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Luis Gutierrez Soto. Archivo de la Comunidad de Madrid. 
LUIS GUTIÉRREZ SOTO

  

Arquitecto. Madrid, 6 de junio de 1900 – Madrid, 1 de febrero de 1977

 

Nacido en la calle Villanueva número 15 de Madrid y fallecido en la misma ciudad, Luis Gutiérrez Soto está considerado el arquitecto contemporáneo español más versátil en su producción arquitectónica, capaz de adaptarse a cada época y a cada cliente con notable brillantez, sin renunciar a las nuevas condiciones que ofrecía el progreso de la construcción.

 

Hijo de Felipe Gutiérrez y Gómez de Rozas, ingeniero de caminos e inspector del Consejo de Obras Públicas, oriundo de Las Encartaciones, Vizcaya, y de María Asunción de Soto y Armesto, natural de Burgos e hija de los condes de Encinas, Grandes de España, su primera formación se desarrolla entre Madrid y San Lorenzo de El Escorial, en cuyo Colegio de los Padres Agustinos cursará como interno hasta 1915. Esta vivencia, entre los graníticos muros del Monasterio escurialense, habría de marcar su arquitectura.

 

Son años en los que sobresale también como un buen jugador de fútbol, pues acabó debutando en el Club Atlético de Madrid, lo que le valdría el seudónimo de “Pichichi” hasta el final de su vida[1].No mucho después sustituiría el fútbol por el tenis, como principal afición deportiva.

 

A partir de la terminación del bachillerato comienza su preparación para ingresar en la Escuela de Arquitectura de Madrid, no logrando superar el dibujo de ornato en las cuatro convocatorias previstas, por lo que, agotadas, tuvo que empezar la carrera de Ingeniería Naval. Sin embargo, la aprobación de una prórroga en las convocatorias le permitió volver a intentar el ingreso en la Escuela, consiguiéndolo en 1917.

 

Tras la Primera Guerra Mundial, la situación económica familiar se complica, al arruinarse su padre como consecuencia de sus inversiones en la Bolsa alemana. Esto obliga a Luis Gutiérrez Soto a tener que trabajar para poder finalizar sus estudios. Se dedica entonces a la decoración de tiendas, como Regis o Fredis, a pintar calendarios, modelos de abanicos y mobiliario con laca china, todo lo cual le aportaría pronto la madurez precisa para convertirse en el trabajador infatigable, que siempre fue. Están documentados sus trabajos de decoración en 1920 para la Unión Musical Española en la Carrera de San Jerónimo y para el Teatro Infanta Beatriz dos años después.

 

Disconforme con la arquitectura del siglo XIX, es en la Escuela donde conoce una posible conciliación entre la tradición y la modernidad, a través de la arquitectura de Otto Wagner y la Sezession, de Peter Behrens y el Werkbund o del expresionismo de Hans Poelzig y Bruno Taut.

 

Aquí entabla amistad con algunos de sus profesores, cuya obra y pensamiento de arquitectura influiría en su producción posterior, como Antonio Flórez, Pedro Muguruza y Modesto López Otero. Éste le recordaba años después como un alumno excepcional, sensible, imaginativo, con gran vocación y muy perfeccionista, con un sentido de la originalidad y curiosidad insaciable. De hecho, el propio Gutiérrez Soto se consideraba a sí mismo el más inquieto de su generación en la Escuela de Madrid, la llamada “del 25” por Carlos Flores, a la que pertenecieron: Fernando García Mercadal, Casto Fernández-Shaw, Rafael Bergamín, Martín Domínguez, Carlos Arniches, Agustín Aguirre, Luis Lacasa o Manuel Sánchez Arcas, entre otros. Sin embargo, siempre fue crítico en sus opiniones e independiente.

 

A pesar de este posicionamiento arquitectónico, el carácter de uno de sus proyectos de Escuela conocidos es aún herreriano: una casa de campo para un obispo, realizada en 1922, un año antes de titularse como arquitecto con el número uno de su promoción, junto a su compañero Javier Yarnoz Larrosa.

 

Inmediatamente se pone a trabajar en el estudio de López Otero, invitado por éste y en el que se ve influido por el ambiente Art Decó dominante en los trabajos, el cual se intensifica tras su viaje a París en 1925, donde visita la Exposición de Artes Decorativas e Industriales Modernas, así como a distintas ciudades alemanas y austriacas. Curiosamente, no son de su interés las entonces difundidas y vanguardistas propuestas de Le Corbusier, aun cuando acude a sus edificios para conocerlos.

 

En el concurso de ese último año para el Edificio de la Compañía Arrendataria de Tabacos, en colaboración con Fernando Cánovas del Castillo, se muestra dubitativo en el abandono de la tradición, pero con el Cine Callao de Madrid, también de 1925, Gutiérrez Soto, además de inaugurar la que fue una sus tipologías más características, asume formalmente la referida influencia Art Decó. En él también se refleja la arquitectura de Zuazo, al que admira, especialmente de su cercano Palacio de la Música. El Cine ocupa un solar en forma de V y en su programa se incluía una gran sala de fiestas en el sótano, cine en la terraza y oficinas en la parte posterior, precisamente en las que el arquitecto situó su primer estudio. Muy significativo es el torreón de la esquina, a modo de faro anunciador del edificio.

 

Este lenguaje, pero con connotaciones de la arquitectura colonial, se observa en una de sus obras domésticas también tempranas, el hotel para Francisco Urquijo.

 

En 1927 funda el Club de Campo con tres amigos, Joaquín Satrústegui, Álvaro Aguilar y Germán Gamazo, al comprobar que en Estados Unidos había deportes impracticables en España, como el hockey, polo o golf, por la falta de instalaciones. Con el apoyo de algunos aristócratas consiguen el visto bueno del rey Alfonso XIII, quién les cede una gran parcela de la Casa de Campo, en la que inmediatamente se inicia la construcción del Club con la participación del arquitecto. Así pudo ser inaugurado en 1931 con el llamado “chalet de abajo”, poco después destruido durante la Guerra, y algunas pistas, terminándose al año siguiente el campo de golf, donde Gutiérrez Soto comienza las clases del que será finalmente su nuevo deporte favorito.

 

Aquí construye también el edificio social o “chalet de arriba”, con una planta única y quebrada, gran vestíbulo y galerías interiores, de rasgos clasicistas al exterior, en la que se distingue su pórtico con pilares de piedra y cubiertas de pizarra, adoptada como solución de respeto al entorno. Este edificio será reconstruido a partir de 1955 por el propio Gutiérrez Soto, en colaboración con José Antonio Domínguez Salazar.

 

El 4 de febrero de 1928 fallece su padre, el mismo año en el que se fecha su primera obra de carácter expresionista, el Cine Europa de la calle Bravo Murillo, donde el recuerdo de la arquitectura de Mendelsohn es patente. Constaba además de bar y billares, pero con sus servicios funcionando de modo independiente, todo lo cual se perdió en su reestructuración interior posterior.

 

El cine es un edificio vanguardista en su concepción, proyectado sólo un año después de la ampliamente aceptada entrada de la arquitectura española en la modernidad, a través de tres obras: el Rincón de Goya de Mercadal, la casa del marqués de Villora de Bergamín y la Gasolinera Porto Pí de Fernández-Shaw. Con él, Gutiérrez Soto demuestra ya su coincidencia con el pensamiento del GATEPAC, pero al considerarlo un grupo elitista y cerrado le hace mantenerse al margen, si bien atento a sus propuestas. Él prefirió seguir su trayectoria en solitario, con un carácter casi artesanal.

 

En esta misma línea continúa proyectando nuevas salas cinematográficas, como el celebrado Cine Barceló en 1930, que tiene el mérito de ser la única obra de arquitectura española incluida en la universal publicación: Arte de proyectar en arquitectura de Ernst Neufert de 1936, como ejemplar solución en un difícil solar en esquina. Se trata de un edificio plurifuncional para sala de fiestas, cine y teatro, pero unitario en su composición, de planta elipsoidal autónoma, conforme a un eje diagonal. Al exterior se refleja la función, con huecos horizontales que recortan los muros limpiamente. El Barceló es una de las obras cumbres de la arquitectura española contemporánea, de gran expresividad y elocuencia, con sus ojos de buey y barandillas de proa, a la manera de un barco que surca el espacio urbano.

 

Este “estilo barco” lo mantiene en su conjunto deportivo en el río Manzanares, la destruida Piscina La Isla, con mayor sentido por el lugar acuático en el cual se levanta. Fue proyectada en 1931 siguiendo los criterios higienistas y las demandas sociales de la época, obteniendo gran acogida por el propio GATEPAC, que la publica en su revista AC.

 

También se refleja su estilo dinámico en algunos de los locales que diseña en este momento, como el Dancing Salon de Té Casablanca, de aires “hollywoodianos”, con su palmera luminosa a la entrada, o el Bar Chicote en la Gran Vía, que permanece como superviviente de tantos otros desaparecidos, siendo una obra total que integra la arquitectura y el diseño, cuyo mobiliario distribuye el espacio y diferencia los distintos usos.

 

Es el mismo lenguaje que se observa en algunas de sus obras menos conocidas, como las viviendas de alquiler para Julián Jimeno en la calle Luciente, edificio sencillo, con miradores laterales de poco vuelo, cornisa, texturas y letreros expresionistas, con algunos detalles Art Decó en la escalera, o en las promovidas por Prudencia Martínez en la calle Fernández de los Ríos, con su característico chaflán curvo. También se reconoce en algunas de sus viviendas unifamiliares, como la casa de la calle Serrano y especialmente en la realizada para el celebrado doctor José Mouriz, en el Paseo de la Habana, en la que anticipa su personal y original modo de organizar el espacio residencial y plantea la ruptura con el volumen estático, a base de aleros pronunciados y retranqueos, en relación con la arquitectura de Wright y los neoplasticistas holandeses.

 

En esta época participa en nuevos concursos, como el Aeropuerto de Barajas (1929), que gana y le permite llevar a cabo su propuesta aerodinámica y funcional, aun cuando pierde los del Edificio Carrión o Capitol (1931) y el del Hipódromo de la Zarzuela (1934). Este último año realiza la Casa Cuna de Nuestra Señora de las Mercedes frente al límite nororiental del Ensanche, destinado a hijos de madres trabajadoras. Se trata de un volumen de planta en L, abierta, con chaflán curvo y brazos adaptados a las alineaciones del solar en esquina. Los criterios que sigue son el respeto al lugar, definido por la cercana Colonia Iturbe 3, la preocupación por la higiene y el soleamiento y la coherente ordenación del programa. Al exterior mantiene su propuesta expresionista en sus rasgos formales, como la esquina curva, óculos, huecos horizontales y rasgados en el muro, así como la cubierta plana, pero todo con mayor moderación.

 

Gutiérrez Soto contribuye en los años treinta a poner las bases para un nuevo modo de entender la vivienda colectiva, aunque las culmine en la década siguiente, alejándose de las modas impuestas por las revistas de arquitectura y sólo atendiendo a los deseos de sus clientes, especialmente la alta burguesía, con la que establece, a juicio del profesor Ángel Urrutia, una verdadera simbiosis. Esto se observa ya en sus edificios de viviendas de las calles de Espronceda 35 y Velázquez 57, proyectados en 1930 y 1932 respectivamente, con un complejo programa de necesidades y circulaciones, que diferencia las zonas vivenciales de los propietarios de las de su servicio doméstico.

 

Las viviendas de la calle Velázquez para la condesa de Gamazo suponen un interesante ejercicio de modificación del proyecto previo de Francisco Roca, que el joven arquitecto modernizó, dando mayor independencia a la zona de servicios, que se comunican a través de la escalera posterior, reduciendo el tamaño de las viviendas interiores y logrando un mejor acondicionamiento de luces y ventilación, aun a costa de alterar la claridad formal de la planta inicial. Más contundente fue la reforma de la fachada principal, simplificándola y racionalizándola, aumentando huecos y adecuándola a un plan “más moderno y sencillo, dentro de la elegancia que la clase del edificio exige”. Destaca el cuerpo central elevado y avanzado, con bandas alternas de enfoscado y ladrillo visto entre ventanas horizontales, excepto en el séptimo, que incorpora una original terraza corrida. El escalonamiento de las jambas, reduciendo el espesor del muro, es una solución análoga a la que años después se realizará en el edificio Bankinter de Moneo.

 

En cuanto a las viviendas de la calle Espronceda, éstas se organizan en torno a un patio interior, destacando la escalera por su belleza estructural y los gruesos recercados de los huecos horizontales sobre los paramentos de ladrillo, así como el empleo de la línea curva. Por primera vez, Gutiérrez Soto proyecta en este edificio terrazas al exterior, que no llegaron a ejecutarse, pero preludian la que será la obra residencial de síntesis de este periodo: las viviendas en la calle Almagro 26.

 

En estas últimas, colaborando otra vez con Fernando Cánovas del Castillo, el mismo arquitecto reconoce haber incorporado por vez primera la terraza jardín, con el objetivo de prolongar la vida interior. Se trata de algo novedoso también en Europa, surgiendo la terraza al disponer “piezas contrapeadas a montacaballo” en las fachadas. Aunque terminado después de la guerra, el éxito de este edificio fue enorme, superando con sus terrazas al tradicional balcón y a la galería de la castiza corrala, además de buscar un avance sobre el racionalismo, lo que tendrá enorme influencia en la arquitectura madrileña de las tres décadas siguientes.

 

Son varias las obras que tendrá que concluir tras la contienda, como las viviendas para la Inmobiliaria Miguel Ángel en esta calle que, acogidas a la Ley Salmón, se vieron limitadas en su superficie, aun cuando se exigiera una dignidad adecuada al barrio en el que se iban a situar. Es muy interesante la introducción de un patio abierto a la calle, lo que permite aumentar el número de viviendas exteriores, pues de las catorce totales, doce tendrían luces a la vía pública.

 

Al estallar la Guerra Civil en 1936 se refugia en la Embajada de México durante nueve meses, pudiendo pasar al bando nacional en marzo de 1937, trasladándose a Salamanca e incorporándose al Ejército del Aire, en el que se gradúa a su término como comandante. Su función fue la construcción de aeropuertos militares.

 

Tras la contienda regresa a su actividad profesional, y en junio de 1939 participa en la I Asamblea Nacional de Arquitectos, celebrada en el Teatro Español de Madrid, en la que presenta la ponencia: “Dignificación de la vida (vivienda, esparcimiento y deporte)”, con cuyas palabras parece enlazar con el racionalismo precedente, aunque adaptado a la nueva ideología y tendencias estéticas. Y es que, para muchos, Gutiérrez Soto fue capaz de mantener sus propuestas de los años treinta, revestidas ahora con elementos formales, emblemáticos del pasado imperial de España, convirtiéndose así en quien mejor supo reflejar en la arquitectura ese anhelo de asimilación de los vencedores. De este modo, su estilo siguió siendo el propio, si bien ahora se funden la tradición herreriana y mudéjar con el racionalismo moderno.

 

Su obra más importante de este momento es el Ministerio del Aire, proyectado a partir de 1941 en el solar de la antigua Cárcel Modelo y con el que pretende contribuir a definir la Cornisa del Manzanares, esa fachada representativa de un idealizado Madrid Imperial que se convirtió en punto clave del Plan General de Ordenación Urbana de Madrid de 1944, dirigido por Pedro Bidagor. Para llevarlo a cabo viajó por Alemania e Italia, dando lugar a dos propuestas, una inspirada en la arquitectura de Albert Speer y otra en el Monasterio de El Escorial, que es la que prosperó. Durante las obras contó con el asesoramiento del arquitecto personal del mariscal Göering, Ernst Sagabiel, por su experiencia en la sede que había construido en 1936 en Berlín para la Luftwaffe, y de Paul Donatz, cuya influencia sería decisiva para realizar una nueva versión del Ministerio.

 

Gutiérrez Soto justificó su propuesta años después como propia del clima existente para tratar de encontrar una arquitectura genuinamente española, que él planteó mediante un volumen compacto de planta rectangular, de espacialidad compleja, con tres patios y gran horizontalidad, a la que se contraponen las cuatro torres con chapiteles en las esquinas. El énfasis lo pone en la portada principal con cuatro medias columnas de orden toscano, gigante y de granito, rematada por un cuerpo ático, con frontón sobre ménsulas, entre aletones curvos y pináculos, que contrasta con el monótono ritmo de los huecos y los paramentos de ladrillo. Al interior opone la monumentalidad de las zonas nobles a la racionalidad de las restantes, incluso con detalles Art Nouveau.

 

Su proyecto habría de incluir también la creación de la Plaza de la Moncloa, oficialmente denominada de los Mártires de Madrid, con un gran espacio abierto y rectangular, calles y edificios de viviendas para militares, las cuales no compiten en su carácter con el del Ministerio, pero otorgan orden al conjunto y dignidad a una de las principales entradas a la capital.

 

Por entonces lleva a cabo para la firma Galerías Preciados, y en la calle de este nombre, un centro comercial que tuvo el mérito de ser el primero de este tipo realizado en Madrid. Se trata de un conjunto que se inserta en una manzana completa del casco histórico, construido en varias fases a partir de 1940 y hasta 1956, el cual superó las dificultades urbanísticas por el exceso de la altura de la construcción, acentuada por la estrechez y longitud del solar, que obligó a situar los núcleos de comunicación en un lateral para dejar diáfana la planta.

 

En el mismo entorno, con amplia fachada en esquina a la Gran Vía, lleva a cabo en 1943 un hotel y locales comerciales, cuyo proyecto amplía al año siguiente para incorporar el llamado Cine Rex en los niveles bajo y entresuelo. El edificio tiene planta en U, con doble crujía y circulación intermedia en torno a un patio, al que se suma otro rectangular en la medianería. La fachada es, por tanto, curva, aunque su geometría se difumina por el tratamiento continuo de los frentes de ladrillo visto, mediante una sucesión de miradores de leve resalte y ejecutados en el mismo material, que le dan gran dinamismo.

 

En 1945 vuelve a trabajar para los condes de Gamazo al realizar un nuevo edificio de viviendas de lujo en el Barrio de Salamanca, en un solar en esquina, entre las calles de Padilla y Núñez de Balboa. Resulta característica en la composición del volumen la separación de las medianerías a partir del nivel primero, creando un edificio exento con cuatro fachadas, abiertas dos al exterior y las restantes a alargados patios o terrazas sobre un garaje perimetral. Los alzados responden al estilo clasicista de la época, aunque con ciertas licencias, destacando el chaflán cóncavo por donde se produce el acceso, previo atrio configurado por columnas y pilastras almohadilladas y una balconada de coronación. Los huecos de este cuerpo son horizontales, contrastando con los demás del edificio, siendo reemplazado el último por una terraza cubierta y porticada que, en principio, se había pensado prolongar por los demás frentes, pero durante la ejecución, en 1948, se desechó. El eje de la composición del chaflán lo remata una cartela, enmarcada por pilastras y roleos y bajo un frontón triangular. El arquitecto se reservó una de las cuatro oficinas del semisótano y una de las viviendas para instalar su propio estudio y residencia, respectivamente, que mantuvo hasta el final de su vida.

 

En 1946 realiza con Eugenio de Aguinaga el Edificio Amaya, en el Paseo del General Martínez Campos, y retoma el proyecto para la realización de la que sería una de sus obras más importantes, el Complejo Carlos III en la calle Goya, objeto de concurso diez años anterior, que ganó y la guerra impidió llevar a cabo. En este sentido, los cambios se introdujeron en las fachadas para adaptarlas al “Estilo Imperial”, pues la planta enlaza con su producción previa, con un arduo programa para cine, locales comerciales, oficinas, viviendas y un hotel. Él los organiza como edificios independientes, maclados entre sí y enlazados por pasajes comerciales cubiertos. En cuanto a las viviendas, su deuda con el edificio de la calle Almagro es manifiesta, si bien incluyendo cubiertas amansardadas de pizarra.

 

Para la familia del abogado y político Antonio María de Oriol, propietario del vecino Monte del Pilar, finaliza en 1947 la gran residencia proyectada en la Colonia El Plantío, en la que sigue el mismo carácter clasicista que utiliza en los edificios de los clubes de Campo y Puerta de Hierro, éste cinco años anterior. De gran interés es su planta, coherente con el extenso programa de necesidades, la cual se resuelve en L, quedando en el ángulo el acceso y las estancias más públicas, y en cada ala los dormitorios, una para el servicio y otra principal, en distintos niveles para adaptarse a la topografía. También lo es la relación del edificio con el jardín, creando una sucesión de porches, terrazas y pérgolas a modo de enlace.

 

En 1948 participa en el Congreso Panamericano de Arquitectura, celebrado en Lima, tomando conciencia del retraso en el que vive sumida la arquitectura española, como consecuencia de la guerra y la posguerra, y decide dar los primeros pasos para liberarse del historicismo. La apertura política y económica de España en los años cincuenta se lo facilita, sabiendo alinearse con el Estilo Internacional e inaugurando una nueva etapa en su producción que se considera neorracionalista, “sentando los valores eternos de la arquitectura”, en palabras de quién hasta hoy mejor ha estudiado su figura y su obra, el catedrático y arquitecto Miguel Ángel Baldellou.

 

Un ejemplo de este cambio de rumbo son las viviendas para la Constructora Pedreña en la calle Bretón de los Herreros, con sus terrazas abiertas en semicírculo en el centro de la fachada y especialmente en las Oficinas del Alto Estado Mayor de 1949. Inicialmente planteadas, siguiendo el carácter del Ministerio del Aire, tras el viaje a América Gutiérrez Soto apostó por modificar su proyecto inicial. Se trata de un volumen de planta en L, sencillo y de cubierta plana, que vino a sustituir a la previamente pensada de pizarra con chapiteles, lo que originó gran polémica en el estamento militar y más al articular su fachada principal con móviles brise-soleil. Suponen por este motivo, las Oficinas, una de las primeras muestras de asunción de la nueva arquitectura por parte del régimen y un guiño valiente de su autor a las corrientes internacionales, quien decide asumirlas como necesidad de dar respuesta a la inevitable evolución.

 

Como se ha avanzado, es incuestionable su brillante capacidad para trasladar el programa a la planta, especialmente en la vivienda burguesa, con soluciones en un nivel y en dúplex, con clara separación entre espacios servidos y sirvientes, cuya organización, a juicio de Oriol Bohigas, será la base de toda la arquitectura residencial española.

 

Los barrios de Salamanca y Chamberí o los Paseos de la Castellana y del Pintor Rosales se ven caracterizados por sus obras y las de sus seguidores. Esto explica que sea el arquitecto que cuantitativamente más influyó en cambiar la imagen del Madrid moderno, gozando de gran popularidad, como lo prueba el que su autoría se utilizara como reclamo en los anuncios de prensa de las obras residenciales por él proyectadas.

 

Una de las obras más tempranas en estas zonas del Ensanche son las viviendas de la calle Jorge Juan, datadas en 1952, de discreta fachada, pero en cuya planta prima la iluminación y ventilación de todas las habitaciones, incorporando los necesarios patios interiores, la adaptación del bow-window o mirador y la prolongación del espacio de estar en terrazas vivideras, con plantas y hamacas, como las serré de la Belle Epoque, pero abiertas.

 

La terraza es ya, definitivamente, la seña de identidad de su arquitectura residencial, caracterizando sus alzados, oponiendo su levedad al muro ciego, su profundidad a la lisura de los paramentos y, en las fachadas a dos calles, sirviéndolas de unión. También son característicos de Gutiérrez Soto el movimiento volumétrico, con entrantes y salientes, las cornisas, los elegantes y amplios portales, a modo de zona de recepción, o la utilización extensiva del ladrillo como cerramiento y las estructuras de hormigón.

 

Las referencias racionalistas a su desaparecida Piscina La Isla se pueden encontrar en la intervención que realiza a partir de 1952 en otra piscina en Ciudad Lineal, la denominada Stella, en la que colabora su sobrino José Antonio Corrales, recientemente titulado y a quien acompaña en sus primeros pasos profesionales.

 

Su vida personal cambia radicalmente al contraer matrimonio en noviembre de 1953 y en la Iglesia de San Jerónimo el Real de Madrid con Asunción Hurtado de Mendoza y Páramo, del cual fueron fruto sus tres hijos: Asunción, Cristina y Luis.

 

Ese año es el mismo en el que inicia una de las más importantes promociones urbanas de su carrera profesional junto a José Antonio Domínguez Salazar: las viviendas para la sociedad Vallehermoso en el denominado Complejo Arapiles, en las que, inspiradas en el modelo de la Casa de las Flores de Zuazo, aunque con una ocupación más intensiva del suelo, proponen el tipo de bloque residencial burgués, a base de fachadas sencillas en ladrillo visto, terrazas y cuidada distribución interior. Precisamente, por estos años, se ocupa de dirigir la obra de un proyecto de Zuazo en la Plaza del Marqués de Salamanca, los cuatro edificios de viviendas para la sociedad Dubar.

 

Muy singular es su Edificio Richmond, en la Plaza de la República Argentina, donde ensaya la modalidad dúplex, así como las viviendas y oficinas en el Paseo de la Castellana con vuelta a la calle María de Molina, presidido por una torre que pudo levantar gracias al nuevo plan de ordenación de la primera vía. Ese volumen, dedicado a oficinas y sobre soportales, se macla con el de viviendas de menor altura, contrastando ambos en su solución compositiva y formal.

 

En esta década es elegido académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, concretamente en la sesión del 24 de abril de 1956, con el fin de ocupar la vacante del fallecido arquitecto Luis Bellido. Este mismo año es nombrado Decano del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid y en 1959 presidente del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España.

 

Una excepción en su producción residencial burguesa, y que lleva a cabo a partir de 1958, es el grupo de más de dos mil viviendas subvencionadas para la Obra Sindical del Hogar en la Parcela G del Gran San Blas, dirigiendo el equipo formado por Julio Cano Lasso, José Antonio Corrales y Ramón Vázquez Molezún. Destaca su distribución urbanística con un eje central en espina, en el que se sitúan los bloques de mayor altura, con las viviendas dúplex y, en general, la preocupación por la adaptación de la altura de los edificios a la topografía, garantizando las vistas y el soleamiento.

 

Entre 1960 y 1965 construye un gran complejo comercial y residencial con frente a la plaza del Conde del Valle de Suchil para la Sociedad Vallehermoso y en el referido Complejo Arapiles, cuya perspectiva cierra. Es un volumen muy cúbico, sencillo, dispuesto sobre un gran zócalo de tres plantas comerciales, quedando definido su alzado por la alternancia de calles, unas agrupando los huecos y las terrazas, protegidas éstas con persianas correderas, y otras con paramentos ciegos.

 

Sobre un solar entre medianerías en el Barrio de Salamanca lleva a cabo a partir de 1960 su única obra religiosa: la iglesia parroquial de Santa María del Monte Carmelo y Convento de los PP. Carmelitas. En el templo, sin más decoración que la disposición del ladrillo en punta de diamante, su soportal avanza sobre la calle invitando a subir las escalinatas que conducen a las puertas del templo, bajo la cruz de hierro que corona la fachada y la imagen de la Virgen del Carmen. Traspasado el umbral se tiene la sensación de adentrarse más en un teatro que en un templo, cuyo frente escénico es el altar, la Virgen y la Cruz nuevamente en alto. Sobre la nave de planta en abanico, que se reproduce formalmente en el techo, vuelan las tribunas, liberando la parte central en toda su altura. Bajo éstas quedan las capillas, iluminadas por patinillos cerrados con vidrieras, que diseñó el pintor Manuel Suárez Molezún.

 

Al exterior, a la izquierda queda la residencia de los Padres Carmelitas y debajo la cripta, con entradas independientes, y ésta configurada como un bosque de pilares y jácenas hiperbólicas que sostienen a la iglesia, lo que permitió su utilización como tal hasta la inauguración de esta última en 1966. Gutiérrez Soto se sentía sumamente satisfecho de esta obra, hasta el punto de decir: “resulta difícil conjugar todos los problemas a la vez si no tienes un feliz soplo de inspiración, que en este caso yo creo que llegó desde muy alto”.

Por entonces proyecta otro de sus conjuntos residenciales más característicos, esta vez con Mariano García Benito, el cual se sitúa sobre un solar triangular en la calle Velázquez c/v López de Hoyos y se organiza mediante una retícula que no sigue la dirección de ninguna de las vías con las que se alinea. Hay un sentido orgánico en la disposición de las plantas, creando un volumen dentado en el que sobresale la torre de once pisos en la esquina, muy dinámica por la sucesión de terrazas escalonadas. Abajo queda el local comercial, protegido por una pesada marquesina volada, que se apoya en un pilar de hormigón en V. También de este año son las viviendas para la Inmobiliaria Sirena en el Paseo del Rey, en las que realiza una original interpretación del dúplex de Le Corbusier, con galería central de distribución.

 

Al finalizar su vida profesional, su obra se vuelve más plástica, sobria, con terrazas de menor escala y contenidos retranqueos. Una de sus obras más significativas es el Edificio de La Unión y el Fénix Español de 1965 en el Paseo de la Castellana, que es una traducción a menor escala de los rascacielos neoyorquinos. Fue fruto de un concurso restringido, convocado por la aseguradora, en un solar inicialmente más pequeño que el definitivo, lo que hizo lamentar al arquitecto no haberlo podido aprovechar en su totalidad. Una condición del concurso era la colocación del grupo escultórico de marca de la compañía, por lo que Gutiérrez Soto decide configurar la edificación como su pedestal. Al interior, en el salón de actos contó con la colaboración del pintor Joaquín Vaquero Turcios.

 

El 12 de julio de 1969 fallece su madre, es el mismo año en que proyecta la que quizás es su última obra significativa, la Torre del Retiro, en colaboración con Eugenio Gutiérrez Santos. Se trata de un edificio plurifuncional para locales comerciales, viviendas y oficinas, en el que utiliza la estructura metálica en vez de hormigón armado, pero mantiene su habitual cerramiento de ladrillo y las terrazas ajardinadas.

 

Inaugura así la que será la última década de su vida, pues fallece el 1 de febrero de 1977, dejando por finalizar las obras del edificio de viviendas de la Diputación Provincial de Madrid en la calle Francisco de Sales, un singular bloque expresionista, con antepechos macizos que acentúan la horizontalidad, en una reinterpretación de aquellas referencias náuticas que caracterizaron su primera obra. Fue Manuel Ambrós Escanellas el encargado de firmar la finalización de estas obras. El último gran proyecto que registrado es un edificio de viviendas en el Paseo de la Esperanza, 9 para Construcciones General Oraá, habitual promotora con la que colaboraba en estos últimos años.

 

Y es que Luis Gutiérrez Soto murió en plena actividad, después de haber construido un total de 400 obras, cifra difícil de superar por ningún otro arquitecto, haciendo gala así de las palabras con las que le calificó Fernando Chueca Goitia: “fue un caso sorprendente de energía y vitalidad”. Sus restos yacen en el Cementerio de Mingorrubio de El Pardo.

 

Como homenaje a su obra, el 2 de diciembre de 1997 se inauguró en la sala de la Arquería de los Nuevos Ministerios la exposición antológica: Gutiérrez Soto. 1900-1977, comisariada por Miguel Ángel Baldellou, con planos y fotografías de época de muchos de los 650 proyectos que realizó, la mayor parte en su querida ciudad natal de Madrid.

 

CRONOLOGÍA

 

1925.

 

Edificio Zurich, antes para la Compañía Arrendataria de Tabacos, con Fernando Cánovas del Castillo, calle Sevilla, 4, Madrid.

Cine Callao, Plaza del Callao, 2, Madrid.

 

1926

 

Viviendas para Juan Manuel Urquijo, calle General Martínez Campos, 51-53, Madrid.

 

1927

 

Cine La Flor, luego Conde Duque, calle Alberto Aguilera, 4, Madrid

 

1928

 

Hotel para Francisco Urquijo, calle López de Hoyos, 21, Madrid.

Cine Europa, calle Bravo Murillo, 160, Madrid (Archivo de Villa de Madrid, 26-394-6, 26-395-22).

 

1929

 

Aeropuerto de Barajas, Madrid (desaparecido).

Viviendas para Julián Jimeno Carmona, calle Luciente, 3 Madrid (Archivo de Villa de Madrid, 27-123-15).

Ampliación y reforma del palacete de Juan March, calle José Ortega y Gasset, 31 c/v Núñez de Balboa, 70, Madrid (Archivo de Villa de Madrid, 20-121-16).

 

1930

 

Cine Barceló, actual Teatro Barceló, calle Barceló, 11, Madrid.

Club de Campo Villa de Madrid, para la Real Sociedad Hípica Española, Carretera de Castilla, km. 4, Madrid.

Vivienda unifamiliar para Juan Valdés, calle Serrano, 137, Madrid.

Vivienda unifamiliar para el doctor José Mouriz, Paseo de la Habana, Madrid ..(desaparecida).

Viviendas para Ignacio Fernández Palacios, calle Espronceda, 35, Madrid.

Viviendas para Prudencia Martínez, calle Fernández de los Ríos, 53, Madrid ..(Archivo de Villa de Madrid, 6-364*-17).

 

1931

 

Cine Actualidades, calle Gran Vía, 48, Madrid (desaparecido).

Piscina La Isla, Río Manzanares, Madrid (desaparecida).

Concurso de ideas para el Edificio Carrión (Capitol) en la Gran Vía, Madrid

Bar Chicote, calle Gran Vía, 15, Madrid (Archivo de Villa de Madrid, 45-28-10).

Avión Club, Aeropuerto de Barajas, Madrid (desaparecido).

Vivienda unifamiliar para José María Ansaldo, calle Jorge Manrique, 8 c/v Maestro Ripoll, Madrid.

Palacete para el marqués de Linares, calle Castelló, 78, Madrid.

 

1932

 

Viviendas para la condesa de Gamazo, calle Velázquez, 57, Madrid (Archivo de Villa de Madrid, 42-425-31)

Viviendas Santa María, calle Buen Suceso, 28 c/v Ferraz, 33, Madrid.

 

1933

 

Dancing Salón de Té Casablanca, Plaza del Rey, Madrid (desaparecido).

Cine Argüelles, calle Marqués de Urquijo, 13, Madrid (desaparecido).

Cine Dos de Mayo, calle Espíritu Santo, 32, Madrid (desaparecido)

Colegio Arzobispal de la Inmaculada y San Dámaso (antiguo Seminario de Verano), Carretera M-501, km. 68, Rozas de Puerto Real.

 

1934

 

Casa Cuna Nuestra Señora de las Mercedes, calle Francisco Silvela, 28, Madrid

Concurso para el Hipódromo de la Zarzuela, Madrid.

 

1935

 

Viviendas para CISA, calle Zurbarán, 8, Madrid, en colaboración con Fernando Cánovas del Castillo

Viviendas para Inmobiliaria Miguel Ángel, calle Miguel Ángel, 2 a 6 (Archivo de Villa de Madrid, 42-403-3, 42-436-14)

Concurso para viviendas y cine Carlos III, calle Goya, 5 (Archivo de Villa de Madrid, 42-364-6)

Viviendas para Comercial Inmobiliaria, calle Almagro, 26, en colaboración con Fernando Cánovas del Castillo (Archivo de Villa de Madrid, 6-278*-42)

Vivienda unifamiliar para Pedro Fagalde, Paseo de la Castellana, 32 (desaparecida)

Cine Ronda, luego Victoria, calle Francisco Silvela, 48 (desaparecido)

Vivienda unifamiliar para Jessie Vannan de Taylor, calle Oquendo, 4 Madrid.

 

1939

 

Viviendas y Cine Cervantes para Fernando Pla Peñalver, calle Corredera Baja de San Pablo, 39 Madrid.

Antiguo Cine Narváez, actual Cines Renoir Retiro, calle Narváez, 42, Madrid

Cine Sevilla, Carrera de San Jerónimo, 33, Madrid (desaparecido)

 

1940

 

Edificio FNAC, antiguas Galerías Preciados, calle Preciados, 28, Madrid (Archivo de Villa de Madrid, 43-253-37, 43-259-13, 44-174-44, 45-44-15, 45-71-1, 47-120-3)

Viviendas para Sofesa, Plaza Doctor Marañón c/v Paseo de la Castellana, 53, Madrid.

 

1941

 

Ministerio del Aire, Plaza de la Moncloa, Madrid.

 

1942

 

Edificio Social del Real Club Deportivo Puerta de Hierro, Camino de la Dehesa de la Villa s/n, Madrid.

Edificios militares y urbanización de la Plaza de la Moncloa, Madrid.

Antigua Escuela de Capacitación Rural de la Sección Femenina, actual Granja-Escuela La Chimenea, Real Cortijo de San Isidro, calle de la Princesa, Aranjuez.

 

1943

 

Hotel y Cine Rex, calle Gran Vía, 43, Madrid (Archivo de Villa de Madrid, 43-375-7, 43-391-14)

Cine España, calle General Ricardos, 10-12, Madrid (desaparecido)

Viviendas para los señores de Selgas, calle Velázquez, 48, Madrid

Viviendas y teatro cine para la Inmobiliaria Centro, calle Alberto Aguilera, 56, Madrid.

 

1944

 

Viviendas para Antonio Márquez, calle Alcalá Galiano, 3, Madrid

Viviendas para Viviendas Modernas SA, calle Serrano, 63 c/v Martínez de la Rosa, Madrid.

Viviendas para Eguinoa Hermanos, calle Monte Esquinza, 28-30, Madrid, con Diego Méndez.

 

1945

 

Ampliación del Banco Hipotecario de España, Paseo de Recoletos, 10, Madrid

Viviendas para la Inmobiliaria Padilla, calle Padilla, 32, Madrid (Archivo de Villa de Madrid, 42-446-6, 43-383-5)

Hotel Alcor para José María de Aguinaga, Camino de las Tejas, 1, Cercedilla.

 

1946

 

Edificio Amaya, con Eugenio de Aguinaga, Paseo del General Martínez Campos, 3 a 11, Madrid.

Complejo Carlos III, calle Goya, 5 c/v Hermosilla, Madrid (Archivo de Villa de Madrid, 45-79-6, 45-451-5)

Viviendas para EMPSA, calle Juan Bravo, 21 c/v Castelló, Madrid.

Viviendas para Juan Castro, calle Conde de Peñalver, 14, Madrid.Viviendas para VACESA, calle General Martínez Campos, 6 c/v Alonso Cano, Madrid.

 

1947

 

Viviendas, hotel y restaurante Commodore, Plaza de la República Argentina, 5, Madrid.

Residencia de la familia Oriol, Colonia El Plantío, Madrid.

Viviendas para Banloque SA, calle O’Donnell, 51, c/v Maiquez c/v Duque de Sesto, 52, Madrid.

Oficinas para el marqués de Viluma, calle San Agustín, 8, Madrid.

 

1948

 

Viviendas para Joaquín Gutiérrez Mantilla, calle Francisco Ricci, 13, Madrid.

 

1949

 

Viviendas para la Constructora Pedreña, calle Bretón de los Herreros, 55-57 (Archivo de Villa de Madrid, 43-245-1, 43-292-26, 44-79-12, 44-102-21 y 22, 45-81-9).

Estado Mayor de la Defensa, calle Vitrubio, 1-3 (Archivo de Villa de Madrid, 43-26-5, 43-55-3, 44-175-11)

Viviendas para Carmen Soriano, calle Jorge Juan, 37, Madrid.

Dos viviendas unifamiliares para Rosario y Juan Antonio Lliso Giner, calle Segre, 15 y 15 duplicado, Madrid.

 

1951

 

Viviendas, calle Juan Bravo, 7-9 c/v Velázquez, Madrid.

 

1952

 

Ampliación de la Piscina Stella, calle Arturo Soria, 231, Madrid, con José Antonio Corrales.

Viviendas para Inmobiliaria Vizcaína, Paseo Pintor Rosales, 16, Madrid.

 

1953

 

Conjunto de edificios de viviendas para la sociedad Vallehermoso, calle Rodríguez San Pedro, 8-14, Vallehermoso, 18-34, Arapiles, 15-21 y 8-18, Plaza del Conde de Valle Suchil, 15-19 y 16-20, en colaboración con José Antonio Domínguez Salazar (Archivo de Villa de Madrid, 42-499-66, 42-500-67 y 68, 43-3-83, 43-5-1, 43-12-5, 43-14-39, 43-44-92, 98 y 103, 43-52-40, 43-407-16, 43-409-74, 43-410-1, 45-51-8, Archivo General de la Administración, COAM: 3952, 3953 y 3958/54, 5305/55, 243, 847 y 5327/57, 3610 a 3612/58, 2572-2574/64) na, 1 a 5. (Archivo de Villa de Madrid, 44-176-10,45-68-39 a 41)

Viviendas, Paseo de la Castellana, 124

Viviendas para Juan Castro Vizcaíno, Calle Fernando el Santo, 21, Madrid.

 

1955

 

Reconstrucción del Club de Campo Villa de Madrid, en colaboración con José Antonio Domínguez Salazar.

Viviendas para los señores González de Amezúa, Calvo-Sotelo y otros, calle Álvarez de Baena, 7, Madrid.

 

1956

 

Viviendas, calle José Abascal, 55, Madrid.

Viviendas para Assicurazioni Generali, calle Núñez de Balboa, 46, Madrid.

Viviendas para Eguinoa Hermanos, calle Eduardo Dato, 15-17 c/v Zurbano, 39, Madrid.

 

1957

 

Viviendas y locales comerciales para PRYCA, calle Velázquez, 136-138 c/v López de Hoyos, 25-27 c/v Oquendo, Madrid, con Mariano García Benito

Villa Kuki, calle Encinas, 7 Barrio de Abantos, San Lorenzo de El Escorial.

 

1958

 

Viviendas para la Obra Sindical del Hogar, Parcela G, Gran San Blas, Madrid, (Archivo IVIMA, 9437/1, 9433/1 y 10169/1 y 2)

Viviendas para José Ignacio Cangas Herrero, Calle Velázquez, 86 c/v Padilla, Madrid.

 

1959

 

Garden Center de Viveros Castilla, Paseo Bajo de la Virgen del Puerto, 1, Madrid.

 

1960

 

Iglesia de Nuestra Señora del Monte Carmelo, calle Ayala, 33, Madrid.

Tres edificios de viviendas para Santa Gema SA, calle Doctor Arce, 20-22 c/v Rodríguez Marín, Madrid.

Viviendas y locales comerciales en el Complejo Arapiles para la Sociedad Vallehermoso, calle Arapiles, 10-12, Madrid (Archivo General de la Administración, COAM: 3665-3666/60, 2759-2760/62)

 

1961

 

Edificio ONCE, calle Prim, 3, Madrid.

Viviendas, calle Almagro, 27, Madrid.

1962

 

Reforma del palacio del duque de Sotomayor, calle Miguel Ángel, 27, Madrid

Viviendas, Paseo de Rosales, 36 c/v Buen Suceso

Viviendas para José Goizueta, Calle José Ortega y Gasset, 27 c/v Velázquez, Madrid.

 

1963

 

Viviendas para Ernesto Antón, calle Zurbarán, 7, Madrid.

Viviendas para la Inmobiliaria Sirena, Paseo del Rey, 24-26 c/v Irún, Madrid (Archivo General de la Administración, COAM, 664/63)

Viviendas para Juan Castro Vizcaíno, calle Hermosilla, 16 c/v Claudio Coello, Madrid.

 

1964

 

Edificio comercial Seinsa, calle Marqués de Monteagudo, 24 c/v Francisco Remiro, Madrid.

Oficinas para Eduardo Lamadrid, calle Núñez de Balboa, 120, Madrid.

Viviendas, Paseo de la Castellana, 104 c/v Carbonero y Sol, Madrid.

Viviendas, calle Príncipe de Vergara, 115, Madrid.

 

1965

 

Edificio La Unión y El Fénix, Paseo de la Castellana, 33, Madrid.

Vivienda unifamiliar para Pilar Cossío y Manuel Alia, Avenida de Miraflores, 44, Madrid.

Viviendas para Marcor SA, calle Príncipe de Vergara, 177, Madrid.

 

1966

 

Viviendas para Exprosa, calle José Ortega y Gasset, 34 Madrid.

Viviendas y oficinas para Seida, calle Espronceda, 38-42 c/v Fernández de la Hoz, 78, Madrid.

 

1967

 

Viviendas para Javier Silvela, calle Monte Esquinza, 39 Madrid.

 

1968

 

Viviendas para Construcciones General Oraá, calle Claudio Coello, 116 c/v General Oraá, Madrid.

 

1969

 

Torre del Retiro para Ronsa, avenida de Menéndez Pelayo, 67, con Eugenio Gutiérrez Santos.

Viviendas para funcionarios de la Diputación Provincial de Madrid, calle San Francisco de Sales, 29-33, Madrid (Archivo General de la Administración, COAM, 6504 a 6506/69, 21099 a 21101/71).

 

1970

 

Oficinas y viviendas Cuzco I, Plaza de Cuzco, Madrid.

Edificio Cuzco II, calle Poeta Joan Maragall, 38 c/v Sor Ángela de la Cruz, Madrid.

Residencia de los PP. Carmelitas, calle Ayala, 35-37, Madrid.

Viviendas, calle José Ortega y Gasset, 33 c/v Castelló, Madrid.

 

1971

 

Viviendas para Marcor SA, calle Príncipe de Vergara, 111, Madrid.

Edificio Cuzco III, Plaza de Cuzco, c/v Sor Ángela de la Cruz, Madrid.

Viviendas para Marcor SA, calle Hermosilla, 38, Madrid

 

1972

 

Ampliación de edificio de viviendas, calle Almagro, 31.

 

1973

 

Viviendas, calle Claudio Coello, 92 c/v Padilla, Madrid.

 

1974

 

Viviendas para Fundación Universitaria Española, calle Martín de los Heros, 57-59, Madrid.

Viviendas para Marcor SA, calle Emilio Carrere, 3, Madrid

Viviendas para Urbis, calle Potosí c/v Bolivia c/v Andrés Belaunde, Madrid.

 

1976

 

Viviendas para Construcciones General Oraá, Paseo de la Esperanza, 9, Madrid.

 

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MIGUEL LASSO DE LA VEGA

FECHA DE REDACCIÓN: 8 DE SEPTIEMBRE 2019

FECHA DE REVISIÓN: 19 DE DICIEMBRE 2019

 

NOTAS

[1] Precisamente, uno de sus cuñados, Eulogio Aranguren Labayru, fue jugador del Real Madrid Fútbol Club y más tarde presidente del Comité Central de Árbitros, de la Federación Española de Fútbol. Ver: Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila, Vizconde de Ayala, “El condado de Encinas con Grandeza de España: su historia genealógica”, Cuadernos de Ayala, 69, enero-marzo 2017, págs. 13-19.

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