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Antonio Palacios en su estudio. Ayuntamiento de Madrid
ANTONIO PALACIOS RAMILO

 

Arquitecto. Porriño (Pontevedra), 8 de enero de 1874 – Madrid, 27 de octubre de 1945

 

Coincidiendo con el cambio de siglo, lo que en Occidente se conoce como la Belle Epoque, la ciudad de Madrid se encuentra en plena efervescencia renovadora, pues desde todas las instancias se la pretende sacar de su ostracismo y su condición provinciana para convertirla en una metrópoli a la europea. Es en este momento cuando irrumpe en el panorama arquitectónico español la figura de Antonio Palacios Ramilo.

 

Se trata del mismo periodo en el que se está construyendo la vanguardista Ciudad Lineal de Arturo Soria, iniciada en 1896 con todas las infraestructuras urbanas necesarias; en el que se aprueba el proyecto de José López Sallaberry y Francisco Andrés Octavio para abrir la Gran Vía, gracias a la Real Orden de 1904, aún cuando su ejecución no comenzaría hasta seis años después; y en el que se produce la revolución de los medios de transporte, en especial con la aparición del tren metropolitano, propuesto en 1914 por los ingenieros González Echarte, Mendoza y Otamendi.

 

Precisamente Antonio Palacios iba a resultar el profesional y artista idóneo para transformar la imagen arquitectónica de la ciudad, pues a sus sueños e ideales de monumentalización urbana se unen su carácter y personalidad, conceptualmente barroco, clasicista y ecléctico a la vez, si bien ajeno a todo convencionalismo, sin estilo y sin escuela. Estos rasgos supo reflejarlos magistralmente en su producción.

 

Nacido en la villa de Porriño, fue el menor de los siete hijos habidos en el matrimonio de Isidro Palacios García-Teruel, natural de Madrid, pero oriundo de Galicia, y Jesusa Ramilo de Nieves, de la misma villa pontevedresa y cuya familia era dueña de importantes canteras. El padre se había establecido en Porriño para trabajar como Ayudante de Obras Públicas en el trazado del ferrocarril, actividad que los llevó después a todos al norte de Portugal, viviendo en medio de las construcciones, lo que quedó impreso en la retina de Palacios niño. Regresa más tarde a Pontevedra para estudiar el bachillerato, trasladándose a Madrid en 1892 para iniciar su carrera en la Escuela Politécnica, dudando entre ingeniería, influido por la profesión paterna, y arquitectura, más cercana a su carácter, pues durante cinco años se estudiaban conjuntamente. Un Real Decreto separó ambos estudios y él acabó por inclinarse hacia la arquitectura.

 

Entre sus maestros, Palacios destacó a Aníbal Álvarez, catedrático de Proyectos, quizás porque éste fue el primero en admirarse de la genialidad de aquel, aun cuando las afinidades formales le aproximaban más a la obra de Ricardo Velázquez Bosco, catedrático de Historia de la Arquitectura, en cuyo estudio trabajó durante un corto periodo de tiempo.

 

En 1900 concluye sus estudios con la calificación de notable por el proyecto de un palacio arzobispal, es nombrado vocal de la Sección de Arquitectura del Círculo de Bellas Artes de Madrid y un año después inicia su colaboración con su compañero de promoción Joaquín Otamendi Machimbarrena (San Sebastián, 1874 – Madrid, 1960), figurando en esa fecha por primera vez el nombre de los dos en el concurso para la decoración del Puente de la Princesa de Asturias, derribado en 1928. En 1902 ganan el primer premio en el proyecto de Puente Señorial en la ría de Bilbao y al siguiente se presentan al concurso para el Casino de Madrid, indicando en la memoria del proyecto que para acometerlo habían emprendido un viaje por Francia, Suiza, Alemania, Bélgica e Inglaterra con el objetivo de estudiar tanto edificios similares como conjuntos industriales. Esta experiencia debía ayudarles a definir el carácter y los avances tecnológicos a incorporar.

 

La fructífera asociación de Palacios y Otamendi se prolongó hasta 1918, instalando su primer estudio en la calle de Maldonadas, 7, en el mismo edificio donde el primero tiene su vivienda. Aunque los grandes proyectos los acometen juntos, mantendrían su autonomía en otro tipo de obras.

 

Es el caso de la reforma y ampliación del edificio de viviendas para el ingeniero y constructor don Luis Harguindey en la calle Serrano de Madrid, que Palacios realiza en solitario y por el que entra en relación con dicho personaje, promotor más tarde de proyectos de mayor envergadura, especialmente el edificio de la calle Cedaceros, que realiza diez años después.

 

En 1904 Palacios es nombrado arquitecto jefe del Ministerio de Fomento, manteniéndose en este cargo durante más de una década, y además accede a la Escuela de Arquitectura como profesor interino de las asignaturas de Modelado, primero, y Detalles Decorativos y Arquitectónicos, después.

 

Ese año, el 20 de agosto, se publican las bases para el concurso del edificio de Dirección General y Administraciones centrales de Correos y Telégrafos entre los arquitectos españoles y al siguiente, el 23 de enero, el Ministro de la Gobernación, en conformidad con el dictamen emitido por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, adjudicaba por Real Orden el primer premio al proyecto del equipo de Palacios y Otamendi. Conocido más tarde como Palacio de Comunicaciones, habría de convertirse en su obra más emblemática.

 

Su propuesta se adaptaba perfectamente a la irregularidad y gran extensión del solar de los antiguos Jardines del Buen Retiro y se caracterizaba por la originalidad, monumentalidad y deseo de trascendencia, asumiendo el historicismo, los logros espaciales propiciados por la Revolución Industrial y el simbolismo contemporáneo.

 

Abierto hacia la Plaza de la Cibeles, se compone según uno de los ejes de ésta, pues el edificio nació con voluntad de ordenación y focalidad urbana, usurpando la preeminencia en la misma a otros palacios vecinos y anteriores, el de Buenavista, el de Linares o el Banco de España. Además, acota la perspectiva de la bajada de la calle de Alcalá, cerrando visualmente esta arteria, a modo de telón de fondo para la nueva representatividad de la ciudad.

 

En el cuerpo principal del conjunto se sitúa el magnífico vestíbulo central de planta cruciforme y simétrica, influida por el Palacio de Cristal del Parque del Retiro de Ricardo Velázquez Bosco, al que se accede desde el exterior por una amplia escalinata. A su alrededor confluyen los espacios de uso público, de correos, telégrafos y teléfonos para facilitar la accesibilidad, funcionando como un patio interior de triple altura, surcado por pasarelas de hierro y cristal. En general, las seis plantas del edificio se distinguen por su racionalidad y funcionalidad, destacando sus innovadoras instalaciones y también la estructura de perfiles roblonados, una de las primeras y más extensas realizadas en España, calculada y ejecutada por el ingeniero Ángel Chueca Sainz. De la construcción del edificio se encargaría la citada empresa Torán y Harguindey.

 

Al exterior destaca la fachada hacia la Plaza por su plasticidad, flanqueada con torres pentagonales y coronada por un potente cimborrio octogonal sobre el crucero, de 70 m de altura, provisto de instalaciones radiotelegráficas y un reloj. En ella las partes se diferencian claramente, aunque su lenguaje, en el que se funden detalles neoplaterescos y modernistas, incluso Art Déco, otorga unidad a todo el conjunto. Los restantes alzados son mucho más racionalistas, casi vieneses, consiguiendo así adecuarse a las condiciones que el concurso establecía para ellos, sobriedad, decorosa construcción y ausencia de adornos.

 

En 1906 es elegido miembro del jurado de la Sección de Arquitectura de la Exposición Nacional de Bellas Artes y realiza con Otamendi las viviendas para don Tomás Rodríguez en la calle Marqués de Villamejor, 3. En ésta destaca su carácter innovador, como la rotonda de ingreso de carruajes, y el equilibrio compositivo, tanto en planta, en la que se suceden en torno a un eje de simetría el portal, escalera y patio central, como en fachada, con influencias modernistas. Cuenta con dos viviendas por cada nivel, en las que se distingue un cuidado tratamiento de las circulaciones y la gradación espacial, de las zonas más representativas a fachada hasta las de servicio hacia los patios de luces interiores.

 

Dos años después Palacios y Otamendi proyectan el Hospital de Jornaleros de San Francisco de Paula en Cuatro Caminos, distinguido por su acusada horizontalidad y, frente al Palacio de Comunicaciones, carácter cerrado, a excepción de la capilla. Y es que este conjunto hospitalario, enclavado en una manzana completa del Ensanche, en un barrio residencial periférico, entonces modesto, se concibe como una ciudadela, cuya actividad, ajena al mundo exterior, queda volcada hacia dentro, aun cuando cuenta con la misma ambición de hacer ciudad, un núcleo simbólico en una nueva planificación urbana, que habría de reconducir la mala fortuna, a juicio de Palacios, del desarrollo de Madrid.

 

Fue promovido por doña Dolores Romero, viuda de Curiel, con el fin de ofrecer tratamiento, cuidados médicos y restablecimiento al obrero, siendo su capacidad para ciento cincuenta camas. La planta es radial, articulada en torno a un patio central octogonal y a cuatro ejes: dos diagonales, ocupados por los pabellones rectangulares de los dormitorios comunes para los enfermos, y otros dos transversales, donde se disponen los edificios de servicio, esto es, la capilla, con frente a la hoy calle de Raimundo Fernández Villaverde, el edificio administrativo, con acceso por la calle Maudes, el pabellón aislado de infecciosos y la sala de operaciones, unida por una pasarela metálica acristalada. Las galerías de comunicación y escaleras son completamente abiertas con objeto de que no pudieran encauzar el aire viciado y contaba con jardines a su alrededor, pues convenía que tuviera el edificio un “aspecto alegre”.

 

Hay en el edificio referencias lingüísticas centroeuropeas, pero también platerescas, aunque apostando por la desornamentación y la rusticidad de la piedra combinada con la cerámica. Su excepcionalidad fue reconocida a su término con el Primer Premio del Ayuntamiento de Madrid al edificio mejor construido en 1916.

 

Mientras se realizan las obras de la Casa de Correos y Telégrafos, construye en la misma manzana y alineada con su fachada a la calle de Alcalá la casa palacio de don Fernando Demetrio Palazuelo, fechada en 1908. Su ejecución supuso la singular contribución del arquitecto a la dignificación de ese tramo de la vía, tras la desaparición de los referidos Jardines del Buen Retiro. Estilísticamente se encuadra, sin embargo, dentro de las primeras obras de arquitectura doméstica de Palacios, como la precedente casa de la calle Marqués de Villamejor, aun cuando no renuncie en ambas a la que fue una constante en él, la monumentalidad.

 

Se trata de un volumen de siete pisos, incluido sótano y sotabanco, cuyo chaflán se potencia con tres cuerpos de miradores agrupados, coronados por un torreón con chapitel. Las plantas responden a la tipología de casa burguesa de la zona, con dos viviendas organizadas alrededor de un patio principal y divididas en dos sectores, principal y de servicios, con escaleras independientes y enfrentadas. Sus rasgos compositivos, son, no obstante, más modernos, de líneas suaves, con curvas y quiebros, destacando la sucesión de salones, como los del chaflán, enlazados por un eje diagonal, o la escalera principal, con su único tramo circular, rodeando el ascensor. Dada la importancia de la calle de Alcalá, Palacios destinaría la planta baja a tiendas, en espacios completamente diáfanos y con almacenes en los sótanos, y la entreplanta a oficinas, lo cual resultó novedoso en este Ensanche, planteado en muy pocos edificios. Al exterior destacan las decoraciones con estuco, imitando piedra, que enfatizan el efecto de claroscuro y demuestran su deuda aún con el neobarroco francés finisecular.

 

Al año siguiente proyecta el taller del escultor Ángel García, su colaborador en muchas obras, situado en la calle de Ríos Rosas, y en 1910 Palacios y Otamendi reciben el encargo de proyectar la sucursal del Banco Español del Río de la Plata en la calle de Alcalá, nuevamente a modo de hito urbano, aprovechándose de su emplazamiento en esta vía institucional, en un solar en esquina con la también importante calle del Barquillo. Sin embargo, ahora hay un sentido diferente, pues debe ser reflejo de su promotor, una entidad financiera, materializando arquitectónicamente el poder económico, templo del dinero, cuya suntuosidad debía resultar apabullante.

 

Tiene el volumen planta cuadrangular y cuatro niveles, más sótano y semisótano y está coronado por un pórtico retranqueado para proteger la cúpula vidriada que ilumina cenitalmente el gran patio central, alrededor del cual se organiza el edificio. Precisamente este vacío, que recorre completamente la sección, se constituye en el espacio más sobresaliente del Banco, otorgándole monumentalidad y unidad, claramente representativo de esa preocupación constante de la arquitectura de Palacios por trasladar el aire y la luz al interior, y que, en esta obra, se materializa exteriormente mediante la citada coronación, como si el patio ascendiera en su busca.

 

Los alzados son completamente idénticos, pero especulares, conforme al eje central del chaflán, en los que, excepto aquí, un orden gigante de columnas jónicas estriadas, sobre zócalo granítico, recorre las tres primeras alturas y se remata con el entablamento, con su arquitrabe, friso y cornisa, y un antepecho ciego sobre él, adornado con escudos. Los intersticios entre las columnas son ocupados por vanos acristalados, en correspondencia con triples huecos en el friso y sencillos en el zócalo, una solución singular e innovadora, a modo de muro vítreo, que relaciona al edificio con otros coetáneos de la Escuela de Chicago, como ha sugerido González Amezqueta.

 

Hay, por otra parte, en este banco argentino huellas otra vez de Velázquez Bosco, concretamente la fachada a la calle Felipe IV del Casón del Buen Retiro se ve reflejada en los alzados de aquél, también de la Secession vienesa, desde el punto de vista decorativo y compositivo, e incluso, remontándose más hacia atrás, con obras británicas del siglo XVIII, haciendo gala de un heterodoxo clasicismo que les permite resolver problemas formales con más libertad. Este sería el lenguaje elegido para aplicar en los posteriores edificios comerciales que Palacios proyecta.

 

Realmente, el camino hacia la expresividad arquitectónica, sin renuncia del funcionalismo, su voluntaria adopción de códigos barrocos en el entendimiento del edificio, en sí y en su implantación urbana, se refleja en las obras de Palacios desde su origen y, por tanto, en todas las descritas de su primera etapa, ya sea en solitario o en colaboración con Otamendi.

 

En 1910, como profesor de la Escuela, realiza un viaje de estudios a Egipto, acompañando al propio Ricardo Velázquez Bosco, seducidos ambos por la arquitectura oriental. Al año siguiente proyecta su primera incursión en la arquitectura industrial, los talleres del Instituto Católico de Artes e Industrias, actual ICAI, en la acera de enfrente de la calle lateral del edificio principal, obra ésta de Enrique Fort de 1903, conocida como ICADE. Su propuesta se distingue por su sencillez y rigurosidad.

 

Antonio Palacios ingresó como socio del Casino de Madrid el 9 de abril de 1910, junto a Joaquín Otamendi, y al año siguiente es nombrado presidente de la Sociedad Central de Arquitectos, cargo que ejercerá hasta 1912. Después se mantuvo como vocal de su junta directiva. En 1911 había participado activamente en la celebración de la Primera Exposición Nacional de Arte Decorativo en el Parque del Retiro, diseñando una fuente monumental para el Pabellón del Círculo de Bellas Artes.

 

En línea con el desaparecido palacete del conde de la Maza, situado en el Paseo de la Castellana y fechado en 1907, Palacios y Otamendi realizan cuatro años después un hotel para el último arquitecto, de articulados volúmenes, con exedras, terrazas y miradores, rematados por una cubierta en falsa mansarda, revestida de cerámica vidriada amarilla con balaustrada de azotea en la coronación.

 

En solitario y en 1913, la entidad constructora Torán y Harguindey le encarga el citado proyecto de un edificio para tiendas, oficinas y viviendas, con espacios diáfanos y grandes cristaleras que propician un nuevo tipo de fachada, que luego repetirá en otros edificios similares. Se subdivide en tres cuerpos horizontales: el bajo comercial, con grandes escaparates, el intermedio, con un orden gigante para unir las grandes superficies acristaladas, y el ático, que remata el edificio con torreones en los extremos.

 

En el mismo año recibe el encargo del Ministro de Fomento, conde de Bugallal, de realizar su casa palacio junto al Hotel Palace, en la que trata de armonizar con éste en altura, salvo el torreón del ángulo, y con el que ensaya novedosos miradores de vidrio curvo, hoy desaparecidos.

 

En 1914 doña Luisa Rodríguez Arzuaga le encarga su casa en un solar en esquina del Paseo de la Castellana, reservándose la planta principal y destinando las superiores para viviendas en alquiler, dos por nivel. En este caso, palacios pone el énfasis en su patio circular, orientado hacia el eje de la esquina, en el que se suceden en planta baja el portal, escalinata de acceso y escalera principal, que se configura como un torreón cilíndrico rematado por una gran linterna sobre la azotea. En el exterior, su potencia se centra en la torre esquinera, cuya excesiva altura dificultó la obtención de la licencia de alquiler, de forma que no se pudo habitar hasta 1919.

 

En 1916 se presenta a las oposiciones para profesor de su asignatura de Detalles de Proyectos Arquitectónicos y Decorativos en la Escuela de Arquitectura, empatando con Teodoro Anasagasti y quedando desierta. Su actividad docente se cierra en este momento, aunque por su estudio siguieron pasando muchos recién titulados, luego grandes maestros, que en él buscaban un referente. Fue el caso de Secundino Zuazo, Pedro Muguruza, Pascual Bravo o Casto Fernández-Shaw, quizás éste su más claro “heredero espiritual”, como recordó Miguel Ángel Baldellou. Por esta razón, serán muchas las citas de Fernández-Shaw a la arquitectura de Palacios.

 

Precisamente, su discípulo Pascual Bravo le recordaba diciendo que “su labor en el estudio era de una caldera en constante ebullición. Sus croquis, rápidos, certeros, ejecutados con seguridad de lápiz admirable y con una genial economía de líneas, son de una expresividad insuperable”.

 

El 19 de septiembre del mismo año, el Ministerio de Fomento aprobaba el proyecto del Ferrocarril Central Metropolitano de Madrid, a cargo de la Compañía Metropolitana Alfonso XIII, cuyo director gerente y uno de sus fundadores es el ingeniero Miguel Otamendi, hermano de su socio, lo que sin duda propiciaría el nombramiento de Antonio Palacios como arquitecto oficial de aquella. Y es que al proyecto de ingeniería hubo que darle configuración arquitectónica, y tal y como en París se había decidido contar con el prestigioso arquitecto Hector Guimard o en Viena con Otto Wagner, en Madrid se opta por Palacios, por su prestigio ya entonces incuestionable.

 

Las obras en la línea 1 de Metro, desde la populosa barriada obrera de Cuatro Caminos a la Puerta del Sol, comenzaron inmediatamente, encargándose Palacios del proyecto del espacio interior y de los accesos, lo que llevo a cabo mediante el esmerado diseño arquitectónico hasta en los detalles y la utilización de materiales excelentes. Consciente el arquitecto de la diversidad geográfica y socioeconómica que el trazado de este medio de comunicación habría de recorrer, planteó distinto carácter para cada estación, con la común intención de ubicar sus accesos en lugares útiles al barrio, a modo de focos urbanos, y con sus espacios bien decorados, amplios e iluminados cenitalmente. En este sentido pesaba la posible susceptibilidad del público madrileño a utilizar el transporte subterráneo, frente a las amplias horas de sol que se disfrutan en Madrid y el bullicio de sus calles. Por eso, Palacios quiso atenuarlo con la introducción de acabados brillantes, coloristas y básicamente luminosos en los espacios de contacto al público, como vestíbulos, túneles de paso de usuarios y andenes, utilizando masivamente los paños de azulejos y otras piezas cerámicas, que proporcionaban no sólo una imagen homogénea al conjunto, sino también gran claridad a los espacios, dotando a este material de toda su expresividad y finalmente convirtiéndolo en imagen de la Compañía.

 

Algunas de las entradas a las estaciones de este primer tramo se vieron embargadas de cierta monumentalidad, con el fin de acoger el sistema mixto de comunicación vertical, de escaleras y ascensores, como la de Sol de 1917 o la Red de San Luis, del año siguiente. Ambas fueron concebidas a modo de templetes con una potente y expresiva marquesina de hierro y cristal, la primera más moderna, prácticamente construida con estos materiales sobre un zócalo de cantería, mientras que la segunda es más ecléctica, con mayor protagonismo de la piedra. El resto de las bocas de acceso se diseñaron a la manera del Metro de París o Budapest, rodeadas de barandillas de forja o piedra y una farola con el logotipo y de considerable altura, como monolito anunciador.

 

El diseño del espacio interior de Palacios para Metro de Madrid, empleando el citado azulejo, que lo envuelve de una forma abstracta e integral, le da enorme singularidad, y así lo ha estudiado detalladamente la arquitecta Susana Olivares. Fue tanta su influencia que incluso se dejó sentir en toda Europa, como modo de aplicar el arte en las obras públicas.

 

También se ocupó Palacios de la construcción y puesta en marcha de una central generadora de electricidad propia de la Compañía entre las calles de Pacífico y Valderribas, al sur del municipio, en un área ya tradicionalmente industrial, inaugurándose esta Central Térmica o Eléctrica el 14 de junio de 1924, dos años después de su proyecto. Se compone de tres partes: la sala de motores o turbinas en la nave intermedia, un cuerpo de oficinas y usos diversos y una subestación eléctrica, hoy desaparecida y sustituida por otra construcción. Además, aneja a la Central se situaba la vivienda unifamiliar del jefe del servicio técnico. Era tal la autonomía de las partes que se traducía perfectamente en planta y alzados y, por tanto, en su volumetría.

 

Como en sus Talleres del ICAI, Antonio Palacios refleja la estructura en fachada, oculta la cubierta tras el peto de cornisa y utiliza el ladrillo como material definidor, que combina con superficies de mampostería de piedra en zócalos, revoco en piezas estructurales y piedra artificial en detalles ornamentales, así como cerámica en el interior.

 

Su construcción coincide con la realización también de otras dos subestaciones de transformación, la de Salamanca en la calle Castelló en 1923 y la Norte o de Quevedo al año siguiente. En estas edificaciones, el arquitecto Antonio Palacios dio respuesta a una tipología industrial, a partir de unos principios de sencillez y economía, tanto en los materiales como en los procedimientos constructivos, pero sin obviar la armonía y dignidad, que se obtendrían mediante la proporción de sus líneas y el acuse de su estructura y función.

 

Por otra parte, al arquitecto también habría que atribuir al menos los arcos de entrada a los túneles y a las cocheras de Cuatro Caminos, con gran influencia del Viaducto de Stadtbahn de Otto Wagner, según Olivares, y que serían proyectados en 1919.

 

Precisamente, Palacios y muchos de sus compañeros encontraron en la arquitectura fabril la libertad para proyectar espacios amplios, luminosos, funcionales, en los que sacar el máximo partido al avance constructivo y estructural. Por eso, frente a las actuaciones públicas e institucionales o residenciales privadas y burguesas, esta arquitectura industrial completa su obra y demuestra su condición de charnela y punto de equilibrio con la inmediata modernidad.

 

Entre 1910 y 1916 ocupa la presidencia de la Sección de Arquitectura del Círculo de Bellas Artes, teniendo un papel destacado en la elección del solar para la construcción de su sede social, que se lograría dos años después de dejar el puesto. Liberado de cargos, Antonio Palacios pudo así presentarse al concurso de anteproyectos convocado el 10 de marzo de 1919, y aunque su propuesta fue excluida por superar la altura de cornisa, fijada en 25 metros en las ordenanzas municipales, su defensa frente a la decisión y la protesta de casi doscientos socios por el fallo acabarían provocando que el premio quedase desierto. En mayo del año siguiente se realizaba una exposición con todos los proyectos presentados, incluido el de Palacios, y una votación, siendo elegido éste mayoritariamente por los socios del Círculo y encomendado al arquitecto. Finalmente, la Real Orden del 18 de abril de 1921, al poco de comenzarse las obras, declaraba al Círculo y a su edificio Centro de Protección de la Bellas Artes y entidad de utilidad pública, pudiendo superar la altura permitida y obligando al Ayuntamiento a acatar la resolución.

 

En la memoria del proyecto, Antonio Palacios planteaba con su edificio dar respuesta a la vida artística y social madrileña, asegurando que será tal la afluencia de público a sus exposiciones, gimnasio, clases de artes e idiomas, biblioteca, conferencias, tertulias, representaciones teatrales, cine, fiestas y banquetes, que es necesaria una excepcional dimensión en sus espacios y en sus comunicaciones, que permitan un tránsito adecuado. Además, por su carácter, nuevamente la monumentalidad debía imprimirse al exterior y al interior, mediante la conjunción de las artes.

 

El edificio se ajusta a un solar rectangular, al que se acoplan perfectamente los distintos usos de cada planta: vestíbulos, salas de exposición, conversación y mirador en la baja; vida íntima del club, pequeños recreos y mirador en la entresuelo; grandes fiestas, salones de reunión y conversación en la principal, en la que además hay un teatro-cine; biblioteca en el primer ático; sala de recreos y junta directiva en el segundo ático; comedores y cocinas en la primera planta de terrazas y estudios de Bellas Artes en la segunda; además de espacios deportivos, baños y bar en el sótano.

 

Su imagen exterior es ecléctica, por su volumetría y tratamiento de las fachadas, siendo éstas decoradas con esculturas de José Capuz y Juan Adsuara y coronadas por una Minerva de Juan Luis Vassallo.

 

Como ha dicho Jacobo Armero, el Círculo es una ciudad vertical, un organismo de gran complejidad, del que cuesta llegar a entender su composición, añadiendo Ángel Luis Fernández que es el resultado de “arquitecturas acumuladas y superpuestas”, hasta terminar en la torre, a modo de faro cultural. Por eso en esta obra tiene enorme importancia la sección, en la que se observa la continuidad adaptada a su plurifuncionalidad. Situada ya en el ámbito de la modernidad Art Decó, como ha asegurado Pérez Rojas, este edificio es para muchos su obra más lograda y perfecta.

 

El mismo año de 1919 proyecta el Sanatorio de la Fuenfría, Cercedilla, con “todos los adelantos de la ciencia moderna”, como él lo describía, la primera instalación de estas características levantada en la sierra madrileña a iniciativa del doctor Félix Egaña, destinada a evitar que las clases pudientes buscaran el aire sano en suelo extranjero. De este modo, incorporaba una residencia a modo de hotel balneario, pues su carácter era el de centro antituberculoso, conformado por un gran bloque longitudinal de cinco alturas, con galerías de terrazas exteriores superpuestas, cerradas por barandillas metálicas. En la planta baja se situaba un gran vestíbulo, biblioteca, sala de música, salón con chimenea y comedor, con salida directa al jardín, mientras que en los niveles superiores se distribuían las habitaciones en dos crujías a fachada, quedando intermedios el corredor y el núcleo con baños y aseos. Complementaban al conjunto varios pabellones destinados a chalés unifamiliares.

 

Sus dos grandes sedes comerciales, la Casa Matesanz en la Gran Vía y la Casa Palazuelo en la calle Mayor, se fechan también en 1919, incluyendo también en ambos casos todos los adelantos de higiene y confort.

 

En la Casa Palazuelo, Palacios tiene en cuenta el compromiso urbano con el centro de la capital, pues se construye entre medianerías sobre el solar del desaparecido palacio de los condes de Oñate. Las plantas se distribuyen en torno a un patio central en forma de V, cubierto cenitalmente por una vidriera, al que rodea un corredor con entrantes y salientes curvos, al que se abren los distintos locales y oficinas, y rematado por una espléndida escalera imperial inserta en un semicírculo. La fachada trata de reflejar la función del edificio, aunque mantiene un cierto clasicismo utilizando columnas pareadas de orden gigante, que combina con el uso de nuevos materiales, hierro y vidrio, en los miradores insertos en ellas.

 

En cuanto a la Casa Matesanz, con la misma función, pero con la ventaja de contar con tres fachadas exteriores, éstas se distinguen por su gran zócalo con grandes ventanales y un cuerpo intermedio con arcos monumentales, bajo la influencia de Richardson, como ha indicado Ángel Luis Fernández. Su luz la ocupan bow windows o miradores de hierro y cristal, sistema que comparte con la Casa Palazuelo, si bien en la Matesanz se colocan no entre columnas sino entre pilastras de orden gigante. La planta es muy sencilla, con un gran patio circo agonal como distribuidor, rematado por una escalera de planta oval. Los locales y oficinas quedaron diáfanos para que el cliente pudiera distribuirlos libremente.

 

Por entonces debió construir el panteón de carácter neogótico de la familia del capitán general Valeriano Weyler y Nicolau, duque de Rubí y marqués de Tenerife, héroe de Cuba, ubicado en la Sacramental de San Lorenzo y San José de Madrid, pues el 2 de mayo de 1920, antes que él, falleció su esposa doña Teresa Santacana Bargalló y allí fue enterrada.

 

Tomando como referencia un proyecto de edificio residencial en la Gran Vía del arquitecto José Yarnoz Larrosa, Palacios proyecta el mismo año de 1921 y en el mismo solar otro para uso comercial y hotelero, con denominación inicial de Hotel Alfonso XIII, que pasó a llamarse Avenida en su inauguración. El esquema de la planta respeta el original, organizada en torno a un patio central cubierto, que le sirve de apoyo a la galería de distribución, y sobre su eje, al fondo, se sitúa la escalera de traza inscrita en un círculo. En las plantas superiores del hotel, el patio se abre para dar ventilación a las habitaciones. Destacan sus miradores en fachada, enmarcados también por un orden gigante. Al año siguiente realiza otra instalación hostelera: el Hotel Florida en la Plaza del Callao, hoy desaparecido, en el que años después residiría el escritor Ernest Hemingway como corresponsal durante la contienda.

 

La silla vacante dejada al fallecimiento de Enrique María Repullés y Vargas en 1922 en la Academia de Bellas Artes de San Fernando propicia la elección de Antonio Palacios como académico de número, pronunciando su discurso de ingreso el 27 de junio de 1926. Éste versó sobre la realización de un proyecto de “Palacio de las Artes en la Plaza de Colón de Madrid”, para “reorganización del fomento, mayor desarrollo y esplendor del Arte contemporáneo español”. Ilustrado con plantas, secciones, alzados y perspectivas, la ambición monumental del edificio, que habría de ocupar el inmenso solar resultante del derribo de la Fábrica de la Moneda, demuestra la preocupación de Palacios porque Madrid contara con un lugar adecuado y digno para acoger todo lo que tuviera que ver con el arte, exposiciones, conciertos y espectáculos, festivales, congresos, incluso las escuelas de Arquitectura, Bellas Artes y Artes Aplicadas, la propia Academia de San Fernando, las juntas consultivas estatales y su Dirección General de Bellas Artes. Se trataba de poner el arte al nivel de la importancia que las Comunicaciones habían adquirido al situarse en la Plaza de Cibeles.

 

En 1923 y 1924 proyecta dos edificios de viviendas en la calle Viriato, 22 y 20, respectivamente, para el doctor don Emilio Rey, en los que seguirá actuando en los años siguientes, reformándolos y ampliándolos. El segundo es un edificio exento y dividido en dos bloques que quedan separados por un patio abierto que acoge el cuerpo de escaleras, de modo que todas las viviendas cuentan con luz y ventilación directas, al no existir patios interiores. Su exterior es compositivamente sencillo, aunque no prescinde de elementos decorativos clásicos, como balaustres y remates de coronación, que se repiten en la casa inmediata del número 22. En este caso se realiza según un esquema totalmente diferente, pues se sitúa al fondo de un jardín delantero y en torno a un cuerpo de escaleras de planta octogonal, que se destaca en fachada a modo de torre.

 

Con cincuenta años, en agosto de 1924, contrae matrimonio con Adela Ramírez de Flores, de distinguida familia malagueña[1], iniciando su contacto con la ciudad andaluza, en la que pasaría varias temporadas entre 1926 y 1936. Sus proyectos en Málaga se fechan en este periodo.

 

Siguiendo una estela de honores y reconocimientos nacionales, en 1927 es nombrado consejero del Real Consejo de Sanidad y al año siguiente presidente de honor del XII Congreso Nacional de Arquitectos, celebrado en Santiago de Compostela, así como vocal del comité permanente para la construcción del Faro de Colón en la Isla de Santo Domingo.

 

Realiza un nuevo panteón, el de don Glorialdo Fernández Aguilera y su familia en la Sacramental de San Isidro, concluido en 1929 y ocupado por los restos de su propietario a su fallecimiento el 12 de enero de 1931. En este monumento, a pesar de su escala, el arquitecto materializa sus ideas formales y constructivas, cuidada estereotomía, puerta “singular, refinada y potente”, en palabras de Félix Cabrero, esbeltas ventanas y vidrieras de excelente factura. Precisamente para esta familia Fernández de Villota, en la siguiente generación, Palacios proyecta dos edificios de viviendas de alquiler en Madrid en 1935, uno en la calle José Abascal, 51, y el otro en Fernández de la Hoz, 70

 

En 1933 inicia su último gran proyecto madrileño, el Banco Mercantil e Industrial de la calle Alcalá 31, con un gran arco triunfal en fachada que refleja su estructura interna: una gran nave o patio de operaciones que atraviesa la manzana y se cubre con una inmensa bóveda de vidrio. En este edificio reúne varios de los instrumentos ensayados en sus edificios previos, como el dicho arco de medio punto, un gigantesco mirador inserto en el mismo y una logia de columnas clásicas. Además introduce materiales hasta entonces no empleados por él, como el pavés al exterior o el acero inoxidable de la tribuna sobre la entrada El alzado a la calle Caballero de Gracia recibe un tratamiento distinto, más expresionista, rompiendo la planta y organizándola en torno a un patio exterior. Tras la Guerra Civil, en 1942 Palacios tuvo que redactar un segundo proyecto, por lo que el edificio no se concluyó hasta tres años después.

 

Este mismo año de 1942 participa como jurado en la Sección de Arquitectura para la Exposición Nacional de Bellas Artes, en representación de la Academia de San Fernando.

 

En 1936 había comprado con su esposa una parcela en El Plantío para construir su casa, aunque no la llevaría a cabo hasta seis años después a causa de la guerra, manteniéndose durante la misma “en una forzada reclusión en Madrid”, según sus palabras, dedicado a realizar proyectos de reforma y extensión de esta ciudad.

 

Estas acciones las sintetiza en tres: la primera es el crecimiento de la metrópoli hacia el oeste, duplicando su superficie, mediante la creación de una nueva ciudad especular, separada por la Casa de Campo y El Pardo y ambas rodeadas por un anillo forestal; la segunda sería una Gran Vía Aérea desde la Plaza de España hacia la Sierra, entre las dos ciudades gemelas y a 60 m de altura, sobre el lugar de cruce con el río. Estaría soportada por colosales edificios pilonos que se elevan hasta los 139 m y con puntos de arranque y remate en sendas plazas embellecidas con construcciones monumentales; la tercera sería la reforma de la Puerta del Sol y del Salón del Prado, fruto de su sueño de renovar el centro histórico de Madrid, mantenido sin variación desde hacía cinco lustros, a excepción de la Gran Vía. Esta arteria había sido un intento de iniciar la reforma, no adecuadamente concluida por falta de conexión con el resto de la ciudad, sin ordenación de manzanas, sin regulación de alturas, por “la completa indisciplina de todos los que allí, como decía humildemente Palacios, hemos abundantemente construido”. La nueva Puerta del Sol adoptaría planta elíptica, rodeada de arcos de triunfo que darían salida a las calles convergentes y estarían dedicados a los héroes patrios. Pasos elevados, escaleras exteriores y ascensores facilitarían la movilidad de vehículos y personas, entre edificios monumentales, de estilo clásico y moderno, a la manera del Banco del Río de la Plata. Tras la finalización de la contienda sabría adaptar estas ideas al proyecto de cornisa del Madrid Imperial, como capital del nuevo régimen.

 

En cuanto a la casa del arquitecto, finalmente construida en 1942, era muy modesta, con un jardín de tan solo 40 o 50 m2, como declaraba su discípulo Casto Fernández-Shaw. Pareciera que su función era más de refugio que de vivienda permanente, caracterizándose por su compacidad, muy cúbica, con referencias historicistas distanciadas de la habitual producción del arquitecto. Tres años después fallece en su pequeña finca sin descendientes directos, siendo enterrado en la Sacramental de San Lorenzo de Madrid[2], aunque en 1976 sus restos fueron llevados al cementerio municipal de su villa natal de Porriño, atendiendo a su expreso deseo.

 

Con él desapareció el principal representante del monumentalismo en la arquitectura española, como lo expresó Juan de Zavala, “la más poderosa figura de nuestra arquitectura en el primer tercio del siglo XX”, según Fernando Chueca Goitia, “heterodoxo e intempestivo”, a juicio de Iñaki Ábalos, sin un “código estilístico preciso”, como precisó Antonio Fernández Alba.

 

CRONOLOGÍA

 

1901

 

Puente de la Princesa de Asturias (desaparecido), calle Antonio López, Madrid, con Joaquín Otamendi y Vicente Machimbarrena (ingeniero de caminos)

 

1903

 

Reforma y ampliación de edificio de viviendas para don Luis Harguindey, calle Serrano, 53 c/v Marqués de Villamejor, 7, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 15-118-36)

Proyecto de Casino, calle Alcalá, 15, Madrid, con Joaquín Otamendi.

 

1904

 

Palacio de Comunicaciones, actual Ayuntamiento de Madrid, en la Plaza de la Cibeles, Madrid, con Joaquín Otamendi.

Viviendas para la marquesa de Valdegema, calle Humilladero, 28, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 16-50-21)

 

1905

 

Ampliación del palacete del conde del Moral de Calatrava, calle Sagasta, 11, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 16-477-11)

 

1906

 

Viviendas para don Tomás Rodríguez, calle Marqués de Villamejor, 3, Madrid, con Joaquín Otamendi (Archivo de Villa de Madrid 16-3-4)

 

1907

 

Palacete del conde de la Maza (desaparecido), Paseo de la Castellana, 50, Madrid, con Joaquín Otamendi (Archivo de Villa de Madrid 19-413-17)

1908

 

Viviendas para don Fernando Demetrio Palazuelo, calle Alcalá, 54, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 17-40-3)Hospital de Jornaleros de San Francisco de Paula, actual Consejería de Obras

Públicas, Urbanismo y Transporte de la Comunidad de Madrid, calle Maudes, 17, Madrid, con Joaquín Otamendi (Archivo de Villa de Madrid 20-118-3)

 

1909

 

Taller de escultura del escultor Ángel García (desaparecido), calle Ríos Rosas, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 25-24-10)

 

1910

 

Banco Español del Río de la Plata, actual Instituto Cervantes, calle de Alcalá, 49, Madrid, con Joaquín Otamendi (Archivo de Villa de Madrid 19-45-53, 23-277-92, 43-248-14 y GERENCIA MUNICIPAL DE URBANISMO, 520/35/1032)

 

1911

 

Fuente Maragliano (desaparecida) para el Pabellón del Círculo de Bellas Artes, Parque del Retiro, Madrid.

Viviendas para don Agustín Manso, Glorieta de Quevedo, 6, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 18-186-24)

Talleres del Instituto Católico de Artes e Industrias en Madrid, calle Alberto Aguilera, 25, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 16-478-16, 19-17-5)

Palacete del arquitecto Joaquín Otamendi, calle María de Molina, 9, Madrid, con Joaquín Otamendi (Archivo de Villa de Madrid, 16-411-2 y 19-19-9)

 

1912

 

Reforma de edificio de viviendas, calle Sagasta, 23, Madrid

 

1913

 

Casa Comercial para la Sociedad Torán y Harguindey, actual Banco General del Comercio e Industria, calle Cedaceros, 6, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 20-63-32, 20-67-33)

Casa-palacio del conde de Bugallal, Plaza de Cánovas del Castillo, 4, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 23-279-11, 27-492-1)

 

1914

 

Viviendas para doña Luisa Rodríguez Arzuaga, Paseo de la Castellana, 28, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 22-179-17)

 

1915

 

Viviendas para don Martín Lago, calle Velázquez, 100, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 6-429*-17)

 

1916

 

Ampliación de cobertizos para la Sociedad Torán y Harguindey, calle Juan Bravo, 82, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 19-414-12)

 

1917

 

Estaciones de la línea 1 del Ferrocarril Metropolitano Alfonso XIII (Metro), con Joaquín Otamendi y Miguel Otamendi (ingeniero de caminos)

 

1918

 

Templete de acceso a la estación de Metro de la Puerta del Sol (desaparecido)

Templete de acceso a la estación de Metro de la Red de San Luis (desaparecido)

Locales y oficinas para don Emilio Rey (desaparecido), paseo General Martínez Campos, 2, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 22-177-6)

 

1919

 

Sanatorio de la Fuenfría, Cercedilla (Madrid)

Embocaduras de túneles y cocheras de Metro en Cuatro Caminos (atribuido).

Círculo de Bellas Artes, calle Alcalá, 42, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 25-392-27, 22-193-53)

Ampliación de edificio de viviendas para don Gregorio Tenreiro, Paseo de la Castellana, 10 y 12, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 24-110-12)

Casa comercial Palazuelo, calle Mayor, 4-6, y Arenal, 3, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 23-280-75, 24-180-35)

Casa comercial Matesanz, calle Gran Vía, 27, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 14-495*-19 y20)

Viviendas para don Martín Lago, calle Goya, 41, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 24-108-17)

Anteproyecto de reforma urbana del centro de Madrid.

 

1920

 

Proyecto de sede para el Banco de Madrid, calle Mayor, 8, Madrid, con Pedro Muguruza (Archivo de Villa de Madrid 23-280-8; Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, PI 2297-2301)

Panteón de la familia del General Valeriano Weyler, Cementerio de la Sacramental de San Lorenzo y San José, Madrid.

 

1921

 

Hotel Alfonso XIII, luego Avenida y actual Trip Cibeles, calle Gran Vía, 34, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 16-111*-55)

 

1922

 

Hotel Florida (desaparecido), Plaza del Callao, 2, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 44-135-10)

Ampliación del palacete de doña María Luisa Gómez Pelayo (desaparecido), Paseo de Rosales, 64-66, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 24-104-23)

Central Eléctrica de Pacífico para la Compañía del Ferrocarril Metropolitano, calle Valderribas, 47, Madrid (Archivo Metro, planos 489, 501 a 506, 508, 510; Archivo de Villa de Madrid 45-48-12)

 

1923

 

Viviendas para don Emilio Rey, calle Viriato, 22, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 12-257-13)

Proyecto de sede para la Sociedad de Autores Españoles, Paseo del Prado, Madrid

Subestación Eléctrica de la Compañía del Ferrocarril Metropolitano en el Barrio de Salamanca, calle Castelló, 19, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 6-368*-58; Archivo Metro, Plano 748)

 

1924

 

Viviendas para don Emilio Rey, calle Viriato, 20, Madrid (ARCHIVO DE VILLA DE MADRID 24-314-12)

Reforma de fábrica de harinas en edificio de viviendas para don Demetrio Palazuelo, Plaza de Luca de Tena, 13, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 24-318-31)

Subestación Eléctrica de la Compañía del Ferrocarril Metropolitano en Quevedo, calle Olid, 9, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 12-259*-23, 42-450-9)

Viviendas para don Alfredo Ramírez Tomé, calle Alcalá, 139, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 43-50-3)

 

1925

 

Reforma de edificio de viviendas para don Emilio Rey, calle Viriato, 22, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 25-23-23)

 

1926

 

Proyecto de Palacio de las Artes, Plaza de Colón, Madrid.

 

1928

 

Ampliación de la Subestación de Quevedo para Compañía del Ferrocarril Metropolitano, calle Gonzalo de Córdoba, 12, Madrid (Archivo Metro, 748)

 

1929

 

Panteón de la Familia Fernández de Villota, Cementerio de la Sacramental de San Isidro, Madrid, patio cuarto, manzana H duplicado.

 

1932

 

Ampliación de edificio de viviendas para don Emilio Rey, calle Viriato, 20, Madrid.

 

1935

 

Viviendas para doña Gloria Fernández de Villota, calle José Abascal, 51, Madrid Viviendas para doña Gloria Fernández de Villota, calle Fernández de la Hoz, 68-70, Madrid.

Banco Mercantil e Industrial, calle Alcalá, 31, Madrid (Gerencia Municipal de Urbanismo 529/35/318, 529/45/4894)

 

1936

 

Local comercial para don Enrique Pablo Loewe, calle Conde de Peñalver, 19, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 45-28-8)

 

1939

 

Plan de Reforma Interior y Extensión de Madrid

Proyecto de Reforma Interior de Madrid. Zona Central (Biblioteca Regional de Madrid R.: 11518)

Proyecto de una Gran Vía Aérea sobre el río Manzanares, Madrid

Proyecto de Nuevo Salón del Prado (Biblioteca Regional de Madrid R.: 11518)

Proyecto de Palacio Provincial, Diputación y Gobierno Civil en Madrid (Biblioteca Regional de Madrid R.: 11518)

 

1942

 

Casa del Arquitecto, calle Cimarra, El Plantío, Madrid.

 

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MIGUEL LASSO DE LA VEGA ZAMORA

FECHA DE REDACCIÓN: 26 DE DICIEMBRE 2019

FECHA DE REVISIÓN: 30 DE DICIEMBRE 2019

 

NOTAS

[1] Así se recoge en los Ecos de Sociedad, ABC, viernes 22 de agosto de 1924.

[2] Así se indicaba en su esquela, ABC, 28 de octubre de 1945, p. 43.

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