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Enrique de Aguinaga, una vida al servicio de Madrid

Ha muerto nuestro compañero y amigo Enrique de Aguinaga y con él se ha ido una parte de la historia de esta ciudad. Una ciudad en la que ejerció el periodismo durante 53 años, lo enseñó durante 56, ocupó puestos en la administración municipal y fue decano de los Cronistas de la Villa. Pero Aguinaga, que aspiraba a celebrar el año próximo sus cien años, era mucho más, ya que era catedrático emérito de la Universidad Complutense, Doctor en Ciencias de la Información y miembro numerario de la Real Academia de Doctores y del Instituto de Estudios Madrileños, entidad de la que fue presidente desde junio de 1998 hasta noviembre de 2002. En el momento de su muerte era el socio número 1 de la Asociación de la Prensa de Madrid.

 

Nacido en la localidad cacereña de Valverde del Fresno en 1923, Enrique de Aguinaga obtuvo los títulos de maestro de Primera Enseñanza (1941) y Oficial Técnico de Telecomunicación (1946), pero su vida dio un giro definitivo cuando también en 1946 se graduó en la Escuela Oficial de Periodismo. A partir de ese momento su trayectoria profesional se centró en el mundo de la información: fue redactor, redactor jefe y subdirector de Arriba (1948-1966); redactor jefe del semanario Hermandad (1947-1950); redactor de La Vanguardia (1948-1960); subdirector de Haz (1951-1955); cronista de Radio Nacional de España (1952- 1954), La Voz de Madrid (1959) y Agencia Pyresa (1966-1968); columnista de Arriba (1948-1964 y 1976-1979), Hoja del Lunes (1980-1986), Ya (1991-1992) y La Gaceta (2010-2013), y fundador y director de la revista Ilustración de Madrid (2006-2013).

 

Quiso compartir su conocimiento de la profesión y comenzó a dar clase de periodismo a varias generaciones. Hace unos años, calculó que a lo largo de su vida académica habían pasado por sus clases nada menos que diez mil alumnos, ya que fue profesor en la Escuela Oficial de Periodismo durante veintidós años; de la Escuela de Periodismo de la Iglesia, a lo largo de once cursos; pasó luego a dar clase en la Facultad de Ciencias de la Información, cuando esta fue creada en 1971, y permaneció allí hasta su jubilación en 1989 y, como emérito, hasta 2003; e impartió clases en el Centro de Estudios Superiores, en la Universidad San Pablo-CE y en el Master ABC-UCM del que fue fundador y director, además de en otros diecisiete institutos y universidades nacionales (Menéndez Pelayo, Navarra, La Laguna), colombianas (Autónoma, en Bucaramanga y Central y Los Libertadores, en Bogotá); dominicanas (Autónoma, en Santo Domingo) o chilenas (Concepción, Diego Portales, ARCIS, Bernardo O’Higgins y Santiago). Miembro numerario de la Real Academia de Doctores, fue Consejero Nacional de Prensa y Secretario Técnico de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España.

 

Además del periodismo, la gran pasión de Enrique de Aguinaga fue Madrid. A lo largo de su dilatada vida perteneció a numerosas instituciones madrileñas. Hace setenta años fue elegido miembro numerario del Instituto de Estudios Madrileños. No solo era el miembro más antiguo (la institución se creó en 1951), sino que Enrique de Aguinaga seguía aportando sus ideas hasta hace una semana en la última reunión del IEM que se hizo por vía telemática. Fue presidente de esta institución durante cuatro años y era vocal nato de su directiva. La larga relación de artículos y conferencias pronunciadas en los ciclos del Instituto se completará, a título póstumo, el próximo mes de mayo cuando aparezca la edición del Códice de San Isidro, que el IEM está preparando con motivo del IV Centenario de la Canonización del Patrón de Madrid para el que Aguinaga acababa de entregar la introducción.

 

Siguiendo los pasos del cronista Mesonero Romanos, como le gustaba decir, dedicó unos años de su vida a la actividad municipal y entre 1964 y 1976 fue delegado de Abastos y Mercados del Ayuntamiento de Madrid y posteriormente gerente de Mercamadrid. Fue también directivo durante dieciséis años y secretario general, durante dos, de la Asociación de la Prensa de Madrid y perteneció a numerosas instituciones de la ciudad como el Ateneo de Madrid, el Círculo de Bellas Artes o los Amigos de Julio Camba.

 

Por esta dedicación a la ciudad, en 1954 el Ayuntamiento, siendo alcalde José Finat, le nombró Cronista de la Villa, título que ha ostentado 68 años, convirtiéndose en el más longevo de quienes hasta la fecha han ostentado esta dignidad. A la Villa dedicó libros como El Madrid de cuatro siglos (1961), Madrid, empresa nacional (1967), Aquí hubo una guerra (1997) y Orígenes históricos, antecedentes, análisis y perspectivas de la capitalidad de la Villa de Madrid (1998).

El año pasado donó al Museo de Historia de Madrid su biblioteca y archivo de temática madrileña con libros, documentos, fotografías y una colección de cartas y dibujos de Ramón Gómez de la Serna.

 

Otras obras firmadas por Aguinaga son Periodismo, profesión (1980), Epistemología del ejercicio periodístico (1984), Esencia del periodismo: la periodificación (1988), Dimensión científica del periodismo (1994). Declarado ferviente joseantoniano, dedicó varias obras a José Antonio Primo de Rivera como Sobre José Antonio (1997), Informe sobre la Falange de José Antonio (1972), José Antonio Primo de Rivera (2003, con Stanley G. Payne), Un informe y sus revisiones (2003) y Mil veces José Antonio (2003).

 

En reconocimiento a su actividad recibió numerosos premios: Nacional de Periodismo, para labor firmada (1956) y para labor anónima (1959); Luca de Tena (1979), Mesonero Romanos (1982) y Rodríguez Santamaría (1993). Este último por la labor periodística de toda una vida profesional.

 

Nada más conocerse su muerte, el sábado 16 de abril, los principales medios informativos se hicieron eco de la noticia. El alcalde de Madrid, José Luís Martínez Almeida escribió en su cuenta de Twitter: “Se nos ha ido una parte de la historia de nuestra ciudad. Gracias Enrique por tu vida dedicada a preservar el legado histórico de Madrid. Descansa en paz”.

 

El Instituto de Estudios Madrileños se suma al dolor de la ciudad por la pérdida de uno de sus miembros más insignes. Siempre te tendremos en la memoria.

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