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Juan Gómez de Mora. Plaza Mayor de Madrid (Atribuida a Juan de la Corte. 1623)
JUAN GÓMEZ DE MORA

 

Arquitecto. Cuenca 1586 – Madrid 1648.

 

Nació en Cuenca, en cuya parroquia de Santa Cruz fue bautizado el 26 de mayo de 1586[1]. Fue hijo del pintor Juan Gómez y de Francisca de Mora. Por vía paterna tenía una ilustre ascendencia artística radicada en Cuenca[2]; su bisabuelo fue el famoso pintor Martín Gómez el Viejo, casado con Catalina de Castro, hija del también pintor Gonzalo de Castro que había tenido por aprendiz a su yerno. Su hijo Gonzalo Gómez, también pintor de calidad, fue su abuelo. Entre los muchos hijos de este, el mayor fue el citado Juan Gómez, que aparece mencionado como pintor en 1574, y con su hermano Martín, conocido como el Mozo, trabajaron en el obrador de su padre, que murió en 1585. En 1584, Juan Gómez contraía matrimonio con Francisca de Mora, hija de un zapatero, Francisco de Mora, y de su esposa Catalina de Alcalá, padres también de Francisco de Mora, el futuro arquitecto real. Los cuatro primeros hijos de Juan Gómez y Francisca de Mora nacieron en Cuenca: Gonzalo en 1585, Juan al año siguiente, Francisco en 1588 y otro Francisco por muerte del anterior en 1590. Aunque el trabajo no le faltaba allí, la privilegiada posición que iba adquiriendo su cuñado Francisco en las obras del Rey, que culminó el 7 de junio de 1591 con el nombramiento de maestro mayor de las obras del Alcázar de Madrid y casas reales del Pardo y Campo bajo supervisión de Juan de Herrera, atrajo a Juan Gómez a la Corte[3]. El 1 de noviembre de 1591 contrataba en Cuenca un retablo, pero ya el 9 de mayo de 1592 bautizaba en Santiago de Madrid a su hija María. Nacieron en El Escorial tres hijos más, Miguel, Andrés y Catalina. En septiembre de 1592 se le pagaba por un cuadro pintado para el monasterio y en 1593 fue designado pintor real. Residió en El Escorial haciendo numerosas pinturas, la más conocida la del retablo de la nueva iglesia de San Bernabé (1595) que había trazado su cuñado. Muere en 1597 e inmediatamente se detecta la presencia en el monasterio de su hermano Martín Gómez el Mozo, que vivió hasta 1611.

 

Francisca de Mora regresó a Madrid, y su hijo Juan, que entonces tenía 11 años, queda bajo la protección de su tío Francisco. Al parecer, adquirió conocimientos de pintor en el obrador de Bartolomé Carducho, según declarará Eugenio Cajés en el pleito que litigan los doradores en 1620[4], además de la que adquiriría con su padre en El Escorial, que, en todo caso, tendría más que ver con el dibujo que con la pintura. Se admite generalmente que acudió a la Academia de las Matemáticas fundada por el rey[5]. Se trasladó a Valladolid en el tiempo en que estuvo allí la Corte (1601-1606), pues figura trabajando con su tío en la villa ducal de Lerma; en 1608 lo hace en San José de Ávila.

Era ayudante de Francisco de Mora años antes de que este muriera, tal como reconoce la cédula de 11 de febrero de 1611 por la que el Rey le nombra aposentador de palacio y maestro mayor de las obras reales del Alcázar y casas del Pardo y Campo en las mismas condiciones en que lo era su tío, donde ordena que se le den 200 ducados anuales y que cese su salario de cuatro reales y medio que gozaba por ayuda de trazador[6]. Según declara el propio Gómez de Mora en el inventario de sus bienes que realiza con ocasión de sus esponsales en 3 de octubre de 1613, su tío le dejó a deber 10.000 reales por su salario de ayuda, lo que nos retrotrae a 1604 al menos ya que Francisco de Mora murió en 10 de agosto de 1610[7]. En este mismo año, tras la muerte de su tío y antes de recibir el nombramiento, daba trazas para la escalera, cuarto y antecámara de la reina del Pardo[8], y así el Rey pudo decir en la citada cédula: “lo que nos ha servido y sirve”. El transcurso de más de seis meses entre la muerte de Francisco de Mora y el nombramiento demuestra algunas dudas, quizá debidas a su juventud, ya que tenía 24 años. El título de trazador mayor era anexo al de maestro mayor, tal como demuestra una real cédula de 14 de mayo de 1611 donde se ordena al tesorero que facilite 500 ducados a Juan Gómez de Mora, “maestro de obras de su Majestad y su trazador de ellas”, para aderezar unas habitaciones del cuarto del Príncipe en El Escorial[9]. A fines de 1611 se le dio título de maestro mayor de Uclés[10]; en 24 de junio de 1614, el rey aumentó sus gajes a 400 ducados anuales, los mismos de que gozaba Mora[11].

 

El 26 de enero de 1614 se celebraron las velaciones del arquitecto con doña Inés Sarmiento de la Concha, viuda del contador real don Alonso Gutiérrez de Aguilar, del que tenía cuatro hijos[12]. En ese mismo año nacería Francisca[13], que murió con ocho años, y poco después otra hija, Petronila, que llegó a su mayoría de edad[14]. En 6 de diciembre de 1611, Gómez de Mora había pedido al ayuntamiento que le diera un aposento cerca de palacio en atención a las obras que dirigía, pues vivía de alquiler y estaba muy desacomodado[15], y repitió la petición en febrero de 1612 y se ordenó que se le diera[16]. El monarca le concedió en 27 de enero de 1615 el aposento en la Casa de las Matemáticas por todos los días de su vida y de la de su mujer, y de su texto se deduce que estaba viviendo allí algún tiempo antes, seguramente desde su matrimonio el año anterior[17].

 

Como maestro mayor y trazador, uno de sus primeros cometidos fue dar planta al túmulo que se levantaría en San Jerónimo el Real para las honras fúnebres de la reina Margarita, celebradas el 18 de noviembre de 1611[18]. Asumió además la condición de cronista y redactó por su mano una “Relación” donde describía el solemne aparato y el aspecto del túmulo[19]. Volvería a hacerlo en 1621 con ocasión de la muerte del rey Felipe III, y queda estampa de Pedro Perret[20], que muestra la persistencia formal de estas estructuras en madera a pesar de los años transcurridos, consecuencia del aprovechamiento sucesivo de las mismas en las frecuentes ocasiones de funerales de la Corte. También estuvo a su cargo el túmulo de Isabel de Borbón en 1644, donde repite la estructura de 1621 según muestra la estampa de Juan de Noort incluida en la crónica titulada Pompa funeral[21], el del príncipe Baltasar Carlos en 1646[22] y otros varios que ornaron las honras fúnebres de grandes personajes y miembros de la familia imperial.   La probable utilización de materiales antiguos hizo que, a los ojos de los entendidos, resultara menos atractivo el túmulo de 1621 de Felipe III de Gómez de Mora en San Jerónimo que el que trazó el entonces escultor y ensamblador Alonso Carbonel por encargo del Concejo madrileño para las honras municipales celebradas en Santo Domingo el Real, la primera ocasión de rivalidad entre los que serían los dos arquitectos reales más destacados en el Madrid de la primera mitad del siglo XVII[23]; es de lamentar que no haya quedado huella de la estampa que el ayuntamiento de 11 de octubre de 1621 ordenó a hacer a Juan Escoteno (Jan Schorkens) del referido túmulo[24]. Un par de años antes, Carbonel había denunciado al maestro mayor afirmando que trataba de dar a hacer el escudo de la portada de palacio sin pujas, encareciéndolo[25], y en 23 de agosto de 1623, cuando contrataba con la Villa -junto con el escultor Juan de Porres- la hechura de una Santa Ana a tasación, excluyó expresamente que la tasaran Juan Gómez de Mora y Antonio de Herrera por odiosos; el maestro mayor anotó al margen que era por cierta rebaja en la tasación de unas pirámides que Carbonel había hecho para las fiestas de la canonización de San Isidro y otros santos en junio de 1622[26].

 

El nuevo cuarto de la reina en el Alcázar se había iniciado con trazas que dio Francisco de Mora en 1609, un proyecto que buscaba igualar la fachada de ese cuarto, a levante, con el cuarto del rey a poniente que incluía en el extremo la torre llamada dorada[27]. Se realizó con rapidez. En 1614 se construía la galería que remataba ese cuarto de la reina[28]. El proyecto de Mora conservaba la antigua portada de Covarrubias y Luis de Vega entre las dos torres de los Trastámaras, que se revestían y se coronaban por chapiteles. Gómez de Mora modificó radicalmente el proyecto del pórtico edificando una nueva pared en línea con la de los dos cuartos reales, tapando el antiguo pórtico y dando lugar a otro nuevo; las torres antiguas quedaban incluidas en la pared, aunque se prolongarían ligeramente sobre los tejados rematando en chapitel[29]; . Con ello conseguía, además de modernizar el aspecto del palacio, ampliar el zaguán tras la entrada principal y, en el piso superior, disponer de un gran salón con tres huecos de considerable tamaño unidos por un balcón donde podían asomarse las personas reales para contemplar los espectáculos que tuvieran lugar en la plaza de palacio. Sobre el centro de la portada se elevaba un cuerpo plano con aletones adornado con el escudo real[30]. Fueron maestros de la fachada Pedro Rodríguez Majano, Gaspar Ordóñez y Miguel del Valle, y en 1619 estaba casi terminada, a falta tan sólo del cuerpo superior con el escudo y de las torres, aunque, a este respecto, Gómez de Mora debió de tener dudas, pues en 1623 sólo se había levantado un trozo de la torre del Sumiller que aparecía con una grúa en la estampa de la recepción del príncipe de Gales; grúa y torre fueron desmontadas por Alonso Carbonel de acuerdo con Juan Bautista Crescenzi antes de 1630[31].

 

En 1611, Gómez de Mora recibía orden del rey de dar trazas para las casas de Madrid como antes lo hacía su tío, aunque sin título expreso para ello. La realidad es que ya lo estaba haciendo. Están documentados proyectos del conquense anteriores a esa fecha, así las de don Diego de Tovar en la calle de las Huertas[32] o de don Francisco Matallana (1610)[33]. Sus trazas y planos urbanísticos son numerosísimos, y sirvan de ejemplo los de Antonio López[34], María Fragoso (1611)[35], marqués de Povar (1612)[36], don Pedro de Tapia (1613)[37], marqués de la Laguna (1615)[38] y alineación de casas en la acera derecha de la Platería (1613)[39]. En 30 de agosto de 1615 se vio en el Ayuntamiento su solicitud de que se le nombrara maestro mayor de las obras de la Villa como lo era su tío, con salario de 30.000 maravedís al año[40], y se le concedió; ostentaría este oficio hasta su muerte y dio lugar a innumerables actuaciones del arquitecto en el ámbito municipal.

 

En este tiempo trazó y dirigió también numerosas obras en iglesias y conventos madrileños: el 5 de abril de 1611, por decisión de Felipe III, da trazas para el nuevo convento franciscano de San Gil en el lugar de la parroquia de palacio, San Gil el Real. Lo construyeron los maestros Rodríguez Majano, Nicolás Gutiérrez y Eugenio Izquierdo y se acabó en 1615[41]. En 1611 también, dio trazas para la capilla mayor de la iglesia conventual y parroquial de San Martín que se modificaba para albergar la bóveda del entierro encargada por la viuda del secretario Alonso de Muriel, donde colaboró Gaspar Ordóñez[42]. Dio condiciones para la ampliación y reforma del templo del monasterio de Santo Domingo el Real y en 1616 trazó su nuevo claustro[43]. En 1612 se modificaba y agrandaba por sus trazas la iglesia del monasterio de las Descalzas, a la que dio nueva fachada y coro, encomendándose a fray Alberto de la Madre de Dios supervisar su realización[44]. Terminó en 1612 la capilla de la Virgen de Atocha trazada por Francisco de Mora[45].

 

En 1615, aprovechando su ida al palacio del Pardo para reformar el cuarto de la princesa[46] trazó la iglesia de capuchinos de la localidad, edificada a partir de 1638[47], y el mismo año trazó la cajonería del monasterio de la Encarnación[48]. En 1621 se comenzó la construcción según su proyecto el hospital y capilla de San Andrés de los Flamencos en la calle de San Marcos[49]. Su intervención más destacada en este campo de la edificación religiosa sería el diseño de 1623 -que se le ha atribuido- de la futura catedral de Madrid[50]. El rey deseaba que se siguiera el modelo romano de San Pedro, para lo que se solicitaron modelos a Roma. Su similitud con el diseño de Antonio Sangallo el Joven para San Pedro hace sospechoso que se trate de un verdadero proyecto de Gómez de Mora para la catedral madrileña. El 23 de agosto de 1624 suscribe una traza para la iglesia de San Antonio de los portugueses, por lo que se le ha considerado como autor de una reforma realizada respecto a lo diseñado por Pedro Sánchez, pero la identificación del proyecto para el interior en un dibujo de los Uffizi, con idéntica estructura, firmado por Sánchez, permite restituir a este último la autoría[51]. En 17 de junio de 1626 firma una “Relación de las cassas que tiene el Rey de España…” hecha para complacer al cardenal Barberini que visitaba la Corte, con planos de los alcázares de Madrid, Toledo y Segovia, palacios del Pardo y Aranjuez y algunos otros y memorias de la organización de otras varias casas que se conserva en la Biblioteca Vaticana[52]. De 1633 será la traza para el retablo del hospital de Antón Martín, en que muestra su capacidad de evolución hacia nuevos esquemas[53].

 

Firma en 20 de diciembre de 1614 un famosísimo diseño para el retablo del monasterio de Guadalupe, aunque actualmente se atribuye a su tío porque una carta del prior de Guadalupe de 1604 acusa recibo de las trazas de Mora, y Vicente Carducho y Eugenio Cajés reclamaban en julio de 1614 su derecho a hacer el retablo por haber dispuesto Mora en sus trazas que sería hecho por pintores reales. El propio Gómez de Mora elevaba una protesta a Felipe III ese mismo año al haberse enterado de que el monasterio había contratado la hechura del retablo con el italiano Jerónimo Lucente, contra la voluntad de Felipe II que había dejado 20.000 ducados para hacerlo por trazas de Mora con los pintores y maestros reales[54].

 

En su actividad de maestro mayor de Madrid no fue un aspecto menor su labor como ingeniero, en las más diversas especialidades. Llevan su firma numerosos proyectos de urbanismo como alineado de calles -calle que iba a los Recoletos (1619)[55], calle nueva de la plaza Mayor a la Puerta de Guadalajara (1620)[56], calles adyacentes a San Norberto (1622)[57], remodelación de la plaza del Alcázar (1626)[58] y otras muchas. Diseñó y dirigió la edificación de la cerca que rodeó Madrid a partir de 1625[59], con un perímetro muy amplio que se extendía hasta el convento de recoletos por el norte y hasta más allá de San Francisco por el sur; se construyó un muro de ladrillo y mampostería del que aún se conservan restos. Para esta cerca diseño en 1642 la Puerta de Fuencarral con un gran portón, dos puertas auxiliares y remate en frontón con flameros en sus ángulos, paramentos en ladrillo y mampostería típicos del arquitecto[60]. Fue fontanero y tracista de numerosas fuentes públicas, a las que dotó de hermoso aspecto según una tipología muy diversa: fuentes de Carabanchel Bajo (1612)[61], de Orfeo en la plaza de Santa Cruz (1617)[62], de la Puerta del Sol y San Salvador (1617)[63], plaza de la Cebada (1618)[64], de la que se conserva el dibujo. No debió de ser suya la de Recoletos, cuya traza firma el alarife Juan de Aranda en 1621[65] y, por el contrario es suya la traza de la caja y fuente para la traída de aguas de Amaniel junto a la casa de Francisco Mendizábal[66]; hizo los lavaderos del camino de los Recoletos[67]. En 1619 reparó dos puentes del arroyo Abroñigal[68] y en 1629 dio un proyecto para el puente de Toledo que no se llevó a efecto[69]. Fue un magnífico ingeniero en el sentido tradicional de este término, y así lo acreditan estas obras y otras a las que se hará mención.

 

Por encargo del Rey emprendió la regularización y nueva edificación de la antigua plaza del Arrabal, ya entonces denominada Mayor. Felipe II había hecho ampliar la plaza con el derribo de una manzana entera y dispuso en el entorno soportales con pilares y zapatas de madera para guarecer los puestos del mercado que allí tenía lugar. Felipe III, tras el regreso de la Corte a Madrid, vio allí un espacio urbano adecuado, además, para albergar los grandes espectáculos y celebraciones[70]. Francisco de Mora había agrandado y embellecido en 1608 la Casa de la Panadería que había construido Diego Sillero a partir de 1590[71], fijando en ella la pauta que serviría en adelante para modelo del caserío de su entorno. En 16 de diciembre de 1608 se ordenaba a varios regidores que procuraran que los dueños de las casas de la plaza reformaran sus delanteras según el modelo de la Panadería[72] y en 11 de mayo de 1609 se trabajaba en las puertas y ventanas del edificio, atendiendo las modificaciones introducidas por Mora[73]. No obstante, el formato definitivo que se ha conservado hasta hoy data de 1617, cuando el Concejo realiza los derribos necesarios y se construye con celeridad por la traza de Gómez de Mora[74]. A la llegada del príncipe de Gales en 1623, la plaza estaba terminada. La pintura de Juan de la Corte de ese año muestra, además de un desfile de cuadrillas jugando a las cañas, un caserío uniforme de ladrillo rojo, soportales en la planta baja, adintelados excepto la Casa de la Panadería donde se superpusieron arcos de medio punto, cuatro pisos por encima salvo la Panadería que tenía tres, y tejados apizarrados[75]. Se suele recordar como antecedente la plaza Mayor de Valladolid, construida a partir del gran incendio de 1561, pero su forma es rectangular. Por el contrario, Gómez de Mora planteó casi un cuadrado con soportales en su entorno, siguiendo más de cerca la plaza Real de París que se construía desde 1605[76]. Dificultades como el desnivel entre la plaza y la Cava baja, antiguo foso, fueron solventadas con un recurso de ingeniería que Gómez de Mora no dudó en utilizar: construyó el edificio contiguo a la Cava como los otros en la fachada hacia la plaza y con varios pisos más hacia abajo por el lado del desnivel. En 1631 tuvo lugar un gran incendio que destruyó tres lados, excepto el de la Panadería, y poco después estaba reconstruida, con una altura más en los edificios, “cinco altos sin contar los soportales”, tal como se observa en una planta y alzado trazada por el propio Gómez de Mora firmada en 26 de agosto de 1636 señalando los sitios disponibles para albergar a la Corte en los festejos de toros[77]. En 1672 se quemó la Panadería, que fue reconstruida con un aspecto algo más barroco por Tomás Román[78], y en 1790 tuvo lugar el más devastador de los incendios. Juan de Villanueva la reconstruyó respetando el estilo de Gómez de Mora, pero rebajó la altura de los edificios -de cinco a tres plantas- y añadió arcos en las bocacalles con edificación encima, cerrando totalmente el espacio[79].

 

Con ánimo de unificar el caserío en los entornos de la plaza Mayor, traza en 1619 las casas de doña Catalina Reinoso en la calle que iba de la Platería a Santiago[80], y en 1620 las del mayorazgo de Luján en la calle Mayor[81], que siguen al pie de la letra el modelo utilizado en la plaza, ladrillo, soportales adintelados, tejados de pizarra y grandes huecos con balcones muy regulares, e incluso preludia las cinco plantas con que reconstruirá la plaza tras el incendio de 1631. En la propia plaza se edificó por su proyecto un sitio que se concedió al conde de Barajas en la cava de San Miguel en 1628[82]. Aún dará trazas en este mismo estilo en 1630 para la casa de don Amador Pérez en la calle Mayor[83]. Un modelo diferente pero también característico del arquitecto será el de las torres con chapitel en los extremos, bóvedas con huecos cuadrados en la parte baja, planta principal con altas ventanas enrejadas, planta primera con balcones y tejados con buhardas, de las que es buen ejemplo la casa de don Francisco Manso en la plazuela de Leganitos, de 1623[84]. En este mismo año dará la traza para la fachada del palacio de los Medinaceli en su villa ducal, prototipo perfecto del palacio urbano que Gómez de Mora desarrollará a partir de modelos de Francisco de Mora en el palacio real de Valladolid o el ducal de la villa de Lerma[85].

Otra traza temprana del maestro mayor fue la del convento e iglesia de las Bernardas de Alcalá, fundado en 1613 por el cardenal Sandoval y Rojas[86]. En su testamento de 22 de abril de 1618 ordenaba que fuera acabado según la traza de Gómez de Mora; su constructor fue el maestro complutense Sebastián de la Plaza[87]. La planta oval de inspiración vignolesca, atípica en Gómez de Mora pero explicable en un momento en que tenía recientes sus estudios de arquitectura, suele ser lo más destacado, pero es interesantísima también la muy libre interpretación de la fachada del Gesù que realiza en su exterior. Obra complutense que suele atribuírsele es el Colegio de Málaga, donde se supone su intervención desde 1614, en que el arquitecto real fue a dar trazas para el patio de Santo Tomás de Villanueva del colegio de San Ildefonso; Sebastián de la Plaza llevó a cabo la obra del colegio de Málaga junto a otro maestro madrileño, Bartolomé Díaz Arias, que colabora frecuentemente con Gómez de Mora, y este hecho apoya la suposición de que se construía con sus trazas[88].

 

A esta primera época corresponden también su traza del nuevo colegio e iglesia jesuita del Espíritu Santo de Salamanca, conocida como Clerecía. Debido a la voluntad de la Reina expresada en su testamento, la obra quedó bajo el patrocinio real. Fray Alberto de la Madre de Dios hizo un proyecto que no se pudo llevar a efecto por no disponer de solar suficiente. Gómez de Mora viajó a la ciudad y dio una traza aprobada en 1617, con la iglesia bordeada por dos edificaciones en torno a dos grandes patios, uno para el colegio y otro para la vivienda de la comunidad jesuita[89]. La iglesia sigue en su planta el modelo romano del Gesú, con una sola nave de gran amplitud, capillas separadas por contrafuertes, crucero igualmente amplio y presbiterio poco profundo. Se iniciaron las obras en 1618; en 1621 y hasta 1635 estuvo al frente Pedro Moreno y en este tiempo se construyó parte de la vivienda de los religiosos, la sacristía y presbiterio siguiendo las trazas de Gómez de Mora, con una gran severidad decorativa como imponían las preferencias de la compañía. En 1641 entró a dirigir la obra el hermano Pedro Mato, que incorporó numerosos elementos barrocos a partir del crucero y nave, separándose sin duda de la traza del conquense. La iglesia y convento de las agustinas recoletas de Pamplona, fundación del secretario real don Juan de Ciriza, se construyó según trazas de Gómez de Mora enviadas a la ciudad en 1624[90].

 

Además de arquitecto del rey, Gómez de Mora pasó a serlo de su valido, el duque de Lerma. En febrero de 1613 se inició, según sus trazas, la construcción del convento de Santa Clara de Valdemoro, fundación del duque, con participación en los diseños del aparejador Pedro de Lizargárate y del antiguo colaborador de su tío, el carmelita fray Alberto de la Madre de Dios que había quedado al frente de la obra del convento de la Encarnación trazado por Mora y de las obras de la villa de Lerma. El maestro de obras del convento de Valdemoro fue Jerónimo Fernández Hurtado y se inauguró en 1616[91]. La iglesia es de cruz latina con cúpula sobre pechinas en el crucero y enlaza con el claustro de doble arquería, en cuyo entorno se organiza el convento en tres crujías. Utiliza en el exterior el aparejo de ladrillo con zonas de mampostería y sencilla portada adintelada en piedra con nicho superpuesto coronado por frontón curvo. En la villa ducal de Lerma, donde se estaban finalizando las edificaciones diseñadas por su tío y por fray Alberto de la Madre de Dios, dio traza hacia 1615 para los retablos de los conventos de la Madre de Dios y de Santo Domingo[92].

 

A fines de la segunda década del siglo, el maestro mayor hubo de concentrar sus esfuerzos en la traza del Panteón real que se iba a iniciar en El Escorial. En esta obra surgió un rival, Juan Bautista Crescenzi, noble italiano hermano de un cardenal. Escribió Vicente Carducho sobre él en sus Diálogos: “…entre las cosas que nos enseñó [en su casa] fue el modelo que hizo por mandado de su Majestad para los entierros de los Reyes, por cuya traza y gobierno se ejecutó en El Escorial, que comúnmente llaman el Pantheón”. Una carta de 15 de marzo de 1635 del secretario de la legación del gran duque de Toscana en Madrid, Bernardo Monanni, daba cuenta de la muerte de Crescenzi, donde le trata de “arquitecto principal de su Magestad”. La cuestión, sin embargo, no está tan clara como se tiende actualmente a afirmar. Está documentado que el embajador de los Medicis escribió el 8 de agosto de 1618 que el noble italiano había venido a España con la pretensión de conseguir una pensión y un hábito, protegido por el cardenal Zapata y con fama de entendido en trazas de arquitectura, por lo que el Rey le había mandado que viera en El Escorial muchos modelos que se habían hecho para la sepultura de los cuerpos reales[93]. Sin duda había existido un concurso de maestros anterior. En noviembre de 1618, los escultores Antonio de Herrera y Lorenzo de Salazar cobraban por dos modelos del panteón, uno con pilastras y otro con columnas respectivamente; no hay certeza de que fueran dados por Crescenzi, o que lo fuera uno -el de pilastras, tal como se construyó-, en cuyo caso es posible que el otro fuera de Gómez de Mora[94]. La utilización del estilo corintio, del que no era muy amigo el maestro mayor, sería un dato a favor de que la elección real hubiera recaído sobre una idea de Crescenzi. Ahora bien, pensamos que había sido anterior la idea de ochavar la planta circular de Juan Bautista de Toledo, que se debería a Gómez de Mora. En el alzado se siguió probablemente la propuesta de Crescenzi y sin duda fue suya la idea de utilizar profusamente el bronce -capiteles, ménsulas y sobrepuestos decorativos-, pues fue, desde el primer momento, el encargado de llevarlos a cabo[95].

 

La labor constructiva pétrea del recinto del Panteón estuvo a cargo del maestro mayor hasta 1627 al menos[96]. En 1619, Pedro de Lizargárate extraía mármol en los montes de San Pablo mientras Crescenci viajaba a Italia a buscar operarios para la labor de los bronces[97]. El 10 de diciembre de 1619, Gómez de Mora y Lizargárate fijaban las condiciones para el contrato de la cantería hasta la cornisa según la traza del primero[98] y el 15 de abril de 1620 las daban para realizar la cantería de la cúpula según trazas de Gómez de Mora, así como para asentar el bronce y los sepulcros[99]. La cantería se adjudicó en ambos contratos a Antonio de Artá, Francisco de Mendizábal y Martín de Sarasti. En septiembre se designaba a Lizargárate aparejador del Panteón con salario de 500 ducados anuales. Crescenci había regresado el 16 de diciembre de 1619 y se instalaba en El Escorial con su equipo de broncistas, con salario de 100 ducados al mes, aumentados luego a 140, y con una completa independencia del maestro mayor respecto a su labor[100]. Las quejas de los canteros por los retrasos en sus pagos eran constantes, mientras los broncistas cobraban puntualmente. Gómez de Mora participó en esta rivalidad y acusó al italiano de alargar la obra al usar un método de fundición caro y lento, que debía de sustituirse por la utilización de láminas de cobre, más barato y rápido, que fue finalmente el elegido[101]. Sea por lo que fuere, en 1626, cuando muere Lizargárate, Cassiano dal Pozzo, secretario del cardenal Barberini, describe lo que ambos habían visto fabricado, que era hasta el final de las lunetas y faltaba por cerrar la bóveda[102]. Les había acompañado Crescenzi, al que se cita como superintendente, que manifestó que había sido preciso rebajar el piso, porque encima de la bóveda quedaba el altar mayor, que se podía dañar, y que la obra podía haberse acabado a no ser por la falta de pago a los que hacían la obra.

 

Para sustituir a Lizargárate fue elegido Alonso Carbonel el 26 de enero de 1627, contra el parecer de Gómez de Mora, que prefería a Miguel del Valle, que era cantero[103]. Era un revés importante para el conquense, pues Lizargárate era su principal apoyo en una obra en la que ahora dominaría Crescenci contando con el conocimiento de Carbonel en materia de construcción. Aún consiguió Gómez de Mora una victoria más frente al italiano con la designación el 5 de octubre de 1627 de Antonio de Herrera como aparejador de las obras reales con especialidad en la carpintería, en sustitución de Juan de Herrera que acababa de morir[104]

 

Carbonel consiguió entre 1627 y 1628 que se cerrara la cúpula[105]. El 14 de octubre de 1630, Crescenzi fue designado superintendente de la obra del Panteón, un cargo administrativo que le permitía elegir artífices y hacer los pagos[106]. Su enemistad con Gómez de Mora y su sintonía con Carbonel excluirían de esa obra al maestro mayor justo cuando el edificio se había terminado y se iba a paralizar su progreso por concentrarse los esfuerzos y dinero en otras obras. Se hizo el solado en 1638, ya muerto Crescenzi[107], pero hubo de levantarse por el dictamen dado en 1645 por Gómez de Mora y Carbonel a causa de las humedades que había debajo. La obra se reanuda con rapidez bajo la dirección de Carbonel a partir de 1648[108], cuando gozaba ya del título de maestro mayor de las obras reales, y avanzó hasta su inauguración el 15 de marzo de 1654.

 

En relación con la obra del Panteón se debe de interpretar lo sucedido con el sepulcro de la emperatriz María en las Descalzas Reales[109]. En 1612, Gómez de Mora había dado trazas para la transformación la fachada y del coro alto de la iglesia, donde se disponía un nicho con ornamento de la orden corintia en el testero[110]. Con ello se cumplía la voluntad de la Emperatriz de ser sepultada en las Descalzas, aunque el Rey hubiera querido trasladarla al Escorial. En 1622, el cantero Martín de Gortairi terminó de labrar el nicho. Acto seguido, Felipe IV ordenó que se enviara desde El Escorial una de las urnas reales que estaban terminadas según diseño de Crescenci, la que resultó demasiado grande para el arco funerario. Tres años después, el rey tomaba la decisión de que el italiano enviara desde El Escorial los materiales necesarios para agrandar el hueco y que él mismo se ocupara de su modificación; se utilizaron las placas de mármol oscuro que allí se usaban, las mismas ménsulas de bronce que bordean los nichos reales, aquí colocadas por duplicado en ángulo en los extremos, y los motivos de roleos que forman el friso del Panteón, todo aplicado literalmente a un modelo serliano.

 

La falta de sintonía de Gómez de Mora con el conde duque de Olivares determinó que el valido eligiera a su rival Alonso Carbonel para que fuera arquitecto del nuevo palacio del Buen Retiro que incluía extensos jardines, concebido por el valido para servir de recreo a Felipe IV. En octubre de 1630, Crescenci había sido nombrado superintendente de las obras reales[111] y, en 8 de noviembre, Carbonel recibía el título de aparejador mayor con mando sobre los otros aparejadores reales y con facultad de suplir al maestro mayor en sus ausencias y enfermedades[112]. Molesto por esta designación, Antonio de Herrera dimitía de su puesto de aparejador de carpintería de las obras reales el 5 de diciembre siguiente[113], lo que aprovechó Carbonel para colocar en su puesto a su fiel colaborador Martìn Ferrer con título de ayuda del aparejador mayor de las obras reales[114] Desde esta posición, el conquense dio todas las trazas y condiciones del nuevo palacio a partir de 1630 y el 29 de noviembre de 1633 recibió finalmente título de maestro mayor del Buen Retiro[115].

 

No fue el único contratiempo que afectó a Gómez de Mora. En 1626, había sido acusado de colaborar en ciertos fraudes en la obra de la fachada del Alcázar detectados por el juez de la Junta de Obras y Bosques Mateo López Bravo, según resulta de la documentación[116]. Este juez propició la elección de Carbonel como aparejador de las obras reales frente a la de Miguel del Valle, candidato del maestro mayor, después de haberle condenado junto a Gaspar Ordóñez en 30.000 reales por aquella obra. Después de esta condena, la Junta prosiguió la investigación e imputó directamente a Gómez de Mora además de los maestros de la fachada de consentir que estos hubieran cobrado del Concejo materiales resultantes del derribo de la fachada antigua como si fueran suyos. Se le puso preso en la cárcel en el mes de mayo de 1627, y en julio pedía que le soltaran con fianza. En enero de 1628 había salido tras entregar unas prendas y las costas del juez. A principio de 1629, la Junta les condenó a todos ellos a restituir 70.400 ducados y a perder definitivamente sus oficios en la casa real[117]. Sin embargo, el recurso que se interpuso y para el que el propio Gómez de Mora redactó una larguísima alegación con ayuda de su abogado, debió de ser efectivo, pues no se conoce que hubiera fallo aunque la causa seguía pendiente en 1636.

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En todo este tiempo, el maestro mayor había continuado ejerciendo sus funciones de maestro mayor de las obras de la Villa. En 1621 se ocupaba del derribo de las casas de la Villa, para las que dio trazas en 1629, modificadas en 1644, de las que se conserva un dibujo de la fachada hacia la calle Mayor[118]. La construcción se prolongó muchos años e intervinieron más tarde José de Villarreal, Bartolomé Hurtado y Teodoro Árdemans, entre otros, que añadieron detalles propios del barroco. Hizo en 1633 las casas de doña Juana de Espínola en la calle del Prado, con torre en la esquina[119]. En 1635 redacta las condiciones y da traza para unas obras de protección de las crecidas del Manzanares cerca de la puerta de la Casa de Campo, las cuales visitaba el 18 de agosto de 1637 Alonso Carbonel, sin duda por ausencia de Madrid de Gómez de Mora[120].

El rey ordenó a su maestro mayor en 1629 que diera trazas para la nueva Sala de Alcaldes y Cárcel de Corte[121]. Ponz afirmó, sin indicar la fuente, que el arquitecto Juan Bautista Crescenzi había sido autor de su traza[122] y Chueca Goitia lo vio cercano al estilo de Carbonel[123]. Se ha afirmado también que la autoría correspondía al alarife y maestro de obras Cristóbal de Aguilera, que dio algunas trazas que motivaron las protestas del maestro mayor en el año 1629. En abril de 1635, el edificio estaba terminado al decir de los embajadores florentinos en Madrid. En diciembre de 1636 se contrataba a dos maestros, para que colocaran las cinco esculturas en la fachada. Blanco Mozo y Del Val consideran que no se puede defender la participación de Crescenzi, y, por ende, de Carbonel en esta obra mientras no aparezca alguna documentación que lo confirme[124].

 

También hay muchos datos de su actuación como maestro mayor de las obras reales hasta mediados de 1636. Dio trazas y condiciones para la ampliación y remodelación del antiguo edificio de la Torre de la Parada, que contrató Francisco de Mena el 26 de abril de 1635[125]. En 16 de junio de 1635 el maestro de obras Juan de Aguilar se obligaba a modificar el palacete de la Zarzuela con trazas de Gómez de Mora firmadas en agosto de 1634 y condiciones de Carbonel[126]. El maestro mayor dio también trazas y condiciones para las nuevas Casas de los oficios de la Torre de la Parada[127] y el 12 de septiembre de 1636 autorizaba una ampliación del plazo para su ejecución[128]. En 1636 establecía un proyecto para Aranjuez que completaba la obra de Juan de Herrera[129]; su traza que fue transcrita a lienzo por un pintor anónimo al año siguiente.

 

Pero una nueva acusación, más eficaz que la anterior, surgió en 1636. El maestro mayor había entregado un cuadro de Tiziano de la colección real al licenciado don Lorenzo Ramírez de Prado, colocando en su lugar una copia[130]. Se conocen pocos detalles de la causa que se iniciaría[131] y que acabó mediante el decreto del 16 de septiembre de 1636 en que el rey ordenaba que cesara su sueldo de maestro mayor y que marchara a Murcia a servir su oficio en ciertas obras de riego que eran necesarias, con salario de 30 ducados al mes. A fin de año se le liquidó la parte de sus haberes como maestro mayor comprendida entre 1 de julio y 16 de septiembre[132]. Suponía su alejamiento de la Corte y un importante quebranto al privarle de todas las obras que se le encargaban en Madrid. Hubo de entregar los bienes reales que tenía a su cargo a otro de los aposentadores, Simón Rodríguez, que los recibió el 26 de noviembre de 1636, en enero de 1637 se daba orden urgente de pagarle para que pudiera marchar a Murcia, y se despedía el 14 de marzo[133].

 

Para sustituirle en sus funciones en la Corte se designó, con título de superintendente de obras particulares, a Francisco de Praves, que era maestro mayor de las obras reales de Castilla la Vieja. El 12 de marzo de 1637, Praves firmaba unas trazas para la Torre de la Parada[134], pero debió enfermar, pues testaba en agosto en Valladolid y en octubre murió en Madrid. Carbonel ocuparía, de modo provisional, el espacio de competencias que correspondía en la Corte al maestro mayor, firmando libranzas y haciendo pagos, aunque no logró suplantarle en sus funciones de maestro mayor de la Villa.

 

Aunque se ha dicho que Gómez de Mora había regresado a Madrid en agosto de 1637[135], la noticia procede de su designación como testamentario por Antonio Trigo[136], lo que no implica su presencia. El 31 de agosto de 1638 testaba su mujer, Inés Sarmiento[137], y moría al día siguiente[138], y no hay constancia de que el maestro mayor estuviera en Madrid. Su vuelta a la Corte ha de producirse poco después, en que reaparece en los documentos del concejo madrileño ejerciendo su cometido de maestro mayor de la Villa. El 30 de enero de 1639 casaba de nuevo el arquitecto con doña Antonia Romana, viuda de don Francisco Caxa, del que le quedaban seis hijos[139]. Al año siguiente murió Francisca de Mora, su madre[140], que no había estado conforme con este enlace según manifestó Gómez de Mora en su testamento.

 

Las anteriores vicisitudes padecidas por el maestro mayor en estos años tienen fiel reflejo en los acontecimientos que se desarrollaron en relación con la capilla que el ayuntamiento madrileño deseaba hacer en la iglesia parroquial de San Andrés -inmediata al lugar donde había vivido y había sido enterrado san Isidro- para honrar su reliquia[141]. Según la relación del regidor don Pedro de Cuero y Tapia sobre lo sucedido en este asunto[142], Gómez de Mora concibió en 1629 una capilla exterior a la iglesia que se añadía por el lado del mediodía, con puerta a la plaza independiente de la portada del templo; Pedro de Pedrosa dio condiciones el 15 de diciembre de ese año. En 1636, por las dificultades que se encontraban para hacer nueva capilla, se pensó en reformar la cabecera del templo, ampliándola con nueva cúpula, gradas y un nuevo retablo con transparente donde pudiera estar expuesto el Santísimo y la reliquia del Santo; Gómez de Mora dio las trazas, y se conserva el dibujo del retablo con pintura central de San Andrés y debajo la urna de san Isidro que habían donado los plateros en 1622; habitualmente se atribuye a Alonso Cano pero hubo de ser del maestro mayor, que fue quien dio entonces todas las trazas para esta obra[143]. El proyecto se detuvo porque, en 1637, el ayuntamiento consiguió que el dueño de la capilla de los Ugartes, en la cabecera del templo, en el lado de la epístola, la vendiera a cambio de varios beneficios. Apenas se completó la cesión, el ayuntamiento de 20 de agosto de 1638 decidió convocar un concurso para que los mejores maestros hicieran trazas para una capilla de San Isidro. En ellas no participó Gómez de Mora, seguramente porque aún se hallaba fuera de la Corte, además de que en la semana siguiente se produjo la muerte de su mujer. En 12 de septiembre se dio a conocer que había ganado el proyecto de Alonso Carbonel y en 27 de noviembre siguiente, el rey mandaba al Concejo ejecutar estas trazas. El 26 de marzo de 1639, Gómez de Mora, en funciones de maestro mayor de la Villa, anotaba una copia -que se conserva- de ese proyecto[144].

 

Pero la capilla era pequeña y se anunciaban litigios por invadir el cementerio. En julio de 1641 se consiguió que la condesa de Paredes vendiera su corral sito tras la cabecera del templo, con lo que podía ampliarse esa cabecera o construirse tras ella la nueva capilla. El Ayuntamiento convocó nuevo concurso de maestros y en 28 de enero de 1642 se vieron las trazas de Gómez de Mora, el hermano Bautista, fray Lorenzo de San Nicolás y Pedro de la Torre, y se pidió que cada uno diera dos trazas, una para renovar la cabecera del templo y otra para la nueva capilla. Antes de 10 de mayo se ordenó que Pedro de la Torre diera las condiciones, porque su traza había sido elegida por el rey[145]. La nueva capilla se situaba donde la había previsto Gómez de Mora en el primer proyecto, esto es, en el lado de la plaza, pero ahora ocupaba el espacio de la capilla de los Ugartes. Gómez de Mora dio pocos días después unos pareceres sobre el proyecto elegido, aconsejando, entre muchos otros aspectos, que no se derribara ninguna pared del antiguo templo, y también lo hicieron otros maestros que dieron informes. Pedro de la Torre insistió en la necesidad de derribar el muro de la epístola. En 21 de febrero de 1643 comenzó la apertura de los cimientos y los derribos, pero el 21 de marzo se ordenó paralizar la obra porque se manifestó la amenaza de ruina de la techumbre de la iglesia si no se derribaban también los pilares y se apeaba, con gran incremento del coste de la obra. Por eso, cuando Torre pidió en 1645 que le pagaran su traza y su ocupación, el ayuntamiento, a regañadientes, le dio 400 ducados no sin recriminarle los grandes gastos hechos por su culpa[146]. Pero el Concejo proseguía en su decisión de construir la capilla. En 10 de junio de 1643 se vieron otra vez las trazas que habían presentado muchos maestros en su momento, y se eligieron las de Gómez de Mora, Pedro de la Torre, fray Lorenzo y Alonso Cano y se mandaron al rey; el soberano eligió poco después el proyecto de Gómez de Mora, que debía de ser una nueva capilla a las espaldas de la cabecera del templo[147]. El 21 de junio vino orden del Consejo Real de que la capilla se hiciera en la plaza de la Cebada y que el maestro mayor adaptara su traza al nuevo sitio, lo que había hecho ya en 7 de julio; el 20 de noviembre se pregonaban los materiales y se comenzó la obra, pero se paralizó a fines de abril de 1644 por falta de recursos[148]. En su testamento, Gómez de Mora pedía al Concejo que designara como maestro mayor de la Villa a su ayuda de trazador José de Villarreal -que lo era con título real desde 1645 pero al menos desde 1632- quien fue finalmente el autor del proyecto por el que se construiría la capilla aprovechando el derrumbe de la iglesia de San Andrés en 1657, sin duda con influencia del fallido proyecto de Gómez de Mora de 1642 en cuanto a la planta, pero no tanto en el alzado y motivos decorativos.

 

A partir de 1639, Mora sigue realizando proyectos para obras en Madrid. El 26 de abril de 1639 firma el alzado de la casa de doña María de Peñalosa en la calle de Toledo[149] y en 1641 la de doña María de Ortega en Puerta Cerrada[150]. También en la Corte se advierte su rehabilitación. En 10 de noviembre de 1640 se contrataba la obra de la nueva iglesia del colegio de Santa Isabel, de patrocinio real, que habría de ejecutarse por Jerónimo Lázaro Goiti según trazas del maestro mayor Gómez de Mora[151]. Aunque tiene planta de cruz latina su espacio aparece centrado en torno a una monumental cúpula. La obra sufrió retrasos y en 1655 se requería a Pedro Lázaro, hijo del contratista, que prosiguiera la obra, pues tenía gran conocimiento de ella. También en 1640 se ordena a Gómez de Mora como maestro mayor que dé nueva planta para el Colegio de Loreto, si bien lo debía hacer de limosna[152]. Por esa traza se inicio la construcción por el mismo Jerónimo Lázaro Goiti. La obra, que se hacía también de limosna, avanzó con rapidez y a la muerte del constructor en 1649 estaba casi terminada. El maestro utiliza la piedra en la fachada para los zócalos, gradas, arcos y portadas, y el resto en ladrillo rojo. La alta nobleza recurre de nuevo al maestro mayor. El marqués de Leganés le encomienda en 1642 la modernización de la fachada de sus casas en la calle de San Bernardo[153] con el modelo tradicional del zócalo en piedra que incluye las ventanas cuadradas de las bóvedas y tres plantas en ladrillo visto separadas por impostas, con hermosos huecos diferenciados, ventanales en el piso bajo, balcones en el segundo y ventanas con balaustrada en el tercero.

 

La situación política iba a cambiar drásticamente en enero de 1643 en que se produce la retirada del conde duque de la Corte y, con ello, el final de su valimiento. El año anterior se barruntaban ya estos cambios, que no iban a dejar de afectar profundamente a las obras reales. Carbonel luchó por prolongar su posición privilegiada en el Alcázar mientras se hallaba acompañando al rey en la jornada de Aragón de 1642[154], pero al año siguiente se producía el primer síntoma del cambio con el nombramiento de Antonio de Herrera, gran colaborador de Gómez de Mora, para el cargo de aparejador de las obras reales el 26 de enero de 1643[155], seguido en 21 de junio de ese año de la reposición del propio arquitecto en el uso de todas sus prerrogativas de maestro mayor[156]. Su discípulo y ayuda de trazador efectivo desde 1632 al menos, José de Villarreal, obtiene nombramiento real de ayuda de trazador en 1645[157].

El rehabilitado maestro mayor no cesó en su actividad incansable a pesar de que había cumplido 57 años. En 1643, en el Alcázar, tomó inmediatamente las riendas de la corrección de la ruina de los corredores del patio de la Reina, donde se estaban hundiendo las arquerías, y luego del patio del Rey, en la zona inmediata al Salón de Comedias[158]. Hace traza para la reparación de unas necesarias -distintas de las que había diseñado Carbonel en 1639[159]- y en 1646 se comienza a realizar la reforma del interior de la antigua torre del Homenaje donde se había instalado la llamada pieza de Trucos después de que el cardenal infante marchara a Flandes en 1632. Gómez de Mora habilitó en su interior un pequeño zaguán, una escalera que subía al cuarto llamado del Rubí, por lo que se le conocía como escalera del Rubinejo, y encima una hermosa pieza que se conocerá como “ochavada” por su planta octogonal[160]. La nueva habitación conectaría el salón de Comedias y el cuarto del rey con el que se conocía como salón Nuevo, que había empezado ya a denominarse “de los espejos” por los que había diseñado para él Carbonel en 1640. En 22 de enero de 1647 se nombró a Velázquez veedor de la nueva pieza ochavada y en marzo contador[161], y se ocupó conjuntamente con Gómez de Mora de diseñar su interior y de concluirlo antes de 1648[162].

 

Aún se ocupó en esta época final de algunos proyectos, unos relacionados con obras que habían estado en sus manos y otros de nueva planta. La reforma del coro y tribuna de la iglesia parroquial de Getafe de 1639[163], la puerta de Fuencarral de 1642[164], el viaje que realizó a Uclés en este mismo año[165], las trazas para la nueva Casa de la Villa de 1644[166]. Diseña de nueva planta en 1643 un pasadizo en la calle de Lavapiés[167], la casa de Juan de Garnica en la calle de los Tintes en 1645[168], los túmulos ya citados de la reina en 1644 y del príncipe en 1646, los tablados para la fiesta del Corpus de estos mismos años[169] y aún a 30 de noviembre de 1647 firma la capilla del beato Simón de Rojas en la iglesia del monasterio la Trinidad calzada[170].

El 4 de febrero de 1648 testaba estando enfermo[171] y moría el 22 siguiente[172]. Dos días más tarde se designaba su sustituto en la maestría de las obras reales a Alonso Carbonel[173] y maestro mayor de las obras de la Villa a su discípulo José de Villarreal[174].

 

Juan Gómez de Mora, a través de su ingente obra desarrollada a lo largo de más de cuarenta años en la Corte madrileña, dejó establecido el trazado casi definitivo de su casco urbano y la configuración de un estilo propio de su caserío, para dignificar la urbe destinada a ser corte de su Majestad. Su estilo combina con perfección la racionalidad, economía y funcionalidad con una estética armoniosa y serena derivada en último término del estilo escurialense heredado de su tío. Anima con un cromatismo contrastado de ladrillo rojo, pizarra oscura y piedra berroqueña la aparente geometría de sus creaciones, a las que dota de un atractivo poderoso que aleja la monotonía. No debe de considerarse esta cierta uniformidad como una limitación del arquitecto, pues supo demostrar sus aptitudes para utilizar variedad de lenguajes en obras como en las bernardas de Alcalá y, sobre todo, en la transformación de los esquemas habituales mediante sorprendentes elementos a los que se dota de dimensiones poco canónicas, como ocurre en la cúpula de Santa Isabel.

 

CATÁLOGO DE OBRAS EXISTENTES EN LA COMUNIDAD DE MADRID:

 

– 1612.

Reforma de la fachada de la iglesia y coro de las Descalzas Reales.

A.H.P.M, prot. 1526 y 1539.

TOVAR (1979), pp. 91-93. TOVAR (1983), pp. 100 y 262-264. BLANCO MOZO (2007), pp. 139-140.

 

– 1612.

Coro del monasterio de la Encarnación.

Archivo de la Secretaría. Ayuntamiento de Madrid.

Marqués del Saltillo, «El real monasterio de la Encarnación y artistas que allí trabajaron (1614-1621)», Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo del Ayuntamiento de Madrid, 50 (1944), pp.267-292; Bustamante (1975)

 

– 1613.

Bernardas de Alcalá,

Archivo Histórico de Protocolos de Toledo, prot. 2310, s/f.

LÁINEZ 1958, pp. 235-236.

 

– 1613.

Convento de Santa Clara de Valdemoro.

Archivo Histórico de Protocolos de Madrid, prot. 1863, fols. 311-317
L. CERVERA VERA, «El señorío de Valdemoro y el convento de franciscanas», Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, (1954), p. 58.TOVAR (1983), p. 102.

 

 

– 1617.

Plaza Mayor.

Archivo de la Secretaría del Ayuntamiento, Libro de acuerdos 35.

TOVAR (1983), pp. 400-412. LAPUERTA (1992), pp. 259-272.

 

– 1618-1629.

Arquitectura del Panteón real del monasterio de El Escorial.

A.G.P, San Lorenzo, Patrimonio, Legajo 1825.

MARTÍN GONZÁLEZ (1981), Bustamante (1992), BLANCO MOZO (2007), Val (2016).

 

– 1629.

Cárcel de Corte.

B.N.E, Sección Manuscritos, nº 2361.

BERNIA, Historia del Palacio de Santa Cruz. Madrid, 1949, p. 39. Tovar, « Revisión al proceso constructivo de la Real Cárcel de Corte», Rev. ABM del Ayuntamiento, (1980). Tovar (1983), pp. 126, 385-391. Tovar (1996). BLANCO MOZO (2007), 296.CRUZ YÁBAR (2011).

 

– 1634.

Palacio de la Zarzuela.

A.H.P.M, prot. 5.810.

Marqués de Saltillo, «Alonso Martínez de Escobar. Al margen de la exposición de caza». Arte Español, 18, 1951, pp. 113-134, Tovar (1983), p. 138.

 

– 1640.

Convento de Santa Isabel.

A.H.P.M, prot. 5977.

TOVAR (1975).

 

– 1639.

Coro y la tribuna de la iglesia parroquial de Getafe.

Archivo Parroquial de Getafe, Sig. M. O.-9/Rº 21.

CORELLA Y MERLOS, pp. 35-37.

 

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JOSÉ MANUEL CRUZ VALDOVINOS

FECHA DE REDACCIÓN: 16 DE NOVIEMBRE DE 2019

FECHA DE REVISIÓN: 15 DE DICIEMBRE DE 2019

 

NOTAS

[1] Libro 227 de bautismos de Santa Cruz de Cuenca, 68. TOVAR (1983), 83

[2] IBÁÑEZ MARTÍNEZ 1991.

[3] CERVERA 1984, 178-182.

[4] CADIÑANOS 1987, 247; BLANCO MOZO 2002, 238.

[5] La Academia, fundada en 1582 por Felipe II mientras se hallaba en Lisboa, tenía sus aulas en la Casa de las Matemáticas, que era también la casa de aposento de Francisco de Mora.

[6] LLAGUNO 1829, III, 353-354.

[7] PÉREZ PASTOR 1914, 145; AGULLÓ 1973, 8-9. Es claro que recibía el salario de ayuda a través de los gajes de su tío como maestro mayor y que, a tenor de 4 y ½ reales diarios, correspondía a poco más de 6 años.

[8] Archivo General de Palacio (AGP), El Pardo, leg. 6. TOVAR 1983, p. 359.

[9] RIVERA 1984.

[10] LLAGUNO 1829, III, 350. Sustituyó al fallecido Pedro García de Mazuecos.

[11] Ibidem, 355.

[12] AGULLÓ 1973, 21.

[13] AGULLÓ 1969. Libro 3 de Bautismos de la parroquia de Santiago de Madrid, fol 206.

[14] Petronila Gómez de Mora de la Concha murió en 25 de enero de 1662 en Madrid, viuda de don Juan Melgarejo Ponce de León, que había sido oidor en diversas audiencias, incluida la de Santo Domingo en La Española; la última fue la de Galicia, en que debía ejercer en 1648 cuando murió. Doña Petronila vivía en una casa inmediata al convento de la Encarnación en el que se enterró. Tenía entonces tres hijos, Antonio, Francisco y Tomás.

[15] Archivo Ayuntamiento de Madrid (AAM), Libro de Acuerdos del Concejo nº 30

[16] Ibidem, ad datam.

[17] AGP, Cédulas Reales XI, fol. 432. LLAGUNO 1829, 355.

[18] AAM, Archivo de la Secretaría (ASA), 1-4-23, TOVAR 1983, 49.

[19] Firma el impreso como “maestro de las reales obras de Su Magestad y su ayuda de aposentador de Palacio”.

[20] Firma el impreso Aparato del túmulo real… como “trazador y maestro mayor de sus obras reales”. Estampa de Pedro Perret, Biblioteca del Palacio Real de Madrid, Ms 739.

[21] TOVAR 1983, 146. Se publicó en 1645 la descripción Pompa funeral… por mandato del conde de Castrillo y editada por Diego Díez de la Carrera, con estampas del túmulo y los jeroglíficos que figuraban en él, de la mano de Gómez de Mora según dice su texto (BN bdh0000052229).

[22] TOVAR 1983, 147.

[23] BLANCO MOZO 2002, 170-178.

[24] AAM, Libro de Acuerdos del Concejo nº 39, acuerdo de 11 de octubre de 1621.

[25] BLANCO MOZO 2002, 162-168

[26] MARQUÉS DEL SALTILLO 1953, 139-142.

[27] DIEZ DEL CORRAL 1994.150-151.

[28] TOVAR 1986, 43-46.

[29] BLANCO MOZO 2002, 277-278.

[30] TOVAR 1983, BARBEITO 1992, 93-107; DÍEZ DEL CORRAL 1994, 152-157.

[31] BLANCO MOZO 2002, 276-297.

[32] Archivo Histórico Nacional (AHN), Clero, Dibujos y planos, 202. TOVAR 1986, ficha 142, 307.

[33] En la plazuela de Santa María, AAM, ASA 1-2-12. TOVAR 1983,375.

[34] En la calle del Príncipe, TOVAR 1986, Ficha 143, 308.

[35] AAM, Libro de Acuerdos del Concejo nº 34, fol. 29. TOVAR 1983, 108.

[36] AHPM, prot. 2010. Quedó a cargo de fray Alberto de la Madre de Dios. TOVAR 1979. 88-90.

[37] En marzo de 1608, este miembro del Consejo real pidió el sitio, que era un barranco al lado del jardín de la Priora de Palacio que solo servía para que se refugiaran pobres con malos comportamientos; se mandó que lo viera Francisco de Mora y su teniente Agustín de Pedrosa y dieran traza dos alarifes.

[38] AMM, Libro de Acuerdos nº 43. En la plaza de la Cebada; se construyeron por Agustín de Pedrosa, TOVAR 1983, 376-377.

[39] AAM, ASA 5-384-11, TOVAR 1986, ficha 91, 256.

[40] AAM, Libro de Acuerdos nº 33, f. 341.

[41] TOVAR 1983, 249-253.

[42] AHPM, prot. 953. TOVAR 1983, 246-248; esbozo rubricado con fecha 1619 por Gómez de Mora reproducido en TOVAR 1986, fig, 63.

[43]TOVAR 1986, 255-262.

[44] Ibidem, 262-264.

[45] URREA y ARANDA 2011.

[46] AGP, El Pardo, leg. 7 y 8. TOVAR 1983, 359.

[47] AGP, El Pardo, leg. 6. TOVAR 1983, 108.

[48] AHPM, prot. 4421. AGULLÓ 2005, 223.

[49] VIZCAÍNO 1992.

[50] AAM, ASA, 3-226-11. TOVAR 1983, 122 Y 269; TOVAR 1986, 106-109

[51] Atribuida a Mora por TOVAR 1986, ficha 74, 241, a partir del proyecto de exterior firmado por el maestro mayor que se conserva en la Hermandad del Refugio. NAVARRETE 2016, Catálogo, ficha 51. Publica la sección longitudinal del interior de la iglesia, dibujo a color conservado en los Uffizi, que firma Sánchez en 1624.

[52] Biblioteca Apostólica Vaticana, Barberini Lat. 4372. ÍÑIGUEZ 1952.

[53] CRUZ YÁBAR 2011, 133-134.

[54] ANDRÉS 2001, 310.

[55] AAM, ASA 5.384-12, TOVAR 1986, ficha 92, 207.

[56] AAM, ASA 1.203-25. TOVAR 1986, ficha 112, 278. En diciembre de 1619, Gómez de Mora estaba preso por cierta denuncia relacionada con esta obra (LAPUERTA 1994, 83).

[57] AAM, ASA 1-194-13, TOVAR 1986, ficha 93, 208.

[58] GERARD 1984, 150.

[59] AAM, ASA, 1-204-1. TOVAR 1983, 61-62. SANZ GARCÍA 2001.

[60] AAM, ASA 1-204-9, TOVAR 1986, ficha 105, 268

[61] AHPM, prot. 1588. TOVAR 1983, 56.

[62] AAM, Libro de Acuerdos nº 35. AHPM, prot. 954, DÍAZ 1976. 41-42.

[63] AAM, ASA, 1-89-76, DÍAZ 1976, 45.

[64] AAM, Libro de Acuerdos nº 35; DÍAZ 1976, 40; TOVAR 1983, 111-112 y 376.

[65] AAM, ASA, 1-90-30. DÍAZ 1976, 49.

[66] AGP, Sección administrativa, Legajo 8. TOVAR 1983, 56

[67] AAM, ASA 3-134-45. TOVAR 1983, 415

[68] AAM, ASA, 1-129-13. CORELLA 1994.

[69] AAM, ASA 1-456-2. TOVAR 1986, ficha 110, 272.

[70] ARAGÓN 1999.

[71] AAM, Libro de Acuerdos nº 22, 485 v. En 6 de noviembre de 1589 se vieron en el ayuntamiento las trazas presentadas por Diego Sillero.

[72] AAM, Libro de Acuerdos nº 28, f. 252.

[73] Ibidem, f..335 v.

[74] AAM, Libro de Acuerdos nº 35. TOVAR 1983, 400-412; LAPUERTA 1992, 259-272.

[75] Museo de Historia de Madrid.

[76] El plano más antiguo conocido de la reforma de Gómez de Mora es el que trazó para el cardenal Barberini en 1626 (TOVAR 1986, ficha 111, 277).

[77] AAM, ASA 0,59.31-45. TOVAR 1986, ficha 118, 285.

[78] CRUZ VALDOVINOS 1986, 1261-1266.

[79] GARCÍA FELGUERA 1982. Se le atribuye un apunte del incendio de 1790 en BN, Dib. 16/37/15, bdh0000019022.

[80] AAM, ASA 1.166-60, TOVAR 1986, ficha 135, 303.

[81] AAM, ASA 1.163-21. TOVAR 1986, ficha 113, 279.

[82] Archivo de la Nobleza, Fernán Núñez, leg. 1619/24, MARÍN 1997.

[83] AAM, ASA 1.66-70, TOVAR 1986, ficha 137, 304.

[84] AAM, ASA 1.66-73, TOVAR 1986, ficha 131, 301.

[85] Archivo ducal de Medinaceli, Toledo. Medinaceli , 3-34. TOVAR 1986, 76; SANCHO GONZÁLEZ 2017, 120-121.

[86] LLAGUNO 1829, III, 357, lo afirmaba así a partir de Gil González en su Teatro Eclesiástico de la iglesia de Jaén, publicado en 1645.

[87] ROMÁN PASTOR 1979.

[88] GUTIÉRREZ TORRECILLA 1989.

[89] RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS 1967.

[90] SEGOVIA 1980.

[91] CERVERA 1954.

[92] CERVERA 1967, 459.

[93] DEL VAL 2016. 183 y ss

[94] MARTÍN GONZÁLEZ 1981, 269-270.

[95] Ibidem, 275-280.

[96] Sobre la obra del Panteón, además de los trabajos citados de MARTÍN GONZÁLEZ 1981, BLANCO MOZO 2002, 225-268 y 422-432;

[97] BLANCO MOZO 2002, 237.

[98] MARTÍN GONZÁLEZ 1981, 270.

[99] Archivo General de Simancas (AGS), Sitios Reales, leg. 333, f. 317. MARTÍN GONZÁLEZ 1981, 272.

[100] AGS, M.C., legajos 1555 y 1564. MARTÍN GONZÁLEZ 1981, 277.

[101] BLANCO MOZO 2002, 226-227.

[102] DEL VAL 2019, 210-215.

[103] BLANCO MOZO 2002, 212-219.

[104] AGP., Libro de Cartas acordadas desde 1º de enero de 1627. Junta de Obras y Bosques nº 25, f. 48 v.

[105] AGS, Casa y Sitios Reales, leg.333, f. 314. MARTÍN GONZÁLEZ 1981, 274.

[106] BLANCO MOZO 2002, 265-266.

[107] MARTÍN GONZÁLEZ 1981, 280.

[108] Ibidem, 282.

[109] Sobre esta obra, BLANCO MOZO 2002, 239-242 y DEL VAL 2016, 497-503.

[110] AHPM, prot. 1526 y 1539; TOVAR 1983, 100 y 262-264.

[111] BLANCO MOZO 2002, 265-266.

[112] Ibidem, 271-272.

[113] AGS Casa. y Sitios. Reales, leg. 335, fol.106 (antiguo legajo 31).

[114] BLANCO MOZO 2002, 272.

[115] Ibidem, 550

[116] TOVAR 1983, 466-485; BLANCO MOZO 2002, 217-227.

[117] AGP SA, leg. 710; BARBEITO 1992, 247-251, transcribe la cantidad de 746.604 reales, que aproximadamente coinciden con la cantidad de 70.400 ducados a los que se refiere Carbonel en un memorial de 1643 transcrito por AZCÁRATE 1962, 528.

[118] AAM, ASA, 2.498-36 TOVAR 1986, 134-137. NAVASCUÉS 1985.

[119] AAM, ASA 1.11-59. TOVAR 1986, ficha 132, 301.

[120] AAM, ASA 1.121-39. TOVAR 1978, 72.

[121] TOVAR 1996.

[122] PONZ 1776, 84.

[123] CHUECA 1945, 369.

[124] El estudio más completo de la cuestión en DEL VAL 2016, 554-580. ; BLANCO MOZO 2002, 508, duda incluso que pueda atribuirse a Carbonel.

[125] AGP, El Pardo, caja 9392 exp 9. BLANCO MOZO 2002, 338.

[126] AHPM, prot. 5810, fs. 658-663v. TOVAR 1986, 54-56; BLANCO MOZO 2002,

[127] AGP, El Pardo, caja 9392 exp 8. TOVAR 1986, 57-60: BLANCO MOZO 2002, 339.

[128] BLANCO MOZO 2002, 339-340.

[129] TOVAR 1983, 165, 369-372; TOVAR 1986, 65-69.

[130] BLANCO MOZO 2002, 321-323.

[131] Los detalles sobre la causa se conocen a través de dos noticias procedentes de unos escritos de 21 de septiembre y 18 de octubre de 1636, dados a conocer en FRADEJAS 1979, 135 y RODRÍGUEZ VILLA 1886, 44-45, respectivamente.

[132] AGP, Felipe IV, leg. 1 bis.

[133] BLANCO MOZO 2002, 320.

[134] AGP, El Pardo, C.» 9392, exp. 8. BLANCO MOZO 2002, 330.

[135] TOVAR 1986, 32-33. La autora desarrolla la tesis de una injusta persecución de Crescenzi que apenas tuvo consecuencias para Gómez de Mora.

[136] Libro de difuntos parroquia de Santiago, AGULLÓ 1969, 50.

[137] AHPM, prot. 5687, fol. 648-651, AGULLÓ 1973, 18-21,

[138] Libro de difuntos monasterio de San Martín, AGULLÓ 1973, 21.

[139] Libro de matrimonios parroquia de Santiago, AGULLÓ 1973.21.

[140] Libro de difuntos parroquia de Santiago, 5-8-1640. AGULLÓ 1973. 21.

[141] CRUZ YÁBAR 2015.

[142] AAM, A.S.A. 2-283-4

[143] Museo del Prado D 3807.

[144] AAM, A.S.A., 2-283-4.

[145] AAM, A.S.A. 2-283-4, CRUZ YÁBAR 2015, 175-184.

[146] CRUZ YÁBAR 2015, 186-187.

[147] Ibidem, 185.

[148] Ibidem, 187.

[149] AAM, ASA 1-66-80, TOVAR 1986, ficha 139, 306.

[150] AAM, ASA 1-66-81, TOVAR 1986, ficha 140, 306

[151] AHPM, prot. 5977. TOVAR 1975

[152] AHN, Sección Clero, Libro 19735. TOVAR 1975, 292. TOVAR 1983, 143 y 294-297.

[153] AAM, ASA 1.66-68, TOVAR 1986, ficha 54, 223.

[154] CRUZ VALDOVINOS 2007, 430-432

[155] AGP, exp. personal 506/15.

[156] BLANCO MOZO 2002, 448 y ss

[157] AGP, exp. personal’ 1101-5. Es un aviso de su designación realizado en junio. BLANCO MOZO 2002, 390.

[158] BARBEITO 1994.

[159] AAM, ASA 1.161-50; TOVAR 1986, ficha 4, 175; BARBEITO 1992, 152-153; BLANCO MOZO 2002, 369.

[160] BARBEITO 1992, 156-157.

[161] CRUZ VALDOVINOS 2008, Oficios y mercedes… 130.

[162] BLANCO MOZO 2002, 397-400.

[163] Archivo Parroquial de Getafe, Sig. M. O.-9/Rº 21. CORELLA y MERLOS 1990, pp. 35-37. En 1618-1622 se había ocupado de las trazas de la reedificación de la nave, portada y torres de la iglesia (CORELLA y MERLOS, 33-34).

[164] AAM, ASA 1.204.9.. TOVAR 1986, ficha 105, 268

[165] TOVAR 1983, 143-144.

[166] AAM, ASA 2.499-1. TOVAR 1986, ficha 122, 288.

[167] AAM, ASA 1.4-38. TOVAR 1986, ficha 152, 315.

[168] AAM, ASA 1.66-84, TOVAR 1986, ficha 141, 307.

[169] AAM, ASA, 2.197-1 y 1.197-2. TOVAR 1986, fichas 171 y 172, 335.

[170] TOVAR 1983, 148

[171] AHPM, prot. 5701, f. 83-90. AGULLÓ 1982.

[172] Libro de difuntos de la parroquia de Santiago; AGULLÓ

[173] AGP, Exp. Personal 200-2. BLANCO MOZO 2002, 400-401.

[174] AAM, ASA, 1-202-25. El 22 de marzo de 1648, Villarreal daba ya traza y condiciones para el puente de Segovia (AAM, ASA 1.133-44)

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