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Alonso Carbonel. Palacio del Buen Retiro (Atribuida a Jusepe Leonardo H.
ALONSO CARBONEL

 

Arquitecto, Albacete 1583 – Madrid 1660

 

Alonso Carbonel nació en Albacete el 11 de abril de 1583 en el seno de una familia con varios miembros que ejercieron oficios relacionados con la madera. Su padre, homónimo[1], fue carpintero, su madre se llamaba María Cortés y Alonso fue el tercero de sus seis hijos. Su hermano mayor, Ginés, pintor y dorador, desarrolló su carrera en relación con Alonso.

 

En torno al cambio de siglo, Carbonel marchó a Madrid donde entró como aprendiz con un próspero escultor, Antón de Morales. Contaría entonces unos 17 años de edad, superior a la normal para iniciar el aprendizaje ya que tendría bastantes principios adquiridos en el obrador paterno. No mucho antes de abril de 1603 había huido de casa de su maestro sin acabar su aprendizaje. Cerca ya de los 20 años, debió de encontrarse con habilidad suficiente para colocarse como oficial a sueldo de otro maestro, sin duda Giraldo de Merlo, flamenco recién asentado en Toledo. Allí se encontraba cuando la justicia le puso preso y Merlo le afianzó para que pudiera salir de la cárcel. Antes de ocho días debía devolverlo a casa de Morales. Así lo hizo, pero poco después, Carbonel huyó de nuevo[2].

 

Blanco Mozo, que ha realizado una exhaustiva investigación sobre Carbonel, le localiza en Albacete en 1607, bautizando a un hijo habido con su esposa Gregoria Girón. Allí trabajaría como escultor en relación con el ensamblador Benito Villanueva Cano[3]. Antes o poco después pasaría por Sevilla y otras ciudades, tal como declaró en el famoso pleito de los doradores madrileños litigado en 1619-1620[4].

 

En 1611 se le documenta de nuevo en Madrid, donde había arrendado una casa en la parroquia de San Sebastián; le acompañaba su hermano Ginés[5]. A principios de ese año contrató, junto con los escultores Antonio de Herrera y su antiguo maestro Antón de Morales, la construcción de un gran retablo mayor con tres cuerpos y ático, tres calles y cuatro entrecalles, banco y sagrario, para la iglesia parroquial de Getafe[6]. Carbonel aparece como autor de la traza, mientras los otros dos compañeros se ocuparon de la labor escultórica y cedieron el ensamblaje a Miguel Tomás. A principio de 1617 se colocó el retablo en blanco y fue dorado mucho después. El modelo clasicista que empleó Carbonel seguía esquemas tradicionales -altura de los cuerpos en disminución y empleo de los cuatro órdenes-, pero incorporaba una variante de interés a la que los responsables de la iglesia pusieron objeciones: la cabecera era poligonal y el tracista, en lugar de plegarse al paramento como era usual, lo separó un tanto pera evitar angulosas rupturas de planos y destacar las calles. Cerró la cuestión el maestro mayor de las obras reales Juan Gómez de Mora con un informe de junio de ese año muy favorable a los maestros[7].

 

En 1611 se comprometió a hacer los escudos y el relieve de mármol de la Encarnación de la portada del monasterio real de esta advocación, si bien hizo la historia a partir de 1617 el escultor Antonio de Riera según su propio modelo en cera, pensamos que por cesión de Carbonel, quien había dejado de cobrar del monasterio a partir de 22 de agosto de 1614; también tuvo que terminar los escudos el escultor Juan de la Torre[8]. En 2 de septiembre de 1612 contrataron el escultor Juan de Porres y el ensamblador Mateo González el retablo, bulto funerario en alabastro y escudos para la capilla del embajador alemán Hans Khevenhüller en la iglesia del monasterio real de San Jerónimo[9] y una semana después se les unió Carbonel, que se ocupó de la traza del retablo, de sus esculturas en madera y de los escudos[10].

 

En esta segunda década del siglo, Carbonel contrató también varios retablos y obras de escultura en compañía del escultor y ensamblador Antonio de Herrera, con quien emparentó mediante el matrimonio en 1616 de su hermano Ginés con María Sánchez, hermana de Sebastiana, mujer de Herrera[11]. Ambos escultores concertaron la hechura de los retablos de pequeño tamaño de Juan de Guedeja en el monasterio de la Trinidad calzada y de Nicolás Escobar en la parroquial de San Andrés, este según traza de Gómez de Mora modificada por Carbonel, además de tres esculturas para Miguel Gutiérrez, criado de su majestad. Con Ginés, contrató Alonso en 29 de julio de 1615 un retablo para el doctor Gaspar Ruiz de Montalbán en la parroquial de los Santos Justo y Pastor que llevaba numerosas pinturas[12].

 

Otras obras de este periodo tienen especial significación para la futura carrera de Carbonel. Por un lado, según declararía en memoriales posteriores dirigidos a la corona, había trabajado en la obra de estucos del palacio real del Pardo, aunque su participación no está documentada, a diferencia de la de Herrera. Por otra parte, desde 1611 hasta 1614 realizó para don Francisco González de Heredia, señor de Mejorada, la traza y ejecución de sus casas en la corte y la capilla mayor de la iglesia de Mejorada del Campo[13]. Él mismo firmó en 1615 las condiciones para la realización de la bóveda de la capilla del doctor Montalbán[14]. De este modo adquiriría los conocimientos propios de los maestros de obras, que le permitirían después trazar y dirigir edificios desde sus cimientos. Carbonel, con el tiempo, abandonaría la escultura y orientaría su actividad casi exclusivamente a la arquitectura de las obras reales, y estos fueron los hitos primeros de su futura carrera.

 

Los primeros días de 1616 transcurrieron entre denuncias mutuas de Carbonel y su esposa, a la que acusó de adulterio y de abandono de domicilio conyugal. A principios de marzo le dio muerte y se refugió en sagrado[15]. Debió de huir a Getafe, donde le protegerían el cura y el regimiento de la villa y donde se casó en septiembre de ese mismo año con la huérfana de un regidor de la localidad llamada Ana de Seseña. En Albacete, donde debieron marchar después, bautizaron el 16 de mayo de 1617 a su hija María, que llegaría a casar con el acaudalado pintor Francisco Gómez de la Hermosa; tuvieron al menos otro hijo, José, que llegó a ser notario de tribunales eclesiásticos. Carbonel casó a sus dos cuñadas con sendos artífices muy destacados de la Corte, el pintor Pedro Núñez del Valle y el escultor Bernabé Contreras.

 

En 22 de mayo de 1618 firmó Carbonel en Madrid la carta de pago del último plazo de la sillería de coro que había hecho para la Merced calzada y es el primer dato que hay de su regreso a la Corte[16]. En 1619 concertó el retablo de Sebastián de la Huerta en Santo Domingo de Toledo, que se conserva[17]. Tiene un cuerpo y ático con frontón partido y una sola calle con una gran Anunciación de Eugenio Cajés; de tipo serliano, sigue el modelo del Greco en la capilla Ovalle, por lo que la invención de Carbonel pudo estar influida por las preferencias del comitente. En 1620 concertó con su hermano Ginés un pequeño retablo para el convento dominico de Santa Catalina de Sena de Madrid con supervisión de fray Juan Bautista Maíno[18].

 

En 1621 contrataron Carbonel y Cajés una obra de gran envergadura, los desaparecidos retablo mayor y colaterales del convento de la Merced[19], por 12.000 ducados aunque en tasación debía valer no menos de 16.000. En 1622 cedieron el estofado y dorado a Ginés Carbonel y Diego Baeza. Carbonel dio las trazas, que estaban en su poder a su muerte; en 1620 era su oficial el luego famoso arquitecto de retablos Juan Bautista Garrido, que le ayudaría en esta obra; en 1627, después de haberse paralizado algún tiempo el retablo por falta de dinero, se reanudó y se acabó en 1634.

 

Carbonel y Antonio de Herrera se fueron distanciando a partir de la muerte violenta de Gregoria Girón, tanto en el ámbito familiar como en el profesional. Por parte de Herrera es explicable, pues la huída de Carbonel le causó reveses económicos en las obras que ambos escultores tenían en compañía. Herrera garantizó incluso el 4 de abril de 1616 que el retablo del doctor Montalbán no se vería afectado por las deudas de Alonso, aunque él no tenía parte[20]. Su relación con Ginés siguió siendo excelente mientras Alonso estuvo ausente de Madrid, pero se rompió con su vuelta, cuando el pintor, en abril de 1619, se trasladó desde la calle de San José donde vivía la familia Sánchez a la calle del OImo, en las proximidades de la del Ave María donde vivía su hermano[21]. No lo relacionamos con rencillas sobre el reparto de la herencia del padre de Sebastiana y María Sánchez y sus créditos por las obras en el Alcázar, pues en abril de 1619, María cobró la misma cantidad que Sebastiana e incluso antes que ella[22]; en 1633, fallecido Ginés, Alonso Carbonel y Herrera gestionaban juntos la cesión de una libranza de los herederos[23]. Ciertamente, entre los dos escultores habían surgido recelos y enemistades, pero pensamos que no fue el caso del dorador, sino, simplemente, tuvo que elegir entre ambos, pues no era un gran artífice que pudiera sobrevivir en Madrid sin un valedor.

 

En el campo profesional, los choques entre ambos escultores se centraron al principio en obras del Concejo madrileño. Se edificaba la nueva portada del Alcázar que tenía por remate un gran escudo real. Porres y Carbonel denunciaron a fines de 1619 que se oía que Gómez de Mora iba a dar el escudo directamente y sin pujas[24]. Porres siguió adelante con su denuncia en 1620, ahora contra Herrera y otros maestros, pero Carbonel no intervino ni concurrió a las pujas que se desarrollaron a finales de 1621 y comienzos del año siguiente que ganó Antonio de Riera. Peor fue lo sucedido en los festejos de la canonización de San Isidro y otros cuatro santos organizados por Madrid en junio de 1622[25]. Hubo muchas pujas para realizar ocho pirámides según traza de Gómez de Mora y la obra se adjudicó a Carbonel y al dorador Francisco Esteban con participación de Porres. Gómez de Mora tasó la obra, y no sólo no apreció mejoras sino que bajó sobre lo concertado por ciertos incumplimientos. Cuando Carbonel y Porres se comprometieron con la Villa en 1623 para hacer dos historias de su patrona santa Ana a tasación, incluyeron entre las condiciones que no fueran tasadores Herrera ni Gómez de Mora por odiosos; éste escribió al margen del documento que la causa era que les había bajado el precio de las pirámides[26].

 

La buena fortuna de Carbonel con el concejo madrileño derivaba seguramente del éxito obtenido con su traza del túmulo levantado en 1621 en Santo Domingo el Real con ocasión de las honras fúnebres de Felipe III. Gómez de Mora, como maestro mayor de obras reales, diseñó el que se hizo en San Jerónimo el real para las honras de la Corte. Hubo voces que proclamaron la excelencia del primero respecto al segundo, más tradicional, quizá por haber tenido que usar materiales de ocasiones anteriores que condicionaron el diseño[27]. El concejo madrileño ordenó incluso a Juan Escoteno (el flamenco Jan Schorquens) que hiciera una práctica y estampa de ese túmulo[28], aunque no hay más datos sobre el asunto.

 

El retablo de doña Ana Bernaldo de Quirós contratado por Carbonel en 1628 junto con Cajés para la iglesia de Torrelaguna, que subsiste, es, por el momento, la última obra de esta especie en que actuó como contratista; no pasa de ser un hermoso marco para la Asunción del pintor con su banco y sagrario en la parte inferior[29]. Hizo más tarde una traza con una doble propuesta para un destino desconocido, conservada en la Biblioteca Nacional[30]. Recientemente se le ha atribuido la traza del retablo de Santa María de la Almudena, pagado por el rey, que debió de dar en 1637[31].

 

Carbonel aspiraba a conseguir un oficio real y con ello la condición de criado del rey. El 14 de septiembre de 1619 pidió inútilmente servir la plaza de aparejador de Aranjuez junto a la de escultor real sin más gajes que los de la primera; alegaba su participación en el Pardo y en la Encarnación[32]. Antonio de Herrera se le adelantó en la carrera de palacio, pues, tras dos reveses en 1623, consiguió en 1625 la plaza de escultor real[33]. El momento de Carbonel llegó a fines de 1626, en que murió el aparejador de las obras reales Pedro de Lizargárate; varios maestros presentaron memoriales solicitando su plaza. Carbonel, sin demasiado detalle, aludía a sus obras en el Alcázar, el Pardo, la Encarnación y Aranjuez, además de las tasaciones en que había ahorrado mucho dinero a la hacienda real. Gómez de Mora informó que era inexperto en la construcción. Pero el juez de la junta de Obras y Bosques, Mateo López Bravo, recordó sus celebradas trazas de edificios y, sobre todo, el túmulo de Felipe III; además dijo que el candidato de Gómez de Mora, Miguel del Valle, era investigado por ciertos fraudes cometidos en la fachada de Palacio. Su informe fue atendido por la Junta y el rey firmó el nombramiento de Carbonel el 16 de enero de 1627[34]. Gómez de Mora trató de mitigar el contratiempo y consiguió el nombramiento de Antonio de Herrera el 5 de octubre de 1627 para sustituir al otro aparejador real, Juan de Herrera, que acababa de morir[35].

 

En adelante, Carbonel pasó a colaborar de forma principal con Juan Bautista Crescenzi. El noble italiano llegó a la Corte en 1617[36], trazó un proyecto para la portada del Alcázar y con toda probabilidad ideó la decoración interior del Panteón real del Escorial, proponiendo el orden corintio, los mármoles oscuros y el bronce superpuesto, aunque las trazas arquitectónicas con las que se construyó la obra eran de Gómez de Mora, ya que Crescenzi no era arquitecto. Carbonel, tras su nombramiento, pasó a ocuparse del Panteón como sucesor de Lizargárate, y así quedó excluido Gómez de Mora de cualquier iniciativa en aquella obra[37]. En 1628 viajó con Crescenzi a Toledo y Sevilla, donde comienza a utilizar en los documentos el título de “aparejador mayor” y “maestro mayor de los Alcázares”. Durante este tiempo, colaboró con Gómez de Mora y Antonio de Herrera y dio condiciones para obras trazadas por Gómez de Mora en el Alcázar madrileño así como el palacio de la Zarzuela[38]. Tan sólo en 1629, Carbonel y Crescenzi prevalecen sobre el maestro mayor al conseguir el derribo de la parte sobresaliente de la antigua torre del Homenaje o del Sumiller. Esta torre formaba parte del proyecto de portada del Alcázar de Francisco de Mora continuado por su sobrino, con las dos torres antiguas con chapiteles a los lados, que se suprimieron[39].

 

Pero el Alcázar no era el objetivo para el que el conde-duque de Olivares había elegido al italiano y al arquitecto manchego. Crescenzi necesitaba alguien con conocimientos en el campo constructivo y lo había encontrado en el manchego. Ambos contaron con la protección del conde-duque de Olivares, debida más a su falta de sintonía con Gómez de Mora, poco dócil y nada afecto a su persona, que a motivos artísticos. El valido había recabado para sí el cargo de alcaide del cuarto real de San Jerónimo en junio de 1630[40]. Había concebido la creación en aquel lugar de un nuevo palacio destinado al ocio del rey que sería conocido como el Buen Retiro. En octubre, Crescenzi consiguió el nombramiento de superintendente de las obras reales[41]. Inmediatamente, Carbonel solicitaba el título de aparejador mayor de las obras reales con facultad de sustituir al maestro mayor en sus ausencias o enfermedades y con mando respecto a los demás aparejadores[42]. Era un título nuevo, claramente dirigido a perjudicar a Gómez de Mora. Lo firmó el rey en esos términos el 8 de noviembre de 1630. El 5 de diciembre, Herrera renunciaba a su plaza de aparejador solicitando que sus gajes pasaran a su plaza de escultor real[43]. El 26 de diciembre se designaba ayuda de aparejador mayor de Carbonel a Martín Ferrer, especialista en ensamblaje que se convertiría su fiel colaborador, en sustitución de Herrera[44].

 

En 1632 se trabajaba en la ampliación del Cuarto real de San Jerónimo y en una ermita y se ocuparon las zonas anexas de la huerta de los frailes para jardín; una segunda ampliación decidida a fines de 1632 llevaría las tapias hasta la Puerta de Alcalá. El cuarto ampliado incluía una gran plaza, llamada principal, rodeada de cuatro crujías de tres plantas más buhardas con torres en las esquinas, de ladrillo excepto los zócalos y esquinas de piedra. En agosto de 1633 se ordenaba a los Consejos que adornaran el nuevo cuarto de la plaza, que, amueblado lujosamente, se inauguraba con la estancia de la Corte toda la primera semana de diciembre. Se celebraron comedias a cubierto y fiestas de toros al aire libre; contaba con una leonera y un juego de pelota[45]. Consta siempre que se construía con trazas y condiciones de Carbonel, y el conde-duque, agradecido, le designó maestro mayor del Buen Retiro en 29 de noviembre de 1633[46].

 

A partir de 1634, el palacio se acrecentó en torno a otra plaza, llamada grande, al norte de la otra, formada por una crujía común, el cuarto de los Consejos, que sería prolongado para hacer regular esta nueva plaza, de mayores dimensiones que la otra, y tres crujías más contratadas a principio de 1636. Los edificios tenían dos pisos y buhardillas, el primero muy alto, carecían de torres en las esquinas y allí se dispusieron dependencias de muy diverso tipo, incluidas las cocheras, establos y un picadero con un juego de bolos a su costado. Más al norte, hasta la Puerta de Alcalá, se extendía el jardín, que avanzaba hasta el Prado por el oeste, cuya tapia se adornaba con un prolongado cuerpo de arquerías cubiertas -los miradores, construidos ya en 1634- con torrecillas en las esquinas y una puerta de ingreso al jardín; tras los edificios del palacio, hacia el este, el espacio ajardinado avanzaba otro tanto, hasta el camino de Vallecas y terminaba en la cercanía de Nuestra Señora de Atocha. En la Vista del sitio pintada por Jusepe Leonardo (Palacio real de Madrid) se observa que salían ortogonalmente de la fachada del cuarto principal otras cuatro crujías de un único piso cerradas por otra por el lado del Prado, que formaban dos placitas en los extremos decoradas por fuentes y en el centro un camino que unía la portada principal del Palacio con el paseo del Prado.

 

El Buen Retiro era mucho más que sus edificios. Como villa suburbana de recreo, sus atractivos radicaban sobre todo en el exterior, jardines y construcciones de todo tipo destinadas a sorprender, entretener y dar un esparcimiento sereno al visitante, en especial, a aquel joven rey ávido de novedades. Estanques, fuentes y canales, grutas, ermitas con decoración no siempre sacra[47], espacios ajardinados de trazado atractivo y arbolado profuso y exótico trasplantado de Aranjuez o Valencia. Desde el principio se organizaron espacios privados ajardinados para el rey y la reina, y después, el príncipe. En 1632 se empezó a construir un estanque ochavado con una torrecilla en medio con decoración manierista, un jardín y su entorno y una pajarera de tres cuerpos rematada en chapiteles, hecha de hilo de alambre tejido; fue conocida como el Gallinero porque allí se hallaba la famosa gallina blanca tan estimada del conde-duque, curioso asunto que provocó que el real sitio fuera conocido en los primeros momentos con ese nombre[48]. Poco después se empezó a hacer la ermita de San Pablo y estanques de variadas formas unidos por una ría o canal con sus artificios elevadores y niveladores que les surtía de agua, y finalmente un gran estanque iniciado en 1636 que permitía realizar simulaciones de batallas navales. Se edificaron varias ermitas además de la citada, San Juan Bautista, San Jerónimo, luego conocida como San Isidro, la Magdalena, San Bruno y la de San Antonio, la más lograda por su original diseño arquitectónico de palacio en miniatura. Todas estaban terminadas en 1637. A principios de este año, Carbonel abordó dos nuevas construcciones lúdicas de importancia: un salón de baile rectangular cubierto con bóveda decorada con un piso superior recorrido interiormente por una balconada con ventanas detrás y otra hilera de huecos ocupando las lunetas de la bóveda, un efecto semejante al que se había utilizado ya en el Salón de Reinos. Tenía un atrio en los lados cortos. Apenas acabado el que se conoció como Casón, se inicio en su cercanía un Coliseo de comedias, adosado al ángulo que formaban las crujías de levante del cuarto principal y la prolongación del cuarto de los Consejos. El recinto era internamente ovalado y en el exterior tenía balcones. Con esto se acabó su tarea, si bien en 1640 tuvo que restaurar los edificios dañados por un incendio.

 

El Buen Retiro tiene cierto parentesco en su planteamiento de villa campestre con los modelos que existían en muchas cortes italianas. En el jardín puede suponerse una importante intervención de Crescenzi -que murió en marzo de 1635- pero también del conde-duque. Los edificios, por el contrario, responden al estilo castellano de la arquitectura de ladrillo junto con elementos escurialenses, ritmo regular de ventanas y balcones, severas torres con chapiteles y tejados apizarrados; nada hay italiano en este palacio, y los caprichos arquitectónicos asoman apenas en las ermitas y en los tardíos Casón y Coliseo. Todo denota la mano de un Carbonel muy condicionado por los pocos medios y la mucha prisa.

 

A la ingente tarea desarrollada en el Buen Retiro en esta década hay que añadir la labor de Carbonel en la reforma del palacio del conde-duque en Loeches y en la edificación del convento dominico de su fundación a partir de 1633 y hasta 1640[49]. Constituye la muestra más genuina del estilo de Carbonel, al haberse conservado sin apenas modificaciones. Su fachada reproduce en lo sustancial la Encarnación madrileña de Francisco de Mora y fray Alberto de la Madre de Dios, en piedra, con algunos detalles vignolescos en torno a los vanos y pórtico con atrio de huecos de medio punto. El interior era de una sola nave articulada con pilastras que sostienen un entablamento dórico y enmarcan nichos nada profundos. En el crucero, dos grandes balcones con celosías, un elemento muy del gusto del conde-duque; la cúpula encamonada fue posterior al proyecto de Carbonel. Para el convento utiliza el habitual aparejo de ladrillo y reserva la piedra para los zócalos y esquinas; lo más peculiar -que revela las preferencias del Conde duque- son las cuatro ermitas que coloca en el jardín.

 

A partir de una afirmación de Ponz[50], que no desveló su fuente, se atribuyó a Crescenzi la fachada de la Cárcel de Corte. Chueca prefirió atribuirla a Carbonel, atendiendo al estilo ornamental[51] Quedan datos de que se construía según trazas de Gómez de Mora de 1629, si bien existieron intervenciones del alarife y maestro de obras Cristóbal de Aguilera en ese mismo año que dieron lugar a protestas del maestro mayor; en abril de 1635, los embajadores florentinos daban por acabado el edificio y se contrataba en diciembre de 1636 la colocación de cinco esculturas en la fachada. Del Val considera que no se puede defender la participación de Crescenzi, y, por ende, de Carbonel en esta obra mientras no aparezca alguna documentación que lo confirme[52].

 

A partir del momento en que Gómez de Mora fue suspendido en su sueldo y funciones por orden del rey de 16 de septiembre de 1636 y hasta su rehabilitación en 1643, Carbonel actuó como maestro mayor de las obras reales en funciones. El arquitecto manchego dirigía en 1638 dos construcciones trazadas anteriormente por Gómez de Mora, la iglesia del monasterio de Maravillas en Madrid[53] y la Torre de la Parada cercana al Pardo[54]. Ese mismo año dio una traza para la capilla de San Isidro dentro de la iglesia de San Andrés que no se llevó a efecto[55]. A partir de 1639, se ocupó en especial del Alcázar, con la decoración del Salón nuevo; diseña los espejos adornados por águilas que le dieron después nombre y en 1640, Antonio de Herrera elaboró los modelos para su fundición[56]. Dirigía también los trabajos en el inmediato Salón dorado o de Comedias[57] y los del relicario de la Capilla Real, de diseño tradicional pero con gran lujo en los materiales, mármoles, jaspes y bronces[58].

 

La situación política obligó a Felipe IV en la década de los cuarentas a realizar largas jornadas por los territorios de la Corona de Aragón y el arquitecto, cumpliendo sus funciones de ayuda de la furriera encargado de preparar los aposentos reales, se vio obligado a acompañarle durante bastantes meses de los años 1642 a 1646[59]. Durante la jornada de 1642 escribió una carta a un destinatario que hemos identificado con su colaborador el maestro de obras Francisco de Mena, en que se refiere a su temor respecto al ascendiente que iba adquiriendo el conde de Castrillo, encargado de la urgente obra de los corredores de los patios del Alcázar junto con Diego Velázquez[60]. Carbonel consiguió que el rey ordenara en agosto a la junta de Obras y Bosques que su ayuda Martín Ferrer pudiera ejercer las labores del maestro mayor y disponer del dinero de las obras, pero Ferrer murió al mes siguiente. De nuevo obtuvo Carbonel del monarca que diera en octubre título provisional de ayuda de aparejador mayor a su colaborador Francisco de Mena. El arquitecto esperaba que, al llegar a Madrid en diciembre, mejorara su salud y las aguas volvieran a su cauce. Todo lo contrario. El conde-duque fue apartado del valimiento, Mena no consiguió su título y, en cambio, Antonio de Herrera recuperó su antigua plaza de aparejador de las obras reales en enero de 1643 y en junio Gómez de Mora era repuesto en su ejercicio de maestro mayor de las obras reales.

 

La recuperación para Carbonel llegó con el fallecimiento de Gómez de Mora en febrero de 1648, a quien sucedió como maestro mayor de las obras reales pero no de la villa[61]. Con ocasión del recibimiento de la reina Mariana en 1649 trazó y dirigió la construcción de la puerta monumental de madera pintada que se dispuso en el Retiro en su honor[62]; en el ayuntamiento de 21 de julio de 1649 se vio su traza y se aprobó que se hiciera según estaba diseñada[63]. Su obra más importante en estos años fue la finalización de los detalles decorativos del Panteón como los bronces, los sepulcros reales, el suelo, la escalera y su portada y el retablo, todo ello de gran severidad aunque con detalles ornamentales manieristas; el recinto se inauguró en 1654[64]. A pesar de esta importante labor y la desarrollada en las jornadas de Aragón, Felipe IV prefirió a Velázquez y sus trabajos decorativos en el Alcázar y le nombró aposentador mayor en 1652, aunque Carbonel y otros candidatos habían conseguido más votos[65]. Su último trabajo relevante fue el proyecto del retablo para la capilla del secretario real don Fernando Ruiz de Contreras en el colegio de Santo Tomás de Madrid (1654)[66].

 

Murió el 1 de septiembre de 1660, mientras su viuda, que redactó su testamento por poder, declaraba la importante deuda que tenía con él la hacienda real[67]. Como ocurrió con tantos otros artífices reales, era el precio que habían de pagar a cambio de la alta condición social que les confería la condición de criado real. Carbonel comenzó siendo escultor y ensamblador de estilo manierista que evolucionó a arquitecto de edificios en los que no tuvo ocasión de desarrollar sus ideas sino que tuvo que adaptarse a los deseos y prisas de su protector el conde-duque y a economía de recursos habitual en las obras reales.

 

CATÁLOGO DE OBRAS EXISTENTES EN LA COMUNIDAD DE MADRID:

 

– 1611-1617. Retablo mayor de la catedral de Santa María Magdalena de Getafe.

AHPM, prot. 4304.

Pérez Pastor, p. 139. Corella 1973. Blanco Mozo, pp. 57-59.

 

– 1628. Retablo de la capilla de la Asunción en la colegiata de Torrelaguna

AHPM, prot. 1545.

Saltillo (1950), p. 128. Blanco Mozo, pp.253-254.

 

– 1632-1633. Salón de Reinos del palacio del Buen Retiro.

Brown y Elliott 1988; Cruz Yábar 2016.

 

– 1637-1638. Casón del palacio del Buen Retiro.

Blanco Mozo, pp. 606-612.

 

– 1633-1640. Monasterio de la Concepción de Loeches.

Ponce de León 2013.

 

– 1635-1654. Finalización del Panteón real del monasterio de El Escorial.

Bustamante (1992).

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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CRUZ VALDOVINOS, JOSÉ MANUEL, «Oficios y mercedes que recibió Velázquez de Felipe IV», Anales de Historia del Arte 18, 2008, 111-139, traduc, y revisión del artículo del autor publicado como «Incarichi e premi che Velázquez ricivette da Filippo IV» en Velázquez, Roma: Fondatione Memmo, 2001.

 

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JOSÉ MANUEL CRUZ VALDOVINOS

FECHA DE REDACCIÓN: 16 DE DICIEMBRE DE 2019

FECHA DE REVISIÓN: 15 DE DICIEMBRE DE 2019

 

NOTAS

[1] BLANCO MOZO 2002, pp. 13-46. El autor le designa a veces como Alonso Carbonel y Villanueva para diferenciarle de su hijo, pero lo habitual era usar sólo el apellido del padre, o bien el de la madre o incluso un apellido que no fuera ninguno de los dos. El autor proporciona amplios detalles sobre sus ascendientes y familia próxima.

[2] Archivo Histórico de Protocolos de Madrid (AHPM), prot. 2823, f. 835; PÉREZ PASTOR 1914, 97.

[3] BLANCO MOZO 2002, 33, nota 76.

[4] Archivo Histórico Nacional (AHN), Consejos, leg. 24.783.

[5] AHPM, prot. 3625, fs. 203-204. BLANCO MOZO 2002, 75.

[6] La mayor parte de la documentación de este retablo en CORELLA SUÁREZ 1973, 241-245. BLANCO MOZO 2002, 88-103.

[7] BLANCO MOZO 2002, 94-103. Realiza un completo análisis de la evolución retablística en este aspecto.

[8] Ibidem, 80-81.

[9] AHPM, pr. 2648, fs 859.862. BLANCO MOZO 2002, 81-83.

[10] BLANCO MOZO 2002, 83-88.; ALVAR EZQUERRA 2015, 174-178.

[11] CRUZ VALDOVINOS 1989, 199-200.

[12]Sobre estas obras, BLANCO MOZO 2002, pp 117-123.

[13] Ibidem, 128-134.

[14] Ibidem, 135-136.

[15] Sobre este episodio, Ibidem, 104-107. La suposición que formulamos sobre la protección del cura y regimiento getafenses se basa en la larga relación mantenida con ellos por su contrato del retablo, y es muy posible que conociera a su futura esposa Ana de Seseña tiempo atrás.

[16] Supone BLANCO MOZO 2002, 107, que Carbonel volvió pronto a Madrid después de que se le documentara en Albacete en mayo de 1617. Por el contrario, pensamos que no regresó hasta un año después, ya que no se le localiza en los protocolos y la sillería de la Merced debió de ser encargo anterior a su huída.

[17] Ibidem, 142-147.

[18] Ibidem, 148-149.

[19] Ibidem, 185-199.

[20] Ginés Carbonel hubo de dar finiquito y declaración a favor de Montalbán de que todo estaba pagado y que no tenía deuda alguna con él (AHPM, prot. 2758, f. 204), y acto seguido, Herrera garantizó en otra escritura que ese retablo quedaría siempre libre en poder de Montalbán (AHPM, prot. 2758, f. 295).

[21] [21] BLANCO MOZO 2002, 138.

[22] Las cartas de pago de Herrera y Ginés Carbonel son del mismo día en nombre de sus respectivas mujeres, por la misma cantidad, pero el último confesaba que había recibido de su suegra, María Sánchez, un anticipo de 102 reales y 14 maravedís (AHPM, prot. 4856, fs. 388 y 386 respectivamente).

[23] AHPM, prot. 4862, f. 109.

[24] BLANCO MOZO 2002, 162-168.

[25] Archivo del Ayuntamiento de Madrid (AAM), ASA 2-272-30. La interpretación más completa y exacta del documento municipal en BLANCO MOZO 2002, 178-184.

[26] MARQUÉS DEL SALTILLO 1953, 139-142.

[27] BLANCO MOZO 2002, 170-178.

[28] AAM, Libro de Acuerdos del Concejo 39, fol. 59.

[29] MARQUÉS DEL SALTILLO 1950, 128.

[30] Biblioteca Nacional. DIB/16/34/5

[31] CRUZ YÁBAR 2018.

[32] BLANCO MOZO 2002, 147.

[33] Archivo General de Palacio (AGP). Libro de oficiales de manos de la casa de su Magestad. Asiento 24-1-1625.

[34] BLANCO MOZO 2002, 212-219.

[35]AGP., Libro de Cartas acordadas desde 1º de enero de 1627. Junta de Obras y Bosques nº 25, f. 48 v.

[36] La biografía de Crescenzi y los aspectos referidos a su modelo del Panteón, DEL VAL 2016. 183 y ss.

[37] BLANCO MOZO 2002, 246.

[38] TOVAR MARTÍN 1983, 363. El conde duque era alcaide de la Zarzuela y Vacialmadrid, además del Buen Retiro.

[39] BLANCO MOZO 2002, 273-282.

[40] CHAVES MONTOYA 1992, 220.

[41] BLANCO MOZO 2002, 265-266.

[42] BLANCO MOZO 2002, 271-272.

[43]. AGS Casa. y Sitios. Reales, leg. 335, f.106 (antiguo legajo 31)

[44] BLANCO MOZO 2002, 272.

[45] Sobre el primer periodo constructivo del Buen Retiro, CHAVES MONTOYA 1992, BROWN Y ELLIOT 1988 Y BLANCO MOZO 2002, 513-533. A partir de 1634, los dos últimos, en especial BLANCO MOZO 2002, 534 y ss.

[46] BLANCO MOZO 2002, 550.

[47] En la ermita de la Magdalena había un espacio dedicado a Baco (BLANCO MOZO 2002, 585).

[48] BROWN y ELLIOT 1981, 64.

[49] Sobre el monasterio, su iglesia y palacio del conde duque, el estudio más completo en PONCE DE LEÓN HERNÁNDEZ 2013.

[50] PONZ 1776, 84.

[51] CHUECA 1945, 369.

[52] TOVAR 1996, el estudio más completo de la cuestión en DEL VAL 2016, 554-580.

[53] VERDÚ 1993, 129.

[54] BLANCO MOZO 2002, 337-350

[55] CRUZ YÁBAR 2015, 170-174.

[56] CRUZ YÁBAR 2016, 142-156.

[57] BARBEITO 1992, 132-134.

[58] BLANCO MOZO 2002, 360 y ss. CRUZ YÁBAR 2016, 150, nota 32.

[59] BLANCO MOZO 2002, estudia las distintas jornadas a las que acompañó al Rey (1642), 374 y ss, (1643-1644), 379 y ss, (1645), 387 y ss, (1646), 390 y ss.

[60] CRUZ VALDOVINOS 2007, 430-432.

[61] BLANCO MOZO 2002, 400 y ss. Gómez de Mora, a principios de 1648, estando enfermo, solicitó al Concejo madrileño que designara maestro mayor de la Villa a José de Villarreal, como así sucedió

[62] Ibidem, 409-413.

[63] AAM, Libro de Acuerdos del Concejo nº 64, fol. 236.

[64].BLANCO MOZO 2002, 422-433.

[65] CRUZ VALDOVINOS 2008, 133-134

[66] CRUZ YÁBAR 2013, 273-282.

[67] BLANCO MOZO 2002, 448 y ss.

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