27670
portfolio_page-template-default,single,single-portfolio_page,postid-27670,stockholm-core-1.2.1,select-theme-ver-3.7,ajax_fade,page_not_loaded,smooth_scroll,wpb-js-composer js-comp-ver-6.1,vc_responsive
Fotografía de Carlos Gato Soldevila. Producción (Madrid. 1919). 6-1925, n.º 105
CARLOS GATO SOLDEVILA

 

Arquitecto. Madrid, 18 de noviembre de 1879- Founex (Suiza), 1 de julio de 1933

 

El arquitecto madrileño Carlos Gato Soldevila –o Soldevilla, aunque aquí se ha preferido la forma con la que él firmaba sus proyectos– nació el 18 de noviembre de 1879. Su padre era el pintor Nicolás Gato de Lema[1], del cual heredó tal vez sus dotes y gusto por el dibujo[2]. Gato quedó huérfano siendo todavía muy niño. Su madre, Aurora Soldevilla Argüelles, bastante más joven que su padre, contrajo posteriormente segundas nupcias. De ambos matrimonios hubo descendencia, de modo que el futuro arquitecto tuvo tres hermanos: un hermano menor de doble vínculo, Eduardo, y dos hermanastros, Adriano y Enrique Martín Lanuza y Soldevila[3].

 

Carlos Gato pertenecía a una familia pudiente[4]. Tanto los cargos de su padrastro Adriano Martín Lanuza –director del Banco Español de Crédito, cónsul de Costa Rica en Madrid, consejero de la Fábrica de Gas, etc.–, como el probable domicilio familiar, en la calle de Lagasca número 20 –muy cerca del Retiro–, y su posterior piso en la calle de Zurbarán o en la calle de Juan de Mena[5] son una buena prueba de ello.

 

De su vida personal, se sabe que estuvo casado con Clotilde Blumenfeld Huerta y que murió sin dejar descendientes el 1 de julio de 1933, en Founex (Suiza)[6]. Su vida laboral estuvo dividida entre la práctica profesional y la enseñanza docente.

 

El 22 de diciembre de 1906 termina los estudios de arquitectura, cuando contaba con veintisiete años, y el 23 de febrero de 1907 recibe el título de arquitecto de la Escuela Superior de Arquitectura[7]. Desde su titulación estuvo muy vinculado al Ministerio de Fomento[8], organismo para el que desempeñó diversos cargos, entre ellos el de Arquitecto Auxiliar de la Junta de Construcciones Civiles[9]. Este puesto en el Ministerio es el que presumiblemente le proporcionó el encargo del diseño de la Escuela de Agrónomos, institución dependiente del Ministerio de Fomento en aquella época. También fue arquitecto auxiliar de la Escuela Superior de Comercio y del Banco Español de Crédito[10].

 

Carlos Gato obtuvo diversos premios y reconocimientos a lo largo de su carrera. Así, en 1911, recibió el premio de la Sociedad Española de Amigos del Arte, por su propuesta de Casa Ayuntamiento para Madrid[11]; en 1918 el Ayuntamiento de Madrid premió su proyecto de edificio de viviendas en la calle Zurbarán 11, como una de las casas mejor construidas de ese año; y, en 1920, recibió la medalla de oro de arquitectura en la Exposición Nacional de Bellas Artes por el proyecto de restauración de la iglesia de Montserrat[12]. En 1927 fue miembro del tribunal del concurso del Palacio de la Sociedad de Naciones en Ginebra[13], motivo por el que parece que pudo conocer a Le Corbusier[14].

 

PROYECTOS Y CONCURSOS

 

La formación de Gato estuvo influida por los principios de Viollet-le-Duc –en lo que seguro tuvo que ver el que había vivido largas temporadas en Francia–, por lo que su visión de la arquitectura era de una marcada racionalidad constructiva[15], que se aprecia en todos los proyectos que realizó de los que se tiene constancia.

 

Sus proyectos arquitectónicos más destacados son el Pabellón del Ministerio de Fomento (1907), la Facultad de Ciencias de Madrid (1912), el edificio principal para la Escuela de Agrónomos de Madrid (1912-1922), el Pabellón de Ensayo de Máquinas para la misma institución (1929), la Casa de Correos y Telégrafos de Pontevedra (1913), la Casa de Correos de Burgos (1915-1916), el edificio de viviendas de la calle Zurbarán, 11, de Madrid (1917-1918), el proyecto de restauración y reconstitución de la iglesia de Montserrat de Madrid (1920) o el edificio del Banco Vitalicio en la calle de Alcalá (1932)[16], entre otros trabajos[17]. Cuando la muerte lo sorprendió, acababa de solicitar licencia para una reforma en la calle Mayor, 7[18], y para la construcción de un cobertizo en el paseo de Pontones, 31[19].

 

EL PABELLÓN DEL MINISTERIO DE FOMENTO

 

Del año 1907 es el primer proyecto conocido de Gato, el Pabellón del Ministerio de Fomento para la Exposición de Industrias Madrileñas del Retiro. Esta exposición se ha considerado como “uno de los momentos culminantes del modernismo en Madrid”[20], a pesar de la escasa documentación e información que ha llegado hasta nuestros días y de que, por su condición de obras efímeras, ninguno de los edificios allí levantados se ha conservado.

 

La dirección de las obras de la Exposición corrió a cargo de Luis Bellido, por lo que la mayoría de los pabellones presentaban semejanzas estilísticas. El Pabellón del Ministerio de Fomento estaba ubicado en la plaza central y era “un buen ejemplo de lo que debía ser un edificio para exposiciones: especialmente amplio, bien iluminado y decorativamente atractivo” [21]. Gato optó por un tipo de planta alargada –de 68 metros de largo por 8 de ancho–, organizado a partir de crujías modulares, que se distribuían a ambos lados de un vestíbulo central, conformando sendas alas laterales. De este modo se generaba un sistema de circulación longitudinal, que recorría, a la derecha, las salas destinadas a las Escuelas de Caminos, Minas y Montes, y, a la izquierda, las salas dedicadas a la Agricultura. Las salas estaban iluminadas por amplios huecos abiertos regularmente en ambas fachadas[22]. El acceso principal se encontraba en el pórtico central, y además se situaban accesos en los extremos, con sus correspondientes vestíbulos, que remataban las alas laterales.

 

En cuanto a su dimensión constructiva, los materiales empleados fueron, al igual que en el resto de los edificios de la exposición, los típicos de construcciones provisionales, que permitieran una instalación económica y rápida. Así, la armadura estaba formada por un entramado de madera con uniones de hierro, de tal forma que cada crujía constituía una estructura independiente; los muros eran de ladrillo con revestimiento de staff pintado al óleo, imitando piedra caliza, y las cubiertas eran de cartón Ruberoid, un material que se empleó para la mayoría de las techumbres de la Exposición.

 

El gran desarrollo longitudinal de la fachada estaba interrumpido por tres cuerpos salientes: el pórtico central, rematado con cuatro torrecillas en sus extremos, y los dos vestíbulos laterales, cubiertos con cupulillas. La ornamentación en el exterior seguía “el mismo repertorio ecléctico con temas modernistas habitual en otros pabellones (sucesión de apilastrados, arcos rebajados, parafernalia ceremonial, etc.), y tampoco faltaban las esculturas alegóricas que, en esta ocasión, fueron realizadas por el conocido escultor Francisco Clivillés”[23]. El interior, en cambio, contrastaba por su sobriedad: paramentos pintados al temple, cielo raso de tela y molduras que marcaban las líneas constructivas principales.

 

El sistema estructural de la construcción, que permitía “desmontarla fácilmente y volverla a montar, por si algún día fuese preciso trasladar el edificio”[24], posibilitó no solo que se montara en setenta días, sino que se volviera a construir en la Exposición Hispano-Francesa de Zaragoza de 1908. En este caso, como se disponía de un espacio mayor, se le añadió al edificio una crujía adicional, alargándolo hasta los 72 metros. Además, los accesos laterales se abrían en la fachada principal y no en los extremos[25].

 

EDIFICIOS PARA LA ESCUELA DE INGENIEROS AGRÓNOMOS

 

El edificio principal de la Escuela de Agrónomos, que habría de sustituir a la ruinosa Fábrica de Porcelana de La Moncloa, se le encargó a Carlos Gato a finales del año 1908 y se aprobó su construcción en 1911, aunque las obras realmente no comenzaron hasta unos años después y se dilataron mucho en el tiempo. Los trabajos de construcción se interrumpían constantemente, y ello hizo que, en las inauguraciones de 1925, estas fueran solo de uno de los cuerpos laterales del edificio. Tres años después, todavía presentaba Gato el proyecto para el cuerpo central, que, por cierto, permite ver cómo habían variado ciertas decisiones desde los primeros planos que dibujara el arquitecto. La realidad es que el edificio de la Escuela de Agrónomos, tal y como lo había imaginado Gato, nunca se terminó. En el año 1936, cuando estalló la guerra civil, aún faltaba por finalizar el ala oeste.

 

El proyecto de Carlos Gato[26] seguía la línea historicista de todos los suyos. Se trataba de una propuesta de apariencia decimonónica, en un estilo francés muy de moda a finales del xix, y similar a edificios cercanos de la misma época, como el Instituto Nacional de Higiene, que desapareció en la guerra civil. Decía Luis Moya[27] que era una obra muy cuidada de piedra y ladrillo, en la que se jugaba precisamente con el contraste entre la fábrica de ladrillo visto de dos colores –uno rojizo y el otro verdoso–, los cajones de mampostería y la piedra de tono claro de los órdenes de columnas, frisos, cornisas y frontones[28]. Las sucesiones de pilastras, en esquinas y accesos, y la ornamentación tenían un papel compositivo fundamental, pero con un peso algo excesivo. Precisamente la decoración, bastante en la línea de lo que solía proponer Gato, aunque tal vez aún más abundante en este proyecto, fue uno de los principales motivos de críticas negativas que tuvo el edificio[29].

 

En planta estaba compuesto por tres cuerpos de dos plantas, uno principal y dos alas laterales perpendiculares a él en sus extremos, abrazando una plaza abierta de acceso, orientada al sur, que se proyectó ajardinada. Los encuentros entre dichos cuerpos se remataban con dos plantas más, al igual que el final de los brazos laterales y el centro del volumen principal, de modo que puede entenderse como cinco pabellones principales conectados entre sí mediante volúmenes longitudinales de carácter secundario. En el centro de las alas laterales sobresalían unos pequeños cuerpos transversales que contenían accesos secundarios en el frente que daba a la plaza, y estaban rematados en forma absidial en su parte posterior. La estructura formal de este edificio es, en realidad, muy sencilla y ordenada. Así, este mismo criterio de señalar el centro de las alas laterales se seguía en el cuerpo principal, solo que, al ser este más importante, también adquiría mayor relevancia el volumen transversal y el ábside, que se convertían en el quinto pabellón y acceso principal al edificio.

 

En cuanto a la distribución interior que proponía el proyecto, en la planta noble se contemplaban los gabinetes y cátedras de las distintas asignaturas, la biblioteca y el salón de actos, que ocupaba el ábside en el centro del edificio. Este espacio se iluminaba cenitalmente mediante un lucernario que permitía el paso de la luz natural, al igual que ocurría en las salas situadas en las alas laterales del edificio y en el vestíbulo del acceso principal, al que Gato denomina en sus planos “Gran Patio”, puesto que en realidad se trataba del patio interior del pabellón central, que se cubría con vidrio en la planta baja. A través de este espacio, se iluminaba el vestíbulo equivalente en el sótano, donde se hallaban el comedor, el museo de máquinas, la estación agronómica, talleres y cuartos de instalaciones. Los cuatro pabellones que remataban los extremos del edificio albergaban las distintas dependencias de las estaciones, las cátedras y gabinetes de profesores, así como los aseos[30]. Los cuatro niveles de estos pabellones estaban comunicados mediante escaleras secundarias, que también se iluminaban con lucernarios.

 

La nueva escuela se adaptaba a la topografía irregular de la zona y aprovechaba la caída del terreno hacia el Cantarranas en su parte posterior; por ello, la fachada principal tenía una altura menos que la posterior, puesto que la cota del patio principal era unos metros más alta. De esta manera, los huecos de semisótano de la fachada sur eran huecos completos en la norte, con lo que la planta sótano, en realidad, era una planta baja en la fachada trasera[31]. Este desnivel del terreno se salvaba mediante sendas escaleras adosadas en las fachadas laterales[32]. En este proyecto la cuestión topográfica se torna muy importante porque está íntimamente relacionada con la imagen del edificio.

 

Hacia 1929 se demolió otro de los edificios de la institución agronómica, la Estación de Ensayo de Máquinas y, de nuevo, el encargado del diseño del edificio para reemplazarla fue Carlos Gato, que se ocupaba en ese momento de la supervisión de las obras del edificio de la Escuela. La nueva estación se planteó detrás, al noroeste. Su eje de simetría se hizo coincidente con el eje del ala oeste de la Escuela. El concurso para la construcción del edificio se abrió en junio de 1929 y fue convocado por la propia Junta Constructora de la Ciudad Universitaria[33].

 

Su traza en planta estaba formada por la intersección de un cuerpo largo y otro más corto, que cruzaba al primero en su centro, lo que le da un cierto aspecto de T con la línea vertical reducida. Un acceso se encontraba precisamente en el centro de la fachada sur, en la intersección de los dos volúmenes, y daba paso al vestíbulo principal y a la escalera. La estación se distribuía en dos plantas en el cuerpo longitudinal, que albergaba oficinas, cuartos técnicos y laboratorios. El tramo del cuerpo transversal que sobresalía se planteó como una doble altura donde se ubicaba el laboratorio de mecánica, que, debido al elevado techo, permitía trabajar con maquinaria de gran tamaño. Este espacio estaba iluminado por tres grandes ventanales rematados con arcos de medio punto. De ellos, el del muro testero serviría también como acceso, aunque más tarde se eliminó y hoy es una ventana. De hecho, aunque de este edificio apenas se conoce documentación gráfica, parece que la fachada principal no sería la que miraba a la Escuela, sino la norte, por lo que este acceso hoy cerrado sería el principal y el sur haría las veces de secundario. En la cornisa sobre el arco norte se encuentra un escudo y bajo él el rótulo de la estación, aunque actualmente solo se conserva el marco del mismo, puesto que el rótulo se halla sobre la entrada opuesta, que ahora es la principal del edificio. Existían también sendos accesos secundarios en el centro de las alas laterales de la fachada norte.

Formalmente se buscó seguir el mismo estilo que la Escuela, empleando materiales y ornamentación muy similares. El esquema era prácticamente idéntico a los dos niveles inferiores del edificio de la Escuela, a excepción de los tres grandes huecos del cuerpo transversal: zócalos de granito, huecos cubiertos por arcos rebajados de ladrillo visto en la planta baja y por dinteles en la superior; muros de cajones de mampostería y ladrillo, en un tono verdoso en el nivel inferior y rojizo en el primer piso; impostas de ladrillo con un aparejo ornamental; cuadros de cerámica coloreada sobre las impostas, en el centro de los paños ciegos… En la estación de máquinas las esquinas se marcaban con granito, en vez de con piedra clara como en la Escuela, aunque las cornisas sí eran de caliza como las del edificio vecino y con una ornamentación muy similar. El resultado fue una versión a menor tamaño del edificio principal, lo cual le confiere hoy un valor muy singular.

Ello es así porque, a diferencia del edificio de la Escuela, el pabellón sobrevivió sin grandes daños a la guerra civil y, salvo el material de la cubierta –en el que se sustituyó la teja por pizarra–, el cierre del acceso sur y ciertas variaciones en el interior, hoy podemos ver el edificio prácticamente tal y como se proyectó.

Junto con el edificio de máquinas, se construyeron –también probablemente diseñados por Gato– otros pabellones auxiliares destinados a albergar distintas instalaciones, cocheras o herramientas, ubicados todos en torno a la Estación, detrás de la Escuela. Para ellos se empleó ladrillo visto y piedra en zócalos y cornisas, buscando seguir el estilo de la Escuela y la Estación, pero de una manera más simplificada y depurada, acorde con su función. De todos ellos, el pabellón del transformador es el único que se conserva actualmente. Se encuentra situado junto a la Estación de Ensayo de Máquinas.

 

CONCURSO PARA LA FACULTAD DE CIENCIAS

 

En el año 1912 Carlos Gato presenta su propuesta en el concurso para la nueva Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Madrid, que se ubicaría en el Jardín Botánico[34]. Las bases del concurso establecían que el nuevo edificio “habrá de ser emplazado en la parte alta del Jardín Botánico, con fachadas a las calles de Alfonso XII y de Claudio Moyano, y construido de manera que perjudique lo menos posible las actuales plantaciones del jardín”[35]. De la propuesta de Carlos Gato se conserva el dibujo de los dos alzados principales, el de la calle Alfonso XII y el del Jardín Botánico[36].

 

El edificio para la Facultad de Ciencias era un inmenso complejo formado por tres pabellones, que por su tamaño pueden calificarse como edificios en sí mismos: el central dedicado a la Sección de Ciencias Exactas y Físicas; el de la izquierda, a la Sección de Ciencias Naturales; y el de la derecha, a la Sección de Ciencias Químicas. Constaba de dos plantas y bajocubierta hacia la calle Alfonso XII, dos más, sobre un elevado zócalo, hacia el Jardín Botánico. Las plantas inferiores, que solo tenían salida al Jardín, estaban ocupadas por museos y por los invernaderos para plantas acuáticas.

 

Seguramente el mayor problema de este proyecto estaba implícito en las propias bases del concurso, pues planteaban una ubicación de gran complejidad para ofrecer una adecuada solución al asunto. La diferencia de nivel entre el Jardín Botánico y la calle de Alfonso XII era de unos trece metros en ese punto, lo cual determinaba que la fachada hacia el jardín había de ser considerablemente alta. Este condicionante, unido a la abundante ornamentación exterior, hizo de la propuesta de Gato un complejo excesivamente pesado y con un impacto importante en su entorno –especialmente su alzado posterior–.

 

Tanto la bases del concurso como las propuestas de los candidatos[37] fueron duramente criticadas en 1915 por la Real Sociedad Española de Historia Natural, que solicitaba la anulación del concurso por no considerarlo adecuado, ni en ubicación, ni en forma ni en contenido, a lo que se esperaba de una facultad moderna[38].

 

Bien fuera porque este escrito surtió efecto, bien porque ciertamente era un planteamiento desproporcionado, finalmente el concurso no salió adelante. No se conocen datos de si llegó a resolverse una propuesta ganadora.

 

CASAS DE CORREOS Y TELÉGRAFOS

 

En 1913 Gato Soldevila gana el concurso para el edificio que habría de albergar la Casa de Correos y Telégrafos de Pontevedra, y tres años más tarde su homónimo en Burgos[39]. Ambos respondían al estilo ecléctico imperante en muchos de los edificios destinados a tal uso, cuyo mayor exponente sea acaso el Palacio de Correos de Madrid. Conviene indicar que, precisamente el año en que se aprueba la construcción de los edificios de Correos y Telégrafos, 1915, tiene también lugar el VI Congreso Nacional de Arquitectura, celebrado en San Sebastián. En este congreso puede decirse que surgió el regionalismo programático, encabezado por Aníbal González y Leonardo Rucabado, como rechazo a la influencia de la arquitectura extranjera –especialmente la francesa–, lo que más tarde se traduciría en diversos intentos por impulsar, desde la administración, la edificación siguiendo estilos nacionales[40].

 

En el caso de Pontevedra, el propio Gato –en un claro ejemplo de la racionalidad constructiva con la que entendía la arquitectura– explicaba cómo las decisiones estilísticas no dejaban de lado la resolución de los aspectos técnicos y la respuesta a las condiciones climáticas de la zona:

 

El estilo adoptado habrá de manifestarse claramente con el destino del edificio, y adaptarse a las condiciones climatológicas de la localidad. Debe permitir cierta monumentalidad ya que se trata de un edificio público de importancia, pero sin motivar un elevado coste de la construcción […]. Como el clima lluvioso requiere tejados de grandes pendientes, y recuerda el de Flandes y en general toda la zona septentrional de la Europa central donde la persistencia de las lluvias, la fuerza de los vientos y la frecuencia de las nieblas aconseja reducir los huecos y dar facilidades para el rápido desagüe de las cubiertas, el autor ha encontrado racional inspirarse en este caso en los monumentos más característicos de aquellas regiones cuyo estilo no puede calificarse en absoluto como extranjero ya que las mejores construcciones del Renacimiento flamenco fueron levantadas en tiempos de la dominación española. Se trata, por lo tanto, de un estilo de transición entre el gótico y el Renacimiento, dominando este último en la ordenación y el primero en los detalles, todo ello adaptado a las necesidades modernas y a las del edificio, con una decoración muy sobria inspirada en el racionalismo de la Edad media donde la forma es siempre consecuencia de la función constructiva[41].

 

La Casa de Correos de Burgos seguía también la corriente historicista –aunque en este caso se buscó el llamado estilo renacimiento español–, si bien en una versión bastante más austera[42]. Aun cuando el concurso se resolvió en 1916, este edificio, por diversas vicisitudes, no terminó de construirse hasta 1926.

 

Tanto el edificio de Correos de Pontevedra como el de Burgos pueden verse todavía hoy bastante bien conservados.

 

El edificio de viviendas de la calle de Zurbarán

 

Entre 1917 y 1918 Carlos Gato realiza el proyecto y la ejecución del edificio de viviendas en la calle de Zurbarán, número 11[43]. En un solar bastante irregular, Gato plantea un edificio de seis plantas cuyo piso superior ocupó él con su propia vivienda y su estudio. Siguiendo su forma de entender la arquitectura y la construcción, el edificio incorpora elementos de la arquitectura española de los siglos xvi y xvii y de los caseríos vascos. La fachada presenta variedad de huecos, balcones, cuerpos salientes y galerías que le aportan el dinamismo y aspecto más heterogéneo propios de la arquitectura tradicional.

 

Tras el premio recibido por el Ayuntamiento en 1918[44], el proyecto fue publicado por la revista Arquitectura, que incluía un amplio reportaje gráfico de planos, fotografías y, sobre todo, detalles constructivos[45]. A pesar de la consideración negativa que se tiene de la arquitectura de tendencia historicista –por su peligroso acercamiento a la copia histórica y al pastiche–, este es un proyecto de cuidada investigación constructiva y compositiva. Se trata de un buen ejemplo que nos permite conocer el pensamiento arquitectónico de Gato Soldevila, ya que se trata de una arquitectura que, utilizando todavía el lenguaje historicista, revela unas intenciones enfrentadas a las de la corriente nacionalista, defendida a la sazón por Rucabado, incorporándose, en definitiva, a las posiciones establecidas por Torres Balbás y Anasagasti. Aquí una atenta investigación de la tradición histórica y de la arquitectura popular viene a fundir construcción y proyecto en un complejo ejercicio de composición, distante por completo del pastiche[46].

 

LA RESTAURACIÓN DE LA IGLESIA DE MONTSERRAT

 

En 1920 Carlos Gato recibe el encargo para el proyecto de restauración de la iglesia de benedictinos de Nuestra Señora de Montserrat en la madrileña calle de San Bernardo. Este trabajo será premiado con la medalla de oro, en la categoría de arquitectura, de la Exposición Nacional de Bellas Artes de ese mismo año. Para este proyecto realiza una serie de dibujos, algunos de especial delicadeza –la lámina del alzado actual con los detalles de la molduración, por ejemplo –, que publicará unos años más tarde en la revista Arquitectura Española[47].

 

El proyecto de la iglesia de Montserrat fue realizado por Sebastián Herrera Barnuevo, que diseñó una iglesia barroca según el modelo manierista de Vignola en Il Gesù. Herrera Barnuevo da las trazas en 1668, pero morirá tres años después. Le sucede en la supervisión Gaspar de la Peña, aunque los arquitectos encargados de la construcción son Pedro de la Torre y Francisco de Aspur. La fachada la finaliza, cincuenta años más tarde, Pedro de Ribera, que con su actuación modifica sustancialmente la intención arquitectónica inicial del edificio. La ausencia del proyecto de Herrera Barnuevo y el renovado aprecio por la arquitectura de Ribera al calor de los gustos eclécticos y nacionales, hicieron que en esos primeros años del siglo xx se supusiera toda la iglesia obra de este, o simplemente se valorara solo su trabajo. Esto le ocurrió también a Gato, que, en su restauración ideal, hace una propuesta de cómo debía de haber sido el inacabado templo de haberse terminado, y para ello toma como original el trabajo de Ribera y lo traslada al conjunto de la iglesia. De esta incomprensión o ingenuidad histórica –o acaso simple interés estilístico de la época– hace crítica Antón Capitel en su interesante artículo con motivo de la restauración de la iglesia que él mismo –junto a Antonio Riviere y Consuelo Martorell– llevó a cabo en los años ochenta[48].

 

VIDA ACADÉMICA

 

Apenas dos años después de conseguir su título de arquitecto, Carlos Gato comenzó su carrera docente en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid[49], de la mano de Federico Aparici, catedrático de Construcción en aquella época: “Con Aparici confirmará Gato el sentido histórico que, ya como titular, imprimirá luego a su asignatura”[50]. En 1914, Gato fue nombrado profesor auxiliar de la sección científica de la Escuela de Arquitectura de Madrid[51]. Al curso siguiente consiguió su plaza de profesor numerario para la asignatura de Geometría Descriptiva, Perspectiva y Sombras[52].

 

Posteriormente, fue profesor en la asignatura Construcción Arquitectónica II y, en 1919, publicó junto a Manuel Martínez Ángel el libro Tecnología de los Oficios de la Construcción, que era la recopilación de los apuntes de la asignatura[53]. Precisamente en Construcción II, impartida por el entonces ya catedrático Gato Soldevila[54], fue donde Luis Moya elaboró su conocido cuaderno de apuntes, durante el curso 1924-1925.

 

Construcción II era una asignatura que abordaba los diferentes sistemas constructivos a lo largo de la historia. Podía así fácilmente plantearse como un curso de Historia de la Construcción, lo que se adaptaba perfectamente a la perspectiva de Gato. Gracias al cuaderno de Luis Moya es posible ver hoy cómo se abordaba, desde el racionalismo constructivo de Gato, la evolución de los períodos estilísticos de la arquitectura. Además, sabemos también que, como buen dibujante que era, apoyaba sus lecciones fundamentalmente en dibujos, que realizaba en la pizarra y que eran los que Moya trasladaba al papel de su cuaderno[55].

 

BIBLIOGRAFÍA

 

B. P. “Pabellón del Ministerio de Fomento en la Exposición Hispano-Francesa de Zaragoza”, Arquitectura y Construcción (Barcelona), XII, 190 (1908), pp. 132-135.

Cabello y Lapiedra, Luis María. “Los nuevos edificios para correos y telégrafos”, Arquitectura y Construcción (Barcelona), XXIII (1919), pp. 81-94.

Capitel, Antón. “La iglesia de Nuestra Señora de Montserrat, en la calle de San Bernardo, en Madrid. Problemas derivados de la configuración no homogénea de su fachada”, Revista Arquitectura, 228 (1982), pp. 77-81.

Capitel, Antón y Rivas, Pilar. Luis Bellido, Madrid: MOPU, 1988.

Carrasco Andrés, Fidel y Carrasco Andrés, Julio. “Comportamiento estructural de la plaza de toros Monumental de Sevilla, en base a las pruebas de carga de 1917 y 1918, y su demolición en 1930”, Informes de la Construcción, 70, 549 (2018), pp. 1-13. https://doi.org/10.3989/ic.16.124

D. T. “La casa de D. Carlos Gato, en la calle Zurbarán en Madrid”, Arquitectura, 17 (1919), pp. 252-257.

García-Gutiérrez Mosteiro, Javier. “El cuaderno de apuntes de construcción de Luis Moya (curso 1924-1925)”. En Cuaderno de apuntes de construcción de Luis Moya (curso 1924-1925), Madrid: Instituto Juan de Herrera, 1993, pp. 13-34.

Gato Soldevila, Carlos. “Iglesia de benedictinos de Montserrat-Madrid”, Arquitectura Española, 20 (1927), s. p.

Martínez Ángel, Manuel y Gato Soldevila, Carlos. Tecnología de los Oficios de la Construcción. Tomos I y II, Madrid: Establecimiento tipográfico de “El Liberal”, 1919.

Martínez Ángel, Manuel y Gato Soldevila, Carlos. Tecnología de los Oficios de la Construcción. Tomo III. Madrid: Sucesores de Rivadeneyra, 1920.

Moya Blanco, Luis. “La arquitectura madrileña en el primer tercio del siglo XX”, Atlántida, 2 (1990), pp. 20-36.

Muñoz Hernández, Jara. “La Escuela de Ingenieros Agrónomos en La Florida-Moncloa”. En Carolina Rodríguez-López y Jara Muñoz Hernández, Hacia el centenario. La Ciudad Universitaria de Madrid a sus 90 años, Madrid: Ediciones Complutense, 2018, pp. 101-136.

Muñoz Hernández, Jara. “De la Fábrica de Porcelana a la Escuela de Agrónomos de Madrid”, Revista de Humanidades, 41 (2020), pp. 61–87.

https://doi.org/10.5944/rdh.41.2020.23063

Muñoz Hernández, Jara. La Escuela de Ingenieros Agrónomos en La Florida-Moncloa. Los orígenes de la Ciudad Universitaria de Madrid. Tesis Doctoral, Universidad Politécnica de Madrid, 2020.

Navascués Palacio, Pedro. Correos y Telégrafos. Arquitectura postal, Barcelona: Correos y Telégrafos, 1997.

Rocha Aranda, Óscar da. El Modernismo en la arquitectura madrileña. Génesis y desarrollo de una opción ecléctica, Madrid: CSIC, 2009.

Sambricio, Carlos. “Luis Lacasa: Le Corbusier o Américo Vespucio”. En AA.VV., Textos de crítica de arquitectura comentados, Madrid: Departamento de Proyectos. ETSAM, 2003, pp. 105-111.

 

CRONOLOGÍA DE OBRAS RELEVANTES EN MADRID

 

1907 Pabellón del Ministerio de Fomento para la Exposición de Industrias Madrileñas del Retiro

Referencia bibliográfica:

Rocha Aranda, Óscar da. El Modernismo en la arquitectura madrileña. Génesis y desarrollo de una opción ecléctica, Madrid: CSIC, 2009.

Referencia documental:

AHNOB, Soldevilla_C0002

 

1912-1920 Escuela de Ingenieros Agrónomos. Edificio principal

Referencias bibliográficas:

Muñoz Hernández, Jara. “La Escuela de Ingenieros Agrónomos en La Florida-Moncloa”. En Carolina Rodríguez-López y Jara Muñoz Hernández, Hacia el centenario. La Ciudad Universitaria de Madrid a sus 90 años, Madrid: Ediciones Complutense, 2018, pp. 101-136.

Muñoz Hernández, Jara. La Escuela de Ingenieros Agrónomos en La Florida-Moncloa. Los orígenes de la Ciudad Universitaria de Madrid. Tesis Doctoral. Universidad Politécnica de Madrid, 2020.

Referencias documentales:

AGA 31-04864

Fondo histórico ETSIAAB (UPM)

 

1912Concurso para la Facultad de Ciencias

Referencia bibliográfica:

“El proyecto de edificio destinado a Facultad de Ciencias de la Universidad Central”, La Farmacia Española, 20 de mayo de 1915, p. 308.

Referencia documental:

AHNOB, Soldevilla_CP 392_D 19

 

1917-1918 Edificio de Viviendas. Calle Zurbarán, 11

Referencias bibliográficas:

D. T. “La casa de D. Carlos Gato, en la calle Zurbarán en Madrid”, Arquitectura, 17 (1919), pp. 252-257.

García-Gutiérrez Mosteiro, Javier. “El cuaderno de apuntes de construcción de Luis Moya (curso 1924-1925)”. En Cuaderno de apuntes de construcción de Luis Moya (curso 1924-1925), Madrid: Instituto Juan de Herrera, 1993, pp. 13-34.

Arquitectura y Construcción (Barcelona), XXII (1918), pp. 102-105.

Arquitectura y Construcción (Barcelona), XXVI (1922), pp. 154-155.

Referencia documental:

AHNOB, Soldevilla_CP 392_D 27

1920 Restauración de la iglesia de Montserrat

Referencias bibliográficas:

Capitel, Antón. “La iglesia de Nuestra Señora de Montserrat, en la calle de San Bernardo, en Madrid. Problemas derivados de la configuración no homogénea de su fachada”, Revista Arquitectura, 228 (1982), pp. 77-81.

Gato Soldevila, Carlos. “Iglesia de benedictinos de Montserrat-Madrid”, Arquitectura Española, 20 (1927), s. p.

Referencia documental:

AHNOB, Soldevilla_CP 392_D 21

 

Ca. 1929 Escuela de Ingenieros Agrónomos. Estación de Ensayo de Máquinas

Referencia bibliográfica:

Muñoz Hernández, Jara. La Escuela de Ingenieros Agrónomos en La Florida-Moncloa. Los orígenes de la Ciudad Universitaria de Madrid. Tesis Doctoral. Universidad Politécnica de Madrid, 2020. https://oa.upm.es/65305/

Referencia documental:

Fondo histórico ETSIAAB (UPM)

 

1932 Banco Vitalicio. Calle de Alcalá

Referencia bibliográfica:

García-Gutiérrez Mosteiro, Javier. “El cuaderno de apuntes de construcción de Luis Moya (curso 1924-1925)”. En Cuaderno de apuntes de construcción de Luis Moya (curso 1924-1925), Madrid: Instituto Juan de Herrera, 1993, pp. 13-34.

Referencia documental:

AHNOB, Soldevilla_C_0001_D_0001

 

JARA MUÑOZ HERNÁNDEZ

FECHA DE REDACCIÓN: 16 DE DICIEMBRE 2021

FECHA DE MODIFICACIÓN

 

NOTAS

[1] Nicolás Gato de Lema (1820-1883) fue uno de los discípulos predilectos de la ancianidad de Vicente López. Dedicado fundamentalmente al género de paisaje en óleo y acuarela, fue también un importante restaurador de pinturas, formando parte de la plantilla del Museo del Prado. Había sido, además, alumno de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, institución de la que fue nombrado individuo de mérito en 1859 y de la que llegó a ser secretario.

[2] En realidad, más allá de que las capacidades para dibujar puedan heredarse en algún sentido, Gato debió de crecer en un ambiente marcadamente artístico, puesto que, además de su padre, también su abuelo materno, Ramón Soldevila y Trepat (1828-1873), era un conocido pintor, dibujante y grabador.

[3] En la esquela mortuoria de Aurora Soldevila (ABC, 14 de abril de 1913, p. 27), figuran los nombres de su segundo marido y de todos sus hijos: “La señora doña Aurora Soldevila y Argüelles de Martín Lanuza ha fallecido el día 13 de abril de 1913, después de recibir los Santos Sacramentos y la bendición apostólica de Su Santidad. Su afligido esposo, D. Adriano Martín Lanuza; hijos, don Carlos y D. Eduardo Gato Soldevila, y D. Adriano y D. Enrique Martín Lanuza y Soldevila; hermanas, doña Ángela, doña Concepción y doña Isabel; hermanos políticos, sobrinos, primos y demás parientes, participan a sus amigos tan sensible pérdida y les ruegan se sirvan encomendarla a Dios y asistan a la conducción del cadáver, que tendrá lugar hoy 14 del actual, a las 11 de la mañana, desde la casa mortuoria, calle Lagasca, núm. 20, al cementerio de la Sacramental de San Lorenzo, por lo que recibirán especial favor”.

[4] De hecho, Gato Soldevila tenía algún vínculo con la nobleza. Probablemente su filiación nobiliaria le viniera de su padre, que fue caballero de la orden de Carlos III. Toda la documentación personal y parte de la profesional, que no es mucha, se conserva en el Archivo Histórico de la Nobleza (AHNOB).

[5] Anuario de la Asociación de Arquitectos Catalanes, año 1921, p. 37. En esta fecha su domicilio figura en la calle Juan de Mena, número 25.

[6] Boletín Oficial de la Provincia de Madrid, 11 de octubre de 1933, núm. 243, p. 5.

[7] Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (RABASF) 3-157, núm. 496.

[8] Cfr. Óscar da Rocha Aranda, El Modernismo en la arquitectura madrileña. Génesis y desarrollo de una opción ecléctica, Madrid: CSIC, 2009, p. 489.

[9] Anuario de la Asociación de Arquitectos Catalanes, año 1916, p. 40.

[10] Anuario de la Asociación de Arquitectos Catalanes, año 1921, p. 37. Como ya se ha dicho, el segundo marido de la madre de Gato, Adriano Martín-Lanuza Redondo, fue director del Banco Español de Crédito.

[11] Véanse “Salón de Arquitectura”, La Construcción Moderna, 30 de mayo de 1911, pp. 197-201; y “Actualidades”, La Construcción Moderna, 30 de junio de 1911, pp. 241-245. El concurso de la Sociedad Española de Amigos del Arte ofrecía cuatro categorías a las que presentarse. En realidad, Carlos Gato no recibió el premio por la categoría a la que presentó su propuesta, dedicada a “proyecto de palacio particular o edificio público”. El premio de otra categoría, la destinada a “proyecto de fachada de casa de alquiler”, resultó desierto y el jurado decidió otorgárselo a Gato. Este premio apareció reseñado, entre el 13 y el 16 de junio, en diferentes periódicos de la época (El Heraldo de Madrid, El País, El Imparcial, La Época…). En La Mañana (15 de junio de 1911, p. 3), se desarrolla un poco más el veredicto del jurado: “Se ha otorgado un premio extraordinario a don Carlos Gato por su proyecto de fachada de palacio municipal, trabajo realmente digno de esta recompensa especialísima, pues se trata de un estudio hecho con una minuciosidad y perfección extraordinarias y admirablemente pensado en su desarrollo y en su traza. Es de estilo Renacimiento español puro y tiene líneas de la Casa Ayuntamiento de Sevilla, del Palacio de Monterrey, de Salamanca, y de la Universidad de Alcalá. Está ejecutado en perspectiva y es obra de tan gran mérito que en una Exposición internacional seguramente hubiera obtenido medalla de oro”.

[12] ABC, 20 de junio de 1920, p. 7.

[13] Boletín mensual de la Sociedad de Naciones, marzo de 1926, p. 117, y julio de 1926, p. 196.

[14] “La visita de Le Corbusier a Madrid, en 1928, invitado por la Residencia de Estudiantes […] provocó el interés no solo de los arquitectos sino también del ambiente cultural madrileño. Según el maligno comentario que en su día me hiciera un protagonista de la época, Le Corbusier aceptó venir a Madrid esperando encontrar a Gato Soldevilla, el miembro español del Jurado que debía decidir sobre el concurso de la Sociedad de Naciones” (Carlos Sambricio, “Luis Lacasa: Le Corbusier o Américo Vespucio”. En AA.VV, Textos de crítica de arquitectura comentados, Madrid: Departamento de Proyectos ETSAM, 2003, p. 108).

[15] Cfr. Javier García-Gutiérrez Mosteiro, “El cuaderno de apuntes de construcción de Luis Moya (curso 1924-1925)”. En Cuaderno de apuntes de construcción de Luis Moya (curso 1924-1925), Madrid: Instituto Juan de Herrera, 1993, p. 23.

[16] Carlos Gato debió de participar en este proyecto, uno de los últimos trabajos que hizo antes de su muerte, junto con los que fueron sus arquitectos principales, Eusebio Bona y Luis Mosteiro. La mayoría de las fuentes remiten solamente a estos dos últimos, aunque Javier Mosteiro sí lo menciona (op. cit., p. 23), y se conserva una copia de la memoria del proyecto –de enero de 1932– entre los papeles de Gato (AHNOB, SOLDEVILLA_C_0001_D_0001).

[17] Otro encargo, en este caso de asesoría, fue la realización, en 1918, de una de las pruebas de carga que se hicieron para comprobar la estabilidad estructural de la plaza de toros Monumental de Sevilla –demolida en 1930–, junto con el profesor de la Escuela de Caminos Juan Manuel Zafra (Cfr. Fidel Carrasco Andrés y Julio Carrasco Andrés, “Comportamiento estructural de la plaza de toros Monumental de Sevilla, en base a las pruebas de carga de 1917 y 1918, y su demolición en 1930”, Informes de la Construcción, 70, 549 (2018), pp. 8-9).

[18] “Bolsa de la construcción. Licencias solicitadas al Ayuntamiento de Madrid del 1 al 15 de junio”. El Eco Patronal, 15 de junio de 1933, p. 9.

[19] “Bolsa de la construcción. Licencias solicitadas al Ayuntamiento de Madrid del 15 al 30 de junio”. El Eco Patronal, 1 de julio de 1933, p. 9.

[20] Rocha Aranda, op. cit., p. 479.

[21] Ibid.

[22] “Edificio en la Exposición de Industrias para el Ministerio de Fomento. Proyecto del arquitecto Sr. Gato Soldevilla”. La Construcción Moderna, 15 de junio de 1907, pp. 177-178.

[23] Rocha Aranda, op. cit., p. 490.

[24] Ibid.

[25] La distribución de la exposición interior era muy similar. En esta ocasión, la exposición de Agricultura la organizaba José de Arce. No sabemos si era la primera vez que coincidía con Gato, pero con seguridad lo haría más adelante, durante el proyecto y construcción de la Escuela de Agrónomos (Cfr. B. P., “Pabellón del Ministerio de Fomento en la Exposición Hispano-Francesa de Zaragoza”, Arquitectura y Construcción (Barcelona), 190 (1908), pp. 132-135).

[26] La caja del Archivo General de la Administración (AGA) que contiene esta documentación tiene la signatura AGA 31-04864.

[27] Cfr. Luis Moya Blanco, “La arquitectura madrileña en el primer tercio del siglo XX”, Atlántida, 2 (1990), p. 34”.

[28] Cfr. Jara Muñoz Hernández, “La Escuela de Ingenieros Agrónomos en La Florida-Moncloa”. En Carolina Rodríguez-López y Jara Muñoz Hernández, Hacia el centenario. La Ciudad Universitaria de Madrid a sus 90 años, Madrid: Ediciones Complutense, 2018, p. 121.

[29] Entre otros reproches de tono similar se encuentra el siguiente: “la Escuela de Ingenieros Agrónomos (arquitecto Sr. Gato Soldevila) se construye en la Moncloa, a la inmediación del edificio actual, que se derruirá cuando puedan utilizarse los nuevos pabellones, de los que hay ya dos casi terminados, y por cierto excesivamente ornamentales en sus fachadas” (“La edificación en Madrid durante el año 1921”, La Construcción Moderna, 15 de enero de 1922, p. 2).

[30] Escuela Especial de Ingenieros Agrónomos. Planta baja. Carlos Gato Soldevila, 31 de enero de 1912. AGA, 31-04864.

[31] Escuela Especial de Ingenieros Agrónomos. Fachada principal y alzados. Carlos Gato Soldevila, 31 de enero de 1912. AGA, 31-04864.

[32] Cfr. Muñoz Hernández, op. cit., pp. 121-122.

[33] El presupuesto total calculado para la obra era de 448.751 pesetas. “Ciudad Universitaria. Concurso de obras. La Junta de la Ciudad Universitaria, de esta Corte, abre un concurso para la construcción de un edificio destinado a estación de ensayo de máquinas, que ha de ser levantado en la zona del Instituto Agrícola de Alfonso XIII (sic)”. Gaceta de Madrid, 26 de junio de 1929, p. 595.

[34] Real Orden de 8 de diciembre de 1912 aprobando las bases y el programa para la convocatoria del concurso de proyectos con el fin de construir en el Jardín Botánico, de esta Corte, un edificio de nueva planta con destino a Facultad de Ciencias de la Universidad Central. Gaceta de Madrid, 20 de diciembre de 1912, p. 874.

[35] “El proyecto de edificio destinado a Facultad de Ciencias de la Universidad Central”. La Farmacia Española, 20 de mayo de 1915, p. 308.

[36] AHNOB, SOLDEVILLA_CP_392_D_19.

[37] Además de la de Gato Soldevila, se presentan a este concurso dos propuestas más: una de Luis Vidal y Tuasón y otra realizada en conjunto por Eduardo R. Losada y Eduardo Legarde.

[38] “El proyecto de edificio destinado a Facultad de Ciencias de la Universidad Central”. La Farmacia Española, 20 de mayo de 1915, p. 308.

[39] ABC, 16 de agosto de 1916, p. 13.

[40] Cfr. Pedro Navascués Palacio, Correos y Telégrafos. Arquitectura postal, Barcelona: Correos y Telégrafos, 1997, p. 19.

[41] Apud Luis María Cabello y Lapiedra, “Los nuevos edificios para correos y telégrafos”, Arquitectura y Construcción (Barcelona), XXIII (1919), pp. 83-86.

[42] Cfr. Navascués Palacio, op. cit., p. 19.

[43] Según la actual numeración de la calle, el edificio se encuentra ahora en el número 15.

[44] “Premios concedidos por el Ayuntamiento de esta Corte a las casas mejor construidas en 1918”. La Construcción Moderna, 30 de diciembre de 1919, p. 1.

[45] Cfr. D. T., “La casa de D. Carlos Gato, en la calle Zurbarán en Madrid”, Arquitectura, 17 (1919), pp. 252-257.

[46] García-Gutiérrez Mosteiro, op. cit., p. 23.

[47] Carlos Gato Soldevila, “Iglesia de benedictinos de Montserrat-Madrid”, Arquitectura Española, 20 (1927), s. p.

[48] Cfr. Antón Capitel, “La iglesia de Nuestra Señora de Montserrat, en la calle de San Bernardo, en Madrid. Problemas derivados de la configuración no homogénea de su fachada”, Revista Arquitectura, 228 (1982), p. 79.

[49] “Por Real Orden de 22 de noviembre de 1909, fue nombrado Profesor auxiliar interino de la Sección científica de la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, con destino a las clases de Construcción, Tecnología y Arquitectura legal, tomando posesión el 25 del mismo mes”. Gaceta de Madrid, 26 de marzo de 1915, p. 887.

[50] García-Gutiérrez Mosteiro, op. cit., p. 23.

[51] El 27 de marzo de 1914 consiguió su plaza de profesor auxiliar numerario. Gaceta de Madrid, 26 de marzo de 1915, p. 887.

[52] Real Orden de 26 de marzo de 1915. Gaceta de Madrid, 26 de marzo de 1915, p. 887. Además de su nombramiento, figura en esta Real Orden el currículum completo de Gato hasta la fecha.

[53] Estos apuntes se publican en cuatro tomos. Los dos primeros, de 1919, y el tercero, de 1920, están firmados por Martínez Ángel y por Gato Soldevila. El cuarto, de 1927, lo escribe solamente Martínez Ángel. Reseña del libro en La Construcción Moderna, 15 de abril de 1921, pp. 75-76.

[54] Lo fue hasta su muerte en 1933, cuando su plaza de catedrático queda vacante: “Vacante en el escalafón de Catedráticos de las Escuelas de Arquitectura una dotación de 13.000 pesetas, por fallecimiento de D. Carlos Gato Soldevilla”. Gaceta de Madrid, 12 de agosto de 1933, p. 1.009.

[55] Cfr. García-Gutiérrez Mosteiro, op. cit., pp. 13 y 23-27.

X