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Sebastián Herrera Barnuevo. Ornato para el altar mayor de la capilla real del Alcázar de Madrid con el Pasmo de Sicilia de Rafael, 1661 (Reconstrucción del autor).
SEBASTIÁN DE HERRERA BARNUEVO

 

Arquitecto, pintor y escultor. Madrid 1619 – Madrid 1671.

 

Sebastián de Herrera Barnuevo nació en el seno de una familia de escultores, ensambladores de retablos y canteros asentada en la parroquia madrileña de San Martín. Su padre fue Antonio de Herrera, escultor de Felipe IV y contratista de retablos, quien le instruyó en la arquitectura y la escultura. Aunque Sebastián contrajo matrimonio en 1642, no debió ser hasta 1646, al fallecer su progenitor, cuando comenzó su actividad artística independiente, y así al año siguiente contrató un retablo para la iglesia de El Escorial[1].

 

El tratadista Antonio Palomino informa de que Herrera Barnuevo practicó la pintura influido por Alonso Cano, llegado a Madrid en 1638. Su relación debió de ser estrecha, a tenor del parecido estilístico no solo en la pintura, sino también en el dibujo, escultura y arquitectura, su coincidencia en algunas obras aunque no haya noticia de colaboración directa entre ellos, y la mención de Cano a Herrera en su testamento dictado en Granada en 1667, siete años después de haber abandonado definitivamente la Corte.

 

Ambos participaron en las obras efímeras para la entrada de la nueva reina Mariana de Austria en 1649. Herrera Barnuevo, junto con otros maestros, llevó a cabo la escultura de cuatro arcos y un Parnaso en el Prado de San Jerónimo. Este recibió grandes elogios de Palomino y, aunque no se pusieron finalmente las estatuas de las nueve Musas, se aprovecharon las de Apolo, Pegaso y Hércules y las de nueve poetas ibéricos[2]. También presentaron ambos a concurso, sin éxito, unas trazas para el trono de la Virgen del Sagrario de la catedral de Toledo.

 

En 1652 murió la primera mujer de Sebastián, Jerónima de Godoy, con la que no parece que tuviera descendencia, y al año siguiente contrajo matrimonio con doña Francisca de Leruela y Caja, de quien tuvo seis hijos. Vivieron durante estos años en diversos domicilios de la parroquia de San Sebastián, donde residía la mayoría de artífices dedicados a la madera.

 

En 1653 obtuvo un encargo, el adorno de madera dorada y jaspes fingidos -típicos en Herrera- para la Virgen de Guadalupe, que destaca no tanto por su tamaño ni su reservado emplazamiento, el claustro de las Descalzas reales, sino por su comitente, sor Ana Dorotea de Austria, hija ilegítima del emperador Rodolfo II[3]. Llama la atención su original estructura, complicado adorno y 75 pequeñas pinturas sobre cristal. Se inserta en una hornacina sobre la que hay dos águilas, símbolo de los Austrias, que muestran un papel arrugado fingido con datos del patronazgo, y se cierra con una artística reja. Esta da paso a un altar con su frontal, en cuyo centro está pintada la Concepción, y sobre él hay tres gradas, un dosel que cobija a la Virgen, dos puertas entreabiertas simuladas y el arco con su intradós. Las pinturas cubren toda la superficie: 22 muestran a heroínas del Antiguo Testamento como precursoras de la Virgen y otras 52 los episodios de su vida ilustrados por medio de versículos bíblicos, igualmente prefiguraciones marianas.

 

Mayor repercusión tuvo su retablo mayor para el convento de los Agustinos recoletos, realizado desde 1654[4]. Tenía en las calles laterales del cuerpo principal esculturas de los santos agustinos Guillermo y Juan Bueno para los que Herrera dio modelos, y en el centro, entrando en el cuerpo de remate y cerrando en medio punto, la pintura del Triunfo de san Agustín, depositado por el Museo del Prado en San Francisco el Grande y lo único conservado del retablo.

 

La orden quedó muy satisfecha y en 1659 le encargó un diseño para el altar de Santo Tomás de Villanueva, canonizado el año anterior, erigido en el monasterio de San Felipe el real[5]. Muy teatral, se componía de dos tablados, cada uno con una fuente octogonal de madera, que flanqueaban otro tablado con el altar. A los lados había cuatro lienzos con historias de la vida del Santo que se reflejaban en unos espejos, y estatuas de este vestido de colegial y San Ildefonso, San Juan de Sahagún y San Bartolomé. Sobre el altar había una serpiente -símbolo del pecado- oprimida por el globo terráqueo, un libro abierto en el que apoyaba la Iglesia, una mezcolanza de trompetas, banderas, coronas y cetros, un águila con sus polluelos con insignias de las órdenes religiosas, nubes y un gran sol. Otra figura de Santo Tomás tenía cabeza, manos y pies de madera y el resto del cuerpo armado y pintado para ser ligero y poder subir mediante un mecanismo al cielo, donde le vestirían de pontifical un ángel con báculo y otro con mitra; otros dos niños sostenían escudos de armas papal y real. Todo estaba cobijado por unos torreones –quizá recuerdo de los dispuestos por Cano en el arco de la Puerta de Guadalajara para la entrada de Mariana de Austria- que remataban en un rico dosel.

 

Herrera adornó por estos años dos capillas en el colegio Imperial, actual colegiata de San Isidro. En 1658 pintó en la bóveda y lunetas de la capilla de la Sagrada Familia motivos decorativos y en el retablo diez cuadros para el banco, cuerpo principal y ático. En la capilla de la Virgen del Buen Consejo -cuya decoración ha desaparecido pero es conocida por dibujos y fotografías- pintó la bóveda, la cúpula con mujeres fuertes del Antiguo Testamento como en el ornato de las Descalzas, y las pechinas[6]. En el retablo estaban en el primer cuerpo la Virgen titular, en los laterales esculturas de los Santos Joaquín y Ana, y en el remate la Aparición de la Virgen del Buen Consejo al beato Luis Gonzaga, del que queda dibujo en el Museo del Prado con la forma del ático. Esta pintura se quitó al reformarse el retablo en estilo aún más barroco poco antes de 1765, cuando se abrió grabado del mismo. También hizo los adornos de las paredes de la capilla, pero entre los añadidos dieciochescos solo se reconocen como suyos los de los huecos para reliquias del crucero.

 

En 1657 comenzó a hacerse la que sería definitiva capilla de San Isidro en la parroquial de San Andrés, financiada por el Ayuntamiento madrileño en honor de su patrón y con supervisión de la Corona. José de Villarreal, maestro mayor de la Villa, trazó el edificio y contó con la ayuda de Herrera, quien dibujó el tabernáculo de madera dorada y fingida de jaspes para el altar principal (Biblioteca Nacional)[7]. Tenía gran cantidad de ángeles en diferentes actitudes por todo el armazón, un primer cuerpo con columnas salomónicas y custodia, el segundo con machones y el arca del cuerpo de san Isidro bajo cortinaje, y el tercero arbotantes al modo del baldaquino de Bernini más la Fe por remate. Este proyecto, que de haberse realizado le hubiera proporcionado gran fama, fue abandonado en favor de otro de mármoles y jaspes de Juan de Lobera.

 

En 1658 declaró en las pruebas para el hábito de Santiago de Velázquez y afirmó conocerle desde hacía 26 años. En 1660 falleció su hermano Antonio, también escultor y pintor, quien poseía una biblioteca bien provista que permite evocar la de Sebastián, que tuvo que ser importante. Muestra de su saber es un cuaderno custodiado en el Archivo Histórico Nacional en el que Herrera analizó tratados de diversas materias y realizó dibujos a modo de estudios. En 1661 aprobó el Tratado breve sobre las Ordenanzas de la Villa de Madrid, y Policía della de Juan de Torija y al año siguiente trazó un trono de plata para la Virgen de Gracia de la plaza de la Cebada[8].

 

A pesar de sus contactos con el círculo palatino, Herrera tenía poco peso en el arte cortesano. Sin embargo, su carrera experimentó un vuelco en 1662 al fallecer Villarreal y sustituirle como maestro mayor de las obras reales, oficio que llevó aparejado el de ayuda de la furriera y un año después un aposento en la Casa del Tesoro junto al Alcázar. Fue una elección inesperada, como relata Palomino, sin duda por no haber trazado antes edificios y no estar integrado en el escalafón de las obras reales. Hemos propuesto que un dibujo de la Biblioteca Nacional, que tiene otro pegado de una pequeña Virgen con el Niño, represente en realidad un encargo no documentado a Herrera Barnuevo de una traza para el ornato en el que se presentó a la Corte, en el altar mayor de la capilla real del Alcázar, el gran Pasmo de Sicilia de Rafael (Museo del Prado), recién llegado a Madrid en 1661, y que sirvió desde entonces como retablo[9]. Los ángeles descorren teatralmente una cortina, recurso habitual en él, que deja ver la pintura dentro de su marco. Se prescinde de los órdenes clásicos en un rasgo manierista que conjuga con la exuberante decoración barroca, ambos elementos aprendidos de Alonso Cano.

 

El monarca tenía el propósito de reformar la capilla real de la Virgen de Atocha, patrona de la Corte, en su convento dominico, y Herrera Barnuevo había demostrado su capacidad para adornar la arquitectura[10]. En Atocha dispuso un crucero y tambor ochavados, cúpula que pintó al fresco Francisco de Herrera el Mozo, recomendado al rey por el propio Herrera, y chapitel. Herrera Barnuevo trazó también el camarín con adornos y huecos para reliquias, como se ve en dos dibujos de los Uffizi, pintado al fresco por Francisco Rizi y Juan Carreño de Miranda. Diseñó el retablo dorado y fingido de jaspes para la Virgen con esculturas de San Felipe y San Lucas a los lados y escudo real en el ático; mármoles, rejería, puertas y ventanas y platería. De esta destacamos las andas para llevar en procesión la Virgen de Atocha, cuya traza se conserva en el Museo del Prado.

 

Felipe IV vio satisfechos sus deseos de ver la obra acabada antes de fallecer en 1665. Herrera fue encargado de los diseños para la ceremonia fúnebre en el convento de la Encarnación, para lo cual se editó un libro con estampas hechas sobre sus dibujos[11]. En él se incluyó el túmulo funerario, vertebrado en dos cuerpos octogonales rematados por cúpula, cuajado de adornos con atributos reales y alusivos a la muerte y gran cantidad de velas para el féretro, además de jeroglíficos y escudos de los reinos hispánicos pintados en las paredes enteladas de negro. Otro túmulo similar aunque menor en tamaño trazó Herrera unos meses más tarde en memoria de Ana de Austria, hermana del difunto rey y viuda de Luis XIII[12].

 

Herrera Barnuevo acumuló otros oficios, como el de maestro mayor de la Villa en 1665; en esta condición realizó numerosos dictámenes, tasaciones y trazas en intervenciones de poco calado. En 1666 logró el oficio de conserje de El Escorial para su hermano Manuel y a su fallecimiento en 1669 pasó él mismo a ocuparlo. En 1667 fue designado pintor de cámara.

 

No cesó su actividad arquitectónica y en 1664 debió trazar el palacio del marqués de Villanueva del Río en la Concepción Jerónima[13]. En las cláusulas figura el nombre de Herrera en relación con los diseños y la dirección de la obra, lo que, unido a la importancia del personaje, hijo del duque de Alba al que sucedería tres años después, nos lleva a atribuirle el proyecto.

 

De 1667 datan dos empresas en las que la ornamentación juega un papel importante. Trazó el retablo del Santo Cristo de la parroquial de San Ginés[14], que cuenta con machones y arcos de mármol y jaspe con adornos y cuatro ángeles de bronce; en esta materia ideó la reja de comulgatorio. Proyectó también la urna de Jueves Santo de plata para la capilla del Alcázar, que se ha identificado con un dibujo de los Uffizi[15], pero no coincide salvo en unos pocos aspectos con la descrita por el contraste al acabarse la pieza. Herrera dio los modelos decorativos y figurativos de cera para fundición en plata y dorado, y trazó también un tabernáculo de madera para envolver el arca. En el Museo del Prado hay un dibujo, interpretado como adoración del arca de la Alianza, pero los ángeles adoran e inciensan un arca de Jueves Santo entre columnas salomónicas y un cortinaje. El proyecto podía servir de fondo a un monumento de Semana Santa, posiblemente el de la propia capilla real.

 

En 1668 proporcionó por encargo de la regente Mariana de Austria una traza para el nuevo convento benedictino de Montserrat el real en Madrid[16], que incluía una iglesia con cúpula y dos torres, pero no se llegó a realizar por falta de caudales. Se encargaron de su materialización Pedro de la Torre y Francisco de Aspur, quienes aprovecharon la muerte de Herrera para presentar a los monjes una traza nueva que abaratara la obra y que es la que se siguió.

 

Se sabe que trazó el relicario de plata en blanco para el corazón de Santa Teresa, guardado por las carmelitas descalzas de Alba de Tormes, por haberse conservado el dibujo, hoy dividido en dos fragmentos. De plata dorada son los adornos y esculturas de ángeles y la Transverberación de la Santa según el modelo de Bernini[17].

 

En estos últimos años padeció Herrera enfermedades prolongadas que le llevaron a la muerte en 1671. Acumuló elogios en vida respecto a su capacidad arquitectónica que se tornaron en críticas tras su fallecimiento. No tuvo oportunidad de trazar más que algunos edificios, pero fue un excelente arquitecto de retablos y de piezas de platería, en los que la decoración igualaba en importancia a la estructura. Su gran dominio del dibujo, similar al de Alonso Cano, le permitió llegar a las más altas cotas en las artes.

 

CRONOLOGÍA DE OBRAS MADRILEÑAS

 

– Retablo de la capilla de la Virgen de la Herrería en la iglesia de San Bernabé de El Escorial (1647-1648)

A.G.P, San Lorenzo, leg. 1.697.

BUSTAMANTE, p. 24.

 

– Monte Parnaso para la entrada de la reina Mariana de Austria (1649)

AV, ASA, 2-58-13 y 14.A.H.P.M, prot. 9038.

RAMÍREZ DE PRADO, pp. 5-12. PALOMINO, p. 377.BLANCO MOZO, p. 84.AGULLÓ (2005), pp. 73, 156-157, 240.ZAPATA, pp.

 

– Retablo para la capilla de Nuestra Señora de Guadalupe en el convento de las Descalzas Reales (1653)

WETHEY Y SUNDERLAND.

 

– Retablo mayor de la iglesia del convento de Agustinos Recoletos (1655-1658)

A.H.P.M, prot. 7632, 7986, 7987, 10100.

PALOMINO, p. 376.AGULLÓ (1978), p. 83. DÍAZ GARCÍA (2005), p. 55.

 

– Proyecto no realizado para el tabernáculo de la capilla de San Isidro en la parroquia de San Andrés (1657).

AV, Sección 2, legajo 284.

WETHEY (1958), p. 16.CRUZ YÁBAr (2015), p. 50.

 

– Traza para un altar efímero dedicado a santo Tomás de Villanueva en el convento de San Felipe (1659).

A.H.P.M, prot. 9238.

BARRIO MOYA (1988).

 

Decoración de la capilla de Nuestra Señora del Buen Consejo en el Colegio Imperial (década de 1660).

PALOMINO, p. 376. WETHEY(1958), p. 24. RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOs, 414. DÍAZ GARCÍA (2005), pp. 61-63.

 

– Traza del retablo mayor de la capilla real del Alcázar (1661)

A.G.S, Contaduría Mayor de Cuentas, 3ª época, Leg. 1810.

CRUZ YÁBAR (2015).

 

– Diseño para el trono de Nuestra Señora de Gracia (1662)

A.H.P.M, prot. 8695.

BARRIO MOYA (1983).

 

– Decoración de la capilla de la Virgen de Atocha en su convento (1662-1665)

A.H.P.M, prot. 7455, 7456 y 10988.

TOVAR (1975), pp. 105 y 114-115. CRUZ VALDOVINOS (1985), p. 1255. Agulló (1997), p. 39. AGULLÓ (2005), p. 354. CRUZ YÁBAR (2010).

 

– Palacio del marqués de Villanueva del Río (1664)

A.H.P.M, prot. 8012.

AGULLÓ (2005), pp. 211-212.

 

– Túmulo de Felipe IV en la iglesia del convento de la Encarnación (1665)

RODRÍGUEZ DE MONFORTE. DÍAZ DEL VALLE. BONET CORREA, p. 285. Azcárate, p. 295.

 

– Túmulo de Ana de Austria en la capilla real del Alcázar (1666)

ALLO, pp. 729-731.

 

– Dibujos y dirección del arca de Jueves Santo de plata y de madera para la capilla real del Alcázar (1666-1670)

A.G.P., Sección administrativa, leg. 1.126.

Barrio Moya y Martín. Cruz Yábar (2013), pp. 386-388.

 

– Traza para el retablo y tres rejas para la capilla del Santísimo Cristo en la parroquia de San Ginés (1667)

Archivo de la parroquia de San Ginés de Madrid, Libro I de acuerdos y cuentas del tesorero.

KREISLER, p. 340. CRUZ YÁBAr (2010), pp. 237-238.

 

– Traza no realizada para el convento de Nuestra Señora de Montserrat (1668)

TOVAR (1975), pp. 106 y 110. CRUZ YÁBAR (2019), pp. 146-150.

 

– Retablo de la capilla de San Antonio en el convento de los Agonizantes (sin fecha conocida)

PALOMINO, p. 376.

 

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JUAN MARÍA CRUZ YÁBAR

FECHA DE REDACCIÓN: 14 DE OCTUBRE 2019

FECHA DE REVISIÓN: 23 DE DICIEMBRE 2019

 

NOTAS

[1] AGP, San Lorenzo, leg. 1.697. Agustín Bustamante García, «La iglesia de El Escorial», Boletín del Museo e Instituto «Camón Aznar», LXVII (1997), pp. 5-39, espec. 24.

[2] AV, ASA, 2-58-13 y 14. AHPM, prot. 9038. Lorenzo Ramírez de Prado, Noticia del recibimiento y entrada de la reina nuestra señora doña Mariana de Austria en la muy noble leal y coronada villa de Madrid, Madrid: 1650, pp. 5-12. Antonio Palomino, El museo pictórico y escala óptica, t. III, Madrid: Lucas Antonio de Bedmar, 1724, p. 377. Juan Luis Blanco Mozo, «Juan Sánchez Barba (1602-1673), escultor», Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte, XV (2003), pp. 79-98, espec. 84. Mercedes Agulló y Cobo, Documentos para la historia de la escultura española, Madrid: Fundación de Apoyo a la Historia del Arte Hispánico, 2005, pp. 73, 156-157, 240. Teresa Zapata Fernández de la Hoz, La Corte de Felipe IV se viste de fiesta. La entrada de Mariana de Austria (1649), Valencia: Universidad, 2016, pp. .

[3] Wethey y Sunderland.

[4] AHPM, prot. 7632, 7986, 7987, 10100. Palomino, p. 376. Mercedes Agulló y Cobo, Documentos sobre escultores, entalladores y ensambladores de los siglos XVI al XVIII, Valladolid: Universidad, 1978, p. 83. Abraham Díaz García, «Nuevos datos sobre Sebastián de Herrera Barnuevo en los Recoletos Agustinos y en el Colegio Imperial de Madrid», Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte, XVII (2005), pp. 51-66, p. 55.

[5] AHPM, prot. 9238. José Luis Barrio Moya, «Nuevas noticias sobre la actividad artística de Pedro de Villafranca y Malagón», Cuadernos de Estudios Manchegos, 18 (1988), pp. 342-351.

[6] Palomino, p. 376. Wethey (1958), p. 24. Alfonso Rodríguez G. de Ceballos, «El Colegio Imperial de Madrid», Miscelánea Comillas, LIV (1970), pp. 407-445, espec. 414. Díaz García (2005), pp. 61-63.

[7] AV, Sección 2, legajo 284. Harold E. Wethey, «Sebastián de Herrera Barnuevo», Anales del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas, XI (1958), pp. 13-42, espec. 16.

[8] Trazó también un trono de plata para la Virgen de Gracia en la plaza de la Cebada en enero de 1662 (AHPM, prot. 8695. Barrio Moya (1983).

[9] AGS, Contaduría Mayor de Cuentas, 3ª época, Leg. 1810. Juan María Cruz Yábar, «La llegada del Pasmo de Rafael a Madrid y su instalación en el altar la capilla del Alcázar por Herrera Barnuevo», De Arte: revista de historia del arte, 14 (2015), pp. 38-53.

[10] AHPM, prot. 7455, 7456 y 10988. Virginia Tovar Martín, Arquitectos madrileños de la segunda mitad del siglo XVII, Madrid: Instituto de Estudios Madrileños, 1975, pp. 105 y 114-115. José Manuel Cruz Valdovinos, «Arquitectura barroca: siglo XVII», en Historia de la arquitectura española, Zaragoza: Planeta, 1985, p. 1255. Mercedes Agulló y Cobo, «Pedro, José, Francisco y Jusepe de la Torre, arquitectos de retablos», Anales del Instituto de Estudios Madrileños, XXXVII (1997), pp. 25-70, espec. 39. Agulló (2005), p. 354. Juan María Cruz Yábar, «Juan Ortiz de la Rivilla y otros plateros en la capilla de Nuestra Señora de Atocha de Madrid», en Estudios de platería San Eloy, Murcia: Universidad, 2010, pp. 235-250.

[11] Pedro Rodríguez de Monforte, Descripción de las honras que se hicieron a la Catholica Magestad de D. Phellipe quarto…, Madrid: Francisco Nieto, 1666. Lázaro Díaz del Valle, Historia y nobleza de el reyno de León y Principado de Asturias, Madrid: 1667-1669. Antonio Bonet Correa, «El túmulo de Felipe IV, de Herrera Barnuevo, y los retablos baldaquinos del Barroco español», Archivo Español de Arte, XXXIV (1961), pp. 285-297, espec. 285. José María de Azcárate, «Datos sobre túmulos de la época de Felipe IV», Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, 28 (1962), pp. 289-296, espec. 295.

[12] Adelaida Allo Manero, Exequias de la Casa de Austria en España, Italia e Hispanoamérica, Zaragoza, 1993, pp. 729-731.

[13] AHPM, prot. 8012. Mercedes Agulló y Cobo, Documentos para la historia de la arquitectura española, vol. II, Boston-Madrid: Universidad de Massachusetts-Fundación de Apoyo a la Historia del Arte Hispánico, 2015, pp. 211-212.

[14] Archivo de la parroquia de San Ginés de Madrid, Libro I de acuerdos y cuentas del tesorero. Miguel Kreisler Padín, «Notas y noticias sobre la capilla de la Congregación del Cristo de San Ginés», Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo, XXIII (1929), p. 333-352, espec. 340. Cruz Yábar (2010), pp. 237-238.

[15] A.G.P., Sección administrativa, leg. 1.126. José Luis Barrio Moya, y Fernando Martín, «Un monumento de Semana Santa para la Real Capilla de Palacio», Reales Sitios, 70 (1981), pp. 11-16. Juan María Cruz Yábar, Sebastián de Benavente (1619-1689) y el retablo cortesano de su época, Madrid: Universidad Complutense, 2013, pp. 386-388.

[16] Tovar (1975), pp. 106 y 110. Juan María Cruz Yábar, «Mariana de Austria y las obras para el convento y el hospital de Montserrat de Madrid», en Mulheres da realeza Ibérica. Mediadoras políticas e culturais, Lisboa: Movimiento Internacional Lusófono, 2019, pp. 145-157, espec. 146-150.

[17] Palomino le atribuyó un retablo en el monasterio madrileño de los Agonizantes Palomino, p. 376.

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