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Retrato del arquitecto Jerónimo de la Gándara
JERÓNIMO DE LA GÁNDARA

 

Jerónimo de la Gándara y de la Gándara, Ceceñas (Cantabria) 1825 – Madrid 1877.

 

Jerónimo de la Gándara fue uno de los arquitectos de la primera generación de graduados por la Escuela de Arquitectura de Madrid, que supuso una modernización y renovación de la formación recibida por estos profesionales, más acorde con el cariz de gran ciudad que tomará Madrid en el siglo XIX[1], ciudad en la que ejercerá, aunque no exclusivamente. Así pues, también tendrá obra en Valladolid, Cádiz y París[2]. Arquitecto, pues, de formación moderna, discípulo de Antonio de Zabaleta, destaca fundamentalmente por sus aportaciones a la tipología teatral decimonónica[3] en España, pero también realiza otros edificios públicos y numerosos edificios de viviendas.

 

ETAPA DE FORMACIÓN

 

Inició su formación en Santander, asistiendo a las clases de dibujo lineal de arquitectura impartidas por Antonio Zabaleta en el Instituto Cantábrico. En 1845 se traslada a continuar sus estudios a Madrid, donde ingresó en la recién creada Escuela Especial de Arquitectura de Madrid[4], donde también era profesor Zabaleta, de quien, además, sería alumno privado. De la Gándara concluyó sus estudios en 1848, siendo el número uno de su promoción.

 

Completó su formación pensionado en Roma, obteniendo ese mismo año, una pensión del Gobierno para ampliar estudios. Allí coincidiría con Francisco Jareño[5], Luis de Madrazo y Bernardino Montañés, también pensionados, entablando amistad con estos dos últimos. En Italia afianzó el italianismo característico de las primeras promociones de la Escuela y su conocimiento sobre la arquitectura clásica, pero posteriormente disfrutó de diversas estancias en Alemania, Inglaterra y Francia, que ampliaron sus miras hacia las novedades arquitectónicas del momento. Así, junto con Jareño, será el introductor en España de la corriente neogriega de influencia alemana[6].

 

Así, en 1850, de la Gándara viajó a Atenas, siendo uno de los primeros arquitectos españoles en pisar la Acrópolis[7]. Con sus dibujos del Partenón, Erecteion y templo de Atenea Niké y con los ejecutados por Jareño en Paestum, se organizó una exposición en el Palacio de España en Roma. Una vista de la fachada oriental del Partenón y varios interiores de casas pompeyanas realizados por Gándara durante su pensionado figuraron en la Exposición General de Bellas Artes de 1856. Durante el verano de 1852, coincidiendo con el final de su pensionado, de la Gándara visitó numerosas ciudades italianas y europeas, entre ellas, Viena, Múnich, Dresde, Berlín, Düsseldorf, Colonia, Bruselas, Amberes y París.

En enero de 1853 se le prorrogó su pensión un año más, con el fin de que pudiera viajar por Alemania e Inglaterra, pero por Real Orden de 8 de marzo de 1852, se dispuso que se ofreciera empleo en las escuelas de Bellas Artes a los artistas que finalizaban sus pensiones. Por ello, de la Gándara tuvo que renunciar a su prórroga y regresar a España en marzo de 1853, integrándose en el cuerpo docente de la Escuela Especial de Arquitectura de Madrid. Aun así, por el interés de la propia Escuela en conocer la renovación arquitectónica que se gestaba en Europa y las modernas tipologías edilicias derivadas de las nuevas necesidades sociales, se le permitió concluir su pensión durante las vacaciones de verano. Finalizado su período de formación, le sería expedido el título de Arquitecto por la Real Academia de San Fernando el 22 de marzo de 1855.

 

LA ARQUITECTURA “GRECO-ALEMANA”

 

El magisterio de figuras como Antonio Zabaleta y Aníbal Álvarez, partidarios de una concepción historicista y ecléctica del arte, junto con el conocimiento directo a través de sus viajes de la arquitectura de diferentes épocas y países, son claves para entender la personalidad artística de Jerónimo de la Gándara. Fue un convencido defensor del eclecticismo, si bien a lo largo de su carrera siempre prevalecieron su pasión por el arte griego y su admiración por la arquitectura contemporánea alemana. La combinación de ambos elementos dio lugar a un estilo característico, el “greco-alemán moderno”, que, en definición de Luis Cabello y Aso, consistía en la aplicación de elementos ornamentales griegos a estructuras propias de las necesidades sociales modernas y de los adelantos de la ciencia y la industria[8].

 

En este estilo realizaría muchas de sus primeras obras, sobre todo viviendas[9] para particulares, como la casa-palacio del marqués de Viluma (1857) o su propia vivienda en la calle de la Libertad (1855), así como la reforma de la fachada del Senado (1857), donde añadió un nuevo cuerpo y su correspondiente portada al ingreso[10] erigido por Aníbal Álvarez en 1845. Pero De la Gándara, como buen eclecticista, también se interesó por la arquitectura medieval, especialmente por la islámica, la bizantina y la gótica italiana, y por el clasicismo, pudiéndose encontrar todas esas reminiscencias en muchas de sus obras.

 

VIVIENDAS Y OBRAS PARTICULARES

 

En Madrid, proyectó diversas viviendas situadas en la Carrera de San Jerónimo esquina a la calle de la Victoria, otra que daba a la plaza de Santa Cruz con fachadas a la calle de Atocha y plazuela de la Leña, y un inmueble de la calle de la Libertad donde tuvo sede la redacción de La Época[11]. En 1861 incluye un remate almenado “pintoresquista”en el proyecto de reforma de la vivienda del marqués de la Pezuela en la calle de Góngora. Más historicista será el panteón construido en 1864, para Manuel Bertrán de Lis en la sacramental de San Isidro, primer ejemplar neogótico erigido en los cementerios de la capital, en el que de la Gándara recurre a formas del gótico septentrional del siglo XIII[12].

 

EL TEATRO DE LA ZARZUELA Y OTRAS OBRAS TEATRALES

 

En 1856 proyectó, para la Sociedad Lírica Española, el teatro de la Zarzuela en Madrid[13]. Inspirándose en diversos teatros europeos, especialmente en la Scala de Milán, este teatro supondría la definitiva sustitución de la tipología neoclásica por un nuevo modelo teatral característico del período isabelino[14]. La fachada fue modificada durante las obras por José María Guallart, combinando motivos medievales con renacentistas. El edificio resultó prácticamente destruido por un incendio en 1909, siendo el actual fruto de numerosas restauraciones posteriores.

 

En los años siguientes realizó otros teatros en los que repetiría el modelo casi idéntico modelo[15]. En 1864 se inauguraba en Valladolid el teatro Calderón de la Barca en el que aún puede apreciarse la decoración diseñada por el arquitecto, así como su fachada, con arquerías de medio punto superpuestas del más puro estilo Rundbogenstil. Similar esquema de fachada se repetía en el también vallisoletano teatro Lope de Vega, inaugurado en 1861, y en el proyecto elaborado en 1864 para Jerez de la Frontera.

 

OTROS EDIFICIOS PÚBLICOS Y REPRESENTATIVOS

 

Sin embargo, cuando se enfrenta a la realización del balneario de Escoriaza (Guipúzcoa), proyectado en 1863 por iniciativa del indiano Braulio Fernández Fernández, opta por prescindir de alusiones historicistas para concebir una obra plenamente integrada en el paisaje, acorde con la arquitectura de la región, en la que lo más destacable es la abundante utilización del hierro, material que dominaba por las estructuras de los teatros.

 

Su última obra importante fue el diseño del pabellón español y sus instalaciones anejas en la Exposición Universal de París de 1867, el primero levantado por España en una exposición universal. Para esta ocasión, de la Gándara buscó en la arquitectura española un prototipo característico, encontrándolo en el salmantino palacio de Monterrey, modelo que encarnaba el momento de mayor esplendor cultural y político de la nación española[16].

 

Ya en 1870 proyectó dos importantes edificios públicos, la Escuela de Farmacia en la Moncloa y la Escuela de Agricultura y Granja Modelo en la Florida, pero no llegaron a realizarse. En ese año, los problemas psíquicos que venía padeciendo hacía tiempo desembocaron en una seria enfermedad que le obligó a abandonar toda actividad profesional y que no hizo sino agravarse hasta su fallecimiento en 1877.

 

DE LA GÁNDARA COMO DOCENTE Y CONSERVADOR DEL PATRIMONIO

 

En 1853 ingresó como profesor ayudante en la Escuela de Arquitectura de Madrid[17], donde llegó a ser catedrático y mantuvo la actividad académica hasta 1873. En 1855 obtuvo por oposición la cátedra de Composición Arquitectónica, que impartió hasta que, tras la reforma del Plan de estudios de 1864, se le asignó la asignatura de Teoría del Arte, hasta que en 1870, tras la muerte de Aníbal Álvarez, recuperó su asignatura original, aunque no se incorporó del todo, debido a su enfermedad. En noviembre de 1868, el Gobierno revolucionario le nombró director, pero sus radicales propuestas le llevaron a dimitir en menos de tres meses. Pese a todo, su magisterio tuvo una enorme influencia sobre varias generaciones de arquitectos, contribuyendo de forma decisiva a la renovación de la arquitectura española de la segunda mitad del siglo XIX.

 

Fue miembro de la comisión que publicó el libro ilustrado Monumentos arquitectónicos de España en 1859, con textos en español y francés. Se involucró como dibujante, para la Academia de Historia, en las excavaciones arqueológicas andalusíes y romanas de Guadamur y Fuente de Guarrazar (Toledo). En 1861 estudió en Elche los mosaicos descubiertos en Algorós (Alcudia), entre ellos el “Mosaico de Galatea” y se opuso a la pretensión de trasladarlos a Madrid dada la dificultad de preservarlos intactos[18] (hoy se conservan fragmentariamente en el Museo Arqueológico Nacional).

 

También es destacable que de la Gándara integrara la comisión organizadora de la Exposición de Agricultura celebrada en Madrid en 1853; que en 1861 se le nombró secretario de la comisión creada para dirigir las obras y conservación del Archivo General de Alcalá de Henares en el antiguo palacio de los Arzobispos de Toledo; y que en 1863 fue nombrado arquitecto inspector del edificio destinado a albergar la frustrada Exposición Hispanoamericana y vocal de la Junta consultiva de Policía Urbana. En 1868, la Comisión Imperial de la Exposición Universal de París le concedió las Medallas de Oro y Bronce y en 1869 se le nombró comendador de número de la Orden de Carlos III. Todos sus éxitos profesionales, sus cargos y su magisterio, hicieron de Jerónimo de la Gándara uno de los arquitectos más importantes y considerados de su generación, así como uno de los de mayor proyección sobre los arquitectos que le sucedieron.

 

CRONOLOGÍA (OBRAS EN MADRID)

 

1855:

 

Vivienda para Jerónimo de la Gándara en la calle de la Libertad, nº 18.

 

1856:

 

Vivienda en la calle de Atocha.

 

Teatro de la Zarzuela.

 

1856-57:

 

Viviendas para D. Esteban Muñoz en la calle de la Victoria, nº 1.

 

1857:

 

Casa-palacio del marqués de Viluma en la calle de San Lucas, nº 4

 

Reforma de la fachada del palacio del Senado.

 

1860:

 

Proyecto de arco de triunfo efímero en honor del ejército de África.

 

1861:

 

Proyecto de vivienda para el marqués de la Pezuela en la calle de Góngora 1862:

 

Edificio para D. Lamberto Fontanellas, marqués de Casa Fontanellas, en la Puerta del Sol (Hotel París)

 

1864:

 

Panteón de Manuel Bertrán de Lis en la Sacramental de San Isidro.

 

Cuartel de infantería y carabineros, en los antiguos cuarteles de Daoiz y Velarde.    – Viviendas en la Carrera de San Jerónimo.

 

1865:

 

Proyecto de reforma y ampliación del Ministerio de la Gobernación (Casa de Correos) en la Puerta del Sol.

 

1868:

 

Viviendas en la calle de Alcalá c/v a Virgen de los Peligros.

 

1870:

 

Proyecto de Escuela de Agricultura y Granja Modelo en la Florida

 

Proyecto de Escuela de Farmacia en la Moncloa, Madrid, 1870.

 

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EVA JUANA RODRÍGUEZ ROMERO

 FECHA DE REDACCIÓN 27 DE DICIEMBRE DE 2020

FECHA DE REVISIÓN:

 

NOTAS

[1] En esta ciudad que, a lo largo del siglo XIX, evolucionará desde una tipología de origen medieval, cercada y repleta de conventos, a convertirse en una moderna capital europea, abierta, con espacios públicos representativos, la obra de sus arquitectos, sobre todo en lo que a edificios públicos se refiere, no puede entenderse aisladamente de su contexto urbano. Para ello, se recomienda consultar, sobre el urbanismo y la arquitectura madrileña en el siglo XIX, algunas obras de carácter general, como RAMÓN GUERRA DE LA VEGA, Guía de Madrid: siglo XIX, 1993 y el Atlas Histórico de Madrid, Madrid: Lunwerg editores, 1995. También es recomendable leer la pluma erudita de FERNANDO CHUECA GOITIA en su Madrid, ciudad con vocación de capital, Santiago de Compostela: Ed. Pico Sacro, 1974, especialmente el capítulo “La transformación de la ciudad del siglo XIX al XX”, pp. 211-230. Y a nivel especializado EULALIA RUIZ PALOMEQUE, Ordenación y transformaciones urbanas del casco antiguo madrileño durante los siglos XIX y XX, Madrid: IEM, 1976.

[2] Véase Mª ANTONIA VIRGILI BLANQUET, Desarrollo urbanístico y arquitectónico de Valladolid (1851-1936), Valladolid: Ayuntamiento de Valladolid, 1979, pp. 195-202; VV.AA., Arquitectura teatral en España, Madrid: M.O.P.U., 1985, pp. 156-159 y 204-207; JUAN P. ARREGUI, La vida de un teatro de provincias en el siglo XIX (Teatro Calderón de la Barca de Valladolid 1864 – 1900), Valladolid: Aula de Música de la Universidad de Valladolid, 1997; Mª ANTONIA VIRGILI BLANQUET y JUAN P. ARREGUI, «El teatro Calderón de Valladolid», en El Noble y Leal Teatro Calderón de la Barca, Valladolid: Ayuntamiento de Valladolid, 1998, pp. 33-142; JOSÉ MIGUEL ORTEGA DEL RÍO, Teatro Calderón de la Barca: arquitectura, Valladolid: Ayuntamiento de Valladolid, 2005; FRANCISCO JAVIER DOMÍNGUEZ BURRIEZA, “Aproximación a la obra de Jerónimo de la Gándara: dos proyectos inéditos en Valladolid”, BSAA Arte, nº 71 (2005), pp. 313-331.

[3] Se le nombra como especialista en esta tipología en PEDRO NAVASCUÉS PALACIO, «Arquitectura», Historia del Arte Hispánico. El siglo XIX, t. V, Madrid: Alambra, 1980, p.61. También en JUANA BALSALOBRE GARCÍA, La imagen del teatro español decimonónico: el teatro y su censura en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (1800-1870), Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia, 1998, p. 370.

[4] Cfr. PEDRO NAVASCUÉS PALACIO, Arquitectura y arquitectos madrileños del siglo XIX, Madrid: Instituto de Estudios Madrileños, 1973, pp. 115 – 118.

[5] Ambo ganaron la pensión con un ejercicio de oposición sobre el que se puede consultar el artículo de JOSÉ MANUEL PRIETO GONZÁLEZ, «Efemérides inadvertidas. 150 años desde el nombramiento de los primeros pensionados en Roma, salidos de la nueva Escuela especial de Arquitectura: Gerónimo de la Gándara y Francisco Jareño», Arquitectura, n.º 313, (1998), pp. 14 – 19. De sus viajes por Italia queda constancia en su expediente personal del A.G.P. (A. G. P., E. P., caja 31/14802), citado por Mª ANTONIA VIRGILI BLANQUET, op. cit., p. 374.

[6] Cfr. CLEMENTINA DÍEZ DE BALDEÓN, Arquitectura y clases sociales en el Madrid del siglo XIX, Madrid: Siglo XXI de España Editores S. A., 1986, pp. 394 y 395; y JULIO ARRECHEA MIGUEL, Arquitectura y Romanticismo. El pensamiento arquitectónico en la España del XIX, Valladolid, Universidad de Valladolid, 1989, p. 121.

[7] De la Gándara inauguró este destino para los pensionados, cfr. JORGE GARCÍA SÁNCHEZ, «Arquitectos españoles del siglo XIX en Grecia y Egipto», Academia, n.º 98 y 99, (2004), pp. 56 – 59

[8] Luis Cabello y Aso, discípulo de Jerónimo de la Gándara, le dedica una loa en la que afirma que éste habría tomado por norma «el modo de composición y apropiación que rige el estilo greco-alemán moderno». Dice de él ser el «jefe de la moderna escuela en España, el apóstol de la innovadora doctrina llamada á cambiar la faz del arte y llevarla por nueva senda, rompiendo la esclavitud y el exclusivismo en que yacía. Es él el iniciador, sin que haya quien pueda negárselo». LUIS CABELLO Y ASO, «¡¡Gándara!!. Su influencia en nuestra arquitectura contemporánea», Revista Central de la Sociedad de Arquitectos, n.º 6, junio, (1877), pp. 83 y 84. En este sentido, ya en 1853, Pascual y Colomer, en referencia a la solicitud de beca de Jareño, había defendido la importancia de la nueva arquitectura llevada a cabo en Alemania, asegurando que ésta «es, precisamente, la que más aplicación debe tener entre nosotros». Cfr. al respecto FRANCISCO JAVIER DOMÍNGUEZ BURRIEZA, op. cit., p. 318.

[9] Sus viviendas se caracterizaban por su “sello clásico griego-alemán” según LUIS MARÍA CABELLO LAPIEDRA, «Madrid y sus arquitectos», Anuario para 1899, Barcelona: Asociación de Arquitectos de Cataluña, 1899, pp. 223-264. Citado en PEDRO NAVASCUÉS PALACIO, Arquitectura española 1808-1914. (Summa Artis. Historia General del Arte, t. XXXV), Madrid: Espasa-Calpe, 1994, p. 257.

[10] MONTOLIÚ, Pedro, Madrid, Villa y Corte: calles y plazas, Madrid: Sílex, 2002, p. 258.

[11] MIGUEL MARTÍNEZ GIESTA, “El arquitecto don Gerónimo de la Gándara”, El Globo, III, nº 577 (1877), p. 2.

[12] CARMEN LORENZO BERMEJO, Arte y Arquitectura funeraria: los cementerios de Asturias, Cantabria y Vizcaya (1787-1936), Universidad de Oviedo, 1998, p. 181. Cfr. también CARLOS SAGUAR QUER, Arquitectura funeraria madrileña del siglo XIX, Madrid: Universidad Complutense, 1989.

[13] NAVASCUÉS PALACIO, Pedro, Arquitectura española 1808-1914. (Summa Artis. Historia General del Arte, t. XXXV), Madrid: Espasa-Calpe, 1994, pp. 255-258.

[14] VV.AA., Arquitectura teatral en España, Madrid: M.O.P.U., 1985.

[15] Cfr. JOSÉ MIGUEL ORTEGA DEL RÍO, Teatro Calderón de la Barca: arquitectura, Valladolid: Ayuntamiento de Valladolid, 2005; JUAN P. ARREGUI, La vida de un teatro de provincias en el siglo XIX (Teatro Calderón de la Barca de Valladolid 1864 – 1900), Valladolid: Aula de Música de la Universidad de Valladolid, 1997.

[16] Nuevamente, el neoplateresco volverá a ser considerado como estilo nacional por José Urioste en 1900, tras diversos pabellones goticistas y moriscos en otras Exposiciones. Cfr. M JOSÉ BUENO FIDEL, Arquitectura y nacionalismo (Pabellones españoles en las exposiciones universales del siglo XIX, Málaga: Universidad y Colegio Oficial de Arquitectos de Málaga, 1987.

[17] Sobre su labor en la Escuela de Arquitectura de Madrid y otros datos profesionales véase JOSÉ MANUEL PRIETO GONZÁLEZ, Aprendiendo a ser arquitectos. Creación y desarrollo de la Escuela de Arquitectura de Madrid (1844-1914), Madrid: CSIC, 2004.

[18] PAPÍ RODES, Concha, Aureliano Ibarra y la Alcudia: una mirada a la arqueología del siglo XIX. Alicante: Universidad de Alicante, 2008.

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