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Iglesia parroquial de Cobeña, 1665-1668.
GASPAR DE LA PEÑA

 

Arquitecto y maestro de obras. Susvilla (Cantabria), comienzos del s. XVII – Madrid, 1676.

 

Maestro de obras trasmerano hijo de Pedro de la Peña e Isabel de Sisniega. Su padre, con quien aprendió el oficio, fue un artífice importante en la Corte. Emprendió obras relevantes y puso 34 objeciones a la primera parte del tratado de” Arte y Vso de Architectura” de fray Lorenzo de San Nicolás de 1633, que por ese motivo no se publicó hasta seis años más tarde. El agustino recoleto no respondió entonces sino en la segunda parte de 1665, cuando ya había fallecido Peña (1650)[1]. Éste llegó a ser aparejador mayor de las obras reales y tuvo seis hijos: Pedro, que sucedió en el oficio real a su padre y murió en 1659, Gaspar, Martín, del que se desconoce su profesión pero debió ser igualmente maestro de obras como lo fue su hijo Juan de la Peña; Isabel María, casada con Juan de Torija, que llegó también a ser aparejador mayor de las obras reales y casó en segundas nupcias con el maestro de obras Juan Sánchez; y Antonia, que contrajo matrimonio con el maestro de obras Alonso del Valle[2].

 

La primera obra documentada de Gaspar de la Peña vino de la mano de Juan Sánchez, posiblemente el padre de su futuro cuñado homónimo. Este se concertó en 1626 con don Carlos Ibarra, capitán de las naves de Nueva España, caballero de Santiago, comendador de Villahermosa, gentilhombre de boca de su majestad y vizconde de Centenera, para hacer su palacio en esta última villa en la provincia actual de Guadalajara. Sánchez tuvo por compañero al maestro complutense Francisco Malagón y las trazas debieron ser de Juan Lázaro, pero seguramente contaría con Gaspar de la Peña en la construcción porque aparece vinculado a las obras de Centenera años más tarde[3]. El 31 de marzo de 1634 Juan Sánchez completó las obras de la casa al contratar para Ibarra hacer el oratorio y las casas de los prebendados, cuarto y trascuarto, corredores, escalera y torre por los mismos precios que en 1626. Además haría las obras de la iglesia de la localidad y paredones enfrente de ella. El mismo día Gaspar de la Peña, fiado por Sánchez, que figura como albañil por haber hecho las labores de esta especialidad, se obligó a favor de Ibarra a realizar la cantería de los pilares, arcos, portadas, escalones, albardillas, pedestales y bolas de la iglesia. Los sillares, pedestales y bolas ya estaban hechos y ajustados sus precios y el resto se tasaría. El 19 de septiembre Gaspar dio poder a su padre para que hiciera medir y tasar las obras que había hecho en la casa de don Carlos e iglesia de Centenera[4]. El 24 de marzo de 1635 declararon Ibarra y Pedro de la Peña que Gaspar, además de la escritura madrileña, otorgó otra en Centenera el 20 de junio de 1634 por la cual haría además los tres arcos y las columnas en la nave nueva de la iglesia haciendo los derribos y apuntalados necesarios por 7.400 reales, y que la portada de la iglesia y la de la casa se harían a tasación. El 10 de octubre de 1634 Gaspar pidió que se hiciera la valoración y nombró como perito a Pedro del Arroyo, pero no hubo acuerdo y desembocó en pleito. Ahora Peña se desistía del mismo con tal de que el cliente abonara 1.400 reales últimos. El palacio, en estado ruinoso y que precisa una urgente rehabilitación, es de ladrillo y mampostería y tiene una fachada con dos grandes torres, y detrás un patio con zapatas de madera. La iglesia está mejor conservada y permite observar la reforma que hicieron Sánchez y Peña, modernizando la nave central con los arcos y la capilla mayor al completo, incluida su bóveda, que apoya en impostas con originales capiteles vegetales sintéticos. La portada es interesante, almohadillada y con letrero que recuerda al patrón.

 

Entre los años de 1635 y 1647 se pierde el rastro de Gaspar de la Peña, aunque sin duda continuó contratando obras, bien fuera con su padre y su cuñado o bien de forma independiente. El 15 de septiembre de 1648 se obligaron Pedro y Gaspar de la Peña a favor del convento agustino calzado de San Felipe el real de Madrid a hacer de cantería el ornato de un lienzo del claustro y un cuarto en ángulo arrimado a él. Se aludió a unas plantas y alzados que serían sin duda obra de padre e hijo. No podría excederse salvo acuerdo por escrito con el prior y el convento[5]. Pedro de la Peña falleció el 14 de enero de 1650 y le sustituyó en la obra su yerno Juan de Torija. El 21 de febrero dio poder Gaspar a ñeste para presentar ante la justicia una requisitoria despachada por un alcalde relativa a cierta cantidad de teja de Añover que debía dar a los contratistas Alonso Pérez, vecino de esta localidad, y el 1 de octubre de 1653 otro para cobrar cal por valor de 1.280 reales que le habían entregado. Para 1652 ya estaba acabado el cuarto pero al año siguiente seguía faltando el lienzo del claustro. Por Llaguno sabemos que se trataba de la panda del sur y que el cuarto era el dormitorio, y que la obrase acabó en 1654, cuando la tasaron el hermano jesuita Francisco Bautista y Martín García[6].

 

En 1649 cayó un rayo sobre el chapitel de la torre de la parroquial de la Asunción de Colmenar Viejo y la deterioró gravemente. Se llamó a varios canteros de Madrid para explicar cómo hacer la reparación y valorar su coste, y Domingo de Adúzar la estimó en 7.000 ducados y después Gaspar de la Peña y Bartolomé Sombigo en 6.000, que dejaron en 5.000 al otorgar escritura a falta de la licencia del arzobispo de Toledo[7]. Ambos maestros propusieron arreglar primero, por ser lo más urgente, los dos arcos de las campanas de un lado de la torre y después fabricar las tres hiladas desaparecidas del ochavo del chapitel y reparar el remate de este. Por su testamento de 1676, sabemos que Peña contrató la obra en solitario y la traspasó a Juan de Torija.

 

El 20 de septiembre de 1650 se concertó con los responsables de la parroquia de Santa María la real de la Almudena para hacer la bóveda o cripta bajo la capilla mayor de la iglesia[8]. Tenía que asegurar seis pilares o machones que tenía esta capilla, para lo cual haría 18 pies de profundidad bajo el suelo, seis por debajo de la bóveda para que no se debilitaran los cimientos de la iglesia al hacer sepulturas, seis pies serían de cantería para el alzado de la bóveda hasta recibir los cimientos viejos de la iglesia, también de seis pies. La bóveda sería de rosca, ladrillo encalado, pie y medio de grueso y tendría dos capillas con lunetas y nicho y arco con altar en el testero. Debajo del retablo y camarín de la Virgen de la Almudena se harían dos pilares con un arco como fundamento, y bajo el camarín se haría una ventana enrejada de piedra berroqueña para dar luz a la bóveda. Se realizarían cuatro arcos para otros tantos nichos para 12 depósitos de ataúdes en cada uno con ocho pies de fondo, y una escalera de cuatro pies de anchura con puerta. Haría las gradas de la iglesia de nuevo de alabastro negro y el solado de la capilla mayor de este alabastro y blanco en forma de ajedrez. Acabaría para Carnestolendas de 1651 por 20.000 reales. A

 

Por estos años debió hacer una obra importante para el duque de Osuna, que debió ser en sus casas madrileñas, por las cuales le debían 7.000 reales en 1676, de los que la mitad correspondía a su hermana Isabel como heredera de Torija, fallecido en 1666.

 

En 1651 se conocen algunas noticias de tipo personal. El 6 de mayo le arrendó una casa doña María de Castro, viuda de Juan Suárez de Toledo, y con poder de la hermana del difunto, viuda a su vez del regidor toledano Alonso de San Pedro Ordóñez, que sería la propietaria. Se trataba de un cuarto alto con sus desvanes encima, pozo, patio y un aposento a la mano izquierda de la entrada, en la calle del Oso cerca del monasterio de Nuestra Señora del Favor. En torno a esa fecha debió de morir su madre, y Gaspar se obligó a fundar en un año una memoria en el monasterio de Atocha o a justificar que el quinto de los bienes de doña Isabel no era suficiente para la fundación[9].

 

En 1653 Peña estaba haciendo con el maestro de obras Juan de León la capilla del santo Cristo de las Injurias de la iglesia parroquial de San Millán, imagen de gran devoción. Ambos encargaron la cantería a Juan de Arteaga el 5 de noviembre. En este tiempo realizaba también las casas del contador Juan Bautista de Porras en la calle de las Urosas, y el 1 de octubre de aquel año dio poder a Manuel del Olmo para que las acabara[10]. Parece, no obstante, por declaración testamentaria de Peña en 1676, que Porras era solamente el administrador de las casas, que eran de la condesa de Villaverde[11]. Gaspar estuvo casado, no sabemos si antes o después de esta fecha, con doña María Álvarez, natural de Pastrana como sus padres y sus primos los maestros de obras José y Manuel del Olmo[12]. Este parentesco explica la cesión de la obra a Manuel. En 1654 tasó con Juan de Maza lo realizado por el aparejador mayor y maestro mayor de la Villa José de Villarreal en el monasterio de las capuchinas madrileñas[13]. El 27 de marzo de 1656 se anotó en la visita del testamento del maestro de obras Pedro del Arroyo, al que habíamos visto con Gaspar de la Peña más de 20 años antes en Centenera, que éste, que vivía en la calle del Mesón de Paredes junto a la casa de Gabriel Gutiérrez y debía ser albacea de Arroyo, tenía que dar cuenta de su cumplimiento[14].

 

En 1668 dio Gaspar de la Peña un poder del que se deduce que había comenzado en torno a 1655, antes de su marcha a Córdoba, la construcción de la iglesia parroquial de Cobeña[15]; también se refiere a ella en un testamento de 1676. Declaró que el 5 de mayo de 1661 había cedido, por escritura otorgada en Córdoba, la finalización de la empresa al también trasmerano Juan de Naveda. En aquel año de 1668 debía 650 ducados a Naveda y en 1676 mantenía un pleito contra la iglesia ante el tribunal de la Nunciatura[16]. Se trató de una reforma del templo del siglo XVI en la torre, coro, bóvedas y arcos de la capilla mayor, cornisa alrededor del recinto y blanqueamiento de las paredes.

 

Peña traspasó esta obra a Naveda antes de 1656, y en 1653 las casas de la condesa de Villaverde a su pariente Manuel del Olmo y la de San Felipe a su cuñado Torija por 250 ducados. El motivo de esta cesión se debió, según explicó Peña mismo, a que tenía que salir de Madrid para realizar una obra para don Luis Méndez de Haro, marqués de Heliche y del Carpio y valido de Carlos II. Ya el 24 de junio de 1654 se le cita en la villa de El Carpio (Córdoba) como maestro mayor del marqués y trabajando ahí, a la par que el aparejador mayor José de Villarreal, y se les convocó para informar sobre la reparación del puente Romano o Viejo de la ciudad de Córdoba, visita que repitió Peña en solitario en octubre de 1655 desde El Carpio. Ahí se estuvo ocupando del palacio de don Luis hasta al menos hasta julio de 1661, de estructura similar al de Centenera.

 

También trabajó en Córdoba para la catedral. El 19 de septiembre de 1656 contrató la reparación de las fachadas sur y oeste de la torre por 19.000 ducados. Siendo ya obispo don Francisco de Alarcón se ocupó de los lados restantes por 15.000 ducados desde 1659 hasta 1664. Dio trazas para la capilla Real de la catedral con alternativas en la capilla de San Clemente o de Villaviciosa y en el patio de los Naranjos, éste de mayor interés por tener planta de cruz griega con una media naranja central rodeada de cuatro cuerpos cupulados en las esquinas, pero toparon con la oposición del cabildo catedralicio. A pesar de ello, entre los años de 1659 y 1664 parece que ejerció como maestro mayor de la catedral. En 1660 fue llamado a dictaminar sobre la solución para las grietas que habían aparecido en el sagrario de la catedral de Sevilla.

 

En el año de 1659 hizo asimismo para el canónigo Andrés de la Cueva la bóveda del altar de San Sebastián en la catedral de Córdoba. Al año siguiente dio las trazas para las obras en las casas del conde de Gondomar y marqués de Montalvo en la collación de San Nicolás de Córdoba. En 1661 hizo planta y dibujo de la hospedería y cuerpo de casa junto a la ermita de Santa María de Linares y un año más tarde elaboró un plano del Alcázar de los Reyes cristianos por encargo de la inquisición. En 1663 trazó y dirigió la remodelación de la iglesia del convento de carmelitas descalzas de Santa Ana por nombramiento de don Juan de Góngora, y dio nuevas condiciones para reparar el puente Romano. Por último, en 1664 supervisó el proyecto de Luis Sánchez de la Cruz para el retablo mayor del monasterio de Santa Clara y dictó testamento en que declaró algunas deudas, y averiguamos que vivía de forma acomodada.

 

Entre 1664 y 1666 fue llamado a Granada por su catedral para informar sobre el coro de la capilla Real. El 22 de agosto de 1664 contrató la prosecución de la fachada catedralicia en ocho años. Tenía que hacer la torre correspondiente a la existente, llegaría a la altura de la nave y haría la portada. Sin embargo, el 28 de septiembre de 1666 le llegó la noticia de que había sido designado para el oficio de aparejador mayor del sitio real del Buen Retiro y solicitó que se midiera lo realizado[17]. El cabildo trató de impedir su marcha ofreciéndole un exorbitado salario anual de 800 ducados. El 3 de noviembre se decidió en junta con él presente convocar concurso para la planta de la portada y entre septiembre y octubre de 1667 estuvo en Granada cuando ya se había aprobado la nueva planta de Alonso Cano para proseguir la fachada[18].

 

El 16 de abril de 1667 ejercía ya de aparejador del Buen Retiro y el 9 de agosto accedió a la oficio de aparejador segundo de las obras reales por muerte de Jerónimo del Hornedal, pasando Bartolomé Hurtado a ser el primero[19]. Ese año otorgó carta de pago el 2 de diciembre por valor de 8.066 reales por los que acondicionó tres casas que sirvieron de habitación a las mercedarias descalzas en su convento de la Purísima Concepción, conocido popularmente como las Góngoras[20]. Se midieron y tasaron el 1 de enero de 1668 y en 1676 aún le debían casi 3.000 reales. A su vez él midió y valoró lo realizado por Manuel del Olmo en la obra principal del convento.

 

El 9 de julio de 1668 contrató unas obras en la casa de don Jerónimo de Oroz en la calle de la Luna[21]. El 2 de noviembre de 1669 dio poder a Juan Fernández Troche, vecino de la villa de Peñaranda (Burgos), para hacer una baja en las obras de reparación de su iglesia, para las que había hecho traza y condiciones y se había hecho postura en 140.000 reales y se debía dejar en 96.000. Recibiría los materiales de derribo para aprovecharlos en la obra y los que no pudiera utilizar los podría vender[22]. Desconocemos si se llegó a adjudicar la empresa.

 

Ese mismo año, el 23 de junio, se concertó con el doctor don Pedro Rodríguez de Monforte, predicador y capellán real, cura de la parroquia de San Juan, para hacer la cúpula de la capilla mayor[23] conforme a sus propias trazas y a un papel del maestro mayor de las obras reales don Sebastián de Herrera Barnuevo, fechado y firmado el 3 de mayo, en cuyo poder obraban los diseños. Acabaría el 1 de octubre pena de 200 ducados en caso de retraso. Cobraría 2.000 ducados, 1.000 de contado el 1 de julio, 500 el 15 de agosto y los 500 ducados restantes al acabar el 1 de octubre a satisfacción de Herrera Barnuevo, o en su ausencia de dos peritos nombrados por ambas partes[24].

 

El 17 de marzo de 1671 otorgó el conde de Oñate carta de pago a favor de Gaspar de la Peña por importe de 13.276 reales de resto de los 64.104 que le debía por el tercer cuarto que había hecho en su famoso palacio de la calle Mayor. Pocos días más tarde, el 30 de ese mes, contrató la obra de la escalera que conectaría los claustros alto y bajo del monasterio de la Merced[25]. En 1675 hacía celdas y corredores[26]. Antes de ese año había dado un parecer respecto a una planta para hacer el monasterio de bernardas del Sacramento, que contrató Bartolomé Hurtado[27].

 

Justo en ese momento falleció Herrera Barnuevo y Gaspar de la Peña le sucedió el 8 de abril como maestro mayor de las obras reales y ayuda de la furriera por delante del aparejador mayor Bartolomé Hurtado, seguramente en atención a los servicios de su padre, de su hermano Pedro y de su cuñado Torija como aparejadores reales pero también debido a sus propios méritos en ese oficio y a sus intervenciones en recintos reales andaluces. A pesar del prestigio del oficio, no obtuvo la victoria en dos concursos de trazas de la máxima importancia: por un lado la reparación de las cubiertas del monasterio real de San Lorenzo de El Escorial, en que propuso que se rebajaran las techumbres de pizarra 11 pies en altura y que fuesen llanos y emplomados; aunque algunos arquitectos le apoyaron, se falló a favor del plan de Bartolomé Zumbigo[28]. Ya en 1672 presentó el 7 de agosto un proyecto, conservado, de siete arcos para el puente de Toledo, pero se prefirió el que elaboró Tomás Román con el apoyo, entre otros, de Francisco Bautista y fray Lorenzo de San Nicolás, de los que afirmó “que estos padres, aunque an hecho muchas obras, no an hecho puentes ni tienen experiencias dellos”[29].

 

En 1672 dictaminó acerca de la ampliación de una casa cuyo propietario, un contador del rey, mantenía pleito con la iglesia de San Millán por decir esta que quitaba la luz a su sacristía[30], y declaró a favor del escultor José de Mora, a quien había conocido en Granada, para que obtuviera el oficio de escultor del rey[31].

 

En 1673 se ocupó, como maestro mayor, de las cuestiones de intendencia para la hechura del túmulo de la emperatriz Margarita de Austria, cuya traza recayó en el pintor real y arquitecto don Francisco de Herrera el Mozo[32]. El 25 de septiembre contrató el marmolista Miguel de Tapia el sepulcro del obispo de Córdoba don Francisco de Alcorcón Covarrubias en la iglesia parroquial de Palomares del Campo (Cuenca), en alabastro blanco y negro, según la traza de Gaspar de la Peña[33], quien había trabajado desde 1659 a 1664 para este obispo en la ciudad cordobesa. En los últimos años de su vida estuvo dirigiendo obras en caminos y sus empedrados[34].

 

El 22 de abril y el 15 de mayo de 1676, enfermo, otorgó dos testamentos[35]. Ordenó ser enterrado en la bóveda del monasterio de teatinos de San Cayetano y Nuestra Señora del Favor, donde fundó una memoria de misas por su alma y la de sus padres. Encargó en total 2.000 misas por su alma y las de sus allegados. Mandó un vestido brocado con su cama para la imagen de la Virgen de la parroquial de Susvilla, 200 ducados a su hermana Antonia y 100 ducados a la huérfana Isabel María que había criado desde los siete años. Su cuñado difunto Juan de Torija le dio dos pinturas, un escritorio y bufete pequeños que le debía de resto de telas que le encargó estando en Córdoba, y su viuda, su hermana Isabel, se lo podía llevar si pagaba el dinero.

 

Carlos II le debía bastante dinero de sus salarios de maestro mayor y aparejador de las obras reales y del Buen Retiro, y del de su padre como aparejador primero. Declaró que debía una cantidad escasa a cuatro portaventaneros por la labor que habían hecho en sus casas de la calle de Embajadores. Su amigo Diego Fernández del Fresno le debía 1.000 reales que dejaba en 800 por medir dos veces sus casas, en las que vivía el propio Gaspar.

 

Mencionó numerosas deudas de importantes nobles por obras en sus casas. El príncipe de Stigliano, que vivía junto a la parroquia de Santiago, debía en torno a 20.000 reales; el marqués de Mondéjar casi 8.000 por una galería en su jardín, había hecho reparaciones en el palacio del duque de Alburquerque, había empezado las cocheras, pozo y cobertizo de la marquesa de Villafranca, por lo que le debía 2.500 reales, y la viuda de don Juan de Góngora adeudaba 9.000 o 10.000 reales por sus casas madrileñas, las que vivía en el barrio del Barquillo que vendió y las de Chamartín. Además había algunos particulares como Juan de Arroyo, procurador del tribunal de la nunciatura, que debía 1.800 reales, don Jerónimo de Eguía no había dado nada por trazar y dirigir Peña la obra de su casa más arriba del puente de Leganitos, y don Antonio Seuil y Santelices, del consejo Real, tenía que abonar unas demasías.

 

Hay también unas relaciones de cuentas con sus oficiales y suministradores de materiales. Mantenía cuentas con su aparejador Bartolomé Hurtado, lo que descarta que tuvieran mala relación como cabría suponer a raíz de su relegación en 1671para la maestría mayor. También las tenía con Cristóbal Maza. Midió y tasó lo realizado por Juan de Lobera en el Buen Retiro y, aunque estimaba esta tarea en 3.000 reales, la dejó en 1.000. Miguel Zumbigo, que había hecho el sepulcro del obispo Alarcón, le debía 700 reales de un préstamo para labrar las chimeneas que hizo en el Alcázar. Don Lorenzo de Soto, seguramente el pintor de paisajes, le debía el precio del cuarto que le tenía alquilado en sus casas por 1.500 reales anuales. Conocería en Córdoba al pintor don Juan de Alfaro, a quien había encargado una pintura de Judit según su testamento madrileño de 1676 por 660 reales, de los que había dado 200.

 

Nombró por sus albaceas a Manuel del Olmo, aunque finalmente escogió al maestro de obras Juan Sánchez, posiblemente su sobrino, y a su mujer, igualmente su heredera. Falleció el 1 de junio de 1676 en su casa de la calle de Embajadores[36] y su mujer hacia 1686. Gaspar de la Peña alcanzó la cúspide de su oficio, la maestría mayor de las obras reales, a lo que contribuyeron sus grandes conocimientos, la década de grandes encargos andaluces y los buenos servicios que prestaron a la Corona su padre, su hermano y su cuñado.

 

CATÁLOGO DE OBRAS MADRILEÑAS

 

-Ornato de cantería en la panda sur y dormitorio del monasterio de San Felipe el real (1648-1653)

A.H.P.M., prots. 6.994, 8.045 y 9.068.

AGULLÓ, pp. 49-53.

 

-Reparación de la torre de la iglesia parroquial de la Asunción de Colmenar Viejo (desde 1649).

Arzobispado de Toledo, Reparación de templos, Colmenar Viejo, Of. 49.

MORENA BARTOLOMÉ, pp. 40 y 51-53.

 

-Bóveda bajo la capilla mayor de la iglesia parroquial de Santa María la real de la Almudena (1650-1651).

A.H.P.M., prot. 6.248.

SALTILLO, pp. 192-196.

 

-Casas del duque Osuna (h. 1650-1655)

A.H.P.M., prot. 11.821.

TOVAR (1975), p. 163.

 

-Capilla del Santo Cristo de las Injurias en la iglesia parroquial de San Millán (antes de 1653)

A.H.P.M., prot. 8045

AGULLÓ, p. 50.

 

-Casas de la condesa de Villaverde en la calle de las Urosas (antes de 1653).

A.H.P.M., prot. 9068.

AGULLÓ, p. 50.

 

-Remodelación de la iglesia parroquial de San Cipriano de Cobeña (h. 1655-1668)

A.H.P.M., prots. 8.300 y 11.821.

TOVAR (1975), pp. 157 y 161-162

 

-Habilitación como vivienda para religiosas de tres casas en el monasterio de las Góngoras (1667)

A.H.P.M., prots. 9.515 y 11.821.

TOVAR (1975), p. 163.

 

-Obras en la casa de don Jerónimo de Oroz en la calle de la Luna (1668)

A.H.P.M., prot. 11.483.

AGULLÓ, p. 51.

 

-Obra de la escalera y cocheras de las casas del duque del Infantado en las Vistillas de San Francisco (1670-1676)

A.H.P.M., prots. 11.389 y 11.821.

TOVAR (1975), p. 163.

 

-Cúpula de la capilla mayor de la iglesia parroquial de San Juan (1670)

A.H.P.M., prots. 11.814 y 11.821.

TOVAR (1975), pp. 159 y 162-163.

 

-Obra en las casas del conde de Oñate en la calle Mayor (antes de 1671)

A.H.P.M., prots. 11.483 y 11.821.

TOVAR, pp. 157-158 y 163.

 

-Escalera de los claustros, celdas y corredores del monasterio de la Merced (1671-1676)

A.H.P.M., prots. 11.483, 11.484 y 11.821.

TOVAR (1975), pp. 158-159.

 

-Obras y reparaciones en las casas del príncipe de Stigliano, marqués de Mondéjar, duque de Alburquerque, marquesa de Villafranca, don Juan de Góngora (dos en Madrid y una en Chamartín), Juan de Arroyo, don Jerónimo de Eguía y don Antonio Seuil y Santelices.

A.H.P.M., prots. 10.142 y 11.821.

TOVAR (1975), p. 163. AGULLÓ, pp. 51-58.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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JOSÉ MANUEL CRUZ VALDOVINOS

Fecha de redacción:

Fecha de revisión:

 

NOTAS

[1] LLAGUNO, p. 46.

[2] TOVAR (1975), pp. 153-154.

[3] BARRIO MOYA, pp. 428-429. Piensa este autor que las trazas serían de Gaspar de la Peña, pero era demasiado joven entonces, no fue contratista y que los precios de la carpintería los determinaría Lázaro; se dice que Ibarra daría las trazas a los maestros.

[4] Vid. para lo relativo a Centenera BARRIO MOYA.

[5] LLAGUNO, p. 46. AGULLÓ, pp. 49-53.

[6] LLAGUNO, p. 46.

[7] MORENA, pp. 40 y 51-53.

[8] SALTILLO, pp. 192-196.

[9] AGULLÓ, p. 49.

[10] AGULLÓ, p. 50.

[11] En 1676 debía Porras 100 ducados de cuando administró las casas, y por un doble juego de trazas que hizo Gaspar de la Peña, uno para Madrid y otro que se envió a la condesa a Milán.

[12] TOVAR (1975), p. 154.

[13] TOVAR (1975), p. 128.

[14] AGULLÓ, p. 50.

[15] TOVAR (1975), pp. 157 y 161-162.

[16] TOVAR (1975), pp. 157 y 161-162.

[17] Hacia julio de 1666 estaba en Madrid, porque examinó al arquitecto Cristóbal de Honorato el Viejo para ser maestro mayor de la catedral de Salamanca (RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS y CASASECA, pp. 326-327).

[18] Para toda la etapa andaluza de Gaspar de la Peña, vid. LLAGUNO, p. 46, TOVAR (1975), pp. 155-157, y SUÁREZ ARÉVALO.

[19] TOVAR (1975), p. 157.

[20] TOVAR (1975), p. 163.

[21] AGULLÓ, p. 51.

[22] AGULLÓ, p. 51. Fueron testigos un criado y dos oficiales de cantería de Gaspar de la Peña.

[23] TOVAR (1975), pp. 162-163. Se dice que se contrató en 1673 pero se trata de un lapsus.

[24] En 1676 le debían 3.300 reales.

[25] TOVAR (1975), pp. 157-158. En su testamento del 22 de abril de 1676 declaró que le debían 2.400 reales por esta obra.

[26] TOVAR (1975), p. 159.

[27] VERDÚ, p. 897.

[28] LLAGUNO, p. 47.

[29] NAVASCUÉS, p. 56.

[30] AGULLÓ, pp. 284-286.

[31] MARTÍN GONZÁLEZ, p. 222.

[32] TOVAR (1975), pp. 158-159. Esta autora pensó que la traza era de Peña, pero Adelaida Allo Manero desveló que era de Herrera.

[33] TOVAR (1975), p. 159. En 1676 tenía en su casa el bulto de piedra para el sepulcro del obispo que trajo un carretero, por el cual se debían 400 reales; cuando vinieran a recogerlo debían pagar ese resto y si no, no se debía entregar.

[34] TOVAR (1975), pp. 20-21.

[35] TOVAR (1975), p. 159. TOVAR (1983), pp. 493-497. AGULLÓ, pp. 51-58.

[36] TOVAR (1983), p. 492.

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