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VENTURA RODRIGUEZ TIZÓN

 

Ciempozuelos, Madrid, 13 de julio de 1717, fallece en Madrid 15 de agosto de 1785.

 

Además de la indudable importancia de sus actuaciones en Madrid, tan sólo una parte de las muchas que proyectó y no se construyeron, la figura del arquitecto trasciende el ámbito local, suponiendo una notable referencia en la evolución de las formas de control y gestión de los procesos de proyecto que abarca el ámbito nacional. Éstas se desarrollan tanto en la faceta formativa de los arquitectos en la Academia, como en la red de relaciones con las instituciones eclesiásticas y civiles de la segunda mitad del siglo XVIII.

 

Hijo de Antonio Rodríguez Pantoja y Jerónima Tizón de Espinosa, su infancia transcurre en el seno de una cierta red familiar ligada al ámbito de la construcción. Las primeras noticias, un tanto indefinidas, refieren la asistencia del joven a las obras de remate del palacio de Aranjuez, en las que participaba su padre como aparejador. En cuanto a su temprana formación se refiere, además del posible magisterio paternal, cabe destacar la primera referencia de interés centrada en el ingeniero francés Etienne Marchand al cargo, junto a Pedro Caro Idrogo, de las obras del edificio desde 1727 hasta su muerte en la primavera de 1733. Tal vez en él encontró una referencia novedosa en las artes del dibujo aplicadas a la arquitectura, que unida a su más que probable capacidad gráfica innata, propiciarían el incipiente desarrollo de su futura carrera profesional. A esta referencia inicial, entre 1733 y 1735, cabe adjuntar las de los artistas italianos Giovan Battista Galluzzi y Giacomo Bonavía, destacados igualmente en Aranjuez.

 

De hecho, como el propio arquitecto relatará más tarde en sus escasas referencias personales, la contemplación de sus dibujos por Filippo Juvara, al visitar las obras de Aranjuez en 1735, fueron el motivo de su acceso al ámbito de las obras reales. Este hecho, ensalzado tanto por el propio don Ventura como por sus diversos biógrafos, fue uno de los referentes esgrimidos en su progreso formativo. Matizando un tanto las sugerencias de una relación directa con el importante arquitecto, las pruebas documentales refieren su discreta colaboración, entre enero y noviembre de 1736, en la realización de dibujos para la construcción de la maqueta de madera del proyecto del gran palacio propuesto por Juvara en los altos de San Bernardino; el rango de su colaboración en términos económicos era la mitad de la del arquitecto murciano Joseph Pérez que también participaba en la empresa, junto al carpintero Balestreri.

 

De cualquier modo, a los diez y ocho años de edad, abandona su residencia natal trasladándose a Madrid donde establecerá su residencia fija durante cinco décadas, a salvo de las esporádicas estancias en otros lugares de la península en función de sus encargos profesionales. La nueva situación va a suponer la ampliación de su etapa formativa, en la que resulta fundamental la integración progresiva en la obra del palacio Real Nuevo, proyecto abordado finalmente por Giovan Battista Sacchetti, quien llega a España en septiembre de 1736, en sustitución de su maestro que había fallecido en Madrid en enero del mismo año. A la sombra y órdenes del nuevo arquitecto, el joven aprendiz va ascendiendo progresivamente en el escalafón de la gestión del proyecto y la obra, siempre ayudado por su notable capacidad gráfica, unida a su carácter disciplinado y eficaz. Todo parece indicar que la figura de Sacchetti es esencial para la formación arquitectónica y gráfica de Ventura Rodríguez. Su cargo inicial de maestro de líneas desde 1737, con salario de 15 reales, había aumentado a 20 reales en enero de 1738, hasta alcanzar en 1742 el nombramiento de aparejador segundo, que suponía un aumento teórico de 8 reales que no llegaría a cobrar hasta 1748.

 

En paralelo a este proceso el 12 de enero de 1740, con veintidós años, había contraído su primer matrimonio con Josefa de Flores López, de su misma edad e hija de Juan de Flores, maestro herrero de las obras de palacio. A partir de entonces, su residencia se establece en la casa familiar de su esposa, situada en la calle del Estudio en su encuentro con la calle de Segovia (nº 4 de la manzana 189), con frente hacia la plaza de la Cruz Verde.

 

Con el fondo permanente de su trabajo en la obra de palacio, comienza a desarrollar otras facetas de su carrera profesional. En 1743 aborda ya proyectos personales como un retablo (no realizado) para la iglesia de San Luis de los Franceses, cuya traza era de Giacomo Pavía, y el Túmulo del cardenal Molina en San Felipe el Real que constituyó uno de sus primeros éxitos personales. Al tiempo parece realizar colaboraciones con Sacchetti en algunas de sus labores asociadas al cargo de Maestro Mayor de la Villa, como es el caso del proyecto de 1745 para el Teatro del Príncipe.

 

En estos años cuarenta se produce su esforzada y progresiva integración en la incipiente Junta Preparatoria de la Academia, ideada por Oliveri y abierta en 1744 en relación con la obra de palacio; tras un concurso para acceder a la docencia en arquitectura en el que compitió con Joseph Pérez y Diego de Villanueva, la plaza quedó en principio sin cubrir; gracias al empeño de Triviño, con el beneplácito de José de Carvajal, Ventura Rodríguez actuará como sustituto de Sacchetti en su labor docente desde la primavera de 1745.

 

La muerte de Felipe V en julio de 1746 y el consecuente ascenso al trono de Fernando VI supone un hecho de importancia en la trayectoria profesional del arquitecto a sus 29 años de edad. Para potenciar el prestigio académico y de la obra de palacio, en noviembre de1747 al mismo tiempo que Sacchetti, obtiene el grado de académico de “gracia” de San Lucas de Roma, con la condición de enviar un proyecto; éste, relativo a un Templo Magnífico, se concreta y envía a Italia en agosto de 1748. En este mismo año plantea la ampliación de la sacristía de la capilla de San Isidro en la iglesia de San Andrés para el Consejo de Castilla, proyecto que no sería realizado y que probablemente surgió como alternativa a la propuesta del maestro local Francisco Pérez Cabo.

 

En esta coyuntura cabe destacar la protección del Secretario de Estado José Carvajal hacia su persona, tanto en la proliferación de encargos de mayor alcance, como en su progresiva integración en la Junta Preparatoria. De hecho, el intervalo transcurrido hasta la llegada de Carlos III, va a suponer una de las etapas más brillantes de su carrera, sin faltar en este tiempo algunas decepciones profesionales. En 1749, el 20 de agosto, fallece su primera esposa Josefa de Flores, lo que significaría a su vez, es de suponer, un cierto impacto en su ámbito personal.

 

Aunque probablemente tenía raíces previas, en posible relación con el padre Sarmiento, en 1749 comienza la obra de la iglesia de San Marcos, cuya fábrica general se concreta en 1753, a falta de los complementos de retablos, con esculturas y pinturas al cargo de artistas integrados en el ámbito académico. Entretanto, en septiembre de 1750 el arquitecto inicia el proceso de proyecto de la capilla de la Virgen del Pilar en Zaragoza, obra que sin duda supone una de las actuaciones más brillantes de su carrera; se trata de un proceso dilatado en el tiempo en el que no sólo aborda su magistral capilla, adjuntando a su vez un proceso de renovación del aspecto general de la iglesia, que se prolongará hasta 1766. Además de su éxito profesional en Zaragoza, la trayectoria vital del arquitecto conoce un segundo hito al contraer matrimonio con la zaragozana Rita de Garro; este segundo enlace, un tanto opaco y formalizado por poderes el 2 de enero de 1751, será también de corta duración pues la joven esposa fallece en Zaragoza el 13 de junio de 1754. Según parece, ambos convivieron en este tiempo en la calle del Espejo.

 

En el ámbito nacional, el éxito de Zaragoza propicia el encargo y la realización del proyecto de retablo de San Julián de la catedral de Cuenca en abril de1751, cuya actuación se extenderá al ámbito del presbiterio, rematándose la obra en 1760. En octubre del mismo año 1751 inicia el proyecto de transformación de la iglesia del monasterio de Santo Domingo de Silos, cuyo decepcionante proceso constructivo se dilatará igualmente en el tiempo, quedando de alguna manera inacabado. Algo parecido ocurre con su intervención en el convento franciscano de San Pedro de Alcántara, cuyo proceso se inicia en 1755, el mismo año en el que plantea la radical transformación de la catedral del Burgo de Osma; esta experiencia con el Consejo de Castilla resultará un tanto frustrante, pues su propuesta de derribo casi integral de la antigua catedral gótica y la construcción de otra de nueva planta será rechazada; en este asunto, el posterior informe contradictorio de José de Hermosilla, que tan sólo planteaba intervenciones parciales, parece que resultó decisivo.

 

Durante estos mismos años, los proyectos abordados en el ámbito local son numerosos, predominando en ellos la decepción de no verlos realizados. Tal ocurre con el palacio del marqués de la Regalía en la calle Ancha de San Bernardo de 1752, y la radical transformación que plantea de la iglesia del convento de Santa Ana en la misma calle en 1753. Sí se llevan a cabo, lentamente, los proyectos de la nueva fachada de la iglesia del convento de San Norberto para los mostenses de 1754 y el comienzo de la reforma interior de la iglesia del convento de la Encarnación planteado en 1755 y que conocerá otro dilatado proceso de construcción hasta 1767.

 

Estas actividades se desarrollan al tiempo que realiza sus constantes labores en las obras de palacio y en su faceta docente. En el ámbito de palacio, el 12 de abril de 1752 alcanza el nombramiento de teniente principal del arquitecto mayor, cargo que igualmente logra José de Hermosilla, aunque en calidad de segundo teniente. En ese mismo año de 1752 se produce la creación definitiva de la Academia suprimiéndose así la antigua Junta Preparatoria. En esta transición don Ventura alcanza el grado de Director de Arquitectura de la misma, cargo que igualmente consigue José de Hermosilla, al tiempo que Diego de Villanueva accede a la categoría de teniente; cada director cobraba 3.000 reales al año, siendo 1.500 el salario del teniente.

 

A mediados de la década de los cincuenta se producen dos hechos de importancia en la trayectoria profesional de don Ventura. El primero, iniciado en 1755, es el proceso de adjudicación del proyecto del Hospital General de Atocha, en el que su propuesta fue rechazada por la comisión evaluadora de la que formaba parte Sacchetti, adjudicándose en 1756 a José de Hermosilla. El segundo se inicia al año siguiente y consiste en la competición de propuestas de ordenación del entorno del Palacio Real entre don Ventura y su maestro. Doloroso debió resultar el fracaso de su proyecto de hospital frente a su competidor, evidenciado por sus recursos elevados a la comisión, y ambigua debió ser la sensación de relativo triunfo frente a su antiguo maestro, que conocería otras fases de compromiso posterior entre las soluciones propuestas que no llegarían a realizarse.

 

En 1756 se inicia igualmente otra de las grandes frustraciones de Ventura Rodríguez, el proceso de construcción de la Casa de Correos en la Puerta del Sol; éste supone una novedosa propuesta de intervención urbana en Madrid, asociando el proyecto del edificio a una notable transformación del trazado de la plaza; tras un intenso proceso de gestión de los derribos e indemnizaciones de las casas existentes, el proyecto se concreta entre 1758 y 1760; no obstante, como resulta conocido, el proyecto final lo realizó Jaime Marquet entre 1761 y 1768. El inicial apoyo de Campomanes en esta empresa resultó tal vez diluido por las nuevas circunstancias asociadas a la llegada de Carlos III.

 

La presencia del nuevo rey va a suponer cambios de importancia en la vida y obra de Ventura Rodríguez. Aunque éstos en principio no resultaran muy satisfactorios, supondrán a la postre la génesis de su peculiar actividad profesional en la segunda gran etapa de su vida. Tras su confiada y frenética actividad en los fastos decorativos desplegados por la Villa el 13 de julio de 1760 para acoger al nuevo monarca, la respuesta del mismo sin duda debió de resultar dramática para el arquitecto. A las dos semanas del mismo, el 27 de julio 1760, Sacchetti y sus colaboradores, entre ellos don Ventura, son destituidos oficialmente de la obra del palacio, entrando en acción el casi omnipotente Francisco Sabatini como figura fundamental de las obras de la corte, de las cuales Ventura Rodríguez resultaría casi excluido en el futuro. Al tiempo, entre 1759 y 1760 se produce el conocido como incidente Graef en la Academia que supondrá el castigo de don Ventura y su amigo el escultor Felipe Castro, que culminaría con el destierro momentáneo de ambos a Valladolid, entre el 4 y el 22 de septiembre de 1760, cuando pidieron perdón a la Academia. Curiosamente en esta ciudad había iniciado en junio de 1759 el proceso de proyecto del importante convento de los agustinos filipinos.

 

No obstante, la actividad de don Ventura no decae en los años siguientes, diversificando sus ámbitos de actuación. En abril de 1761 realiza una propuesta para la transformación de la iglesia del convento de San Francisco en Madrid, que será relegada ante la del padre Cabezas en probable relación con José de Hermosilla, fracaso que supondrá otra de las grandes frustraciones del arquitecto. En el ámbito madrileño resultará igualmente fracasada su ambiciosa propuesta de intervención en el Colegio de San Ildefonso de Alcalá de Henares en marzo de 1762. Frente a estas decepciones, en estos años inicia la realización de dos obras de menor enjundia, aunque apreciables ambas, como la ermita de San Nicasio en Leganés y la reforma interior del Oratorio de los Padres del Salvador en Madrid.

 

Fuera de Madrid, con el apoyo de Ricardo Wall, consigue llevar a cabo dos proyectos de importancia como son el Colegio de Cirugía de Barcelona en junio de 1761 y el inicio del proceso de proyecto y construcción de la capilla del Sagrario en la catedral de Jaén. Al tiempo abordó por entonces diversas reparaciones y reformas del palacio real de Valladolid, la reparación de la torre de la catedral y la reforma de la fachada del Colegio de Santa Cruz. En el mismo ámbito geográfico, en el otoño de 1762, realiza un intenso informe sobre el edificio en el que se alojaba el Archivo de Simancas, al que siguieron pequeños proyectos de intervención en el mismo. Un año después, a finales de 1763 recibe el encargo del Cabildo malagueño para realizar consultas sobre su fábrica, desplazándose a la ciudad en la primavera de 1764, donde redacta un proyecto de cubierta de la catedral, no realizado, atendiendo al tiempo en el mismo viaje el desarrollo del proyecto del Sagrario de la catedral de Jaén y otras obras menores en las iglesias de la diócesis. Otra intervención de interés, en 1765, es la enmienda que realiza en la catedral de Santiago para la fachada del transepto occidental, la Azabachería corrigiendo las trazas de la obra en curso.

 

Mientras atiende a este conjunto de proyectos puntuales fuera de Madrid, don Ventura consigue establecer nuevos enlaces institucionales y personales en compensación a la pérdida de su posición en las obras reales. A finales de 1762 accede al cargo de arquitecto de la Inquisición, con el compromiso de realizar informes y reparaciones sobre sus edificios. Entre 1763 y 1764 consolida sus servicios al infante don Luis a partir de su proyecto de ampliación del palacio de Boadilla del Monte, ambiciosa obra en la que radicará una pequeña corte paralela que, en función de los avatares del peculiar hermano del rey, propiciará sucesivas obras e intervenciones en el futuro en otros lugares. Un segundo cargo de continuidad, este de mayor importancia e implicaciones hasta el final de sus días, se concretará entre el 5 y el 10 de diciembre de 1764, cuando se produce su nombramiento oficial de Maestro y Fontanero Mayor de la Villa de Madrid; un día antes, había fallecido Sacchetti quien seguía ostentando el cargo. Con inusitada rapidez, su antiguo discípulo y colaborador solicita la plaza alegando entre sus méritos la realización previa para la institución de los fastos municipales de1760.

 

En los dos años siguientes se completa y consolida la nueva situación de don Ventura con varios hechos de importancia. El primero, en el ámbito personal, se produce el 25 de abril de 1765 cuando, también por poderes, se concreta su tercer y último matrimonio con la casi adolescente de 18 años de edad Micaela Cayón Santamán, hija del arquitecto Torcuato Cayón; al igual que ocurrió con sus anteriores esposas, fallecerá relativamente joven a los 29 años y tampoco tendrá descendencia. En enero de 1766 accederá por primera vez al cargo trienal de Director General de Arquitectura en la Academia, consolidando así una posición de gran relevancia en la misma. Finalmente, en esta coyuntura vital y profesional, el 15 de agosto del mismo año de 1766 recibe el nombramiento oficial de asesor del Consejo de Castilla en las obras de arquitectura.

 

De esta manera el ya maduro arquitecto, próximo a cumplir los cincuenta años de edad, aborda una etapa final de su vida en la que desarrolla una sorprendente actividad profesional fruto de los diversos frentes abiertos por sus nuevas posiciones institucionales, a las que añadirá algunos otros cargos en el futuro.

 

Ante la dificultad de pormenorizar la abrumadora sucesión de actividades como maestro mayor de la villa de Madrid y las de asesor del Consejo de Castilla, en cierta medida aún por completar, procede perfilar desde un punto de vista general las implicaciones de ambos cargos. En el ámbito municipal, las actividades temáticas se diversifican en función del doble cargo de maestro y fontanero mayor; debía de atender así a las construcciones y las aguas de la ciudad. En la faceta constructiva tenía la obligación de informar sobre las licencias solicitadas, atender a los daños y reparaciones de los bienes municipales y proponer en su caso proyectos de nuevas realizaciones. En lo que a las aguas se refiere, abastecimiento y saneamiento, las actividades más continuas serían las de mantenimiento y reparaciones, asumiendo a su vez la determinación y dirección de nuevas obras sobre fuentes y alcantarillas.

Como arquitecto asesor del Consejo de Castilla, su misión principal consistía en informar sobre los proyectos solicitados, fundamentalmente por los municipios, que suponían compromisos sobre su financiación. Ante ellos, el arquitecto podía informar favorablemente, objetar y sugerir cambios en el proyecto, o plantear él mismo un proyecto distinto por el que cobraba sus oportunos honorarios.

 

Atendiendo a este aspecto económico, pocas veces tratado, conviene destacar que el cargo municipal suponía un sueldo fijo de 8.150 reales anuales. Al poco de acceder al mismo y para tratar de clarificar las posibles irregularidades en los informes para obtener licencia, en 1767 se estipuló una tasa fija de 300 reales que el propietario tenía que pagar al arquitecto. Los honorarios de los proyectos efectuados para el Consejo variaban en función del tamaño y la complejidad; en general partían de una base de 1.200 a 1.500 reales, alcanzando otras veces 3.000 y 4.500 reales. Al igual que el arquitecto, debido a sus muchas tareas, tardaba a veces años en realizar los informes, un retraso parecido se producía en los cobros de los proyectos. De hecho, una de las últimas actividades de don Ventura antes de su fallecimiento consistió en hacer un listado de las deudas del Consejo con la ayuda de su sobrino Manuel Martín Rodríguez.

 

Recuperando la ordenación cronológica de sus actividades más importantes, tratemos de referir ahora las que discurren hasta 1775, como se verá, otra fecha importante en la trayectoria final del arquitecto. En este recorrido sintético la atención preferente se dedicará a Madrid, aunque conviene aludir mínimamente a algunos de sus proyectos en el ámbito nacional. Evidenciando la complejidad de su situación, por encargo de la Academia, se desplaza a Salamanca en 1766 planteando un proyecto de torres absidiales para la Catedral. El primer proyecto que concretó para el Consejo de Castilla fue el del ayuntamiento de Fuentes, en Sevilla, entre 1766 y 1767, siendo de destacar en esta época el de la iglesia de Santa Fé en Granada de 1771 y el de la plaza del mercado Chico de Ávila de 1773.

 

A finales del año anterior, el 17 de noviembre de1772 había accedido a un nuevo cargo de importancia, el de Maestro Mayor de la Catedral de Toledo, con una asignación anual de 500 ducados; el 18 de febrero de 1773 presenta el proyecto de reforma de su frente occidental que no sería realizado, optando el cabildo por un conjunto de intervenciones de menor rango que se desarrollarían con posterioridad y paulatinamente, al igual que ocurriría con las sucesivas intervenciones en los retablos en la capilla de San Ildefonso y de los Reyes Nuevos. Debido a este cargo también realizará obras importantes como la reforma de la capilla del palacio arzobispal y el patio del colegio de Doncellas Nobles, al parecer iniciadas en 1775.

 

De sus actividades durante este decenio en Madrid, siempre entreveradas con los numerosos informes inherentes a sus cargos municipales, se pueden reseñar algunos de los más significativos. A finales de 1765, debido a su cargo municipal, ideó y erigió los templos efímeros del Himeneo y la Inmortalidad para los fuegos de artificio que celebraban el compromiso del príncipe Carlos y María Luisa de Parma. Al mismo ámbito municipal se debe la reforma del edificio de la Carnicería en la Plaza Mayor de 1.766, el mismo año en que inicia el proyecto y la reforma de la Capilla de Nuestra Señora de Belén en la iglesia parroquial de San Sebastián, esta vez para la congregación de arquitectos. A un encargo particular fechado en 1768 se debe el proyecto no realizado de la casa Monsagrati en la calle de Valverde. En 1769 se produce el concurso de trazas de la Puerta de Alcalá, para el que presenta cinco alternativas frente a las de Hermosilla y Sabatini, siendo este último el triunfador del mismo. En el mismo año inicia el proceso de renovación del presbiterio de la antigua iglesia de los jesuitas en la calle de Toledo. En 1770 coinciden varias intervenciones propias de su cargo municipal: el pontón de las lavanderas en el Manzanares, la reparación de la Plaza de Toros, la reforma del arca de la calle de Alcalá, así como el arca y la fuente de los Galápagos en la calle de Hortaleza. En 1772, en el ámbito particular de sus relaciones con la nobleza, aborda dos proyectos de gran importancia: el del palacio del marqués de Astorga en la calle de San Bernardo, al tiempo que asume la reconducción y remate del proceso constructivo del palacio de Liria. Abundando en sus tareas municipales en 1773 proyecta y realiza una cruz para la plaza del Ángel generada por el derribo del oratorio de San Felipe Neri, cuya gestión a él mismo correspondía; este se produjo por el traslado de los clérigos a la antigua casa profesa de los jesuitas. Este hecho nos vuelve a remitir a su participación en la gestión de los bienes de los jesuitas, las Temporalidades, papel que supondrá ciertas contradicciones y problemas con su cargo municipal; en concreto esto se produce en el proceso constructivo de un edificio en la calle de la Colegiata en 1774. Para el nuevo uso del antiguo colegio jesuita, los Estudios de San Isidro, propondrá al año siguiente dos alternativas de proyecto para su biblioteca que no serían realizadas.

 

Llegamos así a la aludida encrucijada de 1775 en la que, aprovechando su doble papel en el municipio y el Consejo de Castilla, a quien concernían fundamentalmente las obras del Paseo del Prado, y aprovechando la ausencia del conde de Aranda en la presidencia del mismo, desbanca a José de Hermosilla en la dirección de las obras. Al mismo tiempo, en este año asume por segunda vez el cargo trienal de Director de Arquitectura de la Academia.

 

La toma del Prado, además de su satisfacción personal y el posible placer de relegar a José de Hermosilla, supondrá una de las actuaciones más importantes de su carrera a los efectos de su fama como arquitecto. Curiosamente, los motivos de ella se centran ante todo en la concepción del ornato de sus fuentes, pues el trazado del conjunto se encontraba concebido y en gran parte ejecutado desde sus inicios en 1767. Sin entrar en muchos detalles, la labor de don Ventura en esta obra abarcará los últimos diez años de su vida, con una constante atención en muy diversos frentes. Tras una inesperada inundación en septiembre de 1775, su prioridad constructiva se centrará en la alcantarilla de la calle Trajineros, proyectando al tiempo el conjunto de las fuentes; el nuevo enfoque de las mismas se centrará en los elementos del ámbito central (Cibeles, Apolo y Neptuno) armados por un argumento mitológico, fisiocrático e incluso patriótico, al que luego seguirán el conjunto de las Cuatro Fuentes y finalmente el de la Fuente de Atocha. Aparte de su acierto compositivo, es de destacar la dilatada y costosa realización de las mismas por un conjunto de escultores del ámbito académico, en el que se fueron produciendo algunos relevos al fallecer los autores iniciales. De hecho, el remate final del conjunto se produciría a principios del siglo XIX.

 

Además de esta nueva ocupación, en la última década de su vida aborda el numeroso conjunto de informes y proyectos de iglesias andaluzas, sumadas a muchos otros informes e intervenciones dispersos por el territorio abarcado por el Consejo de Castilla. De esta época, uno de sus proyectos más importantes es el que redacta para el santuario de Covadonga en 1779, a resultas del incendio de 1777; señalado por diversos autores como un punto de inflexión en su trayectoria, el caso es que su fracasado proceso constructivo frustró otro de los grandes empeños de su carrera. En él confluyeron el desenfoque de la estimación económica y la tenaz resistencia del clero local a un proyecto que pretendía desvincular físicamente el templo de la mítica gruta. Consumida gran parte de la asignación económica en la plataforma de asentamiento, la obra languidecería hasta su total abandono.

 

Recordando lo dicho sobre sus servicios al Infante Don Luis, tras su matrimonio y consecuente destierro, en este mismo año de 1779 se inicia el proceso de construcción del palacio de la Mosquera en Arenas de San Pedro. Antes de apostar por este lugar como sede definitiva de su pequeña corte, don Ventura había realizado actuaciones en los palacios de Velada y Cadalso de los Vidrios. El proyecto del palacio con su casa de oficios y las fuentes de los jardines se realizó tan sólo parcialmente, quedando detenido en 1785 al fallecer el don Luis poco antes que su arquitecto. En el año anterior, Francisco de Goya había realizado el conocido retrato del arquitecto exhibiendo la alusión a su gran obra de Zaragoza.

 

Por finalizar las reseñas de sus obras más importantes fuera de Madrid, quedaría aludir a su presencia en Pamplona: la traída de aguas y la nueva fachada de la catedral. Es así que en 1782 por encargo municipal sintetiza un proyecto sobre la base de los precedentes que será llevado a término más allá de sus días hasta alcanzar el final del siglo; frente a la obra subterránea, el elemento más destacado del conjunto es el tramo del acueducto de Noaín. Resulta curiosa la presencia en Pamplona del pintor y arquitecto Luis Paret, próximo a la corte del Infante don Luis, quien proyectará posteriormente algunas de las atractivas fuentes en las que manaba el agua aportada por este proyecto. La sustitución de la antigua portada románica de la catedral por la radical propuesta de don Ventura, concretada en 1783 y realizada posteriormente en su integridad, fue en su tiempo un ejemplo intervención positivo, aunque con el devenir de los conceptos sobre el patrimonio goza actualmente de una fama, en general, negativa.

 

En lo que a las actividades de don Ventura durante esta década final de su vida en el ámbito próximo de Madrid se refiere, bastaría considerar lo ya dicho para evidenciar el cúmulo de trabajos que reclamaban su constante atención. Las obras en curso y el constante aluvión de nuevos informes de licencias delatan una abrumadora tarea que resulta difícil de comprender. Se puede imaginar su lugar de trabajo y vivienda en la calle de Leganitos, en el nº 13 de la manzana 522, como un lugar de febril actividad donde concurrirían junto a sus sirvientes domésticos el probable conjunto de colaboradores a los que luego se aludirá. Una nota de tristeza ocurre en 1776 cuando en ese lugar fallece su tercera y última esposa Micaela Cayón.

 

El ánimo del arquitecto probablemente se refugiaba o volcaba en el trabajo, atendiendo al proceso del Prado y acometiendo tareas complementarias a su labor municipal como la reforma de la iglesia parroquial de Santa María entre 1777 y 1778 o los informes y proyectos para reparar el antiguo palacio de Uceda, sede de los Consejos en 1781. En estos años aborda a su vez nuevos y ambiciosos desafíos que, cual sino recurrente, no se llevaron a efecto. Tales son los casos del proyecto del Palacio de la Inquisición de 1782 y la propuesta de pórtico del Prado de 1783. El primer proyecto planteaba transformar completamente la sede de la Institución con un ambicioso programa, sobre el mismo solar que ya ocupaba. Tal propuesta no se llevó a cabo, realizándose como alternativa más económica la conservación de parte del edificio antiguo y la construcción parcial de una simplificación concretada finalmente por Mateo Guill como arquitecto de la Inquisición y Manuel Martín Rodríguez. El proyecto del pórtico del Prado ya había sido planteado con antelación, siendo éste un segundo intento que, debido al elevado coste para una construcción de ornato, tampoco sería construido.

 

En lo que podemos considerar como la primera monografía sobre su obra y persona, Jovellanos relata con dramatismo sus últimos días aludiendo a una penosa enfermedad como causa de su fallecimiento. Los datos conocidos transmiten la continuidad de sus actividades hasta el mes de julio de 1785, produciéndose su muerte el 26 de agosto a las 12 de la mañana, tal y como comunica su sobrino Manuel Martín Rodríguez a las pocas horas del deceso. Cita en el escrito las obras municipales en curso, las cuales se ofrece atender. El día anterior, don Ventura había dado instrucciones al cantero Domingo Pérez para proseguir la obra de la portada de la Carnicería.

 

La ingente labor arquitectónica desplegada por Ventura Rodríguez que, como suele ocurrir con los grandes arquitectos, se suele referir tan sólo a su persona, no puede entenderse plenamente sin atender a algunas consideraciones complementarias. Entre ellas cabe referir a las personas que acompañaron al autor en su trayectoria vital y profesional, bien en ayuda y colaboración en sus afanes personales, bien en la oposición o competencia frente a los mismos. En este sentido se ensaya a continuación un mínimo panorama de encuadres, relativo a las relaciones familiares gremiales, a sus colaboradores más directos y a otros arquitectos de importancia y rango más o menos equivalente.

 

Complementariamente a la ya aludida figura de su padre Antonio Rodríguez Pantoja (ca. 1685-1771), la saga de los Rodríguez se extiende en primer lugar a la figura de sus hermanos, Blas (1694-1759) y Manuel (1704-1772), tíos así de don Ventura, con el que tendrán algunos contactos profesionales. A otra generación pertenecen sus primos Manuel Rodríguez García (ca. 1731-1792) hijo de Blas y María, cuya obra es difícil de deslindar con su homónimo anterior, y Blas Beltrán Rodríguez (1736-1794) primo de don Ventura por parte de su madre Agustina Rodríguez Pantoja casada con el arquitecto vallisoletano Antonio Beltrán; Blas colaborará con su primo en la dirección de diversas obras como como la capilla de Nuestra Señora de Belén, la reforma del colegio de Alcalá de Henares para sede de la Universidad, o la obra final del Palacio de Liria. Conviene referir finalmente en este elenco, al arquitecto de difusos perfiles Alfonso Martín casado con la hermana del arquitecto Bernardina, supuestos padres de Manuel Martín Rodríguez (ca. 1750-1823) heredero y discípulo predilecto de don Ventura, del que se ha sugerido, sin pruebas fehacientes, su posible condición de hijo natural del mismo.

 

Aprovechando esta intensa figura del discípulo, colaborador final y heredero de Ventura Rodríguez, es oportuno referir mínimamente el conjunto de discípulos o colaboradores directos en algunas de las obras del arquitecto. Este tema ha sido tratado en diversas ocasiones y aquí cabe tan sólo referir algunos de ellos con el doble filtro de su origen académico y su actividad preferente en Madrid. En un sentido retrospectivo, atendiendo a su edad relativa, hay que destacar como uno de los últimos y más jóvenes en integrarse a Silvestre Pérez (1767-1825), al llegar de Zaragoza asiste desde 1781 al estudio del maestro, de quien heredará más tarde, tal vez a través de su sobrino para quien también trabajó, algunos de los dibujos originales de don Ventura. Otro discípulo algo más veterano era el asturiano Juan Antonio Cuervo (1756-1834), alojado en la propia vivienda del arquitecto en su inicial etapa formativa. Cuervo planteará tras la muerte del maestro, en 1794, una reforma de su proyecto de la plaza del mercado Chico de Ávila. Cuando en 1811 se decide el derribo de la iglesia de San Norberto para despejar la plaza de los Mostenses ambos discípulos, que ocupaban cargos municipales con José Bonaparte, se niegan a colaborar en su demolición en recuerdo del maestro.

 

Otro conjunto de colaboradores sería el compuesto por Mateo Guill (1753-1790) y los hermanos catalanes de apellido Tomás, Domingo (1744-1800) e Ignacio (1750-1812). El primero de ellos es una figura esquiva en su doble perfil profesional y de carácter personal, que tras su inicial adscripción y proximidad con su maestro, planteará un enfrentamiento con Manuel Martín Rodríguez en relación con la plaza de teniente del Maestro Mayor de la villa; tras la muerte de don Ventura, en confusa relación entre ambos reformará a la baja el proyecto del Palacio de la Inquisición. Mateo y, sobre todo, los hermanos Tomás participaron en el proyecto y obra del Palacio de Arenas, conservándose un conjunto de dibujos en los que resulta difícil deslindar la mano del maestro de la de sus discípulos. En los años finales del siglo ambos hermanos se trasladaron a Andalucía.

 

Sin duda uno de los discípulos y colaboradores más intensos del maestro fue Manuel Machuca Vargas (1750-1799), hermano menor de Antonio. En la intensidad de la relación entre ambos cabe atisbar una etapa inicial de mayor afinidad y otra final de cierto distanciamiento. Tras trabajar en su estudio dibujando proyectos del maestro, en 1773 efectúa las mediciones para el dibujo de la catedral de Toledo con Juan Barcenilla; posteriormente es enviado a Andalucía durante los seis meses finales de 1775 para la toma de datos de las iglesias objeto de intervención para el Consejo de Castilla; entre 1777 y 1782 llevará a cabo la dirección del proyecto de reforma del antiguo colegio Máximo de los jesuitas de Alcalá de Henares; es en este lugar cuando verbaliza algunos reproches ante las “ausencias” de su maestro.

 

Otros colaboradores más antiguos son Alfonso Regalado (ca. 1741- ca. 1796) autor de los dibujos conservados del palacio de Boadilla realizados con gran destreza en 1765; algunas noticias refieren su condición de aparejador del Infante don Luis. Según Kubler, Francisco Sánchez (ca. 1734-1800) es el ayudante que acompaña a don Ventura en la realización del informe y planos del Archivo de Simancas; tras esta etapa inicial parece establecer posteriormente una aproximación a Hermosilla y Sabatini en labores de delineación en el Prado y el Hospital General, adquiriendo posteriormente una cierta autonomía profesional; no obstante, en 1778 redacta el proyecto de reforma de la iglesia de Pretel en Alicante por delegación de don Ventura.

 

Colaboradores más próximos a la edad del maestro fueron Manuel de Godoy (1724 – 1781 jul.), quien sería su apoyo fundamental en las obras de Valladolid, y que colaboró más tarde en el proceso constructivo de la capilla de Jaén y Antonio Machuca (1722-ca.1764), quien participa activamente en Silos desde 1753, en la reforma de San Gil, así como en la obra de los Mostenses; al obtener en 1759 el título de arquitecto parece desarrollar actividades propias. De esta primera generación, un caso singular lo constituye Domingo Loys (1723-1785), quién dirigirá la obra de la fachada de la Azabachería en Santiago de Compostela entre 1765 y 1769, estableciendo nuevas relaciones en 1772 al dirigir la obra de la iglesia de Santa Fé en Granada; en este ámbito geográfico, colaborando en algunos casos con don Ventura y desarrollando sus propios proyectos, fallecería en Granada cuatro meses después de su antiguo maestro.

 

Identificados algunos de los discípulos y colaboradores de Ventura Rodríguez se trata a continuación de establecer algunas relaciones del mismo con los arquitectos más o menos coetáneos en el ámbito madrileño que convivieron con él en posiciones y situaciones institucionales de rango equivalente, no siempre armoniosas. En este sentido se puede citar a Diego de Villanueva (1713-1774) quien, aunque cuatro años mayor, se formó igualmente en la Escuela de Palacio y compitió en el ámbito académico, formando un grupo opositor a los planteamientos y enseñanzas de don Ventura; criticaba su enfoque tradicional, y abogaba por una actualización en las referencias culturales europeas. Es conocido también el incidente de las obras de San Francisco de 1769 en el que Villanueva quedó en evidencia ante las precisiones de don Ventura. Frente a las tentativas de realizar el proyecto de acomodación de la sede de la Academia en diversos edificios, que había tanteado previamente Ventura Rodríguez sobre la propia sede de la Panadería y del palacio del Duque de Alba, el último proyecto de don Diego fue precisamente la reforma del palacio de la calle de Alcalá.

 

Todo parece indicar que existió un rozamiento con la esquiva figura de su casi coetáneo José de Hermosilla (1715-1776). Aunque dos años mayor, entra con menor rango en las obras de palacio, progresando en paralelo en la Junta Preparatoria. Tras su estancia en Roma y antes de retirarse de la Academia en 1756, al acogerse al ámbito militar de la mano del Conde de Aranda, su triunfo en el Hospital General, así como su informe sobre la catedral del Burgo de Osma no debió resultar del agrado de don Ventura. Tampoco debió satisfacer su gestión en segundo plano en el proceso de la iglesia de San Francisco en Madrid. Por todo ello, la “toma” del proyecto del Prado tal vez constituyó una tardía venganza producida poco antes de su muerte.

 

A pesar de su desplazamiento en 1760 de las obras de palacio, todo parece indicar una correcta y respetuosa coexistencia entre don Ventura y Francisco Sabatini (1721-1797). Reconocidos sus respectivos territorios de actuación, coincidieron en obras puntuales con informes paralelos como ocurrió en el Palacio de Liria, con algún caso competitivo como las Comendadoras de Madrid en la que triunfó Sabatini.

 

Las antiguas dificultades con su hermanastro, no parecen trascender a las relaciones con Juan de Villanueva (1739-1811). Tal vez la diferencia de edad y el respeto mutuo propiciarían un trato escaso y correcto. Frente a las pretensiones de Mateo Guill y su sobrino para heredar el cargo de Maestro Mayor de la Villa, este recaería finalmente en Villanueva con la inestimable “ayuda” de Floridablanca.

 

En este intento de contextualizar las actividades de don Ventura en Madrid, y tras resaltar algunas de las relaciones que estableció con los arquitectos, quedaría anotar muy someramente las relativas a sus contactos personales con los escultores y pintores de la Academia. Cabe destacar ante todo su intensa relación personal y artística con el escultor gallego Felipe de Castro (ca.1704-1775), mayor que él, con el que compartió muy diversas experiencias desde sus años de juventud hasta su fallecimiento. El relevo de sus preferencias personales recayó desde entonces en su discípulo Manuel Álvarez (1727-1797) quién asumiría parte de los trabajos pendientes, así como nuevos encargos. Este escultor había formado taller con Miguel Jiménez, a veces citado Ximénez, al que se suele citar como adornista, quien colaboró igualmente con don Ventura en numerosas ocasiones. Estas ciertas preferencias se enmarcaban en una estrategia más general y neutral, en la que el arquitecto trataba de incorporar en sus obras al resto de los académicos, respetando al tiempo las jerarquías dentro de la institución. En cuanto a los pintores, las relaciones parecen de menor intensidad, y se establecían en las decoraciones al fresco de algunas iglesias, destacando tal vez en este aspecto la cierta continuidad de los hermanos González Velázquez, Luis (1715-1763) y Antonio (1723-1793), en obras como la iglesia de San Marcos, la capilla del Pilar

y la iglesia de la Encarnación.

 

La valoración general de la fama o fortuna crítica de Ventura Rodríguez ha coincidido normalmente en reconocerle como uno de los arquitectos más importantes de la historia de la arquitectura española. Desde las primeras apreciaciones encomiásticas de Jovellanos al poco de su muerte, hasta las recientes consideraciones en relación con el tercer centenario de su nacimiento, esta valoración positiva se ha mantenido, con diversos matices, a lo largo del tiempo.

 

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CRONOLOGÍA DE SUS OBRAS RELEVANTES EN MADRID.

 

1736-1760 trabajo continuo en el proyecto y obra del Palacio Real Nuevo bajo la dirección de Sacchetti.

 

1745 Retablo de San Luis de los Franceses (no realizado).

 

1745 Túmulo del cardenal Molina en San Felipe el Real-

 

1748 proyecto de sacristía para la capilla de San Isidro en San Andrés (no realizado)

 

1749-53 Iglesia de San Marco.

 

1752 proyecto de palacio para el Marqués de Regalía (no realizado)

 

1753 proyecto para la iglesia del convento de Santa Ana en la calle de San Bernardo (no realizado)

 

1754 proyecto de la fachada de la iglesia de los Mostenses (obra hasta 1774, demolida en 1811)

 

1755 Reforma de la iglesia del convento de la Encarnación (obra hasta 1767)

 

1756-60 proyecto para la Casa de Correos en la Puerta del Sol (no realizado)

 

1757-62 correcciones y adendas al plano de Madrid de Tomás López.

 

1758 intervenciones y retablo para la iglesia de San Gil.

 

1761 proyecto para la iglesia del convento de San Francisco (no realizado)

 

1761 reforma de la iglesia y retablo del Oratorio de los Padres del Salvador.

 

1762 proyecto para el colegio mayor de san Ildefonso en Alcalá de Henares (no realizado); 1763 retablo para la iglesia de San Justo y Pastor (no realizado)

 

1763-75 Palacio y jardines para el infante don Luis en Boadilla del Monte; 1763 ca.

 

1765 capilla y retablo de San Nicasio en Leganés.

 

1765 ca. retablo de Santa Bibiana para la capilla del hospital de la Buena Dicha.

 

1765-1773 Alineación y fachadas en la Costanilla de San Andrés.

 

1765 construcciones efímeras para fuegos de artificio templos de Himeneo, Felicidad e Inmortalidad.

 

1766 Planos y reparaciones en la Carnicería Mayor y Repeso.

 

1767 reforma del teatro de los Caños del Peral.

 

1768 proyecto para la casa de Francisco y Nicolás Monsagrati en la calle Valverde.

 

1768 reforma alineación y ordenación de la calle Mayor.

 

1768-69 Reforma del presbiterio de la antigua iglesia de jesuitas.

 

1769 Concurso de la Puerta de Alcalá.

 

1769 informe y propuesta de ampliación del puente de Vallecas sobre el arroyo Abroñigal.

 

1770 Proyectos de: terrado y jardín para el palacio de Buenavista, reparación de la Plaza de Toros, Fuente de los Galápagos en la calle de Hortaleza, Pontón de Lavanderas en la Fuente del Abanico y escalera para la lonja del convento de Capuchinos del Prado.

 

1771-85 Continuación del palacio del duque de Berwick y Liria.

 

1772-85 Palacio del Marqués de Astorga y conde de Altamira en la calle de San Bernardo (realizado parcialmente); 1773 derribos y cruz en la plaza del Ángel.

 

1773 proyecto de adecuación del palacio del duque de Alba para sede de la Academia.

 

1773 informe sobre el convento de las Comendadoras de Santiago.

 

1774 alineación y ordenación de fachadas en la calle de la Montera, Casa de la Real Iglesia de San Isidro en la calle de la Colegiata y corrección de fachadas de las casas del Conde de Polentinos en la calle de Atocha.

 

1775 asume la dirección del salón del Prado.

 

1775 pavimentación de la calzada del puente de Segovia.

 

1775 proyectos de Biblioteca para los Estudios de S. Isidro (no realizado)

 

1775 tasación de las casas de Frías en la calle del Barquillo.

 

1776 proyecto de reedificación de la ermita del Cristo de la Oliva.

 

1776-80 adecuación y reforma del Colegio Máximo para sede de la Universidad en Alcalá de Henares.

 

1777 proyecto de reforma del palacio del marqués de Villena en Cadalso de los Vidrios.

 

1777-78 reforma de la iglesia parroquial de Santa María.

 

1777 rectificación de alineación y nuevas tahonas en la calle Trajineros.

 

1777-81 Fuentes de Apolo, Neptuno, Cibeles, las Cuatro Fuentes y Atocha.

 

1777-1780 Casa pontazgo del puente de Viveros.

 

1778 proyecto de cuartel de Fusileros en Aravaca (no realizado).

 

1779 informe sobre el Camino Real de Extremadura, hasta Santa Olalla.

 

1781 proyecto de consolidación del palacio de los Consejos.

 

1782 proyecto para el Palacio del Tribunal de la Inquisición (no realizado)

 

1783 proyecto de Pórtico en el Salón del Prado (no realizado)

 

1782 proyectos de retablos para las iglesias de: convento de Atocha, colegio de Nuestra Señora de Loreto, Comendadoras y nuestra Señora de la Soledad

 

1783 segundo proyecto de pórtico para el Salón del Prado.

 

1783 ordenación del Cerrillo del Rastro.

 

1784 alzado para la casa de labor de Pedro Berindoaga.

 

1784 tasación de la casa de la marquesa viuda de La Granja.

 

1784 retablos de la capilla de Nuestra Señora de Belén.

 

1784 informe y propuesta de intervención del puente sobre el arroyo Torote (no realizado).

 

1785 preparación de festejos en la Plaza Mayor.

 

1785 Reforma de la Fachada y Portada de la Carnicería

 

ORTEGA VIDAL, JAVIER

FECHA DE REDACCIÓN. 5 DE NOVIEMBRE 2020.

FECHA DE REVISIÓN.

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