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La prolongación de la Casa de Fieras en el Parque del Retiro el día de su inauguración, 1933. Archivo General de la Administración, Fondo Alfonso. Signatura 011444.
CECILIO RODRIGUEZ CUEVAS

 

Jardinero, paisajista. Valladolid, 1865 – Madrid, 14 de diciembre de 1953.

 

Cecilio Rodríguez Cuevas constituye uno de los personajes singulares de la jardinería madrileña de la primera mitad del siglo XX. Nacido en Valladolid el 2 de febrero de 1865, hijo de un oficial del ejército español muerto en acción de guerra, su madre quiso que siguiera los pasos de su marido y que ingresara en el Colegio de Huérfanos Militares, pero él prefirió ingresar en la Escuela de Aprendices de Floricultura y Arboricultura que en estos momentos se acababa de crear por el Ayuntamiento de Madrid.

 

Así, a la temprana edad de nueve años, ingresó en el Ayuntamiento de la capital como aprendiz de jardinero, primero en la casilla de floricultura del Paseo de Recoletos, luego a la casilla de la calle Santa Engracia (hoy actual Parque de Bomberos) y posteriormente en los viveros (Estufas) del Parque del Retiro, pasando a ser jardinero de 1ª clase el 14 de marzo de 1886; Capataz de 1ª clase (1889); Capataz de la sección de podadores (1895); Capataz primero (1901); capataz mayor segundo (1903); y Capataz Mayor (1905). En estos momentos (1888) ya se la ha concedido la Medalla de Plata de 1ª clase, por su trabajo durante la Exposición de plantas y flores celebrada en Madrid ese mismo año.

 

En 1900 es comisionado por el Duque de Santo Mauro, por aquel entonces Alcalde de Madrid, para asistir al Congreso de Floricultura y Arboricultura que tiene lugar en París para completar sus conocimientos; un viaje que parece dar sus frutos puesto que en 1908 se le hace entrega de la Medalla de Oro por sus trabajos presentados de jardinería durante la Exposición de Industrias Madrileñas celebrada ese año. Los años siguientes van a ver su ascenso primero, en 1910, como Jardinero Mayor, y un año más tarde como Jefe del Servicio de Parques y Jardines para todo el municipio de Madrid sucediendo a Celedonio Rodrigáñez en el puesto; es en este momento cuando el departamento, conocido como Ramo de Arbolado y Parques y Jardines va a sufrir una profunda reorganización que él encabezará junto con el ingeniero José González Esteban, quien se encargará de la parte administrativa.

 

Cecilio Rodríguez, que ha empezado su carrera con 9 años, culmina ésta 36 años después al llegar al máximo jerárquico que permite el Ayuntamiento; a partir de aquí llegarán los reconocimientos a su trayectoria: en 1912 obtiene tres Medallas de Oro por cultivos y colección de Exposición de Crisantemos celebrada en Madrid ese año y se le concede la Cruz del Mérito Agrícola y la Cruz de Plata del Mérito Naval. Además de esta condecoración, estaba en posesión de la de Caballero de la Orden de Leopoldo II de Bélgica; la Cruz Blanca de Italia, la Orden del Elefante Blanco de Siam, siendo Comendador de la Orden Civil del Mérito Agrícola; Oficial de la Corona de Italia; Caballero de la Cruz de Wassa (Suecia); y Comendador de la Real Orden de Isabel la Católica (1942).

 

Durante el periodo de la Segunda República fue cesado de su cargo al llegar su jubilación puesto que en estos momentos tenía ya 70 años (en 1934) y había “prestado al Excmo. Ayuntamiento […] un total de servicios de cuarenta y ocho año, diez meses y diez y ocho días”. Sin embargo, una vez finalizada la Guerra Civil, el 3 de abril de 1939, fue restituido en su anterior puesto “mientras su estado de salud lo consienta”, cesando de dicho cargo el arquitecto Fernando García Mercadal que lo desempeñaba interinamente. Percibe sobre su jubilación lo necesario para completar el sueldo que tenía (15.000 pesetas anuales).

 

Su retirada final se produjo a sus setenta y seis años del servicio, en 1941, sustituyéndole en el cargo Ramón Ortiz. Pocos años más tarde, en 1946, se le concede medalla de la Villa de Madrid; en 1953, Cecilio Rodríguez fallece en Madrid, tras una vida dedicada al paisajismo[1].

 

Como Jefe del Servicio de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Madrid se encargará de todos los asuntos concernientes a la “creación, entretenimiento y conservación” de los jardines, parques, plazas, paseos y calles y a “cuanto plantaciones públicas se refiere” así como al cultivo, multiplicación y mantenimiento de árboles y plantas.

 

Dispondrá de numeroso personal consignado a estas labores, puesto que durante su jefatura en Parques y Jardines es el encargado de restaurar muchos de los jardines destrozados durante la contienda. Nada mejor para hacernos una idea del estado en el que estaban que las propias palabras de Cecilio Rodríguez, quien escribe en julio de 1942, como tras la finalización de la guerra, “ […] pudo contemplarse el espectáculo desolador que ofrecían sus jardines desaparecidos en su totalidad y convertidos la mayoría en profundas trincheras y montones de escombros”[2].

 

Algunos de estos parques han sido frente de la contienda, como es el caso del Parque del Oeste[3] que se “reconstruiría” en su práctica totalidad, incluyendo las redes de riego, así como su cercano Cementerio del 2 de Mayo; o la Casa de Campo. En ella, se llevan a cabo reparaciones del arbolado en los paseos y avenidas, y la reconstrucción de las tapias de cerramiento además de tapar la infinidad de trincheras que en ella se habían realizado.

 

Sus obras incluyen importantes jardines de Madrid como los de la Tela (Cuesta de la Vega), los jardines de Isabel II, los jardines de la plaza de Santo Domingo, la plaza de España, la plaza de Chamberí, plaza de Neptuno, plaza de Cibeles, plaza de la Encarnación, plaza de las Salesas, plaza de la Villa de París, plaza de Salamanca, plaza de Manuel Becerra, plaza de Bilbao, plaza del Rey, plaza de Oriente, plaza de Tirso de Molina, para mencionar algunas de un largo etcétera.

 

Igualmente interviene en los jardines del puente de Toledo, y de innumerables calles y avenidas entre las que destacan la calle de Bailén, la calle de Ferraz, o la de la Princesa.

 

Siempre preocupado por el suministro de planta y arbolado para las avenidas y parques de Madrid, trabajaría incansablemente para el establecimiento de los viveros municipales, ya fuesen los de puerta de Hierro, volviendo a ponerlos en marcha en toda su extensión desde el puente de los Franceses hasta la puerta de Hierro; o los viveros localizados entre el puente de Toledo y Sotillo de Migas Calientes. Para hacernos una idea de la producción municipal, en tres años (desde 1939-1942) se plantan más de 35.000 árboles en las calles de la ciudad.

 

Jardinero Mayor de la Ciudad Universitaria desde el año 1936, trabajó igualmente en jardines privados, como el de la Quinta de la Fuente del Berro, donde colabora con Juan Gras en la remodelación del Parque hacia 1915. Surgen así el “jardín sevillano” y la “gruta” bajo las escalinatas de la fachada norte, ambos elementos no previstos en el diseño del edificio diseñado por José Grasés y Enrique de Latorre en 1897. Sobre la base del trazado paisajista anterior de finales del XIX, Rodríguez dispone originales soluciones geométricas y exóticas elecciones de plantación. Así también se explicaría la utilización, como ya había realizado en otros jardines de Madrid, de arcos para rosales trepadores, bancos de azulejos sevillanos, y cerámica con decoración mural modernista.

 

Sus intervenciones más decisivas se refieren a los Jardines del Buen Retiro, para los que Cecilio Rodríguez será una figura fundamental para entender su evolución en el siglo XX, dado que desde la década de 1910 hasta mediados del siglo todas las transformaciones que en él se hacen son producto de su trabajo.

 

Realizará los nuevos trazados de los laterales del paseo de coches; las reformas de las entradas que se habían hecho a mediados y finales del siglo XIX con motivo de la segregación del Parque durante el reinado de Isabel II, organizando el Paseo de México (acceso por la puerta de la Independencia) y la cerca Puerta y Plaza de Hernani; la plaza de Martínez Campos, la Plaza de la Fuente de Mármol junto a la actual Biblioteca Eugenio Trías; la renovación de la Rosaleda, puesto que la estufa que el marqués de Salamanca había donado al Ayuntamiento en 1873 se encontraba en un penoso estado; también colocará un velódromo para niños en la Chopera (hoy desaparecido) y se colocarán “quiscos rústicos” para el almacenaje de bicicletas.

 

Continuador del estilo hispano-árabe que se ha extendido como una ola por nuestro país y parte del extranjero gracias a la obra del gran jardinero francés Jean Claude Nicolás Forestier, director a su vez del Servicio de Parques y Jardines de París, los jardines de Cecilio Rodríguez se caracterizarán por un formalismo y modulación topográfica a la francesa, a los que añadirá los particulares elementos de los jardines de tradición musulmana que existían en nuestro país.

 

Ejemplo sobresaliente de ello es el acceso por la Puerta de la Independencia, el denominado paseo de México. Allí, la pronunciada pendiente que acusaba el terreno en dirección a la Puerta[4] se niveló de tal manera que el Paseo se organizó con dos caminos laterales, separados por una alineación de chopos plateados piramidales que emergían de mesas de aligustre que, convenientemente espaciadas, daban ritmo al largo camino de casi 200 metros, que subía hasta la fuente de los Galápagos y más allá, al Estanque Grande.

En la parte baja del Paseo se construyó un muro de contención en cuyo centro se abrió un nicho con una fuente que surte de agua al estanquillo que hay en su frente. De claras reminiscencias neo-sevillanas, este estanque reúne elementos tradicionales de la jardinería española –la fuente con canalillo bajo, el surtidor en abanico o el uso de elementos de cerámica en el vaso de la misma- junto a una utilización novedosa de materiales –el trencadís inserto en el pavimento de la plaza- y elementos contemporáneos de jardinería –las jardineras para nenúfares en el vaso de la fuente-, o el moderno alumbrado que flanquea los laterales de los espacios.

Pero no podemos comentar las obras realizadas por Rodríguez en el Retiro sin dejar de referirnos a los jardines que hoy llevan su nombre, proyectados como una prolongación de la contigua Casa de Fieras, hoy jardines de Herrero Palacios, si además tenemos en cuenta que el propio Cecilio Rodríguez residía en la vivienda que existía en la Casa de Fieras, en el Paseo de Fernán Núñez.

 

Lo cierto es que ya antes de la Guerra Civil, la situación de abandono en la que se hallaba la Casa de Fieras motivó al Consistorio a llamar a Cecilio Rodríguez para que diseñase su re-adecuación así como su ampliación[5]. Para ello, Cecilio Rodríguez fue enviado en 1929 a visitar diversos zoológicos europeos en Alemania, Inglaterra y Francia; en París visitó la Rosaleda del Bois de Boulogne, que tomaría de referencia para el proyecto en 1915 de la Rosaleda de los Jardines del Buen Retiro. Con este bagaje, comenzó las obras de remodelación de la Casa de Fieras, así como su anteriormente mencionada ampliación que sufrirá continuas modificaciones y transformaciones a lo largo de las décadas de 1920, 30 y 40 de la mano del propio Cecilio Rodríguez[6].

 

En estos primeros jardines –los de Herrero Palacios-, genera un trazado de gran complejidad, con un eje central adornado con profusión de fuentes y estanques, pérgolas con rosales e incluso las interesantes bibliotecas de las que aún hoy se conserva una, todo en un característico estilo neo-sevillano con profusión de ladrillo y cerámicas como los que se observan en su entrada principal. Ésta se adorna con dos impresionantes pilastras rematadas por dos leones de piedra, se derriban las tapias que lo cercaban y se coloca en su lugar la verja que adornaba el jardín por la calle de Alcalá en tiempos de Carlos III.

 

La continuidad con los actuales Jardines de Cecilio Rodríguez se aseguraba mediante un pronunciado paseo central recto y enlosado, en el que confluyen diversos ejes transversales puntuados por fuentes y flanqueados por los tradicionales parterres bajos hechos mediante setos recortados. Esta gran perspectiva focal aseguraba la articulación de este eje principal y los espacios colindantes mediante un movimiento de los planos en los que se organiza el jardín -suaves, controlados y yuxtapuestos entre sí- que permitía una circulación fluida entre ambos gracias a la gran permeabilidad visual que existía.

 

En su plano más deprimido se extienden unos alargados estanques rectangulares, a modo de espejos siguiendo la más pura tradición francesa. Su regularidad refuerza el carácter arquitectónico de jardín, dado por las pérgolas hechas con columnas toscanas de granito, que forman zonas estanciales.

 

La vocación de los jardines como continuación de la Casa de Fieras se traducía en la existencia en el jardín de diversos elementos edificados –los pabellones situados simétricamente a ambos lados del eje que debían albergar animales- y otros motivos escultóricos alusivos a los animales que allí debían residir. En el límite del jardín, en dirección sur, se construyó un inmenso foso que en principio fue concebido para albergar osos en libertad, por lo que se le llamaba “la osera”, pero que acabó convertido en los años 1960 en un pabellón de ambiguo estilo funcional destinado a recepciones oficiales.

 

Aunque con mucha lentitud e interrumpidos por la Guerra, el 5 de abril de 1945 se inauguraron estos jardines, entonces Casa de Fieras. En este acto se impuso a Cecilio Rodríguez la Gran Cruz del Mérito Agrícola y se propuso denominar esta zona Jardines de Don Cecilio Rodríguez[7]. Pocos años más tarde, el 22 de noviembre de 1949, el Alcalde de Madrid, D. José Moreno Torres, impuso a Cecilio Rodríguez la Gran Cruz del Mérito Agrícola, decisión refrendada con la colocación en el año 1949 de una estatua con su busto, obra del escultor José Algueró.

 

 

CRONOLOGÍA DE OBRAS MADRILEÑAS

 

– Paseo de Recoletos, c. 1915.

 

– Rosaleda, Parque del Retiro, 1915.

 

– Casa de Fieras, Parque del Retiro, 1918-1945.

 

– Jardines de Cecilio Rodríguez, Parque del Retiro, c.1940.

 

– Parque del Oeste, jardinero mayor desde 1910.

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

AÑON, CARMEN; LUENGO, ANA, “El Retiro, Parque de Madrid: la creación de la entrada monumental de la plaza de Independencia”, en Anales del Instituto de Estudios Madrileños, Nº 57, Madrid, Edita IEM, 2017, págs. 473-500.

 

ARIZA MUÑOZ, CARMEN, Los Jardines del Buen Retiro, Madrid, Lunwerg, 1990.

 

DURÁN CERMEÑO, CONSUELO, Jardines del Buen Retiro, Madrid, Doce Calles, 2003.

 

FERNÁNDEZ TALAYA, MARÍA TERESA, “De los jardines de La Moncloa al Parque del Oeste”, Ciclo de conferencias “Parques y Jardines madrileños”. Instituto de Estudios Madrileños. Madrid 2006. Publicado en el número XLI de la Biblioteca de Estudios Madrileños, 2011, pp. 201-213.

 

LUENGO, ANA, “El modernismo vernáculo”, en LUENGO, ANA y MILLARES, CORO, Los Parámetros del Jardín español, [naturaleza, paisaje, territorio], (3 vols.), Madrid, Servicio de Publicaciones del Ministerio de Cultura, 2007.

 

MARIBLANCA CANEYRO, Rosario, El Retiro, Sus orígenes y todo los demás (1460-1988), Madrid, Ayuntamiento, 1991.

 

MÉLIDA, JULIA, Biografía del Buen Retiro, Madrid, Libros y Revistas, 1946.

 

REMÓN MENÉNDEZ, JUAN, Parque del Oeste, Madrid, Fundación Caja Madrid, 2001

 

A.A.V.V., El Retiro. Un parque para todos, Madrid, Ayuntamiento de Madrid/Real Academia de Bellas Artes, 2006.

 

REFERENCIAS ARCHIVÍSTICAS.

 

Archivo Villa de Madrid. Inventarios. 26-441-26.

 

Archivo Villa de Madrid. Inventarios. 16-340-48.

 

Archivo de Villa de Madrid. Secretaría. 44-19-5

 

ANA LUENGO AÑON

FECHA DE REDACCION: 20 DE DICIEMBRE DE 2020.

FECHA DE REVISIÓN

 

NOTAS

[1] Así lo firma el Alcalde Presidente, a 12 de diciembre de 1934. Archivo Villa de Madrid. Inventarios. 16-340-48.

[2] Carta de Cecilio Rodríguez al alcalde de Madrid, el 4 de julio de 1942. Archivo Villa de Madrid. Inventarios. 16-340-48.

[3] Cecilio Rodríguez sería jardinero mayor de este Parque desde 1910. AV. S. 44-19-5

[4] MARIBLANCA CANEYRO, Rosario, El Retiro, Sus orígenes y todo los demás (1460-1988), Madrid, Ayuntamiento, 1991, pag. 286.

[5] ARIZA MUÑOZ, Carmen, Los Jardines del Buen Retiro, Madrid, Lunwerg, 1990, pág. 256.

[6] Archivo Villa de Madrid. Inventarios. 26-441-26.

[7] Archivo Villa de Madrid. Inventarios. 16-340-48.

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