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LUIS MOYA BLANCO

 

Arquitecto, Madrid 10 de junio de 1904 – Madrid 25 de enero de 1990

 

Era hijo de don Luis Moya e Idígoras y doña Esther Blanco Jaureguiberri; ascendencia vasca y mejicana, pero mayor trascendencia el ambiente familiar, cinco hermanos, y en esa familia el protagonismo de su tío Juan Moya. Luis Moya admira y respeta la profesión de su padre: ingeniero de Caminos (también otros arquitectos e ingenieros en el entorno familiar), pero el enfoque que a la arquitectura da su tío Juan Moya e Idígoras, catedrático de Modelado y Diseño le cautiva. Hay en la casa de los padres un ambiente propicio al estudio. Es mérito de Luis Moya el sacar el máximo provecho. Cursa el bachillerato en el colegio del Pilar, de la Comunidad Marianista. Allí enlazará con un profesor arqueólogo, don Fidel Fluidio. Luis Moya declarará que el apasionamiento que aquel profesor de Historia y Latín ponía cuando hablaba de la antigüedad griega y romana, marcarán una senda en su entendimiento de la arquitectura. Fueron los primeros años del siglo XX difíciles para España; pero Luis Moya quiere ser responsable de su vida. Tranquilidad en lo más próximo, pero consciente de que a España, a los españoles, se les había arrebatado su protagonismo en América. La Gran Guerra. La no intervención de España, no evita que muchos españoles sintieran las víctimas, aunque lejanas, y los pueblos arrasados.

 

En el año 1921 ingresa en la Escuela de Arquitectura situada en la Calle de Toledo, donde una lápida da testimonio de aquel emplazamiento. Alumno brillante, obtendrá el título de Arquitecto en el año 1927. Alumno de Teodoro Anasagasti Algán, de Antonio Flórez Urdapilleta, de Vicente Lampérez Romea, de Modesto López Otero, y de Pedro Muguruza Otaño. Y entre sus compañeros, José Manuel Aizpurúa, Luis Martínez Feduchi y Joaquín Vaquero Palacios.

 

Luis Moya nos muestra, ya desde los primeros pasos en su actividad como arquitecto, una vocación universal. Su trabajo de fin de carrera, dirigido por Modesto López Otero, versó sobre un Cenotafio y auditorio dedicado a Luis Van Beethoven, en la ciudad austriaca de Viena. Este trabajo fue galardonado con el prestigioso premio “Manuel Aníbal Álvarez”. Su publicación en la revista “Arquitectura Española” significó un premio añadido. En 1960 será nombrado Redactor Jefe de la revista, cargo en el que, de acuerdo con su sentido de la responsabilidad, dimitirá al tomar posesión de la dirección de la Escuela en el año 1963.

 

Años de aislamiento tras la Guerra Civil, unidos a la Guerra Mundial, provocarán en España una dramática escasez de hierro y cemento, junto a la necesidad de urgentes reconstrucciones. El Museo de América no era, sin duda, la construcción más urgente en los difíciles años de la posguerra, cuando tanto había por reconstruir. Pero era marcar un ejemplo de cómo España, sufriendo la posguerra, el aislamiento por motivos ideológicos y por la II Guerra Mundial, se propuso superar el momento. Parámetros todos ellos que hacían conveniente levantar un Museo relacionado con aquellos estados que antes fueron provincias españolas. Gobiernos enfrentados con el de España, pero no los pueblos. Luis Moya, por sus características personales, era la persona adecuada para levantar el Museo de América. Antón Capitel, quien más en profundidad ha estudiado la obra de Luis Moya Blanco, nos dice:

 

“La escasez de hierro y cemento en la España de la época es una circunstancia sustancial en la obra de Moya, pues lo que era para muchos problemático e incómodo se convertía para él en gozoso trampolín para desarrollar una técnica que tanto le interesaba, pues tantas condiciones cumplía: venir avalada por la tradición permitiendo mediante ella introducirse en el seno, realizarse con la sabiduría artesana de los antiguos oficios y considerarse adecuada para promover -casi para exigir- la arquitectura antigua. La técnica, la construcción en albañilería, inundará de tal modo la obra de Moya que hace surgir inevitablemente el recuerdo de su formación ingenieril, y de una deuda con su entendimiento casi decimonónico de la arquitectura debida, con toda certeza al peso de la influencia de su padre y de su tío, Juan Moya.·”[1]

 

En sus últimos cursos colaboraba en el estudio de Pedro Muguruza. Constante defensor del binomio profesor/alumno. Luis Moya no concibe la arquitectura como una técnica estancada: unos conocimientos que el maestro debe transmitir a sus alumnos, y cuando esa transmisión se efectúa, queda cerrado el ciclo; llegarán nuevos alumnos a los que transmitir los conocimientos del maestro. Cuando el alumno es discente de verdad, provocará un intercambio, sino de conocimiento, sí de inquietudes, con beneficio y aprendizaje en los componentes del binomio. Luis Moya compaginará su tarea como alumno de tercer curso en la Escuela de Arquitectura, con su actividad extraescolar en el estudio de Pedro Muguruza.

 

Luis Moya profundizará en el estudio del hormigón, bajo la influencia de su padre, uniendo la arquitectura a la ingeniería.

 

Un largo periplo por Estados Unidos de América, y por la América Central, lo aprovechará para estudiar junto a la arquitectura primitiva, la arquitectura de las grandes concentraciones urbanas. Lenguajes exóticos y primitivos, en relación con el lenguaje clásico. Tiene poco más de veinticinco años cuando regresa a Madrid: no tardará en conseguir la plaza de Arquitecto Conservador de la Biblioteca Nacional. Años más tarde, ya en la madurez de su profesión, vuelve a la primera Biblioteca de España donde se había planteado un serio problema de humedades; problema siempre acuciante en cualquier inmueble, mucho mayor cuando ese inmueble es el custodio de una parte de la cultura española. El arroyo que puede considerarse tiene su inicio en la Fuente Castellana, y que soterrado pasa por el lado de los pares del Paseo de los Recoletos, se había “movido”, provocando un muy serio problema. Solo un genio pudo diseñar y responsabilizarse de la solución adoptada. Nuestra mente profana nos hace ver, como posible cuando las estructuras de un inmueble lo permitan, construir encima nuevas plantas, pero no por debajo; Luis Moya añadió nuevas plantas por debajo. Los años transcurridos desde que la Biblioteca Nacional se había inaugurado, facilitaba nuevos métodos y nuevos materiales que hicieron posible vencer a los “caprichos” del arroyo.

 

Luis Moya concibió desde el principio sus obras como un compromiso con el entorno y la sociedad que las demandaba, uniendo funcionalidad y belleza, así como experimentación de formas en cada una de sus construcciones. Tras la Guerra Civil se consolida como uno de los arquitectos más prolíficos de la época. Construye el Museo de América en la Ciudad Universitaria de Madrid y la iglesia de Santo Tomás; realiza en 1946 el gran proyecto de la Universidad Laboral de Gijón; un año después la de Zamora. Proyecta las modernas viviendas situadas en el número 8 de la Calle de Pedro de Valdivia; la Parroquia de San Agustín y como antiguo alumno de los Marianistas, realiza para ellos el funcional Pabellón de Bachillerato del Colegio Nuestra Señora del Pilar de la Calle Castelló; la moderna iglesia del Colegio Santa María del Pilar, en el número 3 de la Calle de los Reyes Magos, o el Escolasticado de la orden en Carabanchel.

 

No hubiéramos entendido no encontrar a Luis Moya involucrado en edificaciones en la hoy innominada Gran Vía. En 1932 interviene en el edificio Capitol, en la Avenida de Eduardo Dato (tercer tramo, enlazando la Plaza del Callao con la Plaza de España y Calle de la Princesa). En 1934 contraerá matrimonio con Concepción Pérez Masegosa. Sigue trabajando y permanentemente estudiando. Son años complicados en España. Nunca le faltó trabajo, pero su nuevo estado civil le hace pensar en buscar una estabilidad profesional. El 13 de marzo de 1936, dos años después de haber contraído matrimonio, obtiene por oposición la Cátedra de Dibujo de Composición Elemental. De no haber existido esa cátedra, hubiera sido necesario establecerla para poder aprovechase de la maestría de Luis Moya Blanco.

 

Definido por sus colegas como un “arquitecto total”, en su figura confluían las dotes de erudito y humanista, cualidades que hicieron de Luis Moya Blanco una de las grandes figuras de la arquitectura española de la segunda mitad del Siglo XX. Para conocer, y sobre todo, entender, la obra de Luis Moya, es necesario entrar en la monografía preparada por Antón G. Capitel; publicación extensa (más de doscientas páginas, en formato UNE A4), de sumo interés en todo su contenido. Excelente monografía titulada La Arquitectura de Luis Moya Blanco, publicada por el Servicio de Publicaciones del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.

 

Técnica ambiciosa la de Luis Moya, siempre en constante superación, ganando tiempo al tiempo. Aquella acertada monografía será prologada por Rafael Moneo, y allí leemos:

 

“Pero la fortuna de Luis Moya es también la nuestra en cuanto que la nueva situación –o el nuevo modo de mirar si se quiere ser más preciso- ha permitido que podamos disfrutar de la aventura intelectual que su obra supone, al levantarse la losa de silencio que sobre ella pesaba y vernos libres del prejuicio que la reducía a ser mera ilustración, en el sentido más literal de la palabra, de un determinado momento histórico, llegando tal reducción al extremo de no poder formular sobre ella otro juicio que no fuese aquel que la consideraba inmediato reflejo de las circunstancias en las que se produjo.”

 

“Así la obra de Luis Moya será, en manos de Antón G. Capitel, la aventura de un arquitecto que, manteniendo la fe en la arquitectura universal y eterna que no tiene por qué alterarse con el paso del tiempo, se embarca en la ambiciosa, por solidaria, empresa de mostrarnos su actualidad y convencido de que es la arquitectura que él defiende aquella a la que corresponden los atributos que se otorgan a la razón, intenta desenmascarar a quienes tales atributos reclaman como exclusivos y propios, mostrando cómo se han invertido los términos y cuanto es a la arquitectura clásica, a la arquitectura de la que él se siente heredero, a la que tales atributos corresponden. La apasionada biografía arquitectónica que de Moya hace Antón G. Capitel se convertirá en la crónica de su carrera, lo que es tanto como decir en una crónica de las batallas que Moya como arquitecto entabla frente a quienes identifica como sus eternos adversarios: aquellos que con tanta arrogancia invocan el nombre de la disciplina en vano al querer hacer suyos aquellos atributos que no lo eran.”[2]

 

Luis Moya defiende la arquitectura como la aportación humana, constante, a la obra de la Creación. Cadena histórica en la que todos los eslabones son necesarios; cada uno adaptado a su tiempo, a las capacidades humanas de quien lo elabora, y a las disponibilidades en el momento. Años de la posguerra de nuestra Guerra Civil, que coinciden con la II Guerra Mundial. Era difícil construir en aquellas condiciones, cuando más necesario lo era en España, con infinidad de edificios derruidos, viviendas y fábricas convertidas en escombros, y la escasez de cemento. Esperar la llegada de épocas de bonanza, o diseñar alternativas. Luis Moya se acogió a lo segundo, y así surgirán las bóvedas tabicadas. Ya en sus años de prácticas en el estudio de Pedro Muguruza lo había estudiado. Era el momento de poner en práctica un concepto distinto y complementario en la arquitectura. Y así lo hizo. ¿Todo el mérito en Luis Moya? Seguro que no. El ambiente en sus años de estudiante. Ambiente familiar y ambiente entre sus compañeros de estudio, y ejemplo de unos maestros que interpretaron muy en serio su magisterio. Docentes en el colegio y en la Universidad entregados en su función. Luis Moya destaca la continuada influencia de algunos profesores del colegio, y cómo siendo alumno de la Escuela de Arquitectura, en el vetusto edificio de la Calle de Toledo, junto al colegio Imperial, cuya iglesia ejercerá de Catedral Madrileña durante largos años, las enseñanzas de sus profesores serán incluso prolongando las aulas a los estudios privados de los profesores. Años negros vendrán después en que se prohibirá a los profesores ejercer su trabajo fuera de las aulas. Arquitectos que no podrán trabajar fuera de las Escuelas, y cirujanos a los que se les prohíbe pisar un quirófano que no sea los de su facultad.

 

Luis Moya manifestará su oposición a la eliminación de cornisas y molduras; elementos que con muy bajo costo ayudaban a eliminar la suciedad en las fachadas; suciedad provocada por el agua, el polvo y la contaminación procedente de calderas y otras fuentes de combustión. Lo que en principio se puede “vender” como un ahorro, pronto se demostrará es falso, pues obligará a unos altos costes en los posteriores recubrimientos. A esta manera de actuar la denomina Luis Moya “un estilo inmoral propio de snobs y ricos de guerra”.

 

En 1951 se funda el Instituto de Estudios Madrileños, con protagonismo de Luis Moya Blanco ya en el principio. La Historia ha demostrado no se trató de una entidad simplemente administrativa, consecuencia de una disposición oficial. Ocho intelectuales madrileños se unieron para, al amparo de la institución “José María Torres Cuadrado” (Humanidades), dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, comprometiéndose en crear una institución que pusiera en valor la historiografía madrileña. Tras más de medio siglo puede constatarse la labor realizada por esa Institución. Más de dos mil quinientos títulos nos muestran una labor publicista fecunda en beneficio de la bibliografía madrileña.[3]

 

En la primera Acta de aquella Institución se recoge:

“El 6 de noviembre de 1951, en la sede del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Calle del Duque de Medinaceli, nº 4) se reunió la Junta de Fundadores del Instituto, estando presente la totalidad de quienes integraban dicha Junta (Don Agustín González de Amezúa y Mayo, Don Joaquín de Entrambasaguas, y Peña, Don José Simón Díaz, Don Ernesto Jiménez Caballero, Don Luis Araujo Costa, Don Enrique Lafuente Ferrari, Don Luis Moya Blanco y Don Cayetano Alcázar Molina). Don José Simón Díaz, en calidad de Secretario, informará que por la autoridad competente habían sido aprobados los Estatutos del Instituto de Estudios Madrileños, consecuentemente, la Junta de Fundadores declarará constituido el Instituto, dándose por finiquitada la reunión, para a continuación abrir una segunda, ya como Instituto; en el Orden del Día configurar la Junta Directiva y el nombramiento de los primeros miembros Numerarios y Honorarios. Los Estatutos, obviamente, permitían en el inicio de la Institución prescindir del procedimiento de cooptación: Presidente el Sr. González de Amezúa; Vicepresidente el Sr. Entrambasaguas, Secretario el Sr. Simón, y vocales los señores Jiménez Caballero, Araujo Costa, Lafuente Ferrari, Moya Blanco y Alcázar Molina. Nueva sesión el día nueve quedando constituidas trece Secciones; una de ellas, la de Urbanismo, quedará bajo la responsabilidad de Don Luis Moya Blanco.”

 

Luis Moya, consecuente con la responsabilidad asumida (de los más de dos mil quinientos títulos publicados, que ya hemos advertido, el número dos en el tiempo fue autoría de don Luis Moya) en carta dirigida a don José Simón Díaz, entonces presidente del Instituto, expone: “…he cambiado la Escuela de Arquitectura de Madrid por la de Pamplona, donde paso cuatro días cada dos semanas […] estoy dedicado a preparar la asignatura del próximo curso en Pamplona, que no es la misma que tuve éste. Estoy bastante preocupado”[4]. La humildad, privilegio de los grandes hombres está presente. Luis Moya entiende que sus nuevos compromisos con la universidad navarra podrán coartar su entrega al Instituto, y no lo duda: pide el paso a la condición de Miembro Honorífico. En la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra impartirá Estética y Cursos de Doctorado.

 

En los prolegómenos de la conferencia que impartimos, dentro del ciclo dedicado por el Instituto de Estudios Madrileños, -en la conmemoración del L Aniversario de la fundación del Instituto-, a sus ocho fundadores, me correspondió hablar sobre don Luis Moya Blanco, ya quisimos dejar constancia de:

 

“La Arquitectura, ciencia entre la ingeniería y el arte, con unos parámetros, ciertamente temporales, sujetos a unos principios y a modas, está, en su resultado final, condicionada a la mente y a la mano del hombre. Y porque todos los hombres no son iguales, unos pasarán por la vida como vegetales parásitos, otros, los peores, ocupando espacios vacíos, porque vacíos son, miembros de la gran masa uniforme constituida por los «muertos verticales». Y en un tercer espacio quienes transcurren con concepto político de la vida. Política en su más noble acepción, aquella que nos habla del servicio a la comunidad. Y político es, no necesariamente quien se ocupa de lo público, sino quien de su quehacer privado hace un servicio a los demás. Así, ejerce como político quien redacta y defiende un proyecto legislativo pensando en la colectividad, y no en mantener su pesebre […] Madrid, arquitectónicamente, tiene edificios que en su conjunto de fachadas a fuera, nada aportan a quienes no viven en ellos. Edificios amorfos, posiblemente racionales contenedores, pero que nada ayudan a que nos sintamos partícipes de la ciudad, a que sintamos la ciudad como algo nuestro. A que nos sintamos propietarios del paisaje urbano; concepto de la propiedad que considero imprescindible para una completa integración en el medio. Otras edificaciones provocarán nuestro rechazo y en uso de nuestra libertad estética opinaremos son adefesios desintegradores de la armonía necesaria dentro de, por supuesto, particulares cánones.”[5]

Director de la Escuela de Arquitectura de Madrid entre 1963 y 1966, Académico de la Real Academia de Bellas Artes desde 1953 y Catedrático de Composición desde 1936.

 

En 1953 es elegido académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, ocupando la vacante producida tras el fallecimiento de su tío, Juan Moya Ydígoras. Pronunciará el reglamentario discurso de ingreso el 15 de noviembre de 1953, bajó el título: La geometría de los arquitectos griegos preeucladianos; en nombre de la Real Academia le contestará Eugenio D’Ors Rovira. Por tres veces será requerido para pronunciar el discurso en nombre de la Real Academia, trámite tras el cual se formaliza el ingreso del nuevo académico electo.

 

Cervera Vera, Luis (1914-1998), elegido académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, pronunciará el reglamentario discurso de ingreso el 4 de abril de 1976: Sobre las ciudades ideales de Platón, siendo contestado en nombre de la Real Academia por Luis Moya Blanco; ambos discursos publicados por la Real Academia, 1. PLATÓN 2. CIUDADES – Grecia-Discursos, ensayos, conferencias, Madrid, año 1976, 81 páginas.

 

Domínguez Salazar, José Antonio (1911-2007), elegido académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, pronunciará el reglamentario discurso de ingreso el 19 de febrero de 1978: La arquitectura moderna en su evolución y tendencias actuales, siendo contestado en nombre de la Real Academia por Luis Moya Blanco; ambos discursos publicados por la Real Academia, año 1978, ARQUITECTURA. Siglo 19º-20º -Discursos, ensayos, Conferencias, 120 páginas.

 

Fernández Casado, Carlos (1905-1988), elegido académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, pronunciará el reglamentario discurso de ingreso el 21 de noviembre de 1976: Estética de las artes del ingeniero, siendo contestado en nombre de la Real Academia por Luis Moya Blanco; ambos discursos fueron publicados por la Real Academia, año 1976, 52 páginas.

 

Dentro del Plan Memoria de Madrid”, en el número 8 de la Calle de Pedro de Valdivia, el Ayuntamiento colocó una placa con el literal: “EL ARQUITECTO ERUDITO Y SOÑADOR LUIS MOYA BLANCO CONSTRUYÓ ESTA CASA EN LA QUE VIVIÓ DE 1957 A 1990. AYUNTAMIENTO DE MADRID, 1991”.

 

En el verano de 1947 inicia la costumbre de preparar -en el formato máximo que permitían las normas para el correo, dibujos, a modo de crismas navideños, negro sobre blanco, a excepción del un año, en que da entrada al color. Conjugando siempre a San Agustín -su gran pasión-, alguna referencia a la Navidad, y todo ensamblado siempre con detalles arquitectónicos: Bóvedas tabicadas, columnas, arcos, capiteles, y figuras infantiles, junto a la muerte, fueron motivos con frecuencia tratados en estas felicitaciones navideñas, junto a textos de San Agustín; mensajes que forman una síntesis de la personalidad de Luis Moya Blanco. Felicitaciones navideñas que pronto se convertirán en motivo de coleccionismo. Luis Moya mantendrá esta costumbre hasta el año 1987, con la única excepción del año 1969 (año del fallecimiento de su hermano Juan, con quien estaba estrechamente unido). Hasta el año 1952 no introduce Luis Moya simbología religiosa. Se confiesa Luis Moya fiel discípulo de su profesor Fidel Fluido, asesinado durante la II República. En 1988 entre la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y la Escuela Técnica Superior de Arquitectura, de la Universidad de Navarra, donde coincidiendo con el L Aniversario de haber obtenido la Cátedra de Composición, en la Escuela de Navarra se organizó una exposición con las felicitaciones navideñas preparadas por Luis Moya. Don Luis Cervera Vera, compañero y amigo de Luis Moya visitó aquella exposición y propuso quedara permanente constancia en una publicación conjunta entre la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y la Escueta Técnica de Arquitectura de la Universidad de Navarra. El proyecto llegó a buen puerto, de la mano de María Antonia Frias Sagardoy. Hoy aquella publicación es un valioso ejemplar bibliográfico. En la presentación de la publicación nos dice Frias Sagardoy:

“Por lo que resulta completamente fuera de toda medida y valoración es lo que de él va quedando en la formación humana y profesional de tantas promociones de arquitectos (son ya más de cincuenta) que lo tuvimos como profesor y lo seguimos teniendo como maestro. Formación humana y profesional, porque Luis Moya es un gran humanista, y no antes ni además de arquitecto, sino precisamente como tal. Un gran humanista y -permítaseme la familiaridad un gran hombre-. Ofendería su modestia si incurriera en una explicación innecesaria. Innecesaria porque esta publicación –a la que estas palabras quieren servir de presentación-, va dirigida precisamente a sus amigos. Y amigos de Luis Moya son todas las personas que de una manera u otra se han relacionado con él. Con una generosidad poco común, él ha querido siempre ponerse junto a cada uno: junto a su persona. Sea este alumno o profesor, albañil o empresario, de cultura rural o sofisticada, a todos hace sentir compañeros, embarcados juntos en la apasionante tarea de descubrir una verdad cada vez más profunda.”[6]

 

Cuando estalla el levantamiento militar de julio de 1936, Luis Moya se encontraba en Madrid; pronto será detenido; aun cuando no había tenido ninguna actuación política, no había ocultado su acercamiento a la Iglesia Católica. Habiendo, como arquitecto, tenido algunas intervenciones en instituciones de la orden de Marianista. Será detenido y encarcelado en la checa de Santa Isabel. Puesto en libertad, no tardará, con ayuda de unos falangistas conocidos, en ingresar en la C.N.T., coincidiendo con otros arquitectos, como Pedro Bidagor, Pascual Bravo Sanfeliu, José Joaquín González Edo y Diego Méndez González.

 

Navidad año 1947: Diversidad de arcos, columnas, alguna con decoración floral, convierte la columna que lo sustenta en salomónica. San Agustín leyendo y la muerte. Año 1948: San Agustín. Cuerpos geométricos. La muerte encajada entre aristas. Año 1949: San Agustín con el pie izquierdo sobre la basa donde está el nombre de Luis Moya. En sus manos un compás y un reloj. Un ángel sujeta la cartela “Navidad”. Cuerpos celestes en el firmamento. Cuatro bailarinas entre textos agustinianos. Año 1950: San Agustín contempla a la muerte dentro de una arquitectura inacabada. Linterna en la cúpula. El Sol. Año 1951: San Agustín escribiendo. Bajo una bóveda tabicada una gran figura geométrica, hornacinas en los laterales. Un niño muestra una tabla numérica a su maestra. Año 1952: Figuras geométricas. Por encima de San Agustín dos ángeles con una gran filacteria. Entre ellos el Niño Jesús. Año 1953: San Agustín observa un globo en el que destaca una Cruz y una concha. Dos niños juegan con instrumentos utilizados en cartografía. Columnas, arcos, capiteles. ”Sintió Platón que había dos mundos: uno inteligible, donde habitaba la verdad, y este otro sentible, que se nos desvela por los órganos de la vista y del tacto: Aquel es el verdadero, éste el semejante al verdadero, hecho a su imagen”. Año 1954: San Agustín peregrino. Dos niños juegan con instrumentos de delineación. Año 1955: San Agustín estático observa a la muerte y a dos figuras humanas. Por encima, dos criaturas cobijadas en el muro. Año 1956: San Agustín meditando bajo un arco. Bustos en nichos. Dos niños junto a una Cruz. Y un busto griego. Año 1957: San Agustín con una unidad de medida en las manos; enfrente, una mujer con instrumentos de arquitectura junto la muerte. Dos niños contemplan la escena. Y en el centro de una fuente luminosa, la Virgen con el Niño. La unidad de medida en el pie: “Si no tuvieran dentro de ti mismo ciertas normas de belleza, que aplicas a todo cuanto en el mundo exterior te parece bello. ”Año 1958: Predominio de arcos y bóvedas tabicadas. San Agustín medita ante elementos florales. La Virgen y el Niño en el centro. Año 1959: San Agustín trazando un dibujo arquitectónico. Dos niños jugando junto a un árbol. La Virgen con el Niño en espacio iluminado. Año 1960: San Agustín ejerciendo de arquitecto. Bajo un arco, una escena ciertamente navideña. La Virgen y el Niño y dos pastores adorando. Año 1961: San Agustín con báculo. La muerte cabalgando sobre un caballo armado de una lanza. Conjuntos arquitectónicos y en la parte superior la Virgen con el Niño y dos niños en posición de estar adorando. Año 1966: Armonía arquitectónica y armonía musical. La Virgen, con una flor de lis y el Niño. San Agustín con un medidor de ángulos en la mano. Año 1967: La Virgen con el Niño rodeada por ángeles músicos, San Agustín señala a la Virgen y detrás la muerte con una trompeta. Don niños coronados junto a la abertura en un muro por la que vemos una ciudad. Año 1968: Asomando por la linterna de una cúpula vemos a la Virgen con el Niño. Dos niños con elementos florales y San Agustín portando una regla parece da explicaciones a unos discípulos. Año 1970: La Virgen con el Niño en zona muy iluminada. San Agustín acompañado por posibles discípulos. Dos niños portando instrumentos musicales. Año 1971: La Virgen con el Niño en su regazo tras un arco. Dos niños en posición de adorar ofrecen unas coronas. San Agustín medita. Año 1972: La Virgen con el Niño descansando en una ventana. Varios elementos geométricos. Dos niños ante una figura geométrica con un medidor de ángulos en la mano. Año 1973: La Virgen con el Niño (que nos parece hay un recuerdo a los enterramientos egipcios. San Agustín. El Tiempo; Niños y figuras geométricas. Año 1974: La Virgen con el Niño, imagen a través de una ventana redonda. San Agustín señalando la composición navideña. A través de un arco vemos una noble casa, por su traza, pero sin vida. Año 1975: La Virgen con el Niño, a través de una ventana con arco. El Niño sujeta con su mano derecha una Cruz. Gran número de figuras geométricas. Conjunto de instrumentos musicales, y junto a San Agustín, tres jóvenes y cuatro niños, los sietes con instrumentos musicales. Año 1976: Se nos escapa el significado de este diseño. Un pavo real, dos pavas y una rapaz y dos pavos en vuelo. A través de un óculo la Virgen con el Niño. San Agustín junto a siete niños (tres con instrumentos de música; el cuarto con cuaderno que puede ser una partitura). Año 1977: En una ventana con arco, la Virgen muestra al Niño a cuatro niños; uno les ofrece un jarrón con flores. En el centro, en gran tamaño, San Agustín recogiéndose el manto, acompañado de un niño que lleva un plano enrollado. Otros dos niños portando dos coronas. Año 1978: San Agustín parece supervisar una construcción, mostrando a quien está sentado a su lado un libro (caja) en el que leemos: 300 x 50 x 30 codos; siete niños manejan instrumentación de planimetría. En el centro, a través de una ventana circular, vemos a la Virgen con el Niño. Año 1979: Sujeción de siete arcos; en el centro enmarcado en un círculo, la Virgen con el Niño entre cuatro ángeles. San Agustín nos muestra la escena desenrollando un plano. Otros tres niños completan la escena. Año 1980: En un óvalo la Virgen con el Niño. San Agustín sujetando una figura geométrica. Siete niños sujetan figuras geométricas junto a instrumentación de dibujo. Año 1981: En una ventana la Virgen con el Niño que sujeta una Cruz. San Agustín, sentado, sujeta lo que representa lo que puede ser la maqueta de una columnata en círculo; delante, siete niños juegan. Detrás de San Agustín tenemos a una Santa. En la parte superior un hombre sobre un caballo, parece es detenido por la muerte. Año 1982: En una hornacina la Virgen con el Niño, entre cuatro ángeles. Debajo de ese conjunto, dos niños dentro de una jaula. San Agustín llevando una figura geométrica vacía, junto a un niño que le ofrece lo que parece un cuerno. Año 1983: La Virgen con el Niño aparece debajo del rótulo NAVIDAD 1983. San Agustín, junto a dos niños que llevan instrumentos propios para el dibujo técnico, se dirige al séptimo niño que aparece junto a la muerte, sujetando un plano. Año 1984: San Agustín observando a la Virgen con el Niño. Debajo, dos niños sujetan una gran corona. Manteniendo la común escenografía, otros cinco niños completan la cifra de siete, reiterada. Año 1985: La Virgen con el Niño dentro de un óvalo. Debajo, dos niños músicos. Otros dos, sujetan una cruz y tres, junto a cuerpos geométricos. Año 1986: La Virgen con el Niño dentro de un ventanal en arco. San Agustín, sentado, en posición de meditar. No faltan los habituales siete niños. Año 1987: La Virgen con el Niño. La muerte dueña del tiempo, aparece vencida. Debajo de la Cruz, el Sol y la Luna. La Navidad sobre un átomo. Y los reiterados siete niños.

 

Cuarenta felicitaciones navideñas, ciertamente poco ortodoxas, pero cuarenta dibujos exquisitos mostrando la intensa devoción de Luis Moya hacia San Agustín.

 

CRONOLOGÍA DE SUS OBRAS RELEVANTES EN MADRID.

 

– 1928. Su proyecto de un Hospital Antituberculoso en Palencia obtiene un Segundo premio.

 

– 1929. En colaboración con Joaquín Vaquero Palacios obtiene el tercer premio en el concurso convocado para levantar en la República Dominicana un faro monumental dedicado a Cristóbal Colón.

 

– 1930. Hotel proyectado en la Avenida de Eduardo Dato (en la actualidad se corresponde con el primer tramo de la innominada Gran Vía (enlace entre la Calle de Alcalá y la Calle de la Montera).

 

– 1932. En colaboración con Joaquín Vaquero Palacios proyecta la Universidad de San Salvador. Se concluye en 1953.

 

– 1932. Proyecto de viviendas en Luarca (Asturias).

 

– 1932. En colaboración con el escultor Enrique Pérez Comendador, el monumento dedicado a Pablo Iglesias.

 

– 1933. Reforma (ampliación) del Colegio de Nuestra Señora del Pilar.

 

– 1933. Proyecto de la Escuela Elementa del Trabajo en Ávila de los Caballeros.

 

– 1933. En colaboración con Vicente Eced proyecta el Instituto de Enseñanza Media de Cartagena (Murcia).

 

– 1933. Accésit a su proyecto e Museo de Arte Moderno, presentado al IV Concurso Nacional de Arquitectura.

 

– 1936. Proyecto para la Facultad de Ciencias en Oviedo.

 

– 1936. Cinematógrafo “Pacífico” en el número 18 de la Calle de Granada.

 

– 1936. Proyecto de edificio para la Fundación de Santa Ana y San Rafael.

 

– 1936. Primer premio al proyecto de Museo del Coche (Madrid). Presentado al V Concurso Nacional de Arquitectura.

 

– 1936. Primer premio al proyecto de Museo del Arte Popular (Madrid). Presentado al V Concurso Nacional de Arquitectura.

 

– 1936. Primer premio al proyecto de un Hogar Escuela para Huérfanos de Correos.

 

– 1936. Proyectado el conjunto parroquial en la carretera de Aragón (tramo integrado en la Calle de Alcalá).

 

– 1936. Proyectado el conjunto parroquial para el Barrio de Tetuán de las Victorias.

 

– 1937. Conjunto Monumental proyectado como “Sueño Arquitectónico para una Exaltación Nacional”.[7] Construcción prevista en la Ciudad Universitaria.

 

– 1940. En colaboración Enrique Huidobro, proyecto para la iglesia parroquial de San Francisco, en Santander.

 

– 1940. Edificio proyectado para sede de Archivos, Bibliotecas y Museos de Málaga.

 

– 1941. En colaboración con Diego Méndez, reforma de la fachada occidental del Teatro de la Ópera (Plaza de Oriente).

 

– 1941. Proyecto para un grupo de viviendas en el Barrio del Tercio (los municipios de Carabanchel Alto y Carabanchel Bajo se anexionaron al Ayuntamiento madrileño en el año 1948).

 

– 1941.Proyecto para un grupo de viviendas en el Barrio de Palomeras (el municipio de Vallecas se anexionó al Ayuntamiento madrileño en el año 1950).

 

– 1941. En colaboración con Ramiro Moya, reconstrucción del Hospital de la Mutual del Clero (Calle de San Bernardo).

 

– 1942. Teatro Real, en la Plaza de Isabel II, (donde estuvo el teatro de los Caños del Peral) proyectado por Antonio López Aguado, año 1818. Sucesivas reconstrucciones y reformas nos llevarán al año 1966. Entre los arquitectos que dejarán su huella, Luis Moya Blanco.

 

– 1942. Intervención de Luis Moya Blanco, Diego Martín Montalvo y Ramón de Aguinaga; en su origen: “Central elevadora y primer depósito elevado del Canal de Isabel II”. Entre 1985 y 1986 se reconvierte en Sala de Exposiciones de la Comunidad Autónoma de Madrid, con la intervención de Javier Alau Massa y Antonio Lopera.

 

– 1942. En colaboración con Luis Martínez Feduchi el Museo de Arte de Historia de América, en la Avenida de los Reyes Católicos (Ciudad Universitaria).

 

– 1942. Iglesia parroquial de Santo Tomás de Aquino.

 

– 1942. Proyecto de un grupo de viviendas en el Distrito de Usera (Colonia de Moscardó -topónimo aprobado en Acuerdo Municipal de fecha 21 de enero de 1943).

 

– 1942. Edificio destinado a escolasticado de los religiosos marianistas en Carabanchel Alto (municipio anexionado al ayuntamiento de la capital).

 

– 1942. En colaboración con Enrique Huidobro y Ramiro Moya y el escultor Manuel Álvarez Laviada, proyecto de monumento a los Caídos en Zaragoza.

 

– 1943. En colaboración con Enrique Huidobro, proyecto para el complejo sanitario de la Diputación Provincial de Valladolid.

 

– 1943. Reforma del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

 

– 1943. En colaboración con Enrique Huidobro y Pedro Muguruza, reconstrucción del templo parroquial de Manzanares (Ciudad Real).

 

– 1943. Proyecto de edificio para el Archivo Histórico de Simancas (Valladolid).

 

– 1943. Reformas en el edificio sede del Museo de Artes Decorativas en la Calle de Montalbán.

 

– 1943. Proyecto para viviendas en el número 90 de la Calle de Lagasca.

 

– 1943. Proyecto para la Fundación de Santa Ana y San Rafael, en la Calle del Doctor Esquerdo.

 

– 1945. En colaboración con Ricardo Magdalena, edificio para la Aduana de Vigo.

 

– 1945. En colaboración con Pedro Lapuente y Ramiro Moya, proyecto de un convento de Clarisas en Zamora.

 

– 1945. En colaboración con Ramiro Moya y Luis García Palencia. Proyecto para la reconstrucción de la iglesia de San Pedro, de la Mutual del Clero.

 

– 1945. Reformas en el edificio Dispensario de Puericultura de la Calle del General Oraá.

 

– 1945. Proyecto de un cementerio integrado en el complejo de Religiosos Marianistas en Carabanchel Alto (municipio integrado en la capital).

 

– 1946. En colaboración con Ramiro Moya, Enrique Lapuente y Pedro Rodríguez de la Puente, proyecto para la Universidad Laboral de Gijón. Edificio financiado por mutualistas.

 

– 1946. Proyecto de un hotel en el inicio de la carretera de La Coruña, en colaboración con Ramiro Moya.

 

– 1946/1950. Iglesia de San Agustín, en el número 10 de la Calle de Joaquín Costa.

 

– 1947. Proyecto de viviendas en el número 74 de la Calle del General Pardiñas.

 

– 1947. Proyecto para transformar la Fundación San José en la Universidad Laboral de Zamora.

 

– 1948. Proyecto de vivienda en la Ciudad Puerta de Hierro.

 

– 1949. Proyecto en colaboración con Ramiro Moya, de un conjunto de viviendas destinadas a sacerdotes, en la Calle de Rodríguez Sampedro.

 

– 1950. Proyecto para una estación de servicios en el número 103 de la Calle de los Embajadores.

 

– 1950. Proyecto para la ampliación de la Fundación de Santa Ana y San Rafael, en la Calle del Doctor Esquerdo.

 

– 1953. En colaboración con el escultor Manuel Álvarez Laviada, monumento erigido en Córdoba dedicado al torero Manuel Rodríguez Sánchez, popularmente conocido como “Manolete”.

 

– 1954. Proyecto para los “Talleres BK” en Canillejas (municipio anexionado a Madrid en 1950).

 

– 1954. Proyecto de viviendas en el número 8 de la Calle de Valdivia. Última residencia en Madrid de Luis Moya. Dentro del “Plan Memoria de Madrid”, el Ayuntamiento colocará una placa, que ya hemos reseñado.

 

– 1955. Concluye el proyecto del dispensario de Cardiología en el número 19 de la Calle del Buen Suceso.

 

– 1956. Proyecto para una vivienda en la finca ·Cantos Negros·, en Torrelodones (Madrid).

 

– 1956. Proyecto para construir la iglesia parroquial de la Virgen Grande, en Torrelavega (Santander).

 

– 1959. Proyecto para nuevo complejo religioso y docente de la Congregación de Marianistas en Carabanchel.

 

– 1959. Ampliación del Colegio de Nuestra Señora del Pilar entre las calles del General Mola (actual Calle del Príncipe de Vergara) y de Castelló.

 

– 1959. En colaboración con Domínguez Salazar, proyecto de nueva capilla para el Colegio de Nuestra Señora del Pilar.

 

– 1959. Proyecto de nuevos pabellones escolares para el colegio de la Congregación de Marianistas en el Barro del Niño Jesús.

 

– 1960. Proyecto de nuevos pabellones escolares para el colegio de la Congregación de Marianistas en Carabanchel.

 

– 1963. Proyecto de Iglesia para el Colegio Santa María del Pilar.

 

– 1963. Proyecto de un Salón de Actos en el complejo educativo de la Congregación de Marianistas en Carabanchel.

 

– 1963. Proyecto para el Pabellón de España en la Feria de Nueva York.

 

– 1965. Proyecto del edificio sede de la editorial “S.M.”, en el número 39 de la Calle del General Tabanera, en Carabanchel Alto.

 

– 1966. Colegio Mayor Universitario “Chaminade”, en el número 9 del Paseo de Juan XXIII.

 

– 1966. Proyecto del centro parroquial de Santa María regido por la Congregación de Marianistas en Carabanchel.

 

– 1967. Proyecto de ampliación del complejo escolar de la Congregación de Marianistas en Carabanchel.

 

– 1967. Proyecto para un colegio de Enseñanza Media de la Congregación de los Marianistas, en Ciudad Real.

 

– 1970. Proyecto del templo parroquial del Espíritu Santo y de Nuestra Señora de la Araucana, en la Calle de Puerto Rico.

 

– 1976. En colaboración con Enrique Lafuente Niño, intervino en la reforma del aire acondicionado del Museo del Prado.

 

– 1979. Intervendrá en la reforma de la Biblioteca Nacional.

 

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MOYA BLANCO, LUIS, Proyecto fin de carrera: Mausoleo para Luis Van Beethoven en Viena, dirigido por Modesto López Otero, publicado en “Arquitectura Española”, año VI, enero-marzo 1928.

 

Su proyecto de un Hospital Antituberculoso y Antivenéreo en Palencia. Publicado en “Arquitectura”, noviembre año 1928.

 

Proyecto de un Faro a la memoria de Cristóbal Colón, en la República Dominicana, en colaboración con Joaquín Vaquero Palacios, en “Arquitectura”, junio año 1929; abril 1932; septiembre 1974; en “Nueva Forma”, número 68, septiembre 1971.

 

Proyecto monumento dedicado a Pablo Iglesias, en colaboración con el escultor Enrique Pérez Comendador, en “Arquitectura”, septiembre – octubre 1932; en “Nueva Forma”, número 68, septiembre 1971.

 

Proyecto de Museo de Arte Moderno, en “Arquitectura”, septiembre de 1933 y en “Nueva Forma”, septiembre 1971.

 

Notas sobre la iluminación natural en los Museos de Pintura, en “Arte Español”, órgano de la Sociedad Española de Amigos del Arte, año 1934.

 

Proyecto para Hogar y Escuela para Huérfanos de Correos, en “Arquitectura”, marzo – abril, año 1935.

 

Proyecto de Museo del Coche y Arte Popular, en “Arquitectura”, julio, año 1935.

 

Orientaciones de la arquitectura en Madrid, en “Reconstrucción”, diciembre, año 1940.

 

Proyecto para un grupo de viviendas en los barrios del Tercio y de Palomeras, en “Revista Nacional de Arquitectura”, número 10-11, año 1942.

 

Proyecto para ampliación y reforma del Teatro Real, en “Revista Nacional de Arquitectura”, número 10-11, año 1942.

 

Las ideas en la arquitectura actual, en “Fondo y Forma”, febrero de 1944.

 

Escolasticado para los PP. Marianistas en Carabanchel Alto, en la “Revista Nacional de Arquitectura”, número 39, año 1945, y en el Catálogo de la Exposición Arquitectura para después de una guerra. 1939-1949.

 

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La liturgia en el planteamiento y composición del templo moderno, Madrid, Real Congregación de Arquitectos, año 1949.

 

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(1904-1990); elegido académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando el 1953 pronunciará el reglamentario discurso de ingreso el 15 de noviembre de 1953: La geometría de los arquitectos griegos pre-eucladianos, siendo contestado en nombre de la Real Academia por Eugenio D’Ors Rovira; ambos discursos publicados por la Real Academia, Madrid, año 1953, 78 páginas.

 

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(1914-1998), discurso en nombre de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, pronunciado el 19 de febrero de 1978, contestando al pronunciado por José Antonio Domínguez Salazar: La arquitectura moderna en su evolución y tendencias actuales, ambos discursos publicados por la Real Academia, año 1976, Arquitectura, Siglos 19º-20º, Discursos, Ensayos, Conferencias, 120 páginas.

 

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LUIS MIGUEL APARISI LAPORTA

FECHA DE REDACCIÓN: 17 DE OCTUBRE 2019

FECHA DE REVISIÓN: 18 DE DICIEMBRE 2019

 

NOTAS

[1]ANTÓN CAPITEL, La Arquitectura de Luis Moya Blanco, Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, año 1982, página 83.

[2]RAFAEL MONEO, prólogo en La Arquitectura de Luis Moya Blanco, la obra de Antón G. Capitel, publicada por el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, año 1982, páginas 7 y 9.

[3]LUIS MIGUEL APARISI LAPORTA, Bibliografía General del Instituto de Estudios Madrileños. 1951-2017 (tercera edición). Instituto de Estudios Madrileños, año 2017.

[4] En la Escuela de Arquitectura de Pamplona impartirá Estética y Composición y Composición II.

[5]LUIS MIGUEL APARISI LAPORTA, Luis Moya Blanco, en Ciclo dedicado a Fundadores del Instituto del de Estudios Madrileños, conferencia impartida el 5 de marzo de 2002, Biblioteca de Estudios Madrileños, volumen XXXIV, páginas 126/127.

[6]MARÍA ANTONIA FRIAS SAGARDOY, Felicitaciones Navideñas por el arquitecto Luis Moya, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando – Escuela Técnica de Arquitectura de la Universidad de Navarra, año 1988, páginas 5/6.

[7]LUIS MIGUEL APARISI LAPORTA, Biografía madrileña inconclusa, en “Anales del Instituto de Estudios Madrileños”, tomo XLV, año 2005, páginas 272/274.

[8]LUIS MOYA BLANCO, Observaciones sobre el concurso de la basílica de Siracusa. “Revista Nacional de Arquitectura“nº 189. Madrid, año 1957, página V.

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