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Iglesia del Convento de las Salesas Reales. Proyecto de François Carlier, las obras fueron dirigidas por Francisco Moradillo entre 1750 y 1758.
FRANCISCO ANTONIO CARLIER

 

Arquitecto. París 1707 – Bayonne 1760.

 

Francisco Antonio Carlier, bautizado Antoine François, fue el quinto de los seis hijos de René Carlier y de Marie-Antoinette de Marissart, y el único varón; el año de nacimiento se deduce de la edad que declaró tener en junio de 1723. Su abuelo, Sébastien Carlier, fue escultor. Por los matrimonios de sus hermanas, se convirtió en cuñado de Michel-Angel Houasse († 1731) en 1721 por Olympe († 1727), de Louis Bouquet († 1744), oboísta de la Real Capilla (1732-1743) por Genevieve († 1760) y de Michel Gaudrau (1751), maestro de danza de la reina y los infantes (1715-1737), por Madeleine († 1738); a éste último, ya viudo, diseñó su enorme casa en la calle de los Reyes en Madrid en 1742.

 

Su padre René, delineante, escultor y discípulo de Robert de Cotte, primer arquitecto de Luis XIV y arquitecto de los edificios reales con Luis XV, fue enviado a Madrid en 1712 para levantar planos de los edificios que el nuevo monarca Borbón quería reformar según el gusto y la etiqueta franceses, aunque pronto fueron interrumpidos los proyectos correspondientes al palacio del Buen Retiro y al Alcázar, y pasó a colaborar con Teodoro Ardemans en la construcción del nuevo palacio de la Granja de San Ildefonso, sobre todo en el planteamiento de sus jardines. Francisco ya figuraba en la nómina de empleados reales como delineante a sus casi 14 años, pero cesó al morir su padre al año siguiente, el 15 de agosto de 1722. Quedan varios Planos de salas del Palacio del Real Sitio de San Ildefonso de Segovia y entorno de la misma, indicando la colocación de piezas de tapicería, fechadas en julio de 1721 y atribuidas a él[1].

 

En 3 de junio de 1723, el rey le concedió una pensión de 15 reales diarios para marchar a París y estudiar arquitectura. José Luis Sancho supone que estuvo con Robert de Cotte († 1735) mientras asistía a la escuela de la Académie de la d’Architecture, donde éste impartía sus enseñanzas, desde 1708 ya como Primer Arquitecto del Rey y Director de la Academia. Cumplida la edad requerida de los dieciséis años, Carlier fue admitido y en 1726 ganó el primer premio del Grand Prix de Rome de esta institución con un dibujo conservado de la planta y alzado de la fachada exterior de una iglesia y otro de la sección lateral del interior del templo[2]; dicho galardón le daba derecho a estudiar pensionado en Roma, pero desconocemos si llegó a hacer el viaje pues no quedan registros de los alumnos que disfrutaron de la estancia en esa época en la ciudad italiana.

 

Volvió a Madrid el 17 diciembre de 1734 y, nombrado casi inmediatamente arquitecto del rey, empezó a prestar servicios en el palacio del Pardo, reformando el interior del edificio para aprovechar mejor el espacio y que pudieran alojarse los numerosos miembros de la familia real en los inviernos. Antes de 16 de julio de 1738 había trazado su nueva Capilla Real pues Manuel López Corona se obligaba ese día a construirla según sus trazas. Era de cruz latina con amplio crucero de pilares achaflanados y tribunas en la nave y los pies. Diseñó, además, un pasadizo sobre arcadas para unirla al palacio. Hasta 1745 realiza numerosas reformas en el exterior del palacio, conforme a los gustos franceses de los nuevos ocupantes. Sustituyó los chapiteles de las torres del palacio por cubiertas amansardadas y transformó el aspecto del patio de Luis de Vega achaflanando con una arcada cada una de las cuatro esquinas y añadiendo encima su correspondiente “ochava” o corredor acristalado, ligeramente convexo y con remate curvo y cupulado; además amplió las llamadas Casas de Oficiales, Caballeros y Criados del Rey para instalar al gran número de cortesanos. Hay varios planos atribuidos a él relacionados con esas obras[3].

 

En 1745/1746 debió de intervenir en las reformas del edificio principal y jardines de la cercana Quinta del duque del Arco donada recientemente por su viuda al rey Felipe V. El plano de la posesión, diseñado con la perfección característica del arquitecto, responde a la distribución de los espacios propios del gusto francés de ese momento por lo que podría incluir parte del proyecto de remodelación que se pensó hacer[4]. El castizo palacete -que sigue el tipo de la Zarzuela, muy habitual en el siglo anterior-, seguramente se modificó en este período para dar lugar a una casa de campo de carácter francés y muy ricamente decorada, con las salas de ángulos curvos y pasos diagonales en las esquinas de los patios.

 

El papel de Carlier en la Real Academia de Bellas artes merece ser tratado con detalle: Según las actas de la Junta preparatoria de la Academia, en esos primeros meses de 1745, Francisco Carlier “supuesto que se halla en esta Villa y sin ocupación alguna”, es propuesto, si así lo aprueba el rey aunque discutiéndose sobre si dispensarle de un examen riguroso, para suplir a Jacome Pavía como profesor de arquitectura pues éste tenía que abandonar la corte y dejaba a los discípulos sin enseñanza, En 11 de marzo de 1745 Gian Domenico Olivieri, encargado como Director General por la Junta Preparatoria para preguntar a Carlier si estaba dispuesto a aceptar el cargo de Director de Arquitectura de los Estudios Preparatorios por fallecimiento de Francisco Ruiz,contesta a un oficio del Viceprotector diciendo que el francés había manifestado no tener interés en la plaza[5], lo que no fue bien visto por entenderse un desprecio a la honra que le hacía el rey[6]. Pero la voluntad real favorable a esos estudios era muy fuerte y tras ser propuesto por la Junta como Director supernumerario el 18 de marzo, el 4 de abril el Protector comunicó su nombramiento por el rey como maestro Director de Arquitectura en plaza de nueva creación, dejando vacante la de Ruiz para ser ocupada por otro[7] y el 10 de abril siguiente se le escribe la noticia al propio Carlier, que lo acepta, y se le avisa que comienzan las clases el 2 de mayo[8].Tres meses después, el 11 de julio, se le ordena al escultor que avise a Carlier que asista la noche del 15 como Director[9] y una vez más, Carlier no sólo no acudió a las clases, sino que tampoco a la Junta General. A partir de ese momento, la documentación de la Academia registra sus continuos incumplimientos que se remontan a mayo y el 30 de julio escribe el Viceprotector al secretario del Protector al respecto: “… y vuelven a tomar su curso los estudios, pero lo que más importa es, que el arquitecto Don Francisco Carlier dexe de ser invisible y empieze a enseñar una Arte, que solamente por puro acto de fé nos consta que la sabe, y hay muchos incrédulos de esta notoriedad entre los de su oficio”[10], duda que se expresa en similares términos en otra carta, aludiendo a sus supuestos premios en la Academia parisina[11]. Ya el 29 de agosto, se le insta a Olivieri para que “avise a Carlier como maestro Director supernumerario para que no falte a asistir a la enseñanza […] porque, en el caso de que tenga algún legítimo impedimento para executarlo, me lo ha de participar Vuestra merced: luego al punto, a fin de que yo pueda en tal caso tomar la providencia que convenga”[12]. Avisado por el escultor de que acuda a desempeñar sus funciones como director de la sala de arquitectura, el francés contesta que sus ocupaciones no lo permiten “siendo precisas para el Real Servicio”[13] y así Ventura Rodríguez sustituirá con frecuencia a Sacchetti y Carlier[14]. Sánchez Cantón transcribe parte de una carta de Olivieri al Viceprotector de 3 de septiembre donde, informándole de todo, le comenta: “…el gran Carlier, tan cacareado de don Luis Van Loo, ha faltado enteramente a lo prometido y nos ha dexado con un palmo de nariz, lo que pide el pronto y vigoroso remedio para que este mozuelo no consiga, enteramente, hacer burla y escarnio de la Academia…”[15]; dos días después, Triviño expresa su malestar y las consecuencias tan graves que acarrea esta decisión y “hace presente lo desairada que le parecía haver quedado la Junta con el inesperado desistimiento de Carlier, a quien se debía escarmentar de algún modo porque estos ejemplares podían acarrear la ruina del Proyecto Académico”. En una carta personal de 3 de noviembre, el Protector comenta al Viceprotector que ya ha pedido explicaciones a Carlier sobre su respuesta a Olivieri y que ha dicho que no quería despreciar a la Academia, sino que pensaba que su ausencia continuada de las clases por sus trabajos para el rey no harían nada bien a los discípulos y que procuraría asistir a las clases, pero insistiendo en que no “mientras duren las obras del Pardo, que dice será mes y medio” (suponemos que precisamente se ocupaba de la Quinta del Duque del Arco); comenta además el Protector, aliviado sobre los dibujos que ha visto de Carlier, “que nada me amansó tanto como ellos porque son varios y todos buenos, y por tanto me parece que será sugeto de utilidad y que hemos de dar por bien sufridos todos los entripados que hemos tenido por este hombre”[16]. Se explica así que en 8 de noviembre siguiente, el secretario del ministro de Estado aconsejara al Viceprotector que pasara a Carlier a la condición de director supernumerario “porque no puede cumplir con las obligaciones de su cargo”. En 1746 el Viceprotector se quejaba de que, so pretexto de sus ataques de gota, no acudía a las clases salvo que él mismo le enviara su coche a casa. En la Junta de 4 de agosto de 1746 se informa de que “los trece maestros Directores, para cumplir con lo dispuesto en uno de los capítulos del proyecto de la Academia en quanto a que cada uno de ellos hiciese y presentase una obra de su Arte, por la qual se acredite el acierto con que se les ha nombrado para fundadores y maestros de la misma”, han ido contestando que están muy ocupados y no han podido y Carlier, como casi todos los demás, dice que ofrecerá dentro de dos meses una obra suya de la que aún no había elegido el asunto[17], promesa que repitió para la Junta de 5 de octubre de 1747, junto a otros seis, incluido Felipe de Castro que se unió a ellos cuando vino de Roma[18]. La Junta general del 13 de junio de 1752 le designó, finalmente como Director honorario. La documentación académica permite afirmar que otro tanto pasaba con los directores Juan Bautista Sacchetti o Jacobo Pavía, y que era Ventura Rodríguez el sustituto habitual en sus frecuentes ausencias.

 

Fernando VI llegó al trono en 1746. Su esposa, Bárbara de Braganza, tenía el deseo de disponer un monasterio que le sirviera para retirarse en caso de enviudar, pues no tenía hijos, y también de lugar de enterramiento para ambos. El conde de Polentinos dio a conocer las fechas más importantes de la fundación. En agosto de 1747 solicitó al obispo de Farsalia, que residía en Annency, que enviara religiosas salesas, orden elegida para regentar la nueva fundación bajo la advocación de Nuestra Señora de la Visitación y que se dedicaría a la enseñanza de doncellas nobles, y en 6 de diciembre aprobó el rey la escritura fundacional. El 1 de junio de 1749 hizo la reina una importante donación y se arbitraron fondos públicos para iniciar la construcción. En enero de 1750 comenzaron las labores de aplanamiento y cimentación y el 26 de junio siguiente se puso la primera piedra, que preparó el arquitecto Francisco de Moradillo, ayudante de Carlier, sin duda por ausencia de éste. Seis planos y alzados de fachadas y cortes longitudinales, que incluyen iglesia, monasterio y jardines, se conservan en la Biblioteca del Palacio Real de Madrid y uno de ellos, el plano principal, incluye la firma de Carlier; la totalidad de las leyendas se escriben en francés, idioma común del arquitecto y las religiosas. Tanto por el acontecer vital de su autor como por las fechas de la obra, estos planos han de datarse entre finales de 1748 y principios de 1749, aunque el inventario de Palacio los feche en 1750[19]. La barandilla de hierro forjado diseñada por Carlier y construida para el convento de Santa Bárbara se conserva ahora en el Museo Cerralbo en la escalera principal al primer piso.

 

En un acta de lo acordado y resuelto por la Junta preparatoria de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de 5 de enero de 1752, se da cuenta del informe que ha preparado al Rey el secretario, Juan Magadán, y sobre los profesores que van a ocupar los distintos puestos y cargos, se dice: “Para teniente con el encargo de primer profesor a D. Francisco Carlier, también arquitecto de S.M., que casi desde su elección ha asistido, excepto dos años que se detuvo en Francia y Parma, a todas las Juntas y dictámenes que se le han pedido, aunque no a los estudios, por estar empleado en el Real servicio”. Carlier, que venía asistiendo regularmente a las Juntas preparatorias anuales, lo hace por última vez el 14 de junio de 1748. Debió de marchar a París, pero después viajaría a Italia, pues el infante Felipe, duque de Parma, (1720-1765, tercer hijo varón de Felipe V), que consiguió el título en marzo de 1749 gracias a la Paz de Aquisgrán y entró en sus territorios oficialmente el 1 de julio de 1749, le encomendó la decoración de los palacios que había encontrado escasamente adornados a causa de que su hermano Carlos había hecho transportar a Nápoles gran cantidad de objetos artísticos. Decidió, antes de amueblarlos, mejorar el aspecto exterior y sobre todo interior. Su esposa, Luisa Isabel de Francia (1727-1759), primogénita de Luis XV, había visitado a su padre en París en diciembre de 1748, permaneciendo en esa corte hasta octubre de 1749. Allí debió de conocer a Carlier, y quizá, sabedora de la labor de remodelación que había hecho en el Pardo, le animó a acompañarle para encargarse de una labor semejante en las casas ducales, en especial el palacio principal de Parma y la villa campestre conocida como Reggia di Colorno. A principios de 1750, según Bèderide, aunque puede que a finales de 1749, Carlier trazaba la fachada del palacio principal de Parma. En momentos sucesivos se ocupó de la decoración en estuco de su interior y otro tanto hizo en Colorno. Con él colaboró el escultor francés Jean Baptiste Boudard (1710-1768), con cuya hija (otros investigadores hablan erróneamente de que era su hermana) Catherine-Marguerite, casó Carlier, según se recoge en las noticias de la parroquia de San Martín de Madrid[20], en 19 de junio de 1752, aunque según Bedarida lo hizo en 1750; tuvo una hija el 31 de agosto de 1751, Françoise-Catherine-Guillaume, única descendiente directa del arquitecto. Bèderide afirma que regresó poco después a España, pero tuvo que ser algo antes, porque el arquitecto emite un informe firmado en Madrid el 13 de abril de 1751 sobre algunos proyectos elaborados en Roma por José de Hermosilla.

 

A su regreso a Madrid seguiría ocupándose de la obra de la Visitación, y a estos años han de corresponder cuatro planos más que se conservan en la Biblioteca Nacional de España, la sección longitudinal y planta de la cúpula[21] que incluye el diseño delos retablos; el proyecto de un patio, fachada y sección de un interior[22], la planta del pavimento de la iglesia y de la sacristía[23] y cuatro proyectos de mesas de altar para la iglesia que las muestran en alzado[24]; el folio que presenta estos últimos con la elección de uno de ellos por la reina con la palabra “este”, incluye la firma de Andrés Gómez y de la Vega, intendente de la obra, al que se ha llegado erróneamente a atribuir una participación importante en el diseño del edificio. Estos planos y dibujos corresponden a un momento constructivo avanzado y pudieron ser enviados desde Francia, donde el arquitecto disfrutaba de un permiso por motivos de salud durante el otoño e invierno de 1755. Rodríguez Ruiz defiende en este punto que la sección longitudinal y planta de la cúpula de la iglesia de la Biblioteca Nacional, con mayor riqueza decorativa de la prevista inicialmente, corresponde al propio Carlier y no a Moradillo, al igual que las torres y otras modificaciones en la fachada. La cruz que remataba la cúpula se colocó el 17 de abril de 1757 y toda su decoración estaba terminada a fines de 1758.

 

Carlier se ocupó en este tiempo del entorno del monasterio; diseñó hacia 1754 un paseo y una puerta que lo comunicaba con el Prado de Recoletos y que realizó Moradillo en 1756. Esta fue demolida en 1863 y no se conocen los planos originales, pero sí una fotografía[25], dos dibujos, seguramente ejercicios de alumnos académicos, uno anónimo de 1756 [26] y otro firmado por Juan de Villanueva en 1757[27], y un tercero que abarca parte del paseo y jardines y donde se ve que estaba unida a las tapias de las huertas conventuales de las Salesas Reales y San Felipe Neri. Derribada en 1859, se sabe que ornamentaba ambas caras con sendas inscripciones. La del lado que daba al interior rezaba: “A D.O.M. Ferdinando VI regnante ad umbram continuae Salesianae molis, Regis imperio porta haec constructa anno D. MDCCLVI” y “A D.O.M. Ferdinando VI regnante viae et aquae ductu sampliati, et in pulchriorem, et commdiorem formam redacti”, y más escuetas, las leyendas del frente que mira al exterior: “Munit, ornat, miratur, delectat. – Pulchre, munifice, stratum erectum”[28].

 

De nuevo en 1760 solicitó permiso para marchar a Francia a cuidar su salud, y falleció en Bayonne –donde tenía parientes- el 29 de diciembre de ese año, siendo enterrado al día siguiente en Nôtre-Dame. Consta que estaba acompañado de su esposa y que era arquitecto del rey de España, residente habitual en Madrid.

 

Francisco Carlier aparece en la historiografía como el máximo representante en Madrid del clasicismo francés de primera mitad del siglo XVIII. Ciertamente, el palacio del Pardo fue transformado según la moda vigente en Francia inaugurada por Jules Hardouin-Mansard en el siglo anterior; se halla muy cerca del modelo utilizado por el cuñado de este último, Robert de Cotte, en el palacio Rohan de Estrasburgo, trazado en 1727 y construido a partir de 1732, por lo que es posible que el propio Carlier hubiera conocido la traza. La capilla del Pardo y la Visitación muestran, en cambio, un estilo más ecléctico, en especial la última. En el Pardo, la fachada principal se estructura en un cuerpo inferior de tres calles enmarcadas por pilastras dóricas, con espacios intermedios cajeados; la decoración se reduce a grandes sillares en las esquinas que se unen en curva convexa con la pared contigua; la puerta, adintelada, queda inscrita en un arco de medio punto, un juego visual que utilizará Carlier igualmente en los ventanales del pasadizo, cuyas arquerías inferiores recurren también a un atractivo juego de sillares. El cuerpo superior, apenas levanta sobre la amplia cornisa en que apoya y tiene escasa altura mientras su anchura coincide con la de la fachada y remata en un frontón ligeramente quebrado. Por el contrario, en la fachada lateral, utiliza el arco de remate y ventana de medio punto encima de la puerta. Estilo rigurosamente geométrico que oscila, por tanto, entre lo vignolesco y lo palladiano. Si hubiera que pensar en algún modelo inspirador, lo hallaríamos en la iglesia de la abadía de Prières, trazada por de Cotte en 1716. En cuanto a la Visitación, se ha querido ver recuerdos de la capilla de la Sorbonne de Jacques Lemercier o de la también parisina capilla de Val de Gràce, de Mansart, edificios claramente influenciados por lo italiano, pero son distantes en el tiempo y de parentesco lejano; de hecho, su ornamentación se basa en la columna, elemento constructivo que Carlier rechaza sistemáticamente, hasta el punto de que no se observa ni una sola vez en el exterior de sus edificios, salvo en el dibujo mencionado del Grand Prix de Rome. Sin perjuicio del mayor aparato decorativo y de la existencia de siete calles en el cuerpo inferior, la fachada de la Visitación se parece sobre todo al esquema de la del Pardo: pilastras -aquí compuestas- para separar las calles, amplia cornisa y segundo cuerpo ancho y de escasa altura rematado en frontón ligeramente partido. Sobre esta estructura, utiliza profusión de ornamentos de inspiración diversa: el gran medallón circular borrominesco con arco superior mixtilíneo, los flameros encima del frontón, tal como los empleó Sacchetti en la capilla de Palacio real, festones de frutos -aunque esquemáticos- sobre las pilastras del cuerpo superior, según la más rancia tradición del barroco hispano, y remate palladiano sobre las hornacinas superiores, un elemento que había utilizado con profusión en Colorno; las torrecillas de la fachada parecen un añadido de última época para sustituir a los bultos escultóricos de los cuatro evangelistas colocados en ese lugar en el primer proyecto, quizá por su alto precio. Los tambores octogonales al exterior de las cúpulas de la capilla del Pardo y de la Visitación tienen cornisas alabeadas en cuatro lados, reminiscencias moderadas del estilo rococó. En suma, un estilo peculiar y atrayente en que se mezclan los repertorios académicos en lo constructivo y la libertad en lo decorativo, de éxito en su momento aunque no dejó apenas huella en la arquitectura española.

 

OBRAS EN MADRID

 

Capilla real del Palacio del Pardo (1738)

 

Casas de los Oficios del Pardo (1741-1745)

 

Quinta del duque del Arco (1745-1746)

 

Convento de la Visitación (1748/1749-1757)

 

Puerta de Recoletos (1754)

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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MARÍA TERESA CRUZ YÁBAR

FECHA DE REDACCIÓN: 25 DE NOVIEMBRE 2019

FECHA DE REVISIÓN: 18 DE DICIEMBRE 2019

 

NOTAS

[1] Archivo General de Palacio, Patrimonio Nacional, AGP, Planos, P00000994;P00000995; P00000996.

[2] Paris, École Nationale Supérieure des Beaux-Arts, ENSBA, nº invº PRA003.

[3] AGP, Planos, P00001316, P00001317, P00001318, P00001142, P00001143.

[4] AGP, Planos, P00006400.

[5] Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. RABASF, Le-1-1-2-16, Le-1-1-2-17.

[6] RABASF, Le-1-1-2-50, Le 1-1-2-31 y Le 1-1-2-32.

[7] RABASF, Le 1-1-2-32.

[8] RABASF, Le-1-1-2-18.

[9] RABASF, Le-1-1-2-42.

[10] RABASF, Le-1-1-2-47.

[11] RABASF, Le-1-1-2-50.

[12] RABASF, Le-1-1-2-48.

[13] RABASF, Le-1-1-2-20 y Le-1-1-2-21.

[14] RABASF, Le-1-1-2-22 y Le 1-1-2-23.

[15] RABASF, Le-1-1-2-49.

[16] RABASF, Le-1-1-2-24.

[17] RABASF, Le 1-3-5-24 y 25.

[18] RABASF, Le 1-3-5-56 y 1-3-5-62.

[19] I/780, II/2870, VIII/M/74.

[20] libro 23 Matrimonios, fol. 56 vº.

[21] Biblioteca Nacional de España, BNE, DIB/14/45/108.

[22] BNE, DIB/14/45/111.

[23] BNE,DIB/14/45/109.

[24] BNE, DIB/14/45/110.

[25] De Joseph Carpentier, 1856, Biblioteca Nacional de Francia.

[26] BNE Dib/14/45/102; copia en Museo de Historia de Madrid, IN 2896.

[27] Museo de Historia de Madrid, IN 2050B.

[28] Traducidas: “A Dios omnipotente, misericordioso. Reinando Fernando VI, a la sombra del contiguo edificio de las Salesas, por la autoridad real se construyó esta puerta. Año 1756”y “A D.O.M. reinando Fernando VI se ampliaron los caminos y los acueductos y se redujeron a forma más bella y cómoda. Abre camino, adorna, se admira, deleita. Hermosamente, con la liberalidad, erigido y extendido».

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