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Sepulcro de los I marqueses de Canillejas en la iglesia parroquial de San Luis obispo de Madrid, 1689 (desaparecido, fotografía Archivo Moreno).
JOSÉ JIMÉNEZ DONOSO

 

Pintor y arquitecto. Consuegra (Toledo) ¿? – Madrid, 1690.

 

José Jiménez Donoso nació en Consuegra[1] en fecha desconocida[2], probablemente a comienzos de la década de 1630[3], al igual que el cantero Rodrigo Carrasco, con quien mantuvo amistad toda su vida. Señala Palomino que aprendió la pintura con su padre Antonio y luego tuvo por maestro a Francisco Fernández hasta los 18 años en Madrid. Su formación se enriqueció considerablemente al viajar a Roma, donde, según el tratadista cordobés, estuvo siete años. Él mismo confirma su viaje en un memorial para optar al cargo de maestro mayor de las obras reales por muerte de Francisco de Herrera el Mozo en agosto de 1685, especificando que Bernini era maestro mayor en el tiempo en que residió en Roma[4]. Puesto que Inocencio X, cuyo pontificado duró desde 1644 a 1655, no protegió a Bernini, pensamos que el viaje se realizó después de este último año, y que pudo volver a Madrid en 1661, cuando pudo ser uno de los testigos del testamento del pintor José de Castro[5]. Donoso perfeccionó el colorido en la escuela de Juan Carreño de Miranda. Entre 1666 y 1670 se asentó definitivamente en Madrid, con importantes encargos en lienzo y colaborando con Claudio Coello en diversos frescos.

 

José Jiménez Donoso continuó con éxito su labor pictórica aunque añadió a ella una nueva actividad, la de arquitecto. Es una vertiente confusa de su historiografía, que desde Ceán le emparejó críticamente con Francisco de Herrera el Mozo como seguidores de Borromini. Donoso aprendió pintura con varios maestros, al modo tradicional, y de forma más novedosa en las academias romanas, de las que salió “gran pintor, perspectivo excelente y consumado arquitecto”. Su memorial de 1685 o poco posterior para concursar a la maestría mayor supone un importante testimonio de su evolución y pensamiento. Aunque contenga algunos tópicos, confirma su conocimiento académico cuando, al criticar el memorial del aparejador mayor José del Olmo, que achacaba a los pintores la ignorancia de la arquitectura, recuerda que la Academia romana se titulaba de Pintura, Escultura y Arquitectura. En ella se estudiaban los mismos preceptos que permitían practicar las tres artes, que eran el dominio del dibujo, por un lado, y el estudio de ciencias como la perspectiva, geometría o aritmética. Afirma: “Un carpintero que estudie y que esté en la arquitectura será arquitecto, solamente llevará ventajas el que fuere más dibujante y entendiere los preceptos que tocan a la arquitectura”.

 

Partiendo del aprendizaje de la pintura llegó a ser arquitecto: “en nombre de los de mi profesión que me precio mucho de profesar, que por ella he estudiado para poder salir a esta oposición que hago”. Su dominio de la perspectiva se aprecia en los edificios al fondo de algunos de sus lienzos y en las bóvedas al fresco con motivos derivados de Colonna y Mitelli. En la capilla de San Ignacio pudo tal vez trazar adornos de madera no fingidos y el ornato del altar[6]. Desde ese momento, los clientes que querían pinturas suyas en los retablos solicitaron también sus trazas, que fueron realizadas por los más importantes arquitectos cortesanos. Su estilo estaba enraizado en el de estos, como veremos, y no en el borrominesco. Donoso había intercambiado conocimientos con esos arquitectos y especialmente con Carrasco, y de ahí la defensa de su maestro Bartolomé Zumbigo y su reedificación del Escorial[7]. Pero también había estudiado los tratados, y así cita los tres de Durero, Vignola, Pérez Moya, Arfe o Rojas, de habitual lectura, pero también “los cinco libros que andan manuscritos” atribuidos a Juanelo Turriano, hoy en la Biblioteca Nacional de España[8].

 

Aseveró que presentaba lo que consideraba la culminación del conocimiento arquitectónico, dos cortes de cantería con sus trazas y monteas, y que sabía “hacer plantas, alzados, cortes, y hacer modelos de cortes de cantería que es la dificultad que se ofrece en las obras magníficas, y hacer monteas y dar la razón de las saltareglas para su ejecución y en la Geometría medir las figuras o figura corpóreas que se da a cada uno o en la Planimetría” y “cortes y las trazas y monteas de ellos, que es la materia más dificultosa que se ofrece en las fábricas, y lo que deben saber los maestros mayores, por ser la cantería de lo que se han fabricado todas las obras más insignes, y catedrales y allí se necesita de entender muy bien los Cortes de Cantería por las dificultades que se ofrecen”. Con esta formación teórica y práctica se cumplía lo exigido por Donoso como culminación del aprendizaje de la arquitectura “pues siempre la parte teórica ha superado a la parte práctica unidas ambas a dos será mejor si se hallan en un sujeto”.

 

Hizo trazas para obra de madera, principalmente retablos, aunque los ensambladores ejecutantes intervinieron en ellas. Tal vez sea suyo el de la capilla del Santo Cristo en el Colegio Imperial[9] y con más seguridad el de la parroquial de Calzada de Oropesa, realizados por José de Acedo[10], el tabernáculo para la capilla de la Virgen del Pilar en Consuegra de Sebastián de Benavente[11], los retablos mayores madrileños de José Ratés para el colegio de Nuestra Señora de Loreto[12], los conventos de la Trinidad calzada[13] y la Victoria y de Juan González el de la parroquial de San Millán[14]. La traza de estos tres últimos los atribuyó Palomino a Donoso, pero no los de dos capillas en la parroquial madrileña de San Luis Obispo, del I marqués de Canillejas don Diego Ignacio de Córdoba y del gremio de cereros, el primero de José de la Torre (1689)[15]–más el sepulcro de mármol, jaspe y alabastro de Charles Gautier y Hendrick Cardon- y el segundo de Manuel de Arredondo (1690)[16]. Por lo común hay dos lienzos en la calle central y una pareja de esculturas en los intercolumnios, decoración crespa muy estilizada, calada y de perfiles mixtilíneos, columnas salomónicas y profusión de ángeles. El sepulcro, la única obra en piedra, muestra un nuevo tipo en España, derivado de la Antigüedad de bóveda de cañón con orantes en imago clipeata.

 

Jiménez Donoso obtuvo el 13 de agosto de 1685, por muerte de Francisco Rizi, los oficios de maestro mayor y pintor de la catedral de Toledo, aunque sin gajes por no hacer falta obras[17]. Debió aspirar a estas mismas plazas en las obras reales, como demuestra para la primera el citado memorial, y para el segundo una anédota de Palomino[18]. Rodrigo Carrasco dejó a Donoso por uno de sus albaceas al testar el 29 de diciembre de 1689, y falleció el 5 de enero de 1690[19]; el propio Donoso falleció ese mismo año, el 14 de septiembre. En el inventario hecho a la muerte de Carrasco había una extraordinaria biblioteca, procedente en parte de la del valido don Juan José de Austria, fallecido en 1679, y también muchos papeles de dibujos, trazas y plantas de arquitectura y cuatro libros manuscritos. Estos efectos nos recuerdan la afirmación muchas veces repetida de Palomino de que «Dejó nuestro Donoso escrito un libro excelente de cortes de cantería, y otras curiosidades de Arquitectura, y muy curiosos papeles de perspectiva, rompimiento de ángulos, y figuras fuera de la sección, que cierto era un tesoro, porque fue esmeradísimo en estas cosas; y hoy no se sabe dónde paran». El libro y los papeles serían los de Carrasco, por la coincidencia con los manuscritos y trazas de su inventario y porque Palomino aprovechó la similitud de sus biografías para dar a Donoso un papel de arquitecto de edificios que solo correspondió a Carrasco[20]. Se ha demostrado documentalmente que las cinco trazas para construcciones madrileñas en piedra que asignó Palomino a Donoso eran de otros arquitectos, tres de ellas del propio Carrasco[21].

 

BIBLIOGRAFÍA

 

BARRIO MOYA, JOSÉ LUIS, «Nuevos datos sobre el escultor catalán José de Ratés Dalmau», Buttletí de la Reial Acadèmia Catalana de Belles Artes de Sant Jordi, 14 (2000), pp. 253-262.

 

BLASCO ESQUIVIAS, BEATRIZ, «Sobre el debate entre arquitectos profesionales y arquitectos artistas en el barroco madrileño: las posturas de Herrera, Olmo, Donoso y Ardemans», Espacio, Tiempo y Forma, Serie VII, Historia del Arte, 4 (1991), pp. 159-194.

 

CEÁN BERMÚDEZ, JUAN AGUSTÍN, Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las bellas artes en España, Madrid: Viuda de Ibarra, 1800, t. VI.

 

CRUZ YÁBAR, JUAN MARÍA, «El escultor Pedro Alonso de los Ríos. Biografía y obra», Anales del Instituto de Estudios Madrileños, 47 (2007), pp. 133-154.

 

CRUZ YÁBAR, JUAN MARÍA, «El escultor Pedro Alonso de los Ríos. II. Inventario de sus bienes y otros aspectos», Anales del Instituto de Estudios Madrileños, 49 (2009), pp. 97-116.

 

CRUZ YÁBAR, JUAN MARÍA, El arquitecto Sebastián de Benavente (1619-1689) y el retablo cortesano de su época, Madrid: Universidad Complutense, 2013.

 

CRUZ YÁBAR, JUAN MARÍA, «La custodia y el retablo de la Sagrada Forma del Escorial. Circunstancias y etapas de su patrocinio, programa iconográfico y artífices», Boletín Museo e Instituto Camón Aznar, 114 (2015), pp. 87-124.

 

CRUZ YÁBAR, JUAN MARÍA, «Las vidas paralelas del pintor Jiménez Donoso y el cantero Rodrigo Carrasco. Su aprendizaje como maestros de arquitectura», en La formación artística: Creadores-historiadores-espectadores, Santander: Universidad de Cantabria, 2018, vol. I, pp. 223-236.

 

LLAGUNO Y AMÍROLA, EUGENIO, Noticia de los arquitectos y arquitectura de España desde su restauración, Madrid: Imprenta Real, 1829.

 

PALOMINO, ANTONIO, El museo pictórico y escala óptica, Madrid: Lucas Antonio de Bedmar, 1715-1724 (Ed. Aguilar 1947).

 

SALTILLO, MARQUÉS DE, «Los Churrigueras. Datos y noticias inéditas (1670-1727)», Arte Español, XVI (1945), pp. 83-106.

 

CRONOLOGÍA DE OBRAS MADRILEÑAS

 

– Trazas para el retablo mayor y pedestal de la iglesia del colegio de Nuestra Señora de Loreto (1679).

A.H.P.M. prot. 9552.

SALTILLO, pp. 84 y 94-96. CRUZ YÁBAR (2007), pp. 141-142.

 

– Trazas para el retablo mayor y la caja de órgano de la iglesia del monasterio de la Trinidad calzada (antes de 1680).

PALOMINO, p. 1038.

 

– Trazas para el retablo mayor y pedestal de la iglesia del monasterio de la Victoria (1682).

A.H.P.M. prot. 10747.

PALOMINO, p. 1039. BARRIO MOYA, pp. 255-256.

 

– Trazas para el retablo mayor y la caja de órgano de la iglesia de la iglesia parroquial de San Millán (h. 1683).

PALOMINO, p. 1038.

 

– Trazas para el retablo y el sepulcro de la capilla de San Diego en la iglesia parroquial de San Luis obispo (1689).

A.H.P.M. prot. 12363.

CRUZ YÁBAR (2014), pp. 108-110.

 

– Traza para el retablo de la capilla de los cereros en la iglesia parroquial de San Luis obispo (1690).

A.H.P.M., prot. 12399.

CRUZ YÁBAR (2018), p. 227.

 

JUAN MARÍA CRUZ YÁBAR

FECHA DE REDACCIÓN: 19 DE NOVIEMBRE DE 2021

FECHA DE REVISIÓN:

 

NOTAS

[1] Palomino, de quien proceden la mayoría de noticias sobre Donoso (Antonio Palomino, El museo…, pp. 1037-1040) afirmó que nació en esa villa, lo que corroboran varios documentos.

[2] No se puede precisar la fecha exacta porque no se conservan las partidas bautismales de estos años en ninguna de las parroquias de la localidad.

[3] Donoso declaró en dos tasaciones de pintura de 1678 y 1679 edades muy dispares: en la primera unos 40 años y en la segunda 50 (AGULLÓ Y COBO, Mercedes, Documentos para la historia de la pintura española III, Madrid: Fundación de Apoyo a la Historia del Arte Hispánico, 2006, pp. 150-151. AGULLÓ Y COBO, Mercedes, y BARATECH ZALAMA, María Teresa, Documentos para la historia de la pintura española II, Madrid: Museo del Prado, 1996, pp. 56-57). El arco cronológico entre 1628 y 1638 es excesivo, por lo que debe haber error de algún escribano. Palomino situó su muerte en 1686 con 58 años, pero esta tuvo lugar en 1690 (CEÁN BERMÚDEZ, Juan Agustín, Diccionario…, p. 10), lo que llevaría su nacimiento a 1632.

[4] BLASCO ESQUIVIAS, Beatriz, «Sobre el debate…», pp. 184-187.

[5] AGULLÓ Y COBO, Mercedes, Más noticias sobre pintores madrileños de los siglos XVI al XVIII, Madrid: Ayuntamiento, 1981, p. 57. Otra fecha sería la que se deduce de la vida de Claudio Coello que escribió Palomino, que afirmó que, recién llegado, pintaron el presbiterio de la parroquial de Santa Cruz (PALOMINO, Antonio, El Museo…, p. 1060); sería en 1667, que es cuando el primero acabó las pinturas del retablo mayor (CATURLA, María Luisa, «Iglesias madrileñas desaparecidas: el retablo mayor de la antigua parroquia de Santa Cruz», Arte Español, XVIII (1950), pp. 3-9).

[6] Dibujo hecho con Coello (Uffizi). La cartela bajo el nicho es similar a las de los intercolumnios de los retablos del Santo Cristo en el mismo templo y de Calzada.

[7] “…de quien se decía que era marmolista y no entendía fortificación y que sus obras se colgaban con grapas, que a no haberle tenido Dios en España se andaba disponiendo el enviar por hombre a Italia para el acierto de dicha obra”.

[8] Relativo a la hidráulica, contiene una dedicatoria a don Juan José de Austria, protector de Jiménez Donoso y Rodrigo Carrasco.

[9] Atribuido a Francisco Bautista, el estilo de este no era tan avanzado, como se ve en su retablo de la Clerecía de Salamanca de este momento (CRUZ YÁBAR, Juan María, «Pedro de la Torre y Francisco Bautista. Presencia del retablo madrileño en Castilla y León», De Arte. Revista de Historia del Arte, 13 (2014), pp. 94-109). Sin embargo, pueden tratarse de añadidos posteriores en la decoración y ser del jesuita la estructura.

[10] CRUZ YÁBAR, Juan María, «El escultor…» (2009), p. 99.

[11] CRUZ YÁBAR, Juan María, El arquitecto…, t. I, pp. 451-452.

[12] Documentos publicados sin comentario por SALTILLO, Marqués de, «Los Churrigueras…», pp. 84 y 94-96. Nosotros advertimos que se deducía del contrato de Churriguera que la traza era de Donoso (CRUZ YÁBAR, Juan María, «El escultor…» (2007), pp. 141-142). La Encarnación que había en el remate puede ser la del Museo Nacional del Prado.

[13] Se conserva solamente el gran lienzo del propio Jiménez Donoso en el Museo del Prado.

[14] Lo realizaba en 1683 según documento publicado por AGULLÓ Y COBO, Mercedes, Documentos para la historia de la escultura española, Madrid: Fundación de Apoyo a la Historia del Arte Hispánico, 2005, p. 140. Ideó también la caja de órgano, y la de la Trinidad.

[15] CRUZ YÁBAR, Juan María, «La custodia…», pp. 108-110.

[16] CRUZ YÁBAR, Juan María, «Las vidas…», pp. 226-227. Donoso firmó la traza con Arredondo y los comitentes. San Antonio Abad y San Nicolás de Bari tenían que ser de Manuel Gutiérrez y la restante escultura de José Ruiz de San Pedro.

[17] No quedan tampoco dibujos suyos en la catedral.

[18] Merecía la plaza de pintor del rey pero se dio a maestros ciertamente peores, lo que le volvió de genio mordaz: “Hallándose en una conversación, le dijo uno de los presentes: ¿Vuesamerced no es pintor del Rey? A que él respondió: No soy tan mal pintor como todo eso; no me haga usted tan poco favor.”

[19] LLAGUNO Y AMÍROLA, Eugenio, Noticia…, p. 84.

[20] Tampoco se conocen como maestro mayor, contrariamente a lo que escribió Palomino, trazas para obras en Madrid –al margen de las de San Luis Obispo- y el arzobispado toledano, aunque sí haría tasaciones y otras labores rutinarias.

[21] PALOMINO, Antonio, El Museo…, pp. 1038-1040. Son el sepulcro de los I marqueses de Mejorada en la capilla mayor del monasterio de los Agustinos recoletos de Francisco de la Viña (ESTELLA MARCOS, Margarita, «Estatuas funerarias madrileñas del siglo XVII: documentación, tipología y estudio», Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, 48 (1982), pp. 253-280, espec. 271-272), la iglesia de San Luis Obispo de Marcos López (SALTILLO, Marqués de, «Arquitectos y alarifes madrileños del siglo XVII (1615-1699)», Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, LII (1948), pp. 161-221, espec. 209-210) y de Carrasco la cantería de la fachada de la Casa de la Panadería, el primer piso del claustro del colegio de Santo Tomás, y la portada de la iglesia parroquial de Santa Cruz (vid. CRUZ YÁBAR, Juan María, «Las vidas…», pp. 228 y 235).

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