25605
portfolio_page-template-default,single,single-portfolio_page,postid-25605,stockholm-core-1.2.1,select-theme-ver-3.7,ajax_fade,page_not_loaded,wpb-js-composer js-comp-ver-6.1,vc_responsive
Francisco de Mora. San Bernabé del Escorial. 1594/1595. 
FRANCISCO DE MORA

 

Arquitecto, Cuenca 1552 – Madrid 1610

 

Francisco de Mora fue bautizado en la parroquia de Santa Cruz en Cuenca el 15 de agosto de 1552. Su padre, Francisco de Mora, zapatero, se hallaba aún en Madrid el 22 de agosto de 1548 en que reconocía un censo sobre sus casas. Poco después casaría con Catalina de Alcalá, y dos años después se hallaban ambos en Cuenca, donde bautizaron el 26 de mayo de 1550 en Santa María de Gracia a su segunda hija, María. La partida de bautismo de Juan, el primogénito, no se ha localizado en Cuenca, por lo que pudo nacer en Madrid. Después de Francisco nacerían dos hijas más, Catalina y Francisca, cuyos bautizos se registran en Santa Cruz de Cuenca en 1554 y en 1557 respectivamente[1].

 

El 2 de enero de 1567, un pariente de su padre ya difunto, el zapatero Sebastián de Cañaveras, le puso por aprendiz de carpintero y entallador por plazo de cinco años con el maestro palentino establecido en Cuenca Pedro de Villadiego; en el contrato se establecía que residiría en casa del maestro, que le daría de comer, beber y vestir. Francisco tenía entonces 13 años[2]. Villadiego, en colaboración con el escultor Giraldo de Flugo, se ocupaba entonces de labrar el retablo de Monteagudo de Cuenca. Con él aprendería Francisco el arte del ensamblaje, que le sería sumamente útil más adelante para trazar los muchos retablos que salieron de su mano. No sabemos si completó su aprendizaje, que se extendería hasta el final de 1571, pero es probable.

 

Según un escrito del propio Francisco de Mora de 1607 para las informaciones sobre la beatificación de santa Teresa -donde despliega una auténtica autobiografía[3]- viajó en 1572 a Salamanca y Alba de Tormes; aquí había entregado una carta a doña Teresa Laiz, fundadora del convento carmelita en que se hallaba la santa, a la que entonces no conoció, y vio la obra de la iglesia que se estaba haciendo[4]. Hacia el principio de 1579, Mora viajó a Madrid, lo que tuvo que suceder antes del 31 de mayo, en que se celebró el contrato entre el arcediano de Huete, Pedro de Mendoza, y el entallador Benito de Salceda, para hacer el retablo de la capilla de don Rodrigo de Mendoza en la catedral de Cuenca de acuerdo con una traza que se había dado[5]. Otro documento del siguiente 10 de junio declara que el otorgante, un zapatero, recibía 10 ducados de Pedro de Mendoza para dárselos a Francisco de Mora, al que llama entallador residente en Cuenca, porque había viajado a Madrid para tratar con don Rodrigo sobre la traza del retablo de su capilla[6]. Este noble era clavero de la orden de Alcántara y mayordomo de doña Juana de Portugal, muy próximo a Felipe II al que había servido durante su estancia en Inglaterra.

 

Esta afirmación sobre su residencia en Cuenca no nos parece definitiva, antes bien, Mora debía de llevar varios años en Madrid. De otro modo no se entendería que el 1 de agosto de 1579 se consultara al rey sobre la conveniencia de que se admitiera a dos jóvenes, llamados Francisco de Mora y Pedro Liermo, expertos en arquitectura y matemáticas, para instruirles en las cosas del servicio real[7]. Liermo era sobrino de Juan de Herrera y le servía desde tiempo antes[8], y probablemente Mora lo haría también. El 17 de agosto, Juan de Herrera informaba afirmativamente la propuesta aconsejando que ambos quedaran a sus órdenes y que se les señalara salario de 100 ducados al año y así se hizo: su título, fechado el 22 de agosto, corresponde al oficio que sería conocido más adelante como “ayuda de trazador”[9].

 

Suele afirmarse que Mora fue a Portugal junto con Juan de Herrera en el viaje que realizó Felipe II a tomar posesión de su nuevo reino. El rey salió de Madrid el 4 de marzo de 1580 y diez días después la reina, y esperó en Badajoz hasta el 5 de diciembre de ese año. El 11 de febrero de 1583 salió de Lisboa y en mayo llegaba al Escorial. Quedan muchas incógnitas acerca de que ambos arquitectos o alguno de ellos se trasladara a Lisboa, pues lo hubiera hecho en funciones de aposentador real, y, por el contrario, hay datos de que ambos estaban en España y, además, se decidió que fueran los oficiales de la casa real portuguesa quienes sirvieran allí la mayor parte de los oficios, para mejor congraciarse con los nuevos súbditos[10]. Del viaje de Herrera sólo queda la atribución de la planta para el monasterio lisboeta de San Vicente de Fora, muy escurialense, que pudo trazar a distancia. En cuanto a su ayuda, hay datos de que se hallaba en Madrid con Herrera a fines de 1581 y principios de 1582 y que después viajó a Sevilla. Juan de Herrera había realizado en 1572 un proyecto para la Lonja de mercaderes, que luego se convertiría en Casa de la Contratación, pero en 8 de noviembre de 1581, el conde de Olivares escribía a Felipe II sobre la conveniencia de construir ya la Lonja, y al dorso de la carta, el propio rey anotaba que se había elegido una traza y que se enviaría con una persona. Una carta de Herrera de principios de 1582 anunciaba que llevaba en mano las trazas Francisco de Mora, criado de su majestad, al que los cónsules darían recibo, pagarían los gastos de ida y vuelta y estancia así como la cantidad que voluntariamente quisieran darle[11]. Debe de tratarse del mismo viaje que, en la información autobiográfica citada, menciona Mora que hizo a Sevilla en 1581 acompañando a unos alemanes y al padre carmelita Mariano de Azaro, gran ingeniero, para tratar de que se estableciera allí un ingenio de la moneda al uso de Alemania[12]. El 13 de noviembre de 1583, Herrera daba en Madrid un poder a Luciano de Negrón para cobrar del pagador de la Lonja de Sevilla los mil ducados que le había concedido el Consejo real por las trazas que había hecho desde 1572 hasta 19 de septiembre de ese año y por las que se iba fabricando la Lonja[13].

 

El 6 de octubre de 1583, el rey elevaba el salario de Mora a 200 ducados anuales sin que pudiera reclamar ningún tipo de gastos cuando hubiera de salir de Madrid, una previsión necesaria, pues la salud deficiente de Juan de Herrera exigía que le sustituyera en sus desplazamientos[14]. Debía residir habitualmente en El Escorial, pues así lo manifiesta Mora al referirse a la llegada del rey al monasterio el 24 de mayo de 1583 tras su estancia en Portugal. En 1584, mientras se hallaba en Ocaña, dio trazas para el monasterio carmelita de la localidad, que se hizo con ayuda real[15], y también en este año trazaba el futuro monasterio carmelita de Santa Ana en Madrid, que se fundó en 1586 aunque no se acabó hasta 1611[16]. En 1584 colaboró con su maestro Herrera en los once dibujos de El Escorial, especialmente a partir del séptimo -no toda la edificación estaba construida- para que Pedro Perret pudiera llevarlos a la estampa, percibiendo por ello 150 ducados[17].

 

En 1587 se le encomendó que prosiguiera las obras en el Alcázar de Segovia, donde trazó el patio de armas con un modelo muy herreriano, grandes arcos de medio punto y sobre ellos una galería adintelada, ambos sobre pilares, y tejados empizarrados[18]. Quizá fue consultado el diseño con Herrera, que estuvo en la ciudad en aquel año para dar planta para una nueva ceca a orillas del Eresma.

 

Su laboriosidad y gran pericia técnica en las obras reales donde había colaborado fue recompensada por Felipe II con el nombramiento de maestro del monasterio de Uclés el 11 de mayo de 1587[19]. En calidad de tal, diseñó entre este año y el siguiente la iglesia del monasterio, terminada en 1592 excepto la cúpula, que acabó Antonio Segura en 1598; de grandes dimensiones y estilo fielmente escurialense reforzado por su monumentalidad, presenta dos torres coronadas por chapiteles empizarrados a los lados de la portada principal, que, al igual que la lateral, duplica el frontón sobre la portada y en el remate; en el interior, amplia nave con cinco tramos y capillas laterales comunicadas entre sí por arcos de medio punto, cúpula con pechinas sobre el crucero y ábside semicircular con cubierta de media naranja.

 

Por indisposición de Herrera, visitó en junio de 1588 la fortaleza de Simancas donde el rey deseaba alojar su archivo y decidió que se ampliara el edificio a costa de la casa del alcaide en vez de la casa sobre el pozo que había preferido Herrera[20]. Se construyeron según sus diseños el patio, la portada y la escalera principal. En ese mismo año, según Llaguno, trazó la nueva sala capitular del convento jerónimo de Lupiana (Guadalajara) y quizá también los corredores inmediatos, pero no la iglesia, que se le había atribuido[21]. Diego Sillero, alarife de Madrid, que realizaba pujas en 1592 sobre la obra de la iglesia parroquial de Vicálvaro, le menciona como autor de las trazas sin que lo realizado tenga demasiado parecido con el estilo que entonces practicaba Mora[22].

 

La traza que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid (Dib 16/49/49) para la cartuja de Évora de 1590 le ha sido atribuida[23], e igualmente la del convento de Nuestra Señora de los Remedios de la misma ciudad construido a partir de 1601, pero, en caso de ser suyas, se enviarían desde Madrid[24].

 

A partir de 1585 se registra su presencia en el Alcázar madrileño dirigiendo junto a Juan de Valencia, sobrino del arquitecto real Luis de Vega, la obra que acrecentaba el cuarto del rey -entre la torre Dorada y la del Homenaje- con un nuevo aposento en la planta baja y una galería en la alta[25]. El 7 de junio de 1591, el rey firmaba su designación de maestro de obras del Alcázar de Madrid y casas reales del Pardo y de Campo en sustitución del recién fallecido Juan de Valencia que ostentaba esos títulos[26]. El nombramiento de 1591 especificaba que debía ocuparse de los reparos, y que las trazas que diere las comunicaría con Juan de Herrera. Al mismo tiempo se designaba aparejador para esas mismas tres casas reales al ya citado Antonio de Segura, que antes lo era de Aranjuez[27]. En otra cédula real del mismo día se incrementaban sus gajes anuales de maestro de obras reales a 400 ducados y se le exoneraba de sus obligaciones derivadas del oficio de maestro de Uclés[28].

 

El asentamiento de la Corte en Madrid desde 1561 determinó una creciente intervención del Rey en los asuntos de la Villa. En ocasiones señaladas de reformas urbanas -así, la ampliación de la puerta de Guadalajara en 1579[29] o una nueva planta de la plaza Mayor en 1582[30], o trazado de calles[31]-, los Acuerdos del concejo madrileño dejan huella de la intervención de los arquitectos del rey Juan de Valencia o Juan de Herrera. El 6 de mayo de 1590 el Consejo Real ordenó la formación de una Junta de obras de la Villa -con igual número de regidores y consejeros- para controlar todo lo relacionado con el urbanismo y construcciones de Madrid[32]. El 17 de marzo de 1592, el Rey ordenó a esta junta que tratase “del ornato y pulicia”, esto es, de la hermosura y limpieza de la Villa[33]. El 3 de junio de 1592, atendiendo a una sugerencia real, el ayuntamiento designaba a Francisco de Mora maestro mayor de las obras que se hiciesen en la Villa con salario anual de 300 ducados pagaderos desde el primer día de ese año, con cargo de dar trazas, monteas, condiciones y modelos cuando fuera necesario. Fue la primera vez que se otorgó tal título[34]. Su actividad como tal maestro mayor de las obras de la Villa no fue intensa ni importante en este primer periodo.

Se atribuyen a Mora las trazas por las que se inició la construcción del hospital de Buen Suceso poco después de 1590, pero es dudoso[35]. En 22 de abril de 1595 se ocupaba del derribo de un cubo de la muralla en la puerta de Balnadú junto a la casa de las Matemáticas, pues el Concejo había concedido la piedra resultante al Rey[36]. A 17 de julio de 1595, el ayuntamiento respondió a un memorial de los teatinos donde manifestaban que hacía 24 años que se ocupaban en enseñar latín y griego a la juventud y pedían alguna limosna para mejorar las condiciones de sus aulas; se decidió darles 4.000 ducados para ello y que se hicieran por las trazas de Francisco de Mora[37]. El 11 de agosto, Mora escribió al ayuntamiento sobre el deseo del Rey de que dos alcalleres toledanos establecieran una fábrica de azulejos y vidrios en Vaciamadrid, a lo que respondió el Concejo que, cuando viniesen, se les darían sitios para vivir y labrar[38]. Debió de ser Mora quien dio trazas en 1595 para el Recogimiento de los huérfanos desamparados que el Rey ordenó hacer en la huerta del escribano del ayuntamiento Francisco Martínez, edificio que más tarde se denominaría Colegio de Santa Isabel[39]; el 12 de junio de 1598 se habló en el ayuntamiento de la obra de la casa de los Doctrinos que se construía con trazas de Mora[40]. No hay datos de que diera trazas para el convento de Santa Isabel, pues las monjas agustinas se trasladaron al Recogimiento por decisión de la reina Margarita en 1610, desplazando a los niños desamparados a otro lugar poco después[41]. El siguiente 1 de julio de 1598 se trataba en concejo de que el balcón del tercer piso de la Panadería de que gozaba Mora para ver los festejos en la plaza Mayor fuera para todos los días de su vida, en concordancia con el derecho vitalicio de aposento que acababa de darle el Rey[42]. El último servicio de importancia del arquitecto en relación con la Villa antes de que la Corte marchara a Valladolid fue la traza de los tres arcos monumentales que ordenó el Consejo real que se levantaran para la solemne entrada de la reina Margarita en Madrid el 24 de octubre de 1599 tras su boda con Felipe III[43]. El primer arco, de tres ojos con recuadros pintados encima y columnas corintias, representaba el poder real y se hallaba al comienzo de la carrera de San Jerónimo, junto al Prado. El segundo, en la calle Mayor, de una sola puerta, representaba a Madrid recibiendo a la reina y llevaba también columnas corintias. El último, junto a Palacio, representaba la fuerza y gloria del rey de Castilla.

Aunque suele admitirse que dio las trazas de la Casa de la Panadería, los documentos municipales señalan como trazador a Diego Sillero en 1589[44], el alarife más antiguo de la Villa, que comenzó a construirla en 1590, antes, por tanto, del nombramiento municipal de Mora. Sin embargo, en torno a 1608 se emprenden reformas que tuvieron que llevarse a cabo bajo la dirección del maestro de la villa. En 15 de diciembre de ese año se ordenaba a los comisarios de la Panadería que vieran una casa de la calle Mayor que se iba a incorporar a su edificio y al día siguiente se comisionó a varios regidores para que trataran con los dueños de las casas de la plaza para que labraran sus delanteras según el modelo de la Panadería[45]. En 11 de mayo de 1609 se trabajaba en sus puertas y ventanas, que debía de ser una de las modificaciones introducidas por Mora[46].

 

Por cédula de 12 de diciembre de 1593 Felipe II ordenaba que “… las obras que se hubieren de hacer en esa fábrica [El Escorial] se hagan y prosigan por las trazas de Francisco de Mora, según se ha hecho y debido hacer por las de dicho Juan de Herrera”[47], lo que significaba la sustitución de hecho del montañés por el conquense para las obras de ese real sitio. Desde 1587 se había ocupado de la construcción de la segunda Casa de los Oficios que había trazado Herrera, acabada en 1596[48]. El edificio de la Compaña destinado a la servidumbre y pobres acogidos fue trazado por Mora en 1591 con un gran patio central, una logia de cinco arcos de medio punto en alto en la fachada del mediodía y portada principal adintelada rematada en gran balcón con tres huecos de medio punto encima, una solución que utilizará alguna vez más el arquitecto; se acabó en 1597[49]. La Botica fue un edificio que experimentó grandes diferencias desde los primeros proyectos hasta que en 1585 se dan las condiciones para su edificación; la diferencia entre la estampa de Perret (séptimo diseño) que reflejaba el proyecto de Herrera y lo finalmente construido aconseja atribuirla a Mora previa consulta a Herrera[50]. La inmediata Galería de Convalecientes, con una arquería de medio punto en el piso inferior y otra adintelada en el superior, sigue un modelo herreriano y la opinión dominante la concede al arquitecto montañés[51]. Consta, en cambio, que se hicieron por diseños de Mora el Estanque grande, al pie de dicha Galería, trazado en 1587 -pues al año siguiente contrataban su construcción los maestros Pedro del Carpio y Alonso de Torres- y la gran escalinata que lo conecta con la huerta y la cerca que la rodea[52]. Quizá el edificio de mayor originalidad de Mora en El Escorial sea el pequeño pabellón de la Cachicanía, construido a partir de 1596 para vivienda del hortelano o cachicán; con una única planta cuadrada rodeada de pilastras en sus cuatro lados y, encima, un poderoso tejado piramidal de pizarra con dos cuerpos independientes[53].

 

En septiembre de 1591 murió la madre del arquitecto, que debía de vivir en casa de éste, y fue enterrada en la parroquia madrileña de Santiago[54]. En abril de 1592 se registra en esa misma parroquia el bautizo de la quinta hija de su hermana Francisca, casada con el pintor conquense Juan Gómez[55]. Había venido con su familia a Madrid poco antes, sin duda a la espera de que su cuñado pudiera favorecerle con un puesto en la casa real, como en efecto consiguió con el nombramiento de pintor real en 1593 y con las numerosas obras que pudo realizar en El Escorial hasta su muerte en 1597[56]. Su segundo hijo, Juan Gómez de Mora, nacido en 1586, sería formado por su tío Francisco y a su muerte tardaría poco en heredar sus títulos en la Corte y la Villa de Madrid y también su estilo arquitectónico.

 

En 1594, apenas habilitado por el Rey para que sus trazas se siguieran en la fábrica escurialense sin sujeción a Juan de Herrera, llegó para el arquitecto el momento de dar forma a una importante obra donde fijaría un estilo personal dentro del lenguaje escurialense. La nueva iglesia de San Bernabé para la villa de El Escorial fue trazada por él en ese año y se consagró el 21 de septiembre del siguiente[57]. La severidad del estilo y la ausencia de elementos decorativos se anima mediante la combinación del granito con el muro enyesado, un contraste que luce especialmente en los muros laterales de la única nave, donde se abren capillas con arcos de medio punto bordeados de listones de piedra con los machones con pilastras en el mismo material que se prolongan al exterior mediante contrafuertes. Por encima del zócalo, la bóveda de medio cañón es atravesada por arcos fajones en la misma piedra gris. El presbiterio se abre en el testero plano, encuadrado en una serliana, es profundo y se cubre asimismo con bóveda de cañón. También trazó el arquitecto el retablo que hizo Martín de Gamboa, de un solo cuerpo y ático y una sola calle entre columnas, donde luce la gran pintura del santo titular y otros lienzos más pequeños realizados por su cuñado Juan Gómez. El exterior, igualmente severo, destaca por las dos potentes torres a los lados de la fachada, sin más ornamentación que unas cornisas que marcan tres cuerpos y se prolongan a través del pórtico -con una sola puerta adintelada, ventana en el segundo cuerpo y remate en frontón-, cuerpo de campanas con vanos de medio punto entre contrafuertes rehundidos y remate de chapitel coronado por una pirámide hexagonal muy apuntada.

 

En 1595, el arquitecto dio unas trazas para Santa María de la Alhambra[58] modificando las de Herrera de la década anterior, e introduce variantes que la acercan al modelo del discípulo de Herrera, Pedro de Tolosa, en la colegiata de Villagarcía de Campos. Prescindió de las torres a los costados y colocó una única torre a los pies, organizó la fachada en tres calles, la superior más elevada con remate en frontón que se conecta a los cuerpos laterales mediante aletones. La construcción, llevada a cabo por Ambrosio de Vico, prescindió de los aspectos vignolescos de la traza de Mora y optó por el modelo más común en Andalucía, en ladrillo y con hornacina sobre la portada con estatua entre columnas. En 13 de agosto de 1598, el Consejo real remitió al Rey para su aprobación una traza de Mora para la fachada del convento de Santo Domingo de Valencia, que había solicitado el marqués de Denia, conforme a la cual se labró la obra[59].

 

Obra significativa de principios de 1595 es la capilla de San Segundo en la catedral de Ávila, fundada por don Jerónimo Manrique de Lara[60]. En concurso con otros arquitectos, venció Mora y envió seis trazas por las que percibió 1.100 reales; la fábrica sería de piedra berroqueña y los “arcos, traspilares y fajas de la media naranja, jambas y dinteles de puertas y ventanas y arquitrabes y cornisas y la portada principal por fuera” debían ser de piedra de Cardeñosa de lo más blanco que se hallase: el juego cromático inaugurado en San Bernabé seguía presente. Quizá esta traza coincide con el viaje que realizó el arquitecto a Ávila para dar la orden para la reparación de la fortaleza y el Alcázar, que se estaban haciendo en octubre de 1596.

 

Francisco de Mora acostumbraba a trazar los retablos de los templos que se hacían bajo su dirección. Entre los de gran importancia, el más antiguo fue el de la Virgen de Atocha. En 1590, el rey le ordenó continuar la nave del convento dominico de esa advocación por sus trazas, pues la capilla mayor había sido construida entre 1585 y 1588 por el maestro Pedro Lozano. En 1593, la obra había avanzado lo suficiente para que el ensamblador Francisco Verdugo y el pintor Juan Gómez contrataran con doña Beatriz de Velasco, viuda del capitán Rodrigo Manuel, la hechura según trazas de Mora del retablo mayor y colaterales de la iglesia y sepulcros de los patronos. Nada se hizo y en 1603, el ensamblador Juan Muñoz y el pintor Bartolomé Carducho se comprometieron, ahora con los dominicos, a hacer los retablos en los mismos términos. El mayor tenía cinco calles, la central y las exteriores de escultura y las dos restantes de pintura, y cuatro cuerpos, con arquitectura ortodoxa en los órdenes y escasos elementos decorativos, como era habitual en Mora[61].

 

Asimismo en 1593, su conocimiento como ensamblador y su práctica en la traza de retablos determinó que el Rey le encomendara el diseño del que iba a patrocinar en la abadía de Montserrat en Cataluña[62]. El contrato celebrado con el ensamblador permite conocer la estructura del desaparecido retablo: tres cuerpos y ático, cada cuerpo con tres calles y cuatro entrecalles entre columnas sobresalientes que se insertaban en los quiebros salientes de la cornisa con un efecto semejante a hornacinas, y en ellas multitud de tallas; es también destacable la altura decreciente de los cuerpos, pues las columnas disminuían en dos pies respecto a las del cuerpo situado debajo y, en cambio, la imaginería crecía de forma inversa y proporcional[63]. El ático tenía una altura semejante a la del último cuerpo.

 

Antes de que muriera en septiembre de 1593 doña María de Aragón, dama de la reina, consta que Mora intervenía constantemente en las obras de la iglesia de su fundación. Había sido trazada por Juan de Valencia en 1581, aunque en 1583 hubo que derruir lo construido por fallos en la obra. Mora conservó la planta y lo reconstruido según las trazas de Valencia, que llegaba a los arcos de la nave, pero modificó el alzado, bóveda y cúpula. La fachada, que se construía ya en 1597 y se terminó en 1602, la sacristía y el Colegio fueron enteramente de su invención[64]. Diseñó también el retablo mayor, cuyo ensamblaje, talla y pintura contrató el Greco en 1596. El retablo tenía banco con la custodia, que sobresalía algo de él; encima dos cuerpos con tres calles de pintura y dos calles estrechas de escultura entre columnas en los extremos, y ático con una pintura. En el cuerpo inferior se situaban, en las calles laterales, la Adoración de los pastores y el Bautismo de Cristo y en el centro la Encarnación, algo más corta que los otros dos por la altura de la custodia. En el cuerpo superior, de menor altura, estaban la Resurrección y Pentecostés en las calles laterales, cuadros terminados en medio punto, y en el centro un lienzo rectangular cuyo asunto se desconoce por haberse perdido tras modificarse el retablo al colocarse una custodia nueva de gran tamaño en 1668 encargada a Juan de Ursularre y el arco de la virgen de Copacabana; la Encarnación fue trasladada al cuerpo superior para no perderse, por ser la advocación del convento. Por fin, en el ático, con terminación en medio punto, la tradicional Crucifixión. Las tallas de las calles externas eran santos agustinos.

 

Su más famosa obra de esta especialidad fue el retablo de Guadalupe. Se conserva en la Biblioteca Nacional una traza para este retablo con una larga anotación firmada por Juan Gómez de Mora el 20 de diciembre de 1614, por lo que tradicionalmente le era atribuida, si bien se ha asignado a su tío por su parecido con el retablo de los Santos Juanes de Nava del Rey que trazó este en los momentos finales de su vida. Parece confirmar la tesis una carta del prior de Guadalupe de 1604 que acusa recibo de las trazas de Mora, una carta de Vicente Carducho y Eugenio Cajés en que reclamaban en julio de 1614 la hechura del retablo por haber escrito el propio Francisco de Mora en sus trazas que sería hecho por pintores reales, y por la protesta de Gómez de Mora a Felipe III ese mismo año al saber que se iba a hacer el retablo por el italiano afincado en Sevilla Jerónimo Lucente, siendo así que el monasterio tenía orden de hacerlo por trazas de Mora con los pintores y maestros reales[65]. Salieron vencedores los reclamantes y se contrató al año siguiente con los artífices Juan Muñoz, Giraldo de Merlo y Jorge Manuel Theotocopuli y con Carducho y Cajés como pintores.

 

Mora contrajo matrimonio muy tardíamente, cuando había cumplido ya 43 años. Cervera, gran estudioso del arquitecto, pensó que el enlace fue procurado por el pintor Juan Gómez, pues la elegida, Isabel Ramírez de Vega, hija del que había sido médico del rey doctor Ramírez, pertenecía a una familia con la que tenía mucho trato[66]. El 28 de enero de 1596 firmó las capitulaciones matrimoniales donde recibía una espléndida dote de 6.000 ducados -luego minorada- a lo que se añadieron 3.000 ducados de merced real. Antes de 26 de mayo de ese año se celebraron las velaciones, puesto que el 26 de julio declaraba que hacía dos meses que se hallaba en Toledo junto a su mujer. Se sabe que hubo hijos bautizados en San Bernabé de El Escorial; uno de ellos, quizá el primero, fue enterrado en la iglesia de Santiago el 25 de julio de 1599[67]. Su hija Úrsula fue bautizada en Santiago de Madrid el 3 de noviembre de 1598; en 1599 se trasladaba la Corte a Valladolid y allí nacieron al menos dos hijos más, Andrea en 1601 y Francisco en 1602. Posteriormente debió de producirse un conflicto entre los cónyuges, que se conoce por ciertas declaraciones del tutor de Andrea en 1614 relativas a la propiedad de una casa de los gananciales que reclamaba doña Isabel y que el tutor decía que había perdido porque hubo en Valladolid sentencia de divorcio del provisor después de que hubiera tratado de dar veneno a su marido[68].

 

El 15 de enero de 1597 murió Juan de Herrera. Francisco de Mora ascendió a la categoría de trazador mayor de las obras reales y maestro mayor de estas obras, al parecer sin designación expresa, pues venía siendo considerado sustituto de Herrera hacía bastantes años[69]. En 1598, Mora se ocupaba de dar las trazas y condiciones por las que se ejecutaría la cantería de la torre de la Tapicería o Torre Baona, situada en el nordeste del Alcázar de Madrid[70]. Igualmente heredó su oficio de aposentador mayor. En la partida de bautismo de su hija Úrsula en 1598 se identifica como “arquitecto y aposentador mayor de palacio”. El 5 de septiembre anterior había recibido una cédula concediéndole para toda su vida y la de su esposa el derecho de aposento en la casa que se había edificado para la Academia de matemáticas junto a la puerta de Balnadú, donde vivía ya hacía años, y se le denomina simplemente “criado de su Majestad”[71].

 

Felipe III, al ascender al trono en 1598, dejó el gobierno de sus estados en manos de su valido, don Francisco Gómez de Sandoval, al que hizo inmediatamente duque de Lerma, y una de sus primeras decisiones fue llevar la Corte desde Madrid a Valladolid, un traslado anunciado en 1600 y que se consumó a principio de 1601. Desde su preponderante posición, el valido se sirvió de Francisco de Mora para trazar y dirigir las numerosas obras que emprendió tanto en Valladolid como en la cercana villa de su señorío, Lerma. En Valladolid, donde el valido había adquirido una serie de edificios y huertas antes del traslado de la Corte que luego vendió al rey, Mora hubo de formar un conglomerado palaciego a partir de edificios ya construidos. El palacio que había sido de Francisco de los Cobos, adquirido por el duque en 1600, fue vendido al rey en 1601 y convertido en palacio real bajo su dirección[72]; estableció en él una estructura de edificio civil característica del arquitecto, ventanas enrejadas en el piso inferior, balcones en el intermedio y una galería abierta en el piso superior, coronadas las esquinas por unos cuerpos poco sobresalientes rematados en tejadillos a modo de torreones; la portada debió de conservar algunos de los elementos del antiguo palacio edificado por Luis de Vega. Dignificó el entorno del palacio, estableció pasadizos para conectarlo a otros edificios que se adquirieron y levantó el convento de San Diego, incluido en el complejo palacial. También transformó la fachada del convento de San Pablo, que el duque había escogido para su entierro. En su interior edificó la tribuna desde la que el duque asistía a las ceremonias religiosas[73] y le dio la forma de portada, con un arco de medio punto entre pilastras dobladas por columnas sosteniendo un destacado entablamento en que apoyaba una gran ventana con frontón curvo partido; será una de las pocas ocasiones en que use columnas, pues su elemento preferido de sostén será la pilastra. Situado este templo enfrente del palacio, el arquitecto regularizó la plaza que existía entre ambos edificios hasta habilitarla para celebrar festejos.

 

La llamada Huerta de la Ribera, a las afueras de la ciudad, se organizó con el concepto propio de una casa campestre de recreo[74]. Se amplió a partir de 1602 formando dos crujías con amplias ventanas y balcones dispuestas en ángulo recto y torre con chapitel en la confluencia. Se ocuparon terrenos hacia el río para organizar allí grandes jardines con toda clase de edificios auxiliares, cenador, embarcadero y un ingenio para subir el agua del río al palacio.

 

El duque trató de organizar en torno a Valladolid una serie de cazaderos, y en 1601 viajó Mora a Tordesillas para informar sobre las condiciones para establecerlo en la casa real que allí existía. Finalmente optó el duque por adquirir una casa en Ventosilla transformada en palacio por Mora. En la propia ciudad de Valladolid, la influencia de Mora se dejó sentir a través de los maestros locales[75] Trazó la modificación del convento de las Descalzas reales que construyó Praves, cuya fachada coincide con el modelo que tanto practicaría el arquitecto en sus creaciones conventuales, portada adintelada con hornacina sobre ella, gran ventana en el piso superior y remate en frontón recto horadado por un óculo. El monasterio de Porta Coeli, fundado por don Rodrigo Calderón, lo construyó Praves bien por trazas de Mora o por las suyas propias emulando al conquense. También intervino en las reformas de los palacios del conde de Benavente y del banquero Fabio Nelli. Sus modelos, derivados de la arquitectura madrileña, fueron difundiéndose en Valladolid a través de Diego de Praves, que era maestro mayor de obras de la ciudad, o de Pedro de Mazuecos, que había trabajado con él como maestro en Simancas desde 1588.

 

Al mismo tiempo, la villa ducal de Lerma se empezaba a convertir en un conjunto urbano entre palaciego y conventual de nuevo cuño bajo las trazas de Francisco de Mora[76]. Comenzó por convertir el antiguo castillo en el palacio ducal a partir de 1602. Envolvió la vieja fortaleza en muros de sillería que ocultaron las torres medievales, una solución que el maestro mayor adoptaría más tarde para el Alcázar madrileño. La reminiscencia de El Escorial se aprecia en la sencilla portada lateral donde se situaba la vivienda de los duques: adintelada y sobre ella el mismo balcón con tres grandes vanos de medio punto de la Compaña escurialense; se construyó por el maestro de obras Pedro de Pedrosa, que actuaría abundantemente en Madrid. El estilo sobrio y sólido del edificio fue transformado por su sobrino Juan Gómez de Mora con la adición de torres con chapiteles en las esquinas y portada entre columnas con frontón curvo y grandes escudos encima. Su ayudante, el carmelita fray Alberto de la Madre de Dios, y su sobrino fueron quienes se ocuparon de dar trazas y dirigir la edificación o modificación de los seis conventos y de la iglesia colegial que allí se hicieron.

 

A principios de 1604, Felipe III emprendió un viaje que le llevó por tierras de Cuenca, a las que llegaba a fines de enero. Mora le acompañaría como aposentador mayor. En febrero trazó un arco triunfal que levantó el concejo de Cuenca en Carretería y que se encargó de llevar a cabo Diego de Villadiego, el hijo de su primer maestro[77]. Se supone que fue en ese viaje cuando trazó el hospital de Santiago de Cuenca[78], de tres plantas, portada sencillamente moldurada coronada por frontón recto partido, huecos regulares con balcones en las dos plantas superiores destacados por sus molduras los que hacían línea con la portada y medallón de la orden de Santiago entre ellos.

 

Con seguridad, viajó a Madrid en 1604 en virtud de la comisión dada por Felipe III el 5 de junio en Valladolid para que examinara y se encargara de reparar los deterioros que había sufrido el palacio del Pardo en el incendio que padeció el 13 de marzo[79]. El 10 de agosto de 1605, Mora informaba al Rey sobre los enormes daños de los suelos y paredes, y no se conformó con repararlos, sino que transformó una galería de columnas en un salón con ventanas acrecentando la superficie habitable del palacio[80]. A fines de 1605 se pudo iniciar la grandiosa decoración que llevaron a cabo un gran número de pintores, escultores y estuquistas bajo la dirección del arquitecto.

 

Es probable que viajara a Portugal en 1605. Felipe III escribió en enero al virrey que su aposentador y maestro de obras reales iba a visitar los palacios de Almeirim, Salvaterra y la Ribeira para preparar su viaje a aquel reino, que no llegó a efectuarse por entonces; el 2 de enero de ese año se había emitido un pasaporte para su tránsito y en 2 de febrero llegaron a Lisboa unas trazas firmadas por Mora y por el proveedor mayor de las obras reales de Portugal, Gonzalo Pires Carvalho, entre ellas una planta del torreón de Ribeira recientemente descubierta que ha sido atribuida al conquense[81].

 

Mientras tanto, el duque de Lerma dirigía su mirada oportunista hacia Madrid. En 1602 adquiría por precio absolutamente devaluado una enorme propiedad en la carrera de San Jerónimo con vuelta al paseo del Prado, que el ayuntamiento le autorizó a vallar y alinear en la forma en que lo pedía[82], y en 1603 consta que había edificado ya en ese solar[83]. No consta que interviniera Mora en esta obra. El concejo madrileño, atento a esos signos y a las dificultades de alojamiento que padecía la Corte en Valladolid, llevó a cabo discretas gestiones acompañadas de importantes ofrecimientos de dádivas al Rey y al duque de Lerma que dieron sus frutos cinco años después de su partida. El retorno de la Corte se produjo en los primeros días de 1606, y aunque los libros de Acuerdos del Concejo callan algún tiempo sobre la cuestión, la verdad sale a relucir a fines de 1608, en que los regidores empiezan a tratar abiertamente del cumplimiento de la promesa que había hecho Madrid al Rey de costear un nuevo cuarto para la Reina en el Alcázar, aportando para ello 250.000 ducados[84], y un sitio para que el valido pudiera edificar su casa en Madrid[85].

 

Francisco de Mora regresó a la Corte a principios de 1606 -se dio cuenta de su regreso en el ayuntamiento de 26 de enero- y desde entonces tuvo una permanente presencia en las obras municipales madrileñas. No nos consta, sin embargo, que fuera consultado en relación con obras hidráulicas, por lo que entendemos que no tenía conocimientos en este campo, a diferencia de lo que sucedería con su sobrino Juan Gómez de Mora. En enero de 1606 se acordaba que diera traza para ensanchar la Platería[86]; en 30 de abril se le encomendaba que viera lo que se debía tomar a algunos particulares para enderezar el camino de Aravaca, y el acta reseña que no había podido ir antes porque, cuando fue -algo antes del 15 de abril- con los delegados del Ayuntamiento a ver la bajada de la puente de Segovia hacia el sotillo de la Casa de Campo “por muy poco quedáramos sin Mora por haverle dado una coz un cavallo de un rregidor…”[87]. Mora dio entonces una traza para una puerta de la cerca próxima a la puerta de la Vega que permitiera el paso de los vecinos para gozar del río cuando el Rey no estuviera en Madrid[88]. En 1607 dio trazas para la casa de Eugenio Álvarez en la puerta de Guadalajara alineándola con el resto[89], y en noviembre dio trazas para las chimeneas de la casa de la Panadería, pues, cuando habían estado allí los Reyes unos días antes para ver los toros, habían tenido mucho humo mientras se guisaba la refacción[90].

 

En 1608 diseñó el tablado para la sortija que se celebraría en el Prado frente a las casas del duque de Lerma[91]. En 25 de junio de 1608, la junta de Obras o junta de policía de Madrid que actuaba desde 1590 cedió sus competencias al Consejo real, que admitiría a un regidor cuando se tratara de cuestiones que afectaran a Madrid, y se ordenó que Francisco de Mora diera trazas para las casas que se labrasen[92]. El arquitecto mejoró la disposición de la lonja en la delantera de San Felipe[93], dio nueva planta para la capilla mayor de San Miguel[94], dictaminó sobre la conveniencia de vender el solar de la Villa detrás de la fuente de la Priora para evitar vertederos[95] y se labró por sus trazas una larga y hermosa fuente.

 

En 23 de septiembre de 1608, la Reina mandó un emisario al Ayuntamiento para manifestar su deseo de que se iniciara inmediatamente la obra de su nuevo cuarto en el Alcázar[96]. El 21 de octubre de 1608, el Consejo real autorizó al Ayuntamiento a cobrar como arbitrio con tal fin el 1% de todos los brocados, telas y pasamanos de oro y plata que se vendieran en la Villa, 4 ducados al año por cada mesa de fruteras y pescaderas y medidores de cebada, sisas en el conejo, cabrito y otras carnes, entre otros recursos[97], y el 15 de diciembre se presentaba al Ayuntamiento el proyecto de Francisco de Mora y la relación de maestros que habían de hacer la obra[98], lo que contradecía la forma en que había empezado por el Ayuntamiento, un asunto que dio lugar a roces entre los regidores por una parte y el duque de Lerma y el Consejo real por otra.

 

Aumentaron las fricciones que ya habían surgido a cuenta de la obra de Palacio cuando Mora exigió competencias en el nombramiento de alarifes del ayuntamiento. El Consejo real había anulado en 15 de octubre de 1608 la elección que había hecho el Concejo el día de San Miguel nombrando a catorce alarifes, por dudar de sus conocimientos; los regidores acataron la decisión y redujeron el número a ocho[99]. En febrero de 1609, el ayuntamiento se mostró más conciliador, comprometiéndose a enviar un delegado a la junta que iba a tratar sobre el nuevo cuarto de Palacio[100].

 

Aunque no se conocen las trazas que pudo dar Francisco de Mora para el nuevo cuarto de la Reina, el arquitecto tenía in mente la simetría con el cuarto del Rey situado al otro lado de la portada de Covarrubias y Luis de Vega entre las torres del Homenaje y del Bastimento. A tal efecto, dispuso el avance de la fachada del nuevo cuarto hasta alinearla con la edificada a partir de 1585 para el cuarto del Rey, y trazó su alzado disponiendo unos aposentos con ventanas en el piso inferior y encima, algo retranqueada, una galería porticada. Su sobrino, al sucederle en el cargo de maestro mayor del Alcázar, modificaría este proyecto e hizo avanzar la parte central hasta llegar a la línea de los cuartos del Rey y la Reina y suprimió las galerías superiores de ambos cuartos[101].

 

Se le atribuye y data entre 1602 y 1605 un proyecto para el segundo claustro del monasterio real de San Jerónimo que se construía entonces para facilitar el paso del Rey de forma directa desde la iglesia a su cuarto real[102]. Dio trazas en 1605 para San Bernardo de Oropesa, entierro del virrey del Perú don Francisco de Toledo[103]. En 1606 trazó el retablo mayor, colaterales y sepulcros de los marqueses de Villalonga para el monasterio madrileño de la Merced, pero la inmediata caída del marqués impidió que se llevara a cabo el proyecto[104]. En 1606 y 1607 se construía según sus trazas el convento y galería que lo unía al palacio del marqués de Velada en su villa toledana[105].

 

El duque de Uceda, hijo del duque de Lerma, construyó su palacio enfrente de Santa María -luego conocido como palacio de los Consejos- cuya traza se ha atribuido a Francisco de Mora. Se hizo sobre sitios que eran del mayorazgo de los Vozmediano, cuya transmisión fue autorizada por el rey en 26 de noviembre de 1613. No parece posible que el maestro mayor diera las trazas cuatro años antes de adquirirse el solar; de hecho, los documentos que dio a conocer el marqués del Saltillo se refieren a una obra que se hacía a partir de 1615 bajo la dirección de Alonso Turrillo, ingeniero y matemático especializado en fortificaciones, que pudo ser su autor[106], y cabría suponer alguna intervención de Juan Gómez de Mora, dada la calidad del propietario de la obra.

 

En 1608, su devoción a santa Teresa le llevó a Ávila, pues había tenido noticia de que se estaba labrando con mucha pobreza la iglesia del convento de San José, el primero de la reforma del Carmelo fundado por la santa. Facilitó nuevos planos, convenció a las monjas para que derruyeran lo construido y lo levantaran de nuevo según su proyecto, lo que así se hizo con ayuda de los abulenses, del Rey que costeó la piedra y del propio arquitecto, que adquirió allí una capilla[107]. Sigue en el interior la disposición habitual de Mora: una sola nave con capillas laterales abiertas con arcos de medio punto, bóveda vaída con ventanas inscritas en sus laterales en forma de huecos termales y cúpula sobre el presbiterio. En la fachada, el arquitecto estableció el modelo conventual que se siguió por doquier durante las décadas siguientes, bien por su ayuda, el carmelita fray Alberto de la Madre de Dios, por su sobrino Juan Gómez de Mora e incluso por Alonso Carbonel. Dispone un nártex porticado de tres ojos bajo el coro, elemento palladiano compuesto aquí excepcionalmente con columnas de capitel toscano, porque lo usual será la pilastra, hornacina moldurada con estatua del titular en su interior, gran ventana moldurada sobre el coro y remate en frontón calado por un óculo. El edificio que traza en 1611 fray Alberto para el convento madrileño de la Encarnación de monjas agustinas[108] establecerá definitivamente el modelo, que no es imposible que en sus líneas principales hubiera sido ideado por Mora.

 

Una de sus últimas obras podría ser la Fuencisla segoviana, pues se trasladó en 1610 a la Corte el capellán del santuario don Juan Fernández para comunicar con el arquitecto real el deseo de edificar una gran ermita, y en agosto de ese año compareció en Segovia el aparejador Pedro de Lizargárate, enviado por Mora “para ver la obra y dar la traza que había de tener…”[109].

 

Merece una mención, aunque sea breve, la gran cantidad de trazas que dio el arquitecto para monumentos efímeros, sean de carácter luctuoso, -túmulos de Felipe II en San Jerónimo el Real para los funerales celebrados el 18 de octubre de 1598, los de la archiduquesa María, madre de la reina, en 1608 en Lerma y en San Pablo de Valladolid y de Enrique IV de Francia en Lerma en 1610, entre otros muchos[110]-, o de carácter festivo, en especial los tres arcos monumentales del recibimiento en la Corte de la reina Margarita en 1599, ya citados, sin contar las numerosas plantas y tablados requeridos para dar asiento a los reyes y cortesanos con motivo de las fiestas religiosas o profanas de todo tipo que se celebraban con asistencia de la Corte.

 

El 10 de agosto de 1610, con 58 años, murió en Madrid Francisco de Mora, que, sin duda se hallaba en perfectas condiciones para haber seguido practicado su profesión. Debió de suceder mientras se hallaba ejerciendo sus oficios, pues así lo afirma su partida de entierro en la iglesia de Santiago: “y de repente, en una silla, murió”[111] y también el inventario de sus bienes[112]. Dejó como herederas a sus hijas Andrea y Catalina. Entre sus bienes destaca la gran cantidad de libros, que sin duda son muestra de su profundo saber y estudio[113]. Mora fue un ensamblador de formación que desarrolló sus conocimientos junto a Juan de Herrera, cuyo estilo continuó con aportaciones propias, marcando improntas perdurables, en especial en la arquitectura religiosa hispana.

 

CRONOLOGÍA DE OBRAS MADRILEÑAS TRAZADAS Y CONSERVADAS

 

– 1587-1588. Botica del real sitio del Escorial.

CHÍAS Y ABAD 2019.

 

– 1587. Estanque grande y escalinata a la huerta desde la galería de Convalecientes del Escorial.

ÍÑIGUEZ 1965.

– 1591. Casa de la Compaña en el sitio real de San Lorenzo del Escorial.

LLAGUNO 1821, III, 127.

 

– 1592. Iglesia parroquial de Vicálvaro.

AHPM, prot. 976.

CORELLA 1980.

 

– 1594. Iglesia y retablo mayor de la parroquial de San Bernabé del Escorial de Abajo.

ABSLE, XIII-7/18/20/28.

CERVERA 1943. Bustamante 1997, pp. 10 y ss.

 

– 1595. Casa del Recogimiento de niños junto al convento de Santa Isabel.

CRUZ YÁBAR 1996, pp. 28-31 y 42-44.

– 1596. Cachicanía del real sitio de San Lorenzo del Escorial.

CERVERA 1949.

 

– 1602. Claustro segundo del convento de San Jerónimo el Real.

CADIÑANOS 2007.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

PATRICIA ANDRÉS GONZÁLEZ, PATRICIA, Guadalupe, un centro histórico de desarrollo artístico y cultural, Cáceres: Diputación, 2001.

 

ANDUEZA UNANUA, MARÍA DEL PILAR, «Nuevos datos documentales sobre el Colegio de Doña María de Aragón de Madrid», Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte, XXII (2010), pp. 87-102.

 

ARCINIEGA GARCÍA, LUIS, El monasterio de San Miguel de los Reyes, II, Valencia: Generalitat valenciana, 2001.

 

AZCÁRATE RISTORI, JOSÉ MARÍA, «Datos para las biografías de los arquitectos de la Corte de Felipe IV», Revista de la Universidad de Madrid, 2 (1962), pp.516-546.

 

BARBEITO DÍEZ, JOSÉ MANUEL, El Alcázar de Madrid, Madrid: Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, 1992.

 

BARRIO MOYA, JOSÉ LUIS, «Francisco de Mora y la fachada del hospital de Santiago en Cuenca», Archivo Español de Arte, 214 (1981), pp. 190-197.

 

BUSTAMANTE GARCÍA, AGUSTÍN, «El Colegio de Doña María de Aragón, en Madrid», Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, 38 (1972), pp. 427-438.

 

BUSTAMANTE GARCÍA, AGUSTÍN, La arquitectura clasicista del foco vallisoletano (1561-1640), Valladolid: Institución Cultural Simancas, 1983.

 

BUSTAMANTE GARCÍA, AGUSTÍN, La octava maravilla del mundo. Estudio Histórico sobre el Escorial de Felipe II, Madrid: Alpuerto, 1994.

 

BUSTAMANTE GARCÍA, AGUSTÍN, «La iglesia de El Escorial», Boletín del Museo e Instituto «Camón Aznar», LXVII (1997), pp. 5-39.

 

BUSTAMANTE GARCÍA, AGUSTÍN, y MARÍAS, FERNANDO, «Francisco de Mora y la arquitectura portuguesa», Separata del II simposio luso-espanhol de história da Arte: as relaçoes artísticas entre Portugal e Espanha na época dos descobrimentos, Lisboa: Livraria Minerva, 1987.

 

CABELLO DE CASTRO, FRANCISCO XAVIER, El Santuario de la Fuencisla, Segovia: Instituto Diego Colmenares, 1949.

 

CADIÑANOS BARDECI, INOCENCIO, «Los claustros del monasterio de San Jerónimo el Real», Archivo Español de Arte, LXXX, 319 (2007), 247-259.

 

CALANDRE, LUIS, El antiguo palacio de El Pardo, Madrid, Imprenta municipal, 1934.

 

CASTILLO OREJA, MIGUEL ÁNGEL, «La iglesia del Buen Suceso: un edificio singular en la historia de la Puerta del Sol de Madrid», Anales del Instituto de Estudios Madrileños, XXXIX (1999), pp. 119-154.

 

CASTILLO OREJA, MIGUEL ÁNGEL, «La iglesia del Buen Suceso: la reedificación de un templo singular en el Madrid de Carlos II», Madrid, III (2000), pp. 125-162.

 

CERVERA VERA, LUIS, «La iglesia parroquial de San Bernabé en El Escorial, obra de Francisco de Mora», Archivo Español de Arte, 60 (1943), pp. 361-379.

 

CERVERA VERA, LUIS, «Arquitectos y escultores del retablo y enterramientos de la Capilla Mayor de la Iglesia del desaparecido convento de la Merced de Madrid», Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo del Ayuntamiento de Madrid, 57 (1948), pp. 275-371.

 

CERVERA VERA, LUIS, «‘La Cachicanía’ del Monasterio de San Lorenzo el Real de El Escorial», Archivo Español de Arte, 87 (1949), pp. 215-232.

 

CERVERA VERA, LUIS, «La Iglesia del Monasterio de San José de Ávila», Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, 54 (1950), pp. 5-155.

 

CERVERA VERA, LUIS, «La Capilla de San Segundo en la Catedral de Ávila», Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, 56 (1952), pp. 181-229.

 

CERVERA VERA, LUIS, «El señorío de Valdemoro y el convento de Franciscanas fundado por el Duque de Lerma», Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, 58 (1954), pp. 27-87.

 

CERVERA VERA, LUIS, Las estampas y el sumario de El Escorial, por Juan de Herrera, Madrid: Tecnos, 1954.

 

CERVERA VERA, LUIS, El conjunto palacial de la villa de Lerma, Valencia: Castalia, 1967.

 

CERVERA VERA, LUIS, «Túmulos reales diseñados por Francisco de Mora», Academia. Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 42 (1976), pp. 27-46.

 

CERVERA VERA, LUIS, «Juan de Herrera diseña la Lonja de Sevilla», Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 62 (1981), pp. 163-184.

 

CERVERA VERA, LUIS, Complejo arquitectónico del Monasterio de San José de Ávila, Valencia: Ministerio de Cultura, 1982.

 

CERVERA VERA, LUIS, «Apuntes biográfico-familiares del arquitecto Francisco de Mora (1552-1610)», Academia. Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 59 (1984), pp. 143-246.

 

CERVERA VERA, LUIS, «Noticias bibliográficas del arquitecto conquense Francisco de Mora, su matrimonio», Cuenca, 23-24 (1984), pp. 57-78.

 

CERVERA VERA, LUIS, «Francisco de Mora remata en 1598 la Torre de la Tapicería del Alcázar madrileño», Anales del Instituto de Estudios Madrileños, XXIII (1986), pp. 15-25.

 

CERVERA VERA, LUIS, «Las obras y trabajos de Francisco de Mora en Ávila», Archivo Español de Arte, 240 (1987), pp. 401-417.

 

CERVERA VERA, LUIS, «El arquitecto Francisco de Mora en la enfermedad, muerte y exequias de Felipe II», Ciudad de Dios. Revista agustiniana, 203 (1990), pp. 5-40.

 

CERVERA VERA, LUIS, «La iglesia de San Bernardo en Oropesa (Toledo), diseñada por Francisco de Mora», Archivo Español de Arte, 250 (1990), pp. 199-218.

 

CERVERA VERA, LUIS, «La fachada del Real Hospital de Santiago en Cuenca, diseñada por Francisco de Mora», Academia, 81 (1995), pp. 53-84.

 

CORELLA SUÁREZ, PILAR, «Arquitectos y alarifes en la iglesia parroquial de Vicálvaro», Anales del Instituto de Estudios Madrileños, XVII (1980), pp. 85-101.

 

CRUZ VALDOVINOS, JOSÉ MANUEL, «Arquitectura barroca: siglo XVII», en Historia de la arquitectura española, Zaragoza: Planeta, 1985.

 

CRUZ VALDOVINOS, JOSÉ MANUEL, «Observaciones generales sobre entradas de cuatro reinas y una princesa en Madrid (1560-1649)», Anales del Instituto de Estudios Madrileños, XXXVIII (1998), pp. 17-36.

 

CRUZ YÁBAR, JUAN MARÍA, «Francisco de Mora y el retablo mayor del colegio de doña María de Aragón: nuevos planteamientos y novedades documentales» Anales del Instituto de Estudios Madrileños, LIII (2013), pp. 101-134.

 

CRUZ YÁBAR, MARÍA TERESA, La tapicería en Madrid (1570-1640), Madrid, CSIC, 1996.

 

CHÍAS NAVARRO, PILAR Y ABAD BALBOA, TOMÁS, «La Casa para destilar las aguas o Botica en el Monasterio del Escorial (Madrid, España)», Informes de la Construcción, 71(2019) 555.

 

DÍEZ DEL CORRAL, ROSARIO, «El Alcázar de Felipe III. La fachada de Francisco de Mora», en El Real Alcázar de Madrid, Madrid: CAM, 1994, 150-151.

 

FERNÁNDEZ DEL HOYO, MARÍA ANTONIA, “Notas sobre la arquitectura doméstica clasicista en Valladolid”, Boletín del Seminario de Arte y Arqueología, 56 (1990), pp. 315-436.

 

GALERA ANDREU, PEDRO ANTONIO, “La huella de Juan de Herrera en el sur (Granada y Jaén)”, Boletín del Seminario de Arte y Arqueología, LXXXIV (2018), pp. 125-151.

 

GÉRARD, VERONIQUE, De castillo a palacio. El Alcázar de Madrid en el siglo XVI, Bilbao: Xarait Ediciones, 1984.

 

GÓMEZ JARA, JESÚS, «Francisco de Mora, arquitecto del convento franciscano de Velada (Toledo)», Anales Toledanos, 31 (1994), pp. 319-329.

 

GÓMEZ-MORENO MARTÍNEZ, MANUEL, «Juan de Herrera y Francisco de Mora en Santa María de la Alhambra», Archivo Español de Arte, 40 (1940), pp. 5-18.

 

IBÁÑEZ MARTÍNEZ, PEDRO MIGUEL, Los Gómez, una dinastía de pintores del Renacimiento, Cuenca: Universidad de Castilla-La Mancha, 1991.

 

IÑIGUEZ ALMECH, FRANCISCO, Las trazas del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Madrid: Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 1965.

 

KUBLER, GEORGE, Arquitectura de los siglos XVII y XVIII, Madrid: Plus Ultra, 1957.

 

LINAZASORO RODRÍGUEZ, JOSÉ IGNACIO, «La herencia de El Escorial y Francisco de Mora», en Herrera y el clasicismo. Ensayos, catálogo y dibujos en torno a la arquitectura en clave clasicista, Valladolid, Junta de Castilla y León, 1986, pp. 140-151.

 

LOPEZOSA APARICIO, CONCEPCIÓN, «La residencia del duque de Lerma en el Prado de San Jerónimo», Revista de Arte, Geografía e Historia, I (1998), 457-486.

 

LUZ LAMARCA, RODRIGO DE, Francisco de Mora y Juan Gómez de Mora: Cuenca, foco renacentista, Cuenca, Diputación Provincial, 1997.

 

LLAGUNO Y AMÍROLA, EUGENIO, Noticias de los arquitectos y arquitectura de España desde su restauración, t. III y IV, Madrid: Imprenta real, 1829.

 

MARÍAS, FERNANDO, «De nuevo, el Colegio madrileño de Doña María de Aragón», Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, 45 (1979), pp. 449-451.

 

MARÍAS, FERNANDO, «El monasterio de la Inmaculada de Chinchón y Nicolás de Vergara el Mozo. El castillo de Villaviciosa de Odón y los arquitectos reales», Anales del Instituto de Estudios Madrileños, XVII (1980), pp. 253-275.

 

MARÍAS, FRENANDO, «Esteban Jordán, Francisco de Mora y el retablo mayor de Montserrat», Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, XLVIII (1982), pp. 383-389.

 

MARÍN FIDALGO, ANA, « La lonja de los mercaderes. Intervención de las autoridades del Alcázar sevillano en la génesis de su construcción» en (coord. Miguel Ángel Aramburu-Zabala Higuera) Juan de Herrera y su influencia, actas del simposio, Camargo, 14-17 julio, 1992, pp. 297-310.

 

MARTÍN GONZÁLEZ, JUAN JOSÉ, «Las ruinas del Palacio de la Ribera», Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, XXIX (1963), pp. 257-260.

 

MARTÍ Y MONSÓ, JOSÉ, Estudios histórico-artísticos relativos principalmente a Valladolid, Valladolid-Madrid, Leonardo Miñón, 1898-1901.

 

MARTÍNEZ HERNÁNDEZ, SANTIAGO, «“Obras… que hazer para entretenerse”. La arquitectura en la cultura nobiliario-cortesana del Siglo de Oro: a propósito del marqués de Velada y Francisco de Mora», Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte, 15 (2003), pp. 59-77.

 

MERINO DE CÁCERES, JOSÉ MIGUEL, La fábrica del Alcázar de Segovia, Segovia: Patronato, 1991.

 

MOLEÓN GAVILANES, PEDRO, «Las casas de oficios del Escorial en seis planos inéditos de su arquitecto Juan de Herrera», Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos, 64 (1983), 12-27.

MORENO BLANCO, RAIMUNDO, «Francisco de Mora en el Monasterio de Santa Ana de Ávila», Academia. Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 117 (2015), pp. 57-72.

 

OLMO, MARÍA JESÚS DEL; Sánchez Esteban, NATIVIDAD y Montilla, JOAQUÍN, «El Colegio de Doña María de Aragón: historia y datación de su fábrica», Anales del Instituto de Estudios Madrileños, XXIII (1986), pp. 105-119.

 

PÉREZ PASTOR, CRISTÓBAL, «Noticias y documentos relativos a la Historia y Literatura Españolas», en Memorias de la Real Academia Española, vol. 11, Madrid: 1914.

 

PITA ANDRADE, JOSÉ MANUEL, «Un informe de Francisco de Mora sobre el incendio del Palacio del Pardo», Archivo Español de Arte, 139 (1962), pp. 265-270.

 

PLAZA BORES, ÁNGEL DE LA, Archivo General de Simancas. Guía para el investigador, Madrid 1992.

 

PORTABALES PICHEL, AMANCIO, Maestros Mayores, Arquitectos y Aparejadores de El Escorial, Madrid, Rollán, 1954.

 

ROKISKI LÁZARO, MARÍA LUZ, «El retablo de la capilla del Espíritu Santo en la catedral de Cuenca, obra probable de Francisco de Mora», Archivo Español de Arte, 202 (1978), pp. 178-181.

 

ROKISKI LÁZARO, MARÍA LUZ, Arquitectura del siglo XVI en Cuenca, Cuenca: Diputación Provincial, 1989.

 

SOROMENHO, MIGUEL, “A Administração da arquitectura: o Provedor das Obras Reaisem Portugal no século XVI e na 1ª metade do século XVII”, Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte, IX-X (1997-1998), pp. 197-209.

 

TOVAR MARTÍN, VIRGINIA, Arquitectura madrileña del siglo XVII. (Datos para su estudio), Madrid: Instituto de Estudios Madrileños, 1983.

 

TOVAR MARTÍN, VIRGINIA, «La entrada triunfal en Madrid de doña Margarita de Austria (24 de octubre de 1599)», Archivo Español de Arte, 244 (1988), pp. 385-403.

 

URREA, JESÚS Y ARANDA, MARÍA, «El templo, la capilla y el camarín de Nuestra Señora de Atocha de Madrid», Boletín del Seminario de Arte y Arqueología, arte,  LXXVII (2011), pp. 119-140.

 

VERDÚ BERGANZA, LETICIA, La arquitectura carmelitana y sus principales ejemplos en Madrid (siglo XVII), Tesis doctoral. Universidad Complutense. Madrid 2002.

 

VILLAMIL, ENRIQUE, “La iglesia del Hospital Real de la Corte o del Buen Suceso”, Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 49 (1928), pp. 111-112.

 

VIZCAÍNO VILLANUEVA, MARÍA ÁNGELES, «La calle de la Platería en el Madrid del siglo XVII», Anales del Instituto de Estudios Madrileños, XXXI (1992), pp. 337-351.

 

VV.AA., IV Centenario del Monasterio de El Escorial, El Escorial en la Biblioteca Nacional, Madrid: Ministerio de Cultura, 1985-1986.

 

VV.AA., Juan de Herrera, Arquitecto Real, catálogo de exposición (IV Centenario de la muerte de Herrera), Barcelona-Madrid: Lunwerg Editores, 1997.

 

ZARCO CUEVAS, J. Documentos para la Historia del monasterio de San Lorenzo el Real de El Escorial. I. Memorias de fray Antonio de Villacastín, Madrid: 1985.

 

ZOLLE BETEGÓN, LUIS, “El monasterio de San Bartolomé de Lupiana. Precisiones en torno a su construcción: 1504-1612”, Archivo Español de Arte, 275 (1996), pp. 269-285.

 

JOSÉ MANUEL CRUZ VALDOVINOS

FECHA DE REDACCIÓN: 16 DE NOVIEMBRE DE 2019

FECHA DE REVISIÓN: 15 DE DICIEMBRE DE 2019

 

NOTAS

[1] La mayor información a este respecto, en CERVERA 1984 e IBÁÑEZ MARTÍNEZ 1991.

[2] ROKISKI 1994, 243, nota 9.

[3] Se titula “Dicho” y se redactó en 1610. CERVERA 1950, 90-121.

[4] CERVERA 1984, 188-189.

[5] ROKISKI 1974. ROKISKI 1978, 180.

[6] LUZ LAMARCA 1997, 35.

[7] CERVERA 1984, 171-172 y 215, doc. nº 9.

[8] Archivo Histórico de Protocolos de Madrid (AHPM), prot. 6168, f. 335. En su testamento de 11 de agosto de 1639 declara que había servido al rey desde 1570.

[9] CERVERA 1984, 216-217, docs. nº 10 y 11. El sucesor de Liermo tras su muerte fue Blas Carbonel, que ostentó ese título.

[10] LLAGUNO 1829, IV, 31; BUSTAMANTE y MARÍAS 1987, SOROMENHO 1997-1998.

[11] ARAMBURU-ZABALA 1992.

[12] MARÍN FIDALGO 1992; CERVERA 1984, 188.

[13] CERVERA 1981.

[14] CERVERA 1984, 172 y 218, Doc nº 12.

[15] CERVERA 1984, 188.

[16] VERDÚ 2002, 389-395.

[17] CERVERA 1954.

[18] MERINO DE CÁCERES 1991, 34-36.

[19] LLAGUNO, II, 842.

[20] DE LA PLAZA BORES 1992,

[21] ZOLLE BETEGÓN 1996.

[22] CORELLA SUÁREZ 1980.

[23] Digitalizado en BN, bdh0000025712

[24] BUSTAMANTE y MARÍAS 1987; SORAMENHO 1999.

[25] GERARD, 111.

[26] CERVERA 1984, 173-174 y 221-222, Doc. nº 17.

[27] CERVERA 1984, 221.

[28] CERVERA 1984, 223, Doc. nº 18

[29] Archivo del Ayuntamiento de Madrid (AAM), Libro de Acuerdos del Concejo nº 21, acuerdo de 23 de septiembre de 1579 (traza de Juan de Valencia y supervisión de Juan de Herrera)

[30] Ibid., acuerdo de 24 de marzo de 1582. Trazas de ambos arquitectos hechas por mandato de S. M.

[31] Ibid., Libro de Acuerdos del Concejo nº 22, acuerdo de 21 de julio de 1589, traza por Juan de Valencia por mandato de S.M. de la calle que va de San Salvador a Santa María.

[32] GONZÁLEZ GARCÍA, 107-114.

[33] AAM, Libro de Acuerdos del Concejo nº 23, acuerdo de 17 de marzo de 1592.

[34] LLAGUNO, II, 842-843.

[35] CASTILLO OREJA 2000, 130-131. La fundación de este hospital fue iniciativa real en 1590, y aunque la construcción se contrató por Diego Sillero y otros maestros, se atribuye a Mora la traza por una alusión en un documento de 1606 tras el regreso de la Corte a Madrid, en que se habla de que hubo promesa por parte de Felipe II de dar madera y pizarra para el cubrimiento cuando se aprobaron las trazas de Francisco de Mora.

[36] AAM, Libro de Acuerdos del Concejo nº 23, acuerdo de 22 de abril de 1595.

[37] AAM, Libro de Acuerdos del Concejo nº 23, acuerdo de 17 de julio de 1595.

[38] CRUZ YÁBAR 1996, 40, nota 53.

[39] Ibid., 28-30.

[40] AAM, Libro de Acuerdos del Concejo nº 23, acuerdo de 12 de junio de 1598.

[41] CRUZ YÁBAR 1996, 43, nota 40.

[42] AAM, Libro de Acuerdos del Concejo nº 23, acuerdo de 1 de julio de 1598

[43] TOVAR MARTÍN 1988.

[44] AAM, Libro de Acuerdos del Concejo nº 22, Acuerdo de 6 de noviembre de 1589.

[45] Ibid., Libro de Acuerdos del Concejo nº 28, fol. 252.

[46] AAM, Libro de Acuerdos del Concejo nº 28, fol.335 v.

[47] LLAGUNO III, 127.

[48] MOLEÓN 1983.

[49] LLAGUNO, III, 127.

[50] CHÍAS NAVARRO y ABAD BALBOA 2019.

[51] CALI 1994, 308.

[52] ÍÑIGUEZ 1965, 62-63.

[53] CERVERA 1949.

[54] Id., 1984, 224, doc. nº 19 y 225-226, doc. nº 21.

[55] Ibid., doc nº 20.

[56] Ibid., 227-229, docs. nº 22, 23, 24, 25, 26.

[57] Id., 1943, BUSTAMANTE 1997, 10 y ss.

[58] GALERA 2018, 133-136.

[59] Archivo de la Corona de Aragón, Consejo de Aragón, leg. 694/ 29-3. ARCINIEGA 2001, 16.

[60] CERVERA 1952.

[61] URREA y ARANDA 2011.

[62] MARÍAS 1982.

[63] CRUZ YÁBAR 2013, 124. Se destaca que la corrección óptica es una constante de los retablos de Mora, con origen seguro en las preferencias herrerianas.

[64] ANDUEZA 2010; CRUZ YÁBAR, 2013.

[65] ANDRÉS 2001, 310. Felipe II había dejado una manda de 20.000 ducados para construirlo.

[66] CERVERA 1984, 165-167.

[67] Ibid., 167-170.

[68] AZCÁRATE 1962, 520-521, nota 12.

[69] CERVERA 1984, 174-175.

[70] Id., 1986.

[71] Id., 1984, 231-232, docs. nº 28, 29 y 30.

[72] BUSTAMANTE 1983, 395 y ss.

[73] BUSTAMANTE 1983, 417.

[74] MARTÍN GONZÁLEZ 1963.

[75] FERNÁNDEZ DEL HOYO 1990.

[76] CERVERA 1967.

[77] ROKISKI 1989, 175; ROKISKI 1994, nota 39,

[78] BARRIO 1981; CERVERA 1995.

[79] PITA 1962.

[80] CALANDRE 1934.

[81] SOROMENHO 1997-1998, 200.

[82] AAM, Libro de Acuerdos del Concejo nº 24, acuerdo de 4 de septiembre de 1602.

[83] LOPEZOSA 1998.

[84] AAM, Libro de Acuerdos del Concejo nº 28. acuerdo de 29 de septiembre de 1608.

[85] Ibid., acuerdo de 12 de diciembre de 1608.

[86] Ibid., nº 24, acuerdo de 30 de enero de 1606.

[87] Ibid., nº 26, acuerdo de 24 de abril de 1606. Cuenta el suceso una carta del 15 de abril que se transcribe en el acuerdo.

[88] Ibid.

[89] Ibid., acuerdo de 26 de noviembre de 1606.

[90] Ibid., acuerdo de 22 de noviembre de 1607. Quedan datos de numerosas trazas de Mora para casas de variados propietarios durante los años 1606 y 1607.

[91] Ibid., acuerdo de 15 de febrero de 1608.

[92] Ibid., Libro de Acuerdos del Concejo nº 28, acuerdo de 28 de junio de 1608 donde se da a conocer la real cédula de 7 de junio de 1608.

[93] Ibid., acuerdo de 4 de marzo de 1608.

[94] Ibid., acuerdo de 31 de marzo de 1608.

[95] Ibid., acuerdo de 28 de marzo de 1608.

[96] Ibid., acuerdo de 23 de septiembre de 1608.

[97] Ibid., transcrito en el acuerdo de 23 de octubre de 1608.

[98] Ibid., acuerdo de 15 de diciembre de 1608.

[99] Ibid., acuerdo de 17 de octubre de 1608.

[100] Ibid., acuerdo de 6 de febrero de 1609.

[101] DIEZ DEL CORRAL 1994.

[102] CADIÑANOS 2007.

[103] CERVERA 1990.

[104] Id., 1948.

[105] MARTÍNEZ HERNÁNDEZ 2003; GÓMEZ JARA 2014;

[106] MARQUÉS DEL SALTILLO 1945, 33-34 y 43-44.

[107] CERVERA 1950; Id. 1984, 187-190; Id. 1982; Id. CERVERA 1987.

[108] BUSTAMANTE 1975.

[109] CABELLO DE CASTRO 1949, 7. También hay datos de que en octubre de 1610 se estaba trabajando con trazas de Pedro de Brizuela, maestro segoviano colaborador de Mora en el Alcázar desde 1599.

[110] CERVERA 1976.

[111] Id. 1984, 191-192.

[112] Transcrito en Ibid. 1984, 191; “En la villa de Madrid, a diez días del mes de agosto de mil y seiscientos y diez años, El señor alcalde Silva de Torres tubo noticias que Francisco de Mora, criado de su Magestad, a muerto oy, dicho día, de mediodía, súpitamente”.

[113] AGULLÓ 1973, 64-66; los libros que poseía su sobrino en 1613 debían proceder en su totalidad de la biblioteca de su tío, de quien los había heredado.

X