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Plano general del Ensanche de Madrid por Carlos María del Castro. Fondos cartográficos, Nº 0496 del Catalogo de fondos del Instituto Geográfico Nacional.
CALOS Mª DE CASTRO

 

Arquitecto. Estepa (Sevilla), 24 de septiembre de 1810 – Madrid 2 de noviembre de 1893.

 

Es escasa la información sobre su vida personal, más allá de conocerse que a su muerte dejó hijo, nieto y biznieta, y que, ideológicamente, era monárquico, moderado y conservador, lo que en el convulso siglo XIX español le ocasionó algunos sinsabores y represiones durante la etapa de la Primera República y la Revolución del 68. Aquejado de reumatismo, en numerosas ocasiones se vio obligado a solicitar excedencia para acudir a balnearios. No obstante, gozó de una vida confortable y también obtuvo reconocimiento y premios. Después de su muerte tardó mucho tiempo en reconocerse su contribución a Madrid, como se lamentan algunos de sus estudiosos. Tan sólo en 1944 se le dedicó una modesta plaza en la ciudad, renovada en 1961 y posteriormente una placa conmemorativa en la casa en que vivió. Otros reconocimientos posteriores han sido la emisión de un sello de correos el 20-04-2010 y una publicación de su plan de ensanche por el Ayuntamiento de Madrid con motivo del 150 aniversario de su aprobación[1].

 

Por su pertenencia al funcionariado sí se conoce, en cambio, detalladamente su actividad profesional, a partir del expediente que fue publicado por Antonio Bonet[2]y que se conserva en el Ministerio de Fomento[3], al que estuvo vinculado desde la finalización de sus estudios, hasta la jubilación, el 11 de marzo de 1881, a la edad de 70 años. Y también por el cariñoso artículo que le dedicó, tras su muerte uno de sus discípulos en la Revista de Obras Públicas.[4]

 

ACTIVIDAD PROFESIONAL

 

A los 23 años obtuvo el título de arquitecto por la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando y luego el de ingeniero de caminos, canales y puertos, doble titulación que poseían una tercera parte de los miembros de este Cuerpo de Ingenieros en 1839[5], fecha de finalización de estudios de los primeros egresados de la Escuela, reabierta en 1834.

 

Su vida profesional fue muy intensa y desarrollada en numerosos frentes, siempre desde su puesto de funcionario, con breves excedencias.

 

En 1835 inició sus primeros trabajos en la recién creada Dirección de Caminos, designado para acompañar a Juan Subercase, a cuyo empeño se debió en buena parte la reapertura de la Escuela, para hacer un reconocimiento del Canal Imperial de Aragón. Ese mismo año se le nombró Ayudante Tercero del Cuerpo de Ingenieros de Caminos, ascendiendo enseguida, en 1836, a Ayudante Segundo, en 1841 a Ayudante Primero y a Ingeniero Jefe de Primera Clase, en 1853.

 

Como ingeniero trabajó activamente, sobre todo en los comienzos de su carrera, dado que, como indica su alumno Saavedra, en aquellos momentos el desarrollo de las obras públicas estaba en un estado incipiente, pero también el personal era tan escaso que obligaba a desplegar la mayor actividad para dar impulso a los trabajos y a multiplicarse por todas partes. Con algunos paréntesis de actividad relacionada con empresas ferroviarias[6], mediante excedencia y reingreso en el cuerpo (algo permitido a los ingenieros, cuando llevaban diez años desde su ingreso, con derecho a volver) toda su vida está vinculada a este cuerpo, realizando multitud de trabajos y recibiendo encargos y nombramientos de muy variada índole. Un breve resumen de ellos comprendería:

 

-Trabajos relacionados con la gestión y utilización de aguas: reconocimiento de lagos y ríos, especialmente los ríos Guadiana (1849) y Lozoya y las lagunas de Ruidera, dirección de los Canales del Manzanares (1843) y de Isabel II (1855).

 

-Trabajos ferroviarios; estudios de líneas de ferrocarril, que estaba iniciándose en España (la línea de Madrid a Aranjuez, segunda de la península, se inauguró en febrero de 1851). Participó tanto en la línea citada (1846-51) y en su prolongación a Almansa, como en la de Socuéllamos a Ciudad Real, en el proyecto de la línea de Mérida a la frontera portuguesa, formando parte de la comisión para fijar el punto de paso de ésta (1854), y planteando el trazado del ferrocarril de Madrid a Zaragoza y Pamplona, por Soria.

 

-Obras públicas: conservación de la carretera de Madrid a Aranda (1840) reforma de la carretera de Francia por el paso de Somosierra (1843), el proyecto de la carretera de Ciudad Real a Badajoz; construcción de puentes (Bañuelos en Burgos y Viñuelas en Madrid en 1842) y obras en puertos marítimos.

 

-Establecimiento de la telegrafía óptica.

 

-Más vinculado a su faceta de arquitecto realizó las reformas y dirección de obras de numerosos destacados edificios en Madrid, como el Ministerio de Fomento (1858), o la Casa de la Moneda (1859); el nuevo edificio de Biblioteca y Museos de la Castellana; el proyecto de decoración de las fachadas de la remodelada Puerta del Sol (1857). Incluso realizó de forma altruista la reforma de la iglesia de la Concepción.

 

-Ordenación y replanteamiento de terrenos, como los de la Montaña del Príncipe Pío y los del Buen Retiro (1863); replanteo de calles, y levantamiento de planos, como el primero del barrio de Argüelles, etc.

 

-Ejecución de la Carta Itineraria de España[7], iniciada en 1854, que se presentó a la Exposición Internacional de París de 1878, en la que Castro fue designado jurado y estuvo especialmente vinculado; por su labor en relación con los mapas fue nombrado vocal de la Junta Consultiva de Estadística del Instituto Geográfico.

 

-Se ocupó de la redacción de numerosas leyes y reglamentos, como la de las condiciones higiénicas y facultativas de los edificios, la de franquicias a empresas de ferrocarriles; los del ejercicio de industrias peligrosas; las de legislar todos los ramos de obras públicas. Formó parte activa de las comisiones dedicadas tanto a redactar la primera ley de policía de ferrocarriles, como a la que habría de formular el plan general de vías férreas de la península, que fue la base para la ley general de 1877.

 

-Su actividad es tan plural y variada que le lleva a participar en cuestiones tan aparentemente baladíes como el diseño del uniforme del cuerpo de ingenieros, y otras como el deslinde de atribuciones entre arquitectos e ingenieros, la reforma de aranceles judiciales, o sistemas para organizar los archivos.

 

Además ocupó un buen número de cargos directivos y representativos, como la Jefatura y la Inspección de los Distritos de Madrid (1855) y de Murcia (1851), lo que le llevó a trasladarse, por un tiempo, a Cartagena, donde dirigió diversas obras vinculadas al puerto y al arsenal; el de Inspector General; la presidencia de la Junta Consultiva de Caminos Canales y Puertos (1872), y la pertenencia a varias Comisiones, la de examinar el estado de la agricultura en el Reino; la de la concurrencia a la Exposición de Oporto; y la Comisión de la publicación de los Anales de Obras Públicas. Fue vocal nato del Consejo de Agricultura, Industria y Comercio y recibió incluso nombramientos de otros países, como el de Académico correspondiente de Ciencias de Lisboa y Caballero de una orden militar portuguesa. Así como títulos honoríficos, de las Sociedades Económicas de Amigos del país de Cartagena y Jaén, y varias condecoraciones, como la encomienda de la Concepción de Villaviciosa en Portugal, o las grandes cruces de Isabel la Católica (1872) y la del Mérito Militar (1876).

 

También realizó numerosas publicaciones a lo largo de su actividad profesional, todas ellas de carácter técnico, en unos casos resultados de sus propias experiencias y en otros de carácter más teórico. En la Revista de Obras Públicas, con la que siempre mantuvo una estrecha vinculación, publicó entre 1854 y 1862 un total de 15 artículos en los que deja constancia de su rigor y capacidad expositiva y de síntesis. En dos trata temas hidráulicos: sobre el río Guadiana, los Ojos y las Lagunas de Ruidera; cuatro versan sobre el zinc y su uso en las construcciones civiles, otros dos se refieren a la voladura de la Losa situada a la entrada del puerto de Cartagena y los siete restantes tratan de la organización del servicio de las obras municipales, relacionando los sistemas de empedrado y conservación de la vía pública en París (él fue desde 1854 encargado de las obras de empedrado de las calles de Madrid, y publicó un trabajo sobre este tema[8]).

 

REALIZACIONES RELATIVAS A MADRID

 

Su obra más importante es la realizada en la capital. Además del pequeño puente de Viñuelas[9], en la provincia de Madrid, realiza diversos trabajos en y para la ciudad.

 

Se repite sistemáticamente que es autor de los alzados de las fachadas de las casas de la Puerta del Sol[10], remodelada según el proyecto de Lucio del Valle. Existen varias copias de estos dibujos en diversos archivos, sin firma, como indica Navascués[11]. Hay constancia, en cambio, de que la Reina se dirige al Director de Obras Públicas para solicitar con urgencia que Castro se ocupe del proyecto de decoración arquitectónica de los edificios que se construyan en la Puerta del Sol y de que en febrero de 1857 se le autoriza para ocuparse de la formación de dicho proyecto[12]. Por otro lado, como señala Bonet, las características arquitectónicas de estas fachadas, muy propias de mediados del siglo XIX, de un discreto clasicismo, de traza moderada correcta y de buen gusto, se corresponden a las que Castro plasmó en su palacete, del que sí es conocida la autoría. Fueron poco apreciadas en su momento, como señala Gaya Nuño[13]. Sin embargo, para Bonet son unas fachadas muy dignas, con sus fachadas de escaso relieve, de fajas o pilastras de escaso resalto, con entresuelos de arco rebajado y primer piso de arcos de medio punto y balcón de hierro corrido, en parte se adapta a un tipo tradicional no muy extraño a los de las antiguas plazas mayores españolas, aunque su distribución de ornamentos y molduras, lo mismo que la balaustrada que corona los edificios, proceden del repertorio francés de la fachada urbana decimonónica[14]

 

La segunda obra de arquitectura es la construcción de su propia casa en 1864. Un palacete en el distrito de Chamberí, barrio de Almagro, calle de Fernando el Santo nº 14[15], en la zona del ensanche. El palacete, que perdura, con distinto uso del inicial, ya que desde 1878 pasó a un nuevo propietario, el conde de Espínola, que fuera alcalde de Madrid, y posteriormente a otros, pero manteniendo siempre sus características iniciales, constituye un ejemplo de las viviendas que se construyeron en la época en los nuevos barrios, para gentes acomodadas. Aún perviven algunas de aquéllas, sedes actualmente, de embajadas y hoteles, como los del marqués de Casa Riera, de Argüeso, de Linares, etc. Está inspirado en los estilos ingleses y franceses de la época, con una fachada principal a la calle y el resto a un amplio jardín. Una bonita casa, con torrecillas laterales, dos plantas y ático, con miradores y balcones de hierro y cristal, luminoso y de construcción sólida, con sillares de granito y piedra de Colmenar. Resulta en conjunto un edificio moderadamente clasicista, sin excesos, bien equilibrado y armoniosos, muy representativo de su época.

 

EL PROYECTO DE ENSANCHE DE MADRID

 

Sin duda, la obra clave de Castro, por la que es merecedor de un lugar de honor en la historia urbana de Madrid, es la realización del proyecto de ensanche de la ciudad (1857).

 

El siglo XIX conoció, como consecuencia de la Revolución Industrial, notables transformaciones sociales y económicas que repercutieron en gran medida en las ciudades, en las que, consiguientemente, hubo un acusado crecimiento demográfico, causado, sobre todo, por la gran emigración del campo a la ciudad. La consecuencia inmediata sería un fuerte hacinamiento y una elevación de las alturas de los edificios y densificación del tejido urbano[16]. En España y concretamente en su capital, a pesar del retraso con que se produjo la industrialización, el fenómeno se dejó sentir con cierta intensidad, máxime cuando la ciudad permanecía encerrada en la vieja cerca fiscal de Felipe IV, de 1625. A mediados del siglo se producía en Madrid la llegada del ferrocarril, así como el nuevo abastecimiento de agua desde el río Lozoya, que auguraban un proceso de modernización y crecimiento. Incluso se estaba produciendo la expansión fuera del perímetro de la cerca. Por estos años las grandes transformaciones urbanísticas que se iban realizando en grandes ciudades, como París o Londres, movían a pensar que había que subirse al carro de la modernización y el nuevo urbanismo, de modo que se comenzó a buscar soluciones en sintonía con lo que se hacía en otros países. Por un lado se planteaba la opción de acometer reformas interiores y por otro la de expandir la ciudad. Además de las reformas previas, de José Bonaparte, y como consecuencia de la desamortización de Mendizábal, es muy conocida la postura de Mesonero Romanos a favor de hacer reformas interiores, regulando y aprovechando mejor el espacio existente, ampliando y prolongando calles, entre otras propuestas. Mesonero realizó para el Ayuntamiento un informe en este sentido, cuando se le hizo una consulta sobre el proyecto de ensanche que por Real Orden de 1846 había encargado el Gobierno al ingeniero Juan Merlo, que fue rechazado. No fue, sin embargo, el primer proyecto, pues Jovellanos, en 1787, presentó a Floridablanca un plan de extensión para Madrid, que tampoco llegó a materializarse. Pero por encima de estas ideas estaba en el ambiente el deseo de hacer un ensanche de Madrid.

 

Así, cuando ya estaban en marcha los avances citados, en abril de 1857, por medio de una Real Orden, siendo ministro de Fomento Claudio Moyano, se encarga a Carlos Mª de Castro la preparación de un plan de ensanche, manifestándose en la presentación del Real Decreto, a la Reina, que habría de ser el más rápido y eficaz remedio para soslayar los males que aquejaban a Madrid y satisfacer todas las necesidades existentes.[17]

 

Castro se dedicó con afán a la confección del anteproyecto del plan, una vez propuesto oficialmente y designados los ayudantes con los que quedó constituida la Comisión del ensanche de Madrid, comenzando por levantar el plano topográfico de la zona afectada. En sólo cuatro meses se hicieron las mediciones y se realizó el mapa, que para Castro era el más completo de todos los existentes, sobre el que trazaría el ensanche[18].

 

La Memoria que acompaña al proyecto constituye un magnífico documento para conocer y analizar el plan[19]. Fue realizada con la mayor celeridad, aprobándose por Real Decreto de 19 de julio de 1860.

 

En la primera parte, tras presentar el Real Decreto y la creación de la Comisión para la ejecución, hace un estudio de las características físicas del entorno del casco urbano de Madrid, también las meteorológicas y climatológicas, que tendrá en cuenta para diseñar el trazado y orientación de las calles. Así como un análisis demográfico con vistas a calcular la superficie que sería necesaria por habitante, para evitar el hacinamiento en que se vivía y la superficie que debería cubrir la zona de ensanche. En todo ello subyace una clara preocupación por buscar mejorar las condiciones de vida de la población, en línea con las ideas higienistas del momento[20].

 

La segunda parte, que comienza alabando y agradeciendo la existencia de un trabajo análogo al suyo, refiriéndose al ensanche de Barcelona, realizado por Cerdá, a quien califica de compañero y amigo[21], que considera un ejemplo digno de utilizar como modelo en lo aplicable para Madrid, va desgranando minuciosamente las características que ha de tener el ensanche, desde el circuito de ronda, a las calles y edificios, donde queda claramente puesta de manifiesto la antedicha preocupación higienista.

 

Los rasgos más destacables del proyecto se pueden resumir en los siguientes puntos:

 

El perímetro del ensanche, ampliación creada “ex novo”, queda delimitado por un circuito exterior llamado Foso de Ensanche, que cubría una superficie de algo más de 2.000 Ha, frente a las escasas 800 que tenía el casco antiguo de la ciudad. Límite que justifica, pese a no gustarle, por el mandato del decreto que exigía unos límites precisos para las cuestiones fiscales[22].

 

El trazado de las calles dibuja una cuadrícula con dirección N-S y E-W. La forma ortogonal es la habitual en los ensanches decimonónicos, Castro la adopta por múltiples razones, desde la tradición clásica, la de las fundaciones españolas en América, el ejemplo de lo que se hacía en la época (Nueva York, París, Barcelona, Argel) y a lo que era doctrina consolidada en la Escuela de Ingenieros, en la que, al igual que Cerdá, se había formado. Las calles tendrían una jerarquía por anchura de la vía con diferenciación entre las de primer y segundo orden.

 

La manzana constituye el módulo básico para la organización del espacio, con forma regular y teniendo en cuenta distintas distribuciones, con más o menos volumen edificado, la necesidad de espacios libres para jardines, plazas, fuentes, etc. Así como emplazamiento de edificios públicos numerosos.

 

En el conjunto se preveía la existencia de amplios espacios verdes para conseguir la mayor salubridad posible, con áreas para deportes y grandes parques.

 

Por último, se plantea una zonificación en barrios destinados a las diversas clases sociales y diversos usos, a partir de algunos de los rasgos que ya existían. Por el norte, donde había varios establecimientos fabriles, se levantaría el barrio industrial, a continuación, hacia la Castellana, un barrio de elegantes viviendas para clases acomodadas, desde allí lo que denomina barrio aristocrático, dotado de parterres y jardines con las más elegantes edificaciones. Por el este, en torno a la carretera de Aragón, se situaría el barrio de la clase media, con edificación más cerrada que en el anterior, pero con amplias calles, y jardines en las plazas para uso exclusivo de los vecinos de su entorno. A continuación un barrio para la clase menestral y obrera, al otro lado del Retiro, seguido de un gran bosque, donde se situaría un hipódromo y áreas para deportes y plaza de toros. Por el sur, más insalubre y contando con las aguas sobrantes del canal y del riego urbano, se establecerían las zonas de cultivo, para abastecimiento de Madrid y un barrio de viviendas. Esta zonificación es una simple propuesta, que Castro hace de acuerdo con lo que ya predominaba en las construcciones existentes, insistiendo en que en absoluto pretendía aconsejar al Gobierno, o al Municipio, lo que se debería hacer, ni que se impusiera a los propietarios de los terrenos determinadas construcciones o usos[23].

 

El anteproyecto fue aprobado por la reina el 19 de julio de 1860, siendo ministro de Fomento Rafael de Bustos. En el real decreto se especifican varios puntos a considerar, destacando:

 

– Que las calles principales tendrían por lo menos 30 m. de ancho y las demás 20 o 15, según su longitud e importancia.

 

– Que el número de pisos en los edificios particulares no podría exceder de tres, bajo, principal y segundo.

 

– Que las manzanas se distribuirían ocupando en ellas tanto terreno los jardines privados como los edificios.

 

– Que se abriría el foso de circuito para facilitar el cobro de derechos de consumo y se derribarían las tapias existentes de cerramiento de la ciudad.

 

El Plan Castro, como se le denominó, constituyó un documento de trascendencia para el desarrollo de la ciudad, pues el trazado viario propuesto iba a configurar por décadas buena parte del crecimiento[24]. Sin embargo, la ejecución fue muy compleja. Pronto se hicieron críticas a sus planteamientos y el desarrollo, que fue extremadamente lento, sufrió múltiples modificaciones, que fueron desvirtuando sus características. Los primeros opositores serían los propietarios, especialmente los afectados por una nueva planificación que no respetaba zonas ya construidas con otros trazados, como en las afueras de Chamberí, con los que los litigios fueron constantes. El propio Castro hizo algunas modificaciones, como el segundo plano, de 1859, que él mismo dice las hizo por algunas prescripciones de la superioridad, que se publicó abreviado en 1867 en la Guía completa del viajero en Madrid. Fernández de los Ríos, su más conocido detractor, se situó radicalmente en contra, llegando a hacer su propio proyecto, que planteó en El futuro Madrid. En 1864 se publicó un Real Decreto mediante el cual se derogaban algunas de las propuestas más interesantes, como la de reducir la superficie ajardinada por manzana, del 50 al 30 y hasta al 20%; o la de aumentar un piso la edificabilidad. Castro fue apartado de la jefatura de obras del ensanche en 1868 y terminaría sus días viendo cómo por un real decreto en 1893 se suprimieron de las ordenanzas municipales los artículos referentes a la salubridad de los edificios, terminando así con la ilusión de dotar a Madrid de los planteamientos higienistas que habían inspirado a Castro, de conseguir una ciudad de amplias calles con edificios de poca altura, con jardines y bien ventiladas.

 

Con los años fue rellenándose el ensanche, con muchas modificaciones y de forma muy irregular. Unas zonas se edificaban antes que otras y se iban urbanizando terrenos fueran del ensanche, porque la población de menos recursos no podía acceder a los precios de los nuevos barrios planificados, donde hubo fuerte especulación. Además, se fueron haciendo muchos cambios. Por la zona este, el hipódromo y campos de deporte desaparecieron y se construyó un hospital y una colonia de casas baratas, sin que prosperaran las viviendas. El sur, hacia el río se fue configurando como zona industrial y barrio obrero, por efecto de las instalaciones ferroviarias[25]. Se desarrollaron proyectos no incluidos en el plan, como el de Argüelles y Moncloa y se fueron haciendo multitud de modificaciones. Hasta bien entrado el siglo XX no se puede considerar terminado.

 

A pesar de todas las críticas, de los cambios y del retraso en la ejecución son también numerosos los que se muestran partidarios y consideran que ayudó a que Madrid se desarrollara con cierto orden y regularidad y que, desde luego, de haberse cumplido las propuestas iniciales de Castro Madrid habría sido una ciudad más humana y mejor preparada para enfrentar los retos a los que se iría viendo sometida. Con sus virtudes y defectos, el plan se presenta hoy, no obstante, como un significativo ejemplo del urbanismo decimonónico de ensanche y como algo que, a pesar de todo, ha sido capaz de generar en la ciudad de Madrid una morfología urbana reconocible y valorada[26].

 

FUENTES DOCUMENTALES

 

DEPARTAMENTO DE CARTOGRAFÍA Y ARTES GRÁFICAS DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. Carta Itineraria de España. Signatura C-056-004 y C-056-005 (digital)

 

MUSEO MUNICIPAL. Inventario 2.476 Fachadas de la Puerta del Sol.

 

ARCHIVO DE VILLA AVM proyecto para la decoración de las nuevas fachadas de la Puerta del Sol 1854-01-01

 

ARCHIVO DE VILLA DE MADRID AVM Proyecto de palacete   4-317-17 (plano) y 5-232-113

 

AVM Documentos 059-31-19/ 059-31 18 (1) (2) (3) plano 9-427-44 Y también 9-427-44 / 10-202-17 y 9-326-18

En el Archivo de Villa existe abundantísima información documental referida a Carlos Mª De Castro en función de la ejecución del ensanche.

 

ARCHIVO GENERAL D LA ADMINISTRACIÓN ALCALÁ DE HENARES A.G.A.. Inventario 1748 Mº de Obras Públicas. [653s] [666s] Inventario 2189 [2806] 7067. 7068 [2075] Custodia documentación relativa al puente de Viñuelas de varias modificaciones, incluyendo un proyecto de reconstrucción de 1861y liquidación de obras de 1849

 

INSTITUTO GEOGRÁFICO NACIONAL. Fondos cartográficos. Plano general del ensanche de Madrid. Nº 0496 del Catálogo de fondos.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

AYUNTAMIENTO DE MADRID. ÁREA DE GOBIERNO DE URBANISMO Y VIVIENDA. Plan Castro 150 años. 150 aniversario del Anteproyecto de Ensanche de Madrid aprobado el 19 de julio de 1860. Madrid 2010. 17 págs.

 

BONET CORREA, ANTONIO. Estudio preliminar a la edición facsímil del Anteproyecto de ensanche de Madrid. En Plan Castro, C.O.A.M. Madrid 1878 LXV págs.

 

BIDAGOR LASARTE, PEDRO. Resumen histórico del urbanismo en España. El siglo XIX Madrid Instituto de Estudios de Administración Local. Madrid 1968 (1ª edición 1957) págs. 265-267.

 

CANO, JOSÉ Mª, “D. Carlos Mª de Castro y Madrid” En Revista de Obras Públicas nº enero de 1960 págs. 25- 28.

 

CASTRO, CARLOS Mª DE, Memoria descriptiva del ante-proyecto de Ensanche de Madrid. Madrid. 1860 188 págs. más tres láminas y plano.

 

CASTRO, CARLOS Mª DE, Apuntes acerca de los empedrados de Madrid. Madrid. Imprenta de D. José C. de la Peña. 1857.

 

C.O.A.M. Arquitectura de Madrid. Introducción Del Ensanche al Gran Madrid un siglo de expansión y transformación de la ciudad. El Plan Castro de 1857págs. 55-68. Madrid 2003.

 

FERNÁNDEZ DE LOS RÍOS, ÁNGEL, EL futuro Madrid. Edición facsímil de la original de 1868. Contiene una introducción de Antonio Bonet “Ángel Fernández de los Ríos y la génesis del urbanismo contemporáneo”. Los libros de la frontera. Barcelona, 1975. 366 págs.

 

FERNÁNDEZ DE LOS RÍOS, ÁNGEL, Guía de Madrid. Madrid 1876. Edición facsímil. Monterrey ed. 1982. 813 págs.

 

FUNDACIÓN CAJA DE MADRID. Madrid del siglo XIX: El Ensanche. Ediciones la Librería. Madrid, 1992. 116 págs.

 

GAYA NUÑO, JUAN, Arte del siglo XIX (Ars Hispaniae) vol. XIX Madrid 1966 pg. 160.

 

GÓMEZ IGLESIAS, AGUSTÍN, “La montaña del príncipe Pío y sus alrededores 1865-1907” En Rev. Villa de Madrid nº 25 1968 págs. 11-29.

 

GONZÁLEZ YANCI, Mª PILAR, Los accesos ferroviarios a Madrid. Su impacto en la Geografía Urbana de la ciudad. Instituto de Estudios Madrileños. Madrid 1977. 620 págs.

 

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PLAN CASTRO. C.O.A.M. Madrid, 1978. Incluye un estudio preliminar de Antonio BONET CORREA y la Memoria descriptiva del ante-proyecto de Ensanche de Madrid + láminas y plano. ed. Facsímil.

 

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VÁZQUEZ CRESPO, ARMANDO, “Carlos Mª de Castro ¿Cómo ensanchar la ciudad?” Rev. Madrid Histórico nº 18 nov-dic 2008, págs. 32-35.

 

Mª PILAR GONZÁLEZ YANCI

FECHA DE REDACCIÓN: 15 DE OCTUBRE 2019

FECHA DE REVISIÓN: 12 DE DICIEMBRE 2019

 

NOTAS

[1]AYUNTAMIENTO DE MADRID, 2010.

[2] A. BONET, Introducción al Plan Castro. COAM 1978 págs. LV a LX

[3] El Ministerio de Fomento recibe este nombre desde 1851, heredero de la Secretaría de Estado y del Despacho de Fomento General del Reino, de 1832, que sucesivamente cambia de nombre hasta llegar al citado.

[4] E. SAAVEDRA, Revista de Obras Públicas, nº 10 1895 pp. 73-77

[5] F. SAENZ RIDRUEJO, “Datos para el estudio sociológico del cuerpo de ingenieros de caminos a mediados del siglo XIX” Revista de Obras Públicas. 1990.

[6] “Manual del Ferrocarril de Madrid a Aranjuez”, 1851 pg.24. Aparece como segundo jefe de la línea, con su doble titulación. En su expediente aparece varias veces trabajando para José de Salamanca, y para otras empresas ferroviarias, dada su pericia adquirida en cuestiones de ferrocarril, así como varias licencias para trabajar con Salamanca y litigios en torno a cómo se le pagaba.

[7] La carta itineraria de España está depositada en el Departamento de Cartografía y Artes Gráficas de la Real Academia de la Historia. Signatura C-056-004 y C-056-005 (digital)

[8] CASTRO, 1857

[9]Archivo General de la Administración Alcalá de Henares. Custodia documentación relativa al puente de     Viñuelas de varias modificaciones, incluyendo un proyecto de reconstrucción de 1861.

[10] Museo Municipal. Inventario 2.476 Fachadas de la Puerta del Sol.

Archivo de Villa proyecto para la decoración de las nuevas fachadas de la Puerta del Sol 1854-01-01

[11] NAVASCUÉS, 1973

[12] BONET, 1978

[13] GAYA NUÑO, 1966 pg. 160.

[14] BONET, 1978 pág.XII

[15]Archivo de Villa de Madrid AVM 4-317-17 (plano) y 5-232-113

[16] La aprobación de la ley de inquilinato de 1842, dando libertad para contratar alquileres agravó el problema. C.O.A.M. 2003

[17] Real Decreto de 8 de abril de 1857

[18]Memoria del Anteproyecto , 1860

[19] AVM Documentos 059-31-19/ 059-31 18 (1) (2) (3) plano 9-427-44 Y también 9-427-44 / 10-202-17 y 9-326-18

En el Archivo de Villa existe abundantísima información documental referida a Carlos Mª De Castro en función de la ejecución del ensanche.

[20] Madrid tenía en 1857 28,68 m2 por habitante en un horizonte de 100 años Castro proponía pasar a 50,98, siendo la densidad óptima marcada por los higienistas de la época, de 40 (Ayuntamiento de Madrid 2010)

[21] Memoria del Anteproyecto , 1860 pag.94

[22] un foso de 6 a 7 metros de ancho en su abertura superior ó á flor de tierra, con 2,5 de profundidad, que por sí solo cumple ya con las condiciones de todo cerramiento, de fijar el límite de la población é impedir el fraude en la introducción de objetos sin pago de derechos,…” Por el interior del foso un camino de ronda espacioso, con columnas urinarias y quizá elegantes casinos para venta de periódicos, anuncios y otros objetos sirviendo de adorno en las espaciosas vías (Pág.154-8 de la Memoria Descriptiva del Anteproyecto).

[23] Memoria del anteproyecto págs.104-114

[24] F. TERAN, 1999, pág. 42

[25] Mª PILAR GONZÁLEZ YANCI, 1977

[26] AYUNTAMIENTO DE MADRID 2010

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