mayo de 1993, el premio Príncipe de Asturias de las Artes “en reconocimiento a una larga trayectoria como arquitecto sin sujetarse a más códigos que los de su propia creatividad. Su trabajo magistral en la Escuela de Arquitectura de Madrid ha impulsado una generación de arquitectos vocacionales” (34).

 

Se presenta a numerosos concursos, como el palacio de congresos de Pontevedra, un centro comercial en Vigo, el Centro de Artes y Cultura de la Comunidad de Madrid, en la antigua Fábrica de Cervezas El Águila, el Parque Urbano de Basauri o la ampliación del Museo Nacional del Prado.

 

Lleva a cabo una escuela de administración pública en Mérida, con bajo presupuesto, proyectada en 1990, y dos años después gana el concurso para el Coliseo de la Cultura de Villaviciosa de Odón, con oficina municipal, biblioteca, talleres, con planta de teatro romano y cerrado al exterior, de líneas rotundas y cerramientos de ladrillo, al igual que en la dicha Villa Fabriciano.

 

A medida que sus hijos arquitectos se van titulando, Noemí, Javier, incorporado al estudio en 1985, Vicente y Marisa, además de su sobrino Francisco Oíza, colaboran con él en muchos de los proyectos de estos años. Entre sus últimas obras comienza la sede de la Fundación Oteiza en Alzuza, buscando la simplicidad volumétrica, para no competir con las obras de arte de su interior, la ampliación de la Facultad de Filosofía y Letras en Madrid en 1998, recogiendo el espíritu ordenador de López Otero para la Ciudad Universitaria, y un edificio de viviendas en Valdebernardo. Éste, fechado en 1995, está constituido por dos bloques lineales y dos manzanas, resueltos con paramentos de ladrillo en dos tonalidades, unidos por miradores verticales metálicos. En la solución de las plantas de las viviendas se reducen al máximo los distribuidores y los núcleos de baños adquieren una posición organizadora, siendo en uno de los tipos, de 18 m de fondo, el que separa la zona pública de la privada, con luces a un patio interior.

 

El 9 de octubre de 1999, a instancia de sus discípulos José Carlos Velasco y María Luisa López Sardá conoce la Capilla de Ronchamp, “visita largamente esperada”, como recuerda su también discípulo Javier Vellés (35) y el 29 de enero de 2000 imparte su última conferencia en el salón de actos del Banco de Bilbao, promovida por la Comisión de Cultura del COAM, que presidía Javier Mosteiro. Iniciada con voz débil se fue imponiendo su personalidad intensa y contradictoria, pero sobre todo vital, que emocionó a todo el auditorio (36).

 

Pero los reconocimientos no concluyen en los últimos meses, aumentan, y así la Universidad de Navarra le concede la Medalla de Oro. Sin embargo, sería uno de los últimos, pues fallece el 18 de julio de 2000, a los 81 años, en su domicilio madrileño de la calle Núñez de Balboa, produciendo su desaparición gran consternación y difusión social. El entonces decano del Colegió de Arquitectos de Madrid y académico de Bellas Artes y de la Historia Fernando Chueca Goitia afirmó: “me atrevería a llamarlo un verdadero genio en una dimensión como lo pudo ser el propio Gaudí” (37).

 

BIBLIOGRAFÍA MADRILEÑA

 

ALBERDI, ROSARIO y SÁENZ GUERRA, JAVIER, Francisco Javier Sáenz de Oíza, Madrid: Pronaos, 1996.

 

BALDELLOU, MIGUEL ÁNGEL, Sáenz de Oíza, arquitecto, Buenos Aires: Diseño Editorial, 2019.

 

BALDELLOU, MIGUEL ÁNGEL, y CAPITEL, ANTÓN, «Arquitectura española del siglo XX», en PIJOÁN, JOSÉ (dir.), Summa artis: historia general del Arte, t. XL, Madrid: Espasa Calpe, 1995.

 

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CRONOLOGÍA DE OBRAS MADRILEÑAS

 

1949

Viviendas para don José Fernández, calle Fernando el Católico, 47, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 44-117-9)

Basílica Hispanoamericana de Nuestra Señora de la Merced, calle Edgar Neville, 23 c/v Basílica, Madrid, con Luis Laorga.

 

1950

Proyecto para la reconstrucción de la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista, calle Doctor Fleming, Rozas del Puerto Real (Madrid).

 

1953

Proyecto de 600 viviendas en la urbanización del río Manzanares para la constructora benéfica El Hogar del Empleado, con José Luis Romany, Manuel Sierra y Adam Milczinsky.

 

1954

Unidad Vecinal Nuestra Señora de Covadonga o Colonia Puerta del Ángel para la constructora benéfica El Hogar del Empleado, Avenida Portugal, 51-79 c/v Plaza Puerta del Ángel, con José Luis Romany, Manuel Sierra y Adam Milczinsky (Archivo IVIMA: 10.648, 10.649, 10.671 al 10.675 y 10.806).

 

1955

Poblado de Absorción Fuencarral A para el Instituto Nacional de la Vivienda, Madrid, con José Luis Romany y Manuel Sierra.

Unidad Vecinal Nuestra Señora de Lourdes o Colonia Batán para la constructora benéfica El Hogar del Empleado, Paseo de Extremadura c/v San Juan de Mata c/v Camino de Campamento, con José Luis Romany, Manuel Sierra y Adam Milczinsky (Archivo IVIMA: 10783 a 10.785, 10.825 y 10.826; Archivo COAM: 2430/55)

Unidad Vecinal Erillas para la constructora benéfica El Hogar del Empleado, calle Puerto Alto c/v Puerto del Monasterio c/v Alcalde Alfonso Vázquez c/v Arroyo del Olivar, Madrid, con José Luis Romany, Manuel Sierra, Luis Cubillo y Adam Milczinsky (Servicio Histórico COAM, Legado Luis Cubillo de Arteaga, LCA/F060; Archivo IVIMA: 10.647/2, 10.849/1)

 

1956

Poblado Dirigido de Entrevías para el Instituto Nacional de la Vivienda, calle Aljarafe, 2-6 c/v Cazorla, 2-6 c/v Guarromán, 2-6 c/v Ibros, 2-4 c/v Villuercas, 35-37, con Jaime de Alvear y Manuel Sierra.

Edificios para el Concurso de Viviendas Experimentales del Instituto Nacional de la Vivienda, Colonia Puerta Bonita, avenida de Oporto c/v calle Doctor Espina, Madrid.

Propuesta para la nueva sede del Ministerio de Industria y Comercio, Paseo de la Castellana, Madrid, con José Antonio Corrales, José Luis Romany, Alejandro de la Sota y Ramón Vázquez Molezún.

Capilla Nuestra Señora del Pozo en el Poblado Dirigido de Entrevías, calle Martos, s/n, Madrid, con Manuel Sierra.

 

1959

Unidad Vecinal Nuestra Señora de Covadonga (Poblado El Calero) para la constructora benéfica El Hogar del Empleado, calle José del Hierro, 2-18 c/v Emilio Gastesi, 38-46, Madrid, con José Luis Romany, Luis Cubillo y Manuel Sierra (Servicio Histórico COAM, Legado Luis Cubillo de Arteaga, LCA/P1461-468, F041, F069, D338-339)

 

1960

Local de exposiciones Grupo HISA, Paseo de la Castellana, Madrid, en colaboración con Rafael Moneo

Unidad Vecinal Loyola para la constructora benéfica El Hogar del Empleado, Ronda de Don Bosco c/v Polvoranca c/v Cruces, Madrid, con José Luis Romany, Eduardo Mangada y Carlos Ferrán.

 

1961

Torres Blancas, Avenida de América, 37 c/v Corazón de María, 2, Madrid (Archivo COAM: 1470/64)

 

1962

Unidad escolar en la Colonia Batán, con Juan Daniel Fullaondo (Archivo COAM: 6330/63 y 3515/63).

 

1969

Proyecto para el concurso del nuevo Campus de la Universidad Autónoma de Madrid en Canto Blanco.

 

1971

Banco de Bilbao, Paseo de la Castellana, 69-71, Madrid (Archivo COAM: 1156/73)

Propuesta de edificio de oficinas junto a Torres Blancas, avenida de América, Madrid.

 

1972

Vivienda unifamiliar para don Arturo Echevarría, calle Lamiaco, 27, La Florida, Madrid (Archivo COAM: 7952/72)

 

1978

Viviendas sociales en el Polígono 5 de Orcasur, Avenida Orcasur, 1-73 c/v Los Poblados, con José Manuel López-Peláez y Francisco Oíza Cuadrado.

 

1980

Proyecto para el concurso de Centro Islámico, calle Salvador de Madariaga, Madrid.

 

1985

Villa Fabriciano, calle del Álamo, Los Robles, Torrelodones (Madrid)

 

1986

Viviendas para realojo en la M-30. El Ruedo, Avenida Doctor García Tapia, 1-23 c/v Félix Rodríguez de la Fuente, 3-73, con Javier Sáenz Guerra.

 

1987

Oficinas para los Recintos Feriales de IFEMA, Avenida Partenón, 5 c/v Ariadna c/v Vía Dublín, c/v Ribera del Sena, con Francisco Oíza Cuadrado y Javier Sáenz Guerra.

 

1990

Edificios “La Triada”, Avenida de Burgos, 17-21, Madrid.

 

1992

Coliseo de la Cultura, Avenida Príncipe de Asturias, Villaviciosa de Odón (Madrid)

 

1995

Proyecto de concurso para el Centro de las Artes y la Cultura de la Comunidad de Madrid “El Águila”, con Soledad Rodríguez lozano, Javier Sáenz Guerra, Vicente Sáenz Guerra, Marisa Sáenz Guerra, José María Sáenz Guerra.

Proyecto para el concurso internacional de ideas para la ampliación del Museo Nacional del Prado, Madrid.

Conjunto de viviendas “800” en Valdebernardo, calle Bulevar José Prat c/v Ladera de los Almendros, con Francisco Oíza Cuadrado, Javier Sáenz Guerra, Marisa Sáenz Guerra, Vicente Sáenz Guerra y Antonio Rodríguez Horche.

 

1998

Ampliación de las Facultades de Derecho y Filología de la Universidad Complutense de Madrid, Ciudad Universitaria, Madrid, con Javier Sáenz Guerra.

 

 

MIGUEL LASSO DE LA VEGA

Fecha de redacción: 31 de diciembre de 2021

Fecha de revisión:

 

NOTAS

(1) LÓPEZ-PELÁEZ, JOSÉ MANUEL, «Oíza y el reflejo del Zeitgeist», El Croquis, 32/33, febrero-abril 1988, p. 183.

(2) Una detallada biografía puede encontrarse en el reciente libro: BALDELLOU, MIGUEL ÁNGEL, Sáenz de Oíza, arquitecto, Buenos Aires: Diseño Editorial, 2019.

(3) SÁENZ DE OÍZA, FRANCISCO JAVIER, Escritos y conversaciones, Madrid, Fundación Caja de Arquitectos, 2006, p. 103.

(4) Así lo asegura el profesor Javier Vellés en su magnífica y reciente biografía del arquitecto, a quien conoció en sus años de estudiante y colaborador, y continuó después con su amistad. Muchas referencias han sido tomadas de esta obra. Ver: VELLÉS, JAVIER, Oíza, Toledo, Universidad de Castilla-La Mancha, Ministerio de Fomento y Puente Editores, 2018.

(5) VELLÉS, JAVIER, op. cit.

(6) ALBERDI, ROSARIO, y SÁENZ GUERRA, JAVIER, Francisco Javier Sáenz de Oíza, Madrid: Pronaos, 1996, p. 17.

(7) BERLINCHES ACÍN, AMPARO (dir.), Arquitectura de Madrid. Casco Histórico y Ensanches, Madrid: Fundación Arquitectura COAM, 2003, tomo 2, p. 352.

(8) SÁENZ DE OÍZA, FRANCISCO JAVIER, «Intervención en la Sesión Crítica de Arquitectura sobre la Capilla en el Camino de Santiago, Premio Nacional de Arquitectura 1954», Revista Nacional de Arquitectura, 161, mayo 1955. Sobre la capilla puede consultarse también: SÁENZ GUERRA, JAVIER, Un mito moderno. Una capilla en el Camino de Santiago. Sáenz de Oíza, Oteiza y Romany, 1954, Alzuza: Fundación Museo Oteiza, 2007.

(9) LEVENE, RICHARD C. y MÁRQUEZ CECILIA, FERNANDO (ed.), «Francisco Javier Sáenz de Oíza 1947-1988», El Croquis, 32/33, febrero-abril 1988, p. 4.

(10) El estudio más completo hasta la fecha sobre las promociones del Hogar del Empleado se puede consultar en: FERNÁNDEZ NIETO, MARÍA ANTONIA, Las colonias del Hogar del Empleado. La periferia como ciudad, Tesis Doctoral, Universidad Politécnica de Madrid, 2006.

(11) HURTADO TORÁN, EVA, Proyecto para la construcción de 600 viviendas en la Urbanización del Río Manzanares: 1953, Madrid: Fundación Cultural COAM, 2002.

(12) SÁNCHEZ LAMPREAVE, RICARDO, Oíza, ingenio de diferencias. Ensayos de composición arquitectónica, Cádiz: Colegio Oficial de Arquitectos de Cádiz, 2018, p. 46. A este respecto cita el autor el artículo del propio Oíza encargado por Carlos de Miguel: SÁENZ DE OÍZA, FRANCISCO JAVIER, «El vidrio y la arquitectura», Revista Nacional de Arquitectura, 161, mayo 1955, p.13.

(13) LASSO DE LA VEGA ZAMORA, MIGUEL (coord.), Arquitectura de Madrid. Periferia, Madrid: Fundación Arquitectura COAM, 2007, vol. 3, p. 456.

(14) CORTÉS VÁZQUEZ DE PARGA, JUAN ANTONIO, «El Poblado de absorción de Fuencarral A, 1955», Un siglo de vivienda social: 1903-2003, Madrid: Ministerio de Fomento, Ayuntamiento de Madrid-EMV y Consejo Económico y Social, 2003, T. II, pp. 82-83.

(14) BALDELLOU, MIGUEL ÁNGEL, op. cit., p. 141.

(15) FERNÁNDEZ-ISLA, JOSÉ MARÍA (coord.), La vivienda experimental. Concurso de viviendas experimentales de 1956, Madrid: Fundación Cultural COAM, 1997, pp. 139-143.

(16) VELLÉS, JAVIER, op. cit., p. 71.

(17) BALDELLOU, MIGUEL ÁNGEL, op. cit., p. 56.

(18) VELLÉS, JAVIER, op. cit., p. 110.

(19) LÓPEZ, IANKO, «<Siempre iba con un metro en el bolsillo y, cuando algo le gustaba, lo medía>: tarde de recuerdos con los hijos de Sáenz de Oíza», El País, 11 julio 2020, https://elpais.com/elpais/2020/07/10/icon_design/1594381720_320037.html

(20) VELLÉS, JAVIER, op. cit., p. 133.

(21) SÁNCHEZ LAMPREAVE, RICARDO, op. cit., p. 120.

(21) LASSO DE LA VEGA ZAMORA, MIGUEL (coord.), op. cit., tomo 3, p. 690.

(22) VALDÉS, ALFONSO, «La conexión americana», Arquitectura, 228, enero-febrero 1981.

(23) BERLINCHES ACÍN, AMPARO (dir.), op. cit., tomo 2, p. 390.

(24) CAPITEL, ANTÓN: «Casa Echevarría. Madrid», Arquitectura, 309, 1º trimestre 1997, pp. 68-69.

(25) PÉREZ ARROYO, SALVADOR, «Los arquetipos de Sáenz de Oíza», El Croquis, 32/33, febrero-abril 1988, pp. 199-205.

(26) URRUTIA NÚÑEZ, ÁNGEL, Arquitectura española: siglo XX, Madrid: Cátedra, 2003, p. 632.

(27) GARCÍA LLEDÓ, FÁTIMA, «Villa Fabriciano», en Arquitectura y Desarrollo Urbano. Comunidad de Madrid (zona Oeste), Madrid: Comunidad de Madrid, Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, Fundación Caja Madrid, tomo VIII, 1999, pp. 278-279.

(27) BALDELLOU, MIGUEL ÁNGEL, op. cit., p. 40.

(28) LASSO DE LA VEGA ZAMORA, MIGUEL (coord.), op. cit., tomo3, p. 364.

(29) VELLÉS, JAVIER, op. cit., p. 286.

(30) Recogido por: RAMÍREZ DE LUCAS, JUAN, «Sáenz de Oíza, premio de la Fundación Camuñas», ABC, jueves, 9 de marzo de 1989, p.22.

(31) «Francisco Javier Sáenz de Oíza. Premio Príncipe de Asturias de las Artes 1993», Fundación Princesa de Asturias, Oviedo, 7 de mayo de 1993 https://www.fpa.es/es/premios-princesa-de-asturias/premiados/1993-francisco-javier-saenz-de-oiza.html?texto=acta&especifica=0

(31) VELLÉS, JAVIER, op. cit., p. 352.

(32) La impresión que causaron sus palabras a varios profesores fue recogida en un número monográfico de la revista Arquitectura a su fallecimiento. Ver: BALLESTEROS, JOSÉ ALFONSO (dir.) y SÁNCHEZ LAMPREAVE, RICARDO (dir.), Arquitectura, número extraordinario, septiembre 2000.

(33) CHUECA GOITIA, FERNANDO, «Adiós a otro Gaudí», ABC, miércoles 19 de julio de 2000, p. 49.

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