26693
portfolio_page-template-default,single,single-portfolio_page,postid-26693,qode-social-login-1.1.3,qode-restaurant-1.1.1,stockholm-core-1.2.1,select-theme-ver-3.7,ajax_fade,page_not_loaded,wpb-js-composer js-comp-ver-6.1,vc_responsive
ANTONIO PLO Y CAMÍN

 

Agrimensor y maestro de obras. Reino de Navarra, 17??-post. 1779.

 

Su competencia técnica no tenía, más allá de la práctica en obras, el respaldo de titulación oficial alguna y por eso en la junta ordinaria de la Academia de San Fernando, reunida el 12 de septiembre de 1762, se leyó un memorial de Antonio Plo en el que declaraba ser natural del reino de de Navarra y haberse empleado como maestro de obras en Navarra, Castilla y Aragón en trabajos tanto para el rey como para particulares, a veces bajo la dirección de ingenieros y otras bajo la suya propia; daba también relación de las materias de matemáticas que había estudiado y presentaba dos manuscritos como autor, uno sobre principios prácticos de todas las ciencias conducentes a la arquitectura y otro que contenía un tratado práctico de arquitectura; todo para concluir pidiendo que se le examinase y se le concediera el título que tuviere a bien la Academia. La junta, tras oír el dictamen de Diego de Villanueva sobre el pretendiente, al que juzgó hábil en las materias relacionadas, acordó se le diese asunto para pasar a examen. En la junta del 3 de octubre siguiente Antonio Plo presentó los planos de una iglesia parroquial con sus oficinas correspondientes en planta, fachada y corte y aquella misma junta,

 

«vistos los diseños se reconoció el mal gusto que es natural en los que no han estudiado por los buenos originales. Pero sin embargo, por haber repetido el Sor. Director Villanueva los Ynformes de su gran pericia en la Geometría Stática, maquinaria y otras ciencias Matemáticas pertenecientes a la Arquitectura: se acordó que sin embargo devolvérsele sus diseños, se le anime y se le dé certificado de ser hávil en las dichas ciencias matemáticas, pero no título de Arquitecto ni menos de Académico.»

 

El título que finalmente se dio a Plo para reconocer sus conocimientos prácticos de matemática aplicada fue el de perito en Agrimensura, habilitado para medir y tasar, pero no para dirigir obras y menos aún para idearlas.

 

PRIMERAS OBRAS EN MADRID

 

Las primeras noticias que conozco de su actividad en la Villa y Corte son de 1762, cuando informaba junto a Diego de Villanueva y Juan Bautista Sacchetti del mal estado en que se encontraba la torre de la iglesia de San Fermín de los Navarros, en el Prado de San Jerónimo[1].

 

Cinco años más tarde, y sobre la base de aquellos manuscritos de 1762 presentados a la Academia de San Fernando, Antonio Plo publicó un grueso libro en 8º con el título: El Arquitecto práctico, civil, militar, y agrimensor, dividido en tres libros. […] Compuesto por Antonio Plo y Camín, Profesor de estas Ciencias (Madrid, Imprenta de Pantaleón Aznar, 1767)[2]. Del éxito de la obra da fe que tuvo reimpresión corregida y aumentada en 1793 y otras cuatro en el siglo XIX[3].

 

El libro de Plo, riguroso y muy didáctico en su aplicación de la matemática, que es «tronco universal de todas las Ciencias» según dice en su Introducción, se ciñe rigurosamente a operaciones e instrumentos de medida propios de las competencias del perito agrimensor que él era, aprobado como tal por la Academia, aunque el contenido de su libro atañe también al trabajo del arquitecto práctico, civil y militar. Y lo demuestra sobre todo en la parte II, que trata de «la práctica de hacer, y medir todo género de Bóbedas, y Edificios de Arquitectura.»

 

En Madrid sólo conozco dos obras de las que se solicita licencia municipal para ser construidas bajo su dirección. Una primera, de 1768, para la casa-palacio del conde de Superunda, en la calle de la Puebla de San Joaquín (hoy de San Bernardino) con vuelta a la calle del Limón, números 5 y 6 de la manzana 536[4]. La otra es de 1774 y consistía en elevar segunda planta a una modesta casa de la calle Mesón de Paredes número 12, manzana 14[5].

 

SU INTERVENCIÓN EN SAN FRANCISCO EL GRANDE

 

La obra que hace pasar a Antonio Plo a la historia de la arquitectura española es su intervención en la terminación de la nueva iglesia madrileña de San Francisco el Grande. La primera piedra del futuro templo fue colocada por el cardenal arzobispo de Toledo con mucha solemnidad el 8 de noviembre de 1761 y durante poco más de seis años, hasta comienzos de 1768, las obras que estuvieron bajo la dirección del padre fray Francisco Cabezas consumieron casi siete millones de reales.[6] Sin embargo, el seguimiento que de ella hizo la Academia de San Fernando, que había dado una aprobación condicionada a los planos presentados por el fraile, obligó a que la puesta en ejecución del proyecto se paralizara en 1768, con los muros elevados hasta la altura de 48 pies catellanos (13,37 m), «en el arranque de los arcos de las capillas del lado de la Epístola, con sólo el primero cuerpo de fachada y sin la bóveda del piso del coro»[7]. El padre Cabezas decidió entonces no continuar dirigiendo la construcción de un edificio por el que no sentía ningún aprecio como autor y regresó a su convento de Valencia, donde falleció en 1781.

 

Tras la partida de Madrid del padre Cabezas, la terminación de las obras fue ofrecida en 1768 a Francisco Sabatini, pero no quiso aceptarla porque los franciscanos no le permitían cambiar el proyecto y él, a su vez, «no podía por su estimación y crédito continuar una obra mal construida y de ninguna firmeza»[8]. Se abrieron entonces consultas con los maestros de obras Juan Tami, Francisco de Moradillo, Manuel de Molina y Juan Esteban, los tres últimos del círculo de Sabatini, pero ninguno aceptó el encargo. Finalmente, el navarro Antonio Plo, que se presentaba como profesor de arquitectura y maestro de obras aprobado por la Real Academia de San Fernando, se ofreció a continuar con la ejecución de la misma planta, pero con una idea menos costosa que la que se estaba realizando, ya que proponía rebajar la altura de la obra suprimiendo el tambor de la gran cúpula del proyecto del padre Cabezas para que ésta comenzara a voltear directamente sobre la cornisa de la nave rotonda del templo. Su propuesta de terminación tiene fecha de 19 de septiembre de 1768, está valorada en poco más de cuatro millones de reales, incluido el refuerzo que fuera necesario en los macizos que soportarían la gran cúpula, y fue aceptada tan rápidamente y con tanto entusiasmo por la comunidad franciscana que se comenzó a poner en práctica sin la aprobación de los nuevos planos y del nuevo director de la obra por la Academia de San Fernando. Cuando el padre guardián del convento de San Francisco presentó a la corporación fernandina los planos de Antonio Plo, con fecha 5 de noviembre de 1768, expresaba el deseo franciscano de reducir todo lo posible los costes de la construcción y la altura de la iglesia, tal como el nuevo proyecto contemplaba, a pesar de la pérdida de la debida proporción del resultado que se obtendría, «porque mejor es tener Iglesia dentro de dos o tres años con alguna deformidad, que nunca le será imputable al Autor, atendida la precisión en que se le pone, que no estar absolutamente sin ella por muchos años»[9]. Junto al proyecto de Plo, el padre guardián envió también a la Academia los planos de un cierto Cristóbal Álvarez de Sorribas, entonces, como Plo, sin título de arquitecto o maestro de obras y de profesión «tramoyista y guardarropa del duque de Santisteban»[10]. Es decir, en este asunto de la iglesia de San Francisco el Grande, donde había que construir la mayor cúpula de fábrica que todavía hoy existe en España, se estaba perdiendo el norte de un modo flagrante por las prisas de los franciscanos y la necesidad de concluir una obra en la que se había hecho ya un importante gasto.

 

El 23 de diciembre de 1768 la junta general de la Academia recibe una planta y dos secciones con el levantamiento que había encargado a Diego de Villanueva para representar lo realizado bajo la dirección del padre Cabezas en la nueva iglesia de San Francisco[11]. Esa misma junta tiene conocimiento entonces de que Antonio Plo está dirigiendo la obra en calidad de maestro y arquitecto en jefe de ella sin ser profesor aprobado para dirigir fábricas, lo cual contravenía el Estatuto XXXIII de la Academia, que obligaba a que lo fuera quien asumiera esa facultad, de forma que había incurrido en la multa de cien ducados que aquel estatuto imponía a los transgresores. Finalmente, aquella junta acordó la visita a la obra de los directores Ventura Rodríguez y Miguel Fernández para que informaran de su estado.

 

La respuesta de Antonio Plo a todo lo anterior fue dar testimonio de buena fe en su actuación, pues creyó que estar aprobado como perito agrimensor le facultaba para dirigir fábricas, y solicitó la anulación de la multa en atención a su pobreza y a su crecida familia. La Academia le perdonó la multa en junta de 29 de enero de 1769, pero también le previno de que se abstuviera de contravenir el Estatuto XXXIII que no podía ignorar.

 

El 12 de febrero se reúne la junta ordinaria de la Academia y pasa a reconocer los proyectos presentados por Antonio Plo y Cristóbal Álvarez de Sorribas para concluir las obras y acto seguido, vistos todos los antecedentes acumulados y todos los planos presentados, acordó la reprobación de todo lo realizado por el padre Cabezas, desde la modificación del proyecto al método constructivo de la obra, y la absoluta reprobación de los proyectos de Antonio Plo y Cristóbal Álvarez Sorribas. Además se acordó la conservación en el archivo de la Academia de los cuatro planos del padre Cabezas, los levantamientos de los directores de arquitectura Diego de Villanueva, Ventura Rodríguez y Miguel Fernández y los proyectos de Plo y Sorribas, para que en todo tiempo se sepa del celo con que la corporación fernandina vela por la seguridad pública[12]. Después, la junta aprobó el proyecto de terminación de la iglesia que Sabatini había presentado por orden del rey y aceptó que se construyera bajo su dirección y sin alterar en él cosa alguna[13]. Ese mismo día 12 de febrero de 1769 se leyó en la junta ordinaria un memorial de Antonio Plo en el que solicitaba examen para obtener el título necesario para poder trabajar como arquitecto. La junta consideró «esta pretensión como muy extraña» y ni se dignó contestarle.

 

Por su parte, Antonio Plo decidió recurrir ante el Consejo de Castilla la imposibilidad de dirigir obras en que le había dejado de Academia al no responder a sus repetidas solicitudes de examen. El Consejo pidió explicaciones a la corporación fernandina el 25 de noviembre de 1769 y ésta contestó que el 12 de septiembre de 1762 Plo pidió ser examinado y sólo había obtenido la aprobación como perito en Agrimensura.

 

El siguiente contacto de la Academia con Antonio Plo se produjo en las juntas ordinarias celebradas los días 5 de marzo, 2 de abril y 17 de septiembre de 1769. En ellas se leyeron sus memoriales solicitando examen para la obtención del título que le permitiera ejercer como arquitecto, ya que esa era su única profesión, pero la Academia acordó siempre responder más adelante sin que después llegara a concretar nada más al interesado. En concreto, Antonio Plo había presentado a la Academia, reunida en junta ordinaria el 5 de marzo de 1769, los planos de planta y alzados de un dique de reparación de navíos con los que solicitaba el grado de académico de mérito. Se encargó al marino y académico de honor Jorge Juan que diera su dictamen y en la junta del 2 de abril se leyó que el examinador no sabía valorar si el pretendiente merecía el grado que solicitaba, de forma que en septiembre se pospuso sin fecha la decisión de dar títulación al interesado.

 

Continuando con la obra parada de San Francisco el Grande, el Consejo de Castilla, sin hacer caso de aquel acuerdo de la junta ordinaria de la Academia el 12 de febrero, quizá porque nadie se lo notificó, y tras pedir informes a dos arquitectos de Aragón, Julián de Yarza y Pedro de Ceballos, que lo dieron favorable al estado de la obra de la iglesia, dictó un decreto de 14 de mayo de 1770 por el cual se permitía a Antonio Plo, por esta vez y sin que sirviera de precedente, continuar y concluir lo que había dejado sin acabar el padre Cabezas, en contra claramente del criterio de la Academia[14], de sus Estatutos y de todas las reales órdenes posteriores que impedían ejercer semejante responsabilidad a quien no estuviera aprobado por la corporación fernandina para idear y dirigir fábricas[15].

 

En consecuencia, el 16 de mayo el padre guardián del convento de San Francisco solicitaba al Ayuntamiento de Madrid la licencia para continuar las obras bajo la dirección de Plo. Enterada la Academia, recurrió al rey para que anulara el permiso del Consejo de Castilla, pero ese recurso no encontró respuesta ni produjo nunca efecto alguno. De esta forma, Antonio Plo, perito agrimensor, maestro de obras sólo acreditado por la práctica y reconocido como tal por el Consejo de Castilla exclusivamente para la obra de San Francisco el Grande, dejó elevadas y cerradas bajo su dirección entre 1770 y 1774 las cúpulas de las capillas radiales, dos torres que flanqueaban la capilla mayor y la gran cúpula central de la iglesia rotonda, cúpula que en su versión final tiene 42,62 metros de altura de suelo a clave (153 pies castellanos) y 32,32 metros (116 pies castellanos según Sabatini) o 32,59 metros (117 pies castellanos según Ponz) de diámetro, la mayor cúpula construida en España con fábrica de piedra y ladrillo[16]. Ya se dijo que Plo suprimió el tambor dibujado en los planos firmados por el padre Cabezas y elevó la gran cúpula sobre los muros, contrarrestando sus empujes con los cupulines de las capillas radiales y los potentes contrafuertes que tanto afean el volumen exterior del edificio. Pero en términos prácticos, como Plo los denominaría, el perito agrimensor y maestro de obras sin título que él era salió airoso de un problema al que supo dar solución constructiva y en el que prestigiosos académicos por la Arquitectura, tanto de honor como de mérito, no quisieron o no supieron siquiera entrar[17].

 

Ese año de 1774 Sabatini recibió a través del confesor de Carlos III, el franciscano Joaquín de Eleta, la orden de informar al rey del estado de la obra de San Francisco el Grande y de la inminente ruina que amenazaba al colindante convento. Para ofrecer soluciones a esos asuntos, el 9 de octubre Sabatini daba su proyecto para la terminación de la iglesia, consistente en reforzar algunas partes, excavar cripta bajo el suelo de la rotonda, aumentar huecos y linternas para dar mayor luz natural a los interiores y, finalmente, acabar lo mucho que faltaba aún, incluidas la bóveda del coro, el nártex y la fachada, todo presupuestado en cuatro millones de reales. También dio Sabatini los planos para un convento de nueva planta presupuestado en ocho millones de reales[18]. Hubo que esperar hasta el 6 de marzo de 1776 para que Carlos III concretara el encargo de todo lo anterior a quien era el arquitecto principal de Palacio. El 18 de marzo siguiente Sabatini vuelve a dar los planos del nuevo convento, que comienza a ser construido en el mes de junio mientras se realizan también las obras de la iglesia, incluido el derribo en agosto y septiembre de 1776 de dos torres que Antonio Plo dejó construidas flanqueando el presbiterio. Sabiendo esto, la pregunta ahora sería cuánto de la iglesia de Bernini en Santa María de Ariccia conocía Plo a través de estampas. A finales del año 1784 iglesia y convento estaban terminados de acuerdo con los proyectos de Sabatini puestos bajo la dirección de obra del académico director de arquitectura Miguel Fernández[19].

 

CONGREGANTE DE NUESTRA SEÑORA DE BELÉN

 

Siguiendo con noticias biográficas de Antonio Plo, aquel mismo año de 1774 en que abandona las obras de San Francisco el Grande, dejando la gran cúpula construida, es recibido como congregante de la Real Congregación de arquitectos y maestros de obras de Madrid, en concreto en la junta general celebrada el 5 de junio, tras informe favorable del 11 de abril anterior, cuando estaba casado con una cierta Daniela Alducín. Quizá Plo quiso encontrar en esa Real Congregación de Nuestra Señora de Belén y Huida a Egipto el reconocimiento profesional que el resto de las instituciones oficiales le negaba, ya que ni el Consejo ni la Academia se lo daban, pero era una legitimación quimérica, sin más efecto que el práctico y mientras nadie denunciara su intrusismo[20].

 

Antonio Plo tendrá su último oficio en la Congregación el 29 de junio de 1779 como uno de los dos maestros de ceremonias que había que designar por turno de antigüedad. A partir de esa fecha su nombre y su firma desaparecen de las actas de las juntas y ya no vuelve a serle asignado ningún oficio ni está incluido en la lista de congregantes que la Real Congregación envía al Ayuntamiento de Madrid en 1781[21]. Tampoco consta su baja voluntaria en los libros de acuerdos o de admisiones ni se informa en ellos de su fallecimiento, pero ese hecho debió de ocurrir entre 1779 y 1781, quizá en Madrid[22].

 

OBRAS DE ANTONIO PLO

 

-. 1762 ejerce como maestro de obras en Navarra, Castilla y Aragón en trabajos tanto para el rey como para particulares, a veces bajo la dirección de ingenieros y otras bajo la suya propia.

 

-. 1762 informa junto a Diego de Villanueva y Juan Bautista Sacchetti del mal estado en que se encontraba la torre de la iglesia de San Fermín de los Navarros, en el Prado de San Jerónimo.

 

-. 1767 Publica El Arquitecto práctico, civil, militar, y agrimensor, dividido en tres libros. […] Compuesto por Antonio Plo y Camín, Profesor de estas Ciencias (Madrid, Imprenta de Pantaleón Aznar.

 

En Madrid:

 

-. 1768, proyecta la casa-palacio del conde de Superunda, en la calle de la Puebla de San Joaquín (hoy calle de San Bernardino) con vuelta a la calle del Limón, números 5 y 6 de la manzana 536.

 

-. En 1774 eleva segunda planta a una modesta casa de la calle Mesón de Paredes número 12, manzana 14.

 

-. Entre 1770 y 1774 refuerza y eleva muros, soportes y contrafuertes preexistentes y deja construidas las cúpulas de las capillas radiales, dos torres que flanqueaban la capilla mayor y la gran cúpula central de la iglesia rotonda de San Francisco el Grande.

 

-. 1772 el Consejo de Castilla le encarga dirigir en el edificio de su sede las obras para las salas de gobierno primera y segunda.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

BEDAT, Claude, La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (1744-1808), Madrid, FUE-RABASF, 1989.

 

FEDUCHI, Javier, «Restauración de San Francisco el Grande. Madrid, España», Informes de la Construcción, 399, 1989, pp. 5-21.

 

GARCÍA BARRIUSO, Patrocinio, San Francisco el Grande de Madrid. Aportación documental para su historia. Madrid, s.e., 1975.

 

LEÓN TELLO, Francisco José y SANZ SANZ, Virginia, Estética y teoría de la arquitectura en los tratados españoles del siglo XVIII. Madrid, CSIC, 1994.

 

MOLEÓN GAVILANES, Pedro, Profesión y devoción. La Real Congregación de Arquitectos de Nuestra Señora de Belén y Huida a Egipto, Madrid, conarquitectura, 2019.

 

NAVASCUÉS, Pedro, «Sobre titulación y competencias de los arquitectos de Madrid (1775-1825)», AIEM, LXI, 1975, pp. 123-137.

 

ORTEGA VIDAL, Javier, «La arquitectura dibujada en el Gabinete Sabatini», en AAVV, Francisco Sabatini, Madrid, Electa, 1997, pp. 73-83.

 

SAGÜES AZCONA, Pío, La Real Congregación de San Fermín de los Navarros (1683-1961). Estudio histórico. Madrid, Gráficas Canales, 1963.

 

 

PEDRO MOLEÓN GAVILANES

FECHA DE REDACCIÓN: 11 DE DICIEMBRE DE 2020

FECHA DE REVISIÓN:

 

NOTAS:

[1] La torre fue finalmente derribada en 1799, bajo la dirección de Blas de Mariátegui, hasta la altura del alero de la iglesia. Pío SAGÜES AZCONA, La Real Congregación de San Fermín de los Navarros (1683-1961). Estudio histórico. Madrid, Gráficas Canales, 1963, p. 195.

[2] Todo induce a pensar que en aquellos dos manuscritos que Antonio Plo presentó a la Academia en septiembre de 1762 estaba ya el germen del contenido completo de este tratado impreso en 1767.

[3] Dedicado a fray Antonio María Bucareli y Ursúa, que será virrey de México entre 1771 y 1779. La segunda impresión corregida y aumentada se hizo en Madrid, por el impresor Antonio Espinosa, en 1793. Francisco José LEÓN TELLO y Virginia SANZ SANZ, Estética y teoría de la arquitectura en los tratados españoles del siglo XVIII. Madrid, CSIC, 1994, pp. 242-245, mencionan más ediciones en 1819, 1844, 1855 (en París) y 1856. Hay edición facsímil de la primera impresión de 1767, Valencia, Librerías “París-Valencia”, 1995.

[4] AVM.S. 1-47-75. La solicitud de licencia la hace el propio Antonio Plo el 30 de enero de 1768 y se declara «Profesor de Arquitectura y maestro de obras aprobado por la Rl. Academia de Sn. Fernando». Presenta alzados y el informe de Ventura Rodríguez corrige la forma y proporciones de los huecos altos. La licencia se concede el 3 de mayo siguiente. En abril de 1774 el conde de Superunda pide nueva licencia para añadir dos columnas a la puerta principal de la casa y para ello presenta dibujo delineado por un cierto Agustín López el 13 de mayo siguiente. Se concede licencia el 3l de mayo para realizar una operación en la que Antonio Plo no es mencionado nunca.

[5] AVM.S. 1-47-65. Se concede licencia el 4 de junio de 1774.

[6] Patrocinio García BARRIUSO, San Francisco el Grande de Madrid. Aportación documental para su historia. Madrid, s.e., 1975, pp. 154 y 155. Para lo que sigue, la fuente principal es este bien escrito y bien documentado libro.

[7] BARRIUSO, 1975, p. 163.

[8] BARRIUSO, 1975, p. 161.

[9] BARRIUSO, 1975, p. 163.

[10] BARRIUSO, 1975, p. 163. Será maestro de obras con título de la Academia de San Fernando el 11 de noviembre de 1788. Su hijo Manuel Álvarez de Sorribas y Pingarrón (Madrid, 1798- Madrid, 13.XI.1832) será arquitecto por la Academia de San Fernando el 10 de diciembre de 1826 (AASF. Leg. 68-6/4) y por real orden de 10 de junio de 1829 teniente de arquitecto mayor de las obras reales. Murió en noviembre del mismo año en que había sido creado académico de mérito en la de San Fernando por la junta ordinaria de 20 de mayo de 1832 (AASF. Leg. 1-44-3 y Mss. 3-310/38). En su puesto en Palacio le sucedió Custodio Teodoro Moreno.

[11] BARRIUSO, 1975, pp.166 y 167.

[12] Hay que lamentar que ninguno de los planos mencionados se conservaba ya en el archivo de la Real Academia de San Fernando en tiempos de BARRIUSO, 1975, pp. 184 y 185.

[13] Todo lo anterior le es comunicado al padre guardián del convento de San Francisco el Grande el 15 de febrero de 1769 por el secretario de la Academia, Ignacio de Hermosilla. BARRIUSO, 1975, pp. 175-179.

[14] AVM.S. 1-46-55. BARRIUSO, 1975, p. 196.

[15] Según Bedat, a pesar de la habilitación de Plo para dirigir exclusivamente la obra de San Francisco el Grande, el Consejo de Castilla lo empleó en 1772 para dirigir en el edificio de su sede las obras para las salas de gobierno primera y segunda. Claude BEDAT, La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (1744-1808), Madrid, FUE-RABASF, 1989, p. 378, que remite en nota 693 a la junta particular de la Academia celebrada el 3 de mayo de 1772.

[16] Y con ella culminó el que puede ser considerado «el fracaso de mayor diámetro de nuestra arquitectura» según Javier ORTEGA VIDAL, «La arquitectura dibujada en el Gabinete Sabatini», en AAVV, Francisco Sabatini, Madrid, Electa, 1997, p. 76.

[17] Aunque Diego de Villanueva lo hizo por el puro placer de responder a un reto personal que nadie le había impuesto. Al final de la «Memoria sobre lo ocurrido con motivo de la obra de Sn. Francisco llamado el Grande…» se lee: «Vastante vergüenza les debe causar su conbencimiento interior y la culpa de ver concluida una obra que será siempre [ejemplo en] una época de la ignorancia de la Arquitectura del Siglo contra las nobles intenciones de N. Rey,…» BNE. Mss/18226, f. 178 r.

[18] BARRIUSO, 1975, pp. 218-221.

[19] BARRIUSO, 1975, pp. 266-267 y 281-284. Para la planimetría actual de la obra resultante, véase Javier FEDUCHI, «Restauración de San Francisco el Grande. Madrid, España», Informes de la Construcción, 399, 1989, pp. 5-21.

[20] Antonio Plo era también miembro de la madrileña Real Congregación de San Fermín de los Navarros. Véase SAGÜES, 1963, p. 195. A esa misma Congregación pertenecieron, como navarros que eran, los arquitectos Blas y Francisco Javier de Mariátegui, Juan Pedro Ayegui, Pedro Nolasco Ventura, Eugenio Jiménez Corera, José de Astiz y José Yarnoz Larrosa. SAGÜES, 1963, p. 284.

[21] Pedro NAVASCUÉS, «Sobre titulación y competencias de los arquitectos de Madrid (1775-1825)», AIEM, LXI, 1975, pp. 123-137.

[22] Pedro MOLEÓN GAVILANES, Profesión y devoción. La Real Congregación de Arquitectos de Nuestra Señora de Belén y Huida a Egipto, Madrid, conarquitectura, 2019.

X