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Juan Bernabé Palomino, Grabado del retablo de la Sagrada Forma de El Escorial, 1764.
FRANCESCO FILIPPINI

 

Arquitecto, relojero, platero, broncista y cerrajero. Sant’Agata Feltria (Italia) ¿? – Madrid, 1697.

 

Nada se sabe de la vida de Francesco Filippini antes de llegar a España, tan solo que era ya caballero de San Juan de Letrán. Las primeras noticias conocidas en nuestro país son de 1674 y se refieren a obras de relojería. Entre 1678-79 hizo varias tareas para su patrón, el valido don Juan José de Austria[1]. En 1678 le nombró Carlos II su relojero de cámara y le ordenó adaptar un riquísimo reloj de gran tamaño que le había regalado el emperador Leopoldo como custodia y llevarlo al monasterio de El Escorial para colocarlo en el altar de la Sagrada Forma en la sacristía. Hacia el año siguiente el monarca le encargó que hiciera la famosa custodia de oro y piedras preciosas para contener la Sagrada Forma escurialense, para cuyo altar hizo también un juego de plata[2].

 

En 1679 debió trazar el adorno dispuesto por los plateros madrileños en la calle de la Platería para la entrada de María Luisa de Orleáns. La arquitectura consistía en un tablado, friso, 12 bastidores para pinturas, 44 aparadores para las piezas de plata y pedestales para esculturas que sin duda platearía y doraría él mismo: 40 angelotes de yeso con guirnaldas, 20 con el nombre en cifra de Carlos II y los otros con el de María Luisa, cuatro leones coronados con escudos de España y Francia y las cuatro Virtudes Cardinales con cuerpo de madera y cabezas, manos y pies de yeso[3].

 

Se conoce un inventario de sus bienes en 1680 que demuestra que vivía de manera muy acomodada[4]. En 1682 había acabado otra intervención en la custodia-reloj para la Sagrada Forma escurialense, una serie de cortes para hacerla calada en algunas partes. Poco antes o después habría que situar un altercado que tuvo con el maestro mayor de las obras reales Francisco de Herrera el Mozo, cuando él y el pintor de cámara Juan Carreño de Miranda aprovecharon un viaje de Herrera para usurpar sus funciones y dirigir las obras de colocación de una estatua-relicario de plata de San Lorenzo llegada de Italia en un altar colateral de la basílica de El Escorial. Herrera montó en cólera a su vuelta y les atacó con mordaces pasquines[5].

 

Desde 1684 residió en el real monasterio para realizar una tarea fundamental, fundir los bronces del retablo y camarín de la Sagrada Forma[6]. Esta técnica requería una gran pericia y sin duda él diseñó los elementos: dos pequeños óvalos para unas figuras en relieve y cuatro cartelas para los pedestales, tarjetas para los doce escudos y demás adornos de las puertas; basas y capiteles con serafines en los seis soportes, y en los vaciados de las pilastras centrales los roleos con leones y águilas. En las albanegas de los arcos debajo de dos leones marmóreos hay adornos de bronce calados y en el friso dos águilas más seis cartelas. El ático tiene festones de vides en los machones y colgando del frontispicio, flameros o pebeteros sostenidos por ángeles, cartelas bajo los medallones y adornos calados en tres esquinas de las enjutas; encima hay coronas y palmas, espigas en el tarjetón y guirnaldas portadas por angelotes; sobre el cuadro, una clave también de bronce. En el camarín quedan adornos bajo los soportes y roleos en el friso, florón, reja con cuatro jarroncillos de la tribuna, letreros y dos tarjetones desaparecidos.

 

El famoso lienzo de Claudio Coello cubre la calle central del retablo y puede recogerse mediante una máquina ingeniosa y sencilla explicada por Esteban que oculta a la vista el hueco con la custodia levantándose en los días de veneración pública. Se trata de un sistema de pesas derivado de la relojería y fue sin duda concebido por Filippini. Debió acabar su labor en el retablo en 1688 y fue seguramente la causa de su nombramiento como ayuda de la furriera. Volvió a Madrid, donde se encontraba en 1689, cuando en la almoneda del marqués del Carpio tasó esculturas en bronce, vasos de pórfido y bufetes en mármoles, parte de los cuales eligió para el rey[7].

 

En 1691 hizo en el Camón dorado que envolvió el lecho de Carlos II y la nueva reina Mariana de Neoburgo, situado en la Pieza de las Furias del Alcázar, para los paneles de madera pintados de flores alusivas, pesas y mecanismos para subir y bajar tableros, vidrios y contrapuertas[8]. El conjunto incluyó además una cama de plata y ébano hecha por Filippini, que según declaró en su testamento de 1695, aún no había cobrado del todo. Debía pagarle el tapicero mayor de la reina Felipe de Torres. La cama figura, con una colgadura, en el inventario real de 1701; tenía cuatro jarrones con flores en los remates de las esquinas y un águila con toisón en el pico y sobre las alas, y además había una silla y un taburete de ébano y plata de orden salomónico y misma hechura que la cama[9].

 

En 1695 fue nombrado aposentador[10] y jefe de la furriera de la casa de la reina y también guardadamas[11]. Ese año dictó testamento; entre otras cantidades, probablemente el platero Francisco de Marcilla y Caparroso le había encargado unas chapas de plata para el frontal de la hermandad de los plateros de San Eloy para el altar mayor de su propiedad en la parroquial de San Salvador[12].

 

Sus dos hijas ingresaron en el convento real de las agustinas recoletas de Santa Isabel en Madrid[13]. Probablemente como parte de la dotación, Filippini trazó y pagó en parte el tabernáculo y gradas de madera del altar mayor, desaparecido pero conocido por fotografía[14]. El 10 de junio de 1697 el ensamblador y escultor Jacopo Bertessi declaró haber cobrado 1000 ducados por la madera en blanco, 4.500 reales que le dio Filippini antes de su muerte, y los 6.500 restantes de las monjas. Desaparecido en la Guerra Civil, queda fotografía en el Archivo Moreno. Es un diseño muy novedoso para una custodia de retablo, con gradas y pedestales adornados con planta ochavada y ángeles tenantes como cariátides sobre peanas con follaje, todo presente en su reloj escurialense e inspirado en el que regaló Leopoldo I. El entablamento es llamativo, puesto que, siendo arquitrabe y friso normales, con adornos de espiga como en el retablo de la Sagrada Forma, los dentellones y la cornisa con tarjeta crespa se quiebran hacia abajo como luego harían los Tomé en el transparente de la catedral de Toledo. Sigue en el remate un friso ochavado en que apoyan cuatro ángeles con instrumentos musicales, dos sentados y dos de pie, un plinto de faldones con volutas y cabezas de serafines y en las partes centrales tarjetas de vides como en el citado retablo, cúpula abombada con follaje, frutos y figuritas, y acaba en unas hojas con San Juanito con el cordero, alusión al sacrificio divino en la Eucaristía. Las pinturas del Buen Pastor, San Pedro y San Pablo eran de Palomino.

 

Filippini murió el 30 de octubre de 1696; Palomino dijo de él que fue un hombre de agudo ingenio, lo que corroboran sus obras y su versatilidad en las distintas artes.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

AGULLÓ Y COBO, MERCEDES, Documentos para la historia de la escultura española, Madrid: Fundación de Apoyo al Arte Hispánico, 2005.

 

BARBEITO, JOSÉ MANUEL, El Alcázar de Madrid, Madrid: Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, 1992.

 

BARRIO MOYA, José Luis, «El desaparecido tabernáculo de la iglesia de las agustinas recoletas de Santa Isabel de Madrid y algunas noticias de sus autores», Recollectio, 18 (1995), pp. 323-339.

 

CRUZ YÁBAR, JUAN MARÍA, «La custodia y el retablo de la Sagrada Forma de El Escorial. Circunstancias y etapas de su patrocinio, artífices y programa iconográfico», Boletín Museo e Instituto Camón Aznar, 115 (2014), pp. 87-124.

 

CRUZ YÁBAR, JUAN MARÍA, «Noticias de Francesco Filippini, relojero y platero de Carlos II» (en prensa).

 

PALOMINO, ANTONIO, Museo pictórico y escala óptica, Madrid: Lucas Antonio de Bedmar, 1724.

 

SANCHO MARTÍNEZ, JOSÉ LUIS, «El reinado de Carlos II y la terminación del Alcázar», en El Real Alcázar de Madrid: dos siglos de arquitectura y coleccionismo en la Corte de los Reyes de España, Madrid: Nerea, 1994.

 

XIMÉNEZ, Andrés, Descripción del real monasterio de San Lorenzo del Escorial, Madrid: Antonio Marín, 1764.

 

CRONOLOGÍA DE OBRAS

 

– Traza del adorno de los plateros para la entrada de María Luisa de Orleans en Madrid (1679)

A.H.P.M. prot. 10351.

AGULLÓ (2005), pp. 61-62 Y 354-355. CRUZ YÁBAR (2014), pp. 104-105.

 

– Colocación de la estatua de plata de San Lorenzo en el retablo colateral de la epístola de la basílica de El Escorial (h. 1682).

PALOMINO, p. 1023.

 

– Adornos de bronce del retablo y camarín y mecanismo para el movimiento del lienzo de la Sagrada Forma en la sacristía del monasterio de El Escorial (1684-1688).

XIMÉNEZ, p. 300. CRUZ YÁBAR (2014), pp. 106-107.

 

– Mecanismos para el movimiento de los tableros pintados del Camón Dorado del Alcázar de Madrid y cama de plata (1691).

A.G.P.

BARBEITO, p. 196.

 

– Traza del tabernáculo para el altar mayor del monasterio real de Santa Isabel de Madrid (1696-1697).

A.H.P.M. prot. 11056.

BARRIO MOYA. CRUZ YÁBAR (2014), pp. 105-106.

 

JUAN MARÍA CRUZ YÁBAR

FECHA DE REDACCIÓN: 12 DE NOVIEMBRE DE 2021

FECHA DE REVISIÓN:

 

NOTAS

 

[1] Varios relojes y la cerrajería para la capilla de su fundación de la Virgen del Milagro en las Descalzas Reales madrileñas (GONZÁLEZ ASENJO, ELVIRA, «Artífices y tasadores de la capilla de Nuestra Señora de la Concepción, más conocida como capilla del Milagro de las Descalzas Reales», Archivo Español de Arte, 288, 1999, pp. 583-589, espec. 587).

[2] CRUZ YÁBAR, Juan María, «La custodia… », pp. 95-97.

[3] AGULLÓ Y COBO, Mercedes, Documentos…, pp. 61-62 y 354-355.

[4] CRUZ YÁBAR, Juan María, «Noticias…».

[5] PALOMINO, Antonio, Museo…, p. 1023.

[6] XIMÉNEZ, Andrés, Descripción…, p. 300. CRUZ YÁBAR, Juan María, «La custodia…», pp. 106-107.

[7] GONZÁLEZ PALACIOS, Alvar, Colecciones reales españolas de mosaicos y piedras duras, Madrid: Museo Nacional del Prado, 2001, p. 36.

[8] BARBEITO, José Manuel, El Alcázar…, p. 196. SANCHO MARTÍNEZ, José Luis, «El reinado…», p. 170.

[9] FERNÁNDEZ BAYTON, Gloria, Inventarios reales. Testamentaría del rey Carlos II. 1701-1703, Madrid: Museo Nacional del Prado, 1975, p. 338, nº 419.

[10] Ya en 1693 había elegido 15 pinturas que había embalado por orden del monarca para Juan Guillermo de Neoburgo, príncipe elector del Palatinado (ATERIDO FERNÁNDEZ, Ángel, «Pintores y pinturas en la corte de Carlos II», en Carlos II: el rey y su entorno cortesano, Madrid: Centro de Estudios de Europa Hispánica, 2009, pp. 206-209). Una de ellas era la Magdalena de Correggio (National Gallery de Londres) que perteneció al X Almirante de Castilla.

[11] HERMOSO CUESTA, Miguel, Lucas Jordán y la Corte de Madrid: una década prodigiosa 1692-1702, Zaragoza: Caja Inmaculada, 2008, p. 286.

[12] CRUZ VALDOVINOS, José Manuel, La platería y los plateros de Madrid desde 1624 hasta 1695, Pamplona: 1968, pp. 209-210.

[13] HERMOSO CUESTA, Miguel, Lucas Jordán…, p. 286.

[14] BARRIO MOYA, José Luis, «El desaparecido tabernáculo…», pp. 323-329. CRUZ YÁBAR, Juan María, «La custodia…», pp. 105-106.

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