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BARTOLOMÉ ZUMBIGO Y SALCEDO

 

Arquitecto, marmolista, cantero y maestro de obras. Toledo, 1620 – Toledo, 1682

 

Bartolomé Zumbigo y Salcedo nació en Toledo en 1620, hijo del marmolista y cantero Bartolomé Sombigo el Viejo, oriundo de Sombigo (Milán), que estaba trabajando en la catedral toledana. Justo después pasó a participar en la obra de mármoles del Panteón de El Escorial, y cuando esta se interrumpió, se estableció en Madrid, donde fue marmolista de las obras reales en el Buen Retiro y el Alcázar. Su hijo mayor Bartolomé le ayudó entre 1647 y 1648 a hacer el chapado de mármol de San Pablo y jaspe de Tortosa de la Pieza Ochavada del Alcázar y desde 1649 hasta 1654 el del Panteón junto con su altar y retablo por modelos de Alonso Carbonel.

 

Este último año falleció Bartolomé Sombigo el Viejo y dejó a sus tres hijos, Bartolomé, Juan y Miguel por herederos[1]. Bartolomé el Mozo obtuvo los oficios de aparejador del real Alcázar de Toledo y de ayuda de trazador de las obras reales para ayudar al maestro mayor, Alonso Carbonel. Sin embargo, el mismo año contrató dos obras para fuera de Madrid que le impedían ejercer el oficio, lo que provocó las protestas de Carbonel, aunque sin resultado[2]. Las obras referidas eran una en Salamanca, donde montó por 12000 ducados los retablos y sepulcros de los condes de Monterrey de Cósimo Fanzago en las agustinas recoletas de su fundación. En 1656 interrumpió su tarea por falta de caudales, aunque siguió vinculado a ella y acabó en 1679[3]. Aún más importante y la de mayor relevancia en su carrera fue la segunda, el revestimiento de mármol y jaspe del Ochavo o capilla de las Reliquias de la catedral de Toledo según el proyecto del hermano jesuita Francisco Bautista y el arquitecto Pedro de la Torre[4]. Debido a su altísimo precio no finalizó hasta 1666, y después prosiguió hasta 1672 en la capilla de la Virgen del Sagrario y su camarín, y el precio ascendió a más de un millón de reales[5].

 

En 1656, liberado momentáneamente de la obra salmantina, pudo contratar otras, como el frontal de altar (desaparecido), gradas, dinteles de puertas del presbiterio y solado de mármoles de la capilla del Santo Cristo en la iglesia parroquial de San Ginés de Madrid. Entre ese año y el siguiente trabajó en varias fuentes: la del Ave María en Madrid, una en la Casa de Campo con su hermano Juan, y con su otro hermano, Miguel, montó las fuentes de Baco y de los Tritones del jardín de la Isla de Aranjuez, hizo su estanque y desagüe, y estuvo también en otra obra en el Buen Retiro de orden de su alcaide, el marqués de Heliche[6]. Para el rico comerciante de caballos don Luis García de Cerecedo, vecino de Aldeavieja (Ávila), hizo la capilla de San José de su fundación en la parroquial de San Sebastián del lugar[7]. Es de planta cuadrada, zócalo de piedra, machones con vaciados en las esquinas, entablamento con cartelas pareadas en el friso, vanos en las lunetas laterales, cúpula sobre pechinas con anillo de cartelas pareadas y recuadros resaltados de yesería en el tambor, fajas y linterna[8].

 

A comienzos de 1657 se obligó junto con Pedro de la Torre a hacer el arco y entierro del rey Pedro I el cruel y su hijo el infante don Juan en un lateral del presbiterio de la iglesia conventual de Santo Domingo el real de Madrid. Costeaba la obra Felipe IV pero los caudales de la hacienda real no estaban disponibles sino en forma de efectos que debían cobrarse de terceras personas, como era habitual, lo que la retrasó. Durante ese año solamente cobraron 500 ducados. Posiblemente por ese motivo el monarca puso a un superintendente al frente de la empresa, don Antonio de Contreras, y los dos contratistas tuvieron que obligarse nuevamente en septiembre de 1659. Las nuevas condiciones imponían que no se pudiera innovar en la nueva traza, que las piedras fueran el acostumbrado mármol de San Pablo y jaspe de Tortosa para fajas y embutidos, pulidos como en el Panteón de El Escorial. En cuanto a su forma, tendría un zócalo de piedra berroqueña con embutidos y fajas de mármol, todo igual que el pedestal que iba encima, en que se decidiría si se ponía un epitafio con codillos y molduras y letras de bronce sobre el mármol de San Pablo. Se alude a basas y capiteles por lo que el cuerpo principal tendría el arco con los dos bultos orantes sujeto por jambas vaciadas, y a un entablamento cuyos modillones serían de alabastro de Aleas, como el resto de adornos de talla. Se mencionan igualmente unos escudos que serían de armas reales e irían en el frontispicio. Recibirían 55 reales por cada pie superficial y tendrían que aprovechar las piezas labradas hasta el momento según la traza antigua; por las desechadas se les pagaría el valor de la piedra y de su manufactura. Se les darían 500 ducados al contado y más dinero según lo fueran precisando. No se puso fecha de término porque se dependía de nuevo para los pagos de efectos que podían salir inciertos.

 

Tres días más tarde Pedro de la Torre cedió la obra a Zumbigo para que la hiciera en solitario a cambio de quedarse con los 500 ducados percibidos en el segundo concierto, y que cobraba Torre por lo que había trabajado desde 1657 hasta entonces[9]. Parece que este se desentendía de la empresa tras dos años y medio en que no habían cobrado más que 1000 ducados y ante la incertidumbre de no poder cobrar más, y ambos maestros harían por este motivo una nueva traza simplificada respecto a la anterior. La situación dio un nuevo giro cuando a comienzos de 1660 hizo una baja Juan de Lobera, aprovechando que llevaba los mármoles de la capilla para el cuerpo de San Isidro, obra supervisada también por don Antonio de Contreras. Bajó de 60 reales en que pensaba que se pagaba cada pie del cenotafio del rey don Pedro –en realidad, 55- a 50 reales, y solicitó cobrar por su asistencia 12 reales diarios como en la capilla de San Isidro. Contreras admitió la baja, pero Zumbigo y Pedro de la Torre –que finalmente no había abandonado la obra- debieron igualarla con algunas condiciones más ventajosas, porque el 4 de marzo de 1660 otorgaron carta de pago de casi 3000 reales, que se sumaban a 1000 percibidos anteriormente y declararon que el sepulcro estaba a su cargo. Se desconoce como transcurrió el resto de la obra.

 

Entre 1661 y 1662 realizó, seguramente por sus propias trazas y con las condiciones del maestro mayor José de Villarreal y certificaciones de su sucesor Sebastián de Herrera Barnuevo[10], la obra de mármol de San Pablo para las fuentes de Hércules y de Neptuno en el jardín de la Isla de Aranjuez. La fuente de Hércules tiene un pie compuesto por cuatro volutas con tarjetas, la taza es de gran movimiento y el pedestal tiene placas recortadas en sus cuatro frentes. Las estatuas que rodean la fuente tienen unos pedestales que tuvieron que cambiarse de tres lados de la traza original a cuatro. En la fuente de Neptuno hizo las volutas y tarjetas de la escultura del remate, de Algardi, y seis pedestales para los morillos del propio escultor boloñés, que la rodeaban[11].

 

En agosto de 1662 concertó con don Juan de Góngora, superintendente de la decoración que costeaba Felipe IV en la capilla de Nuestra Señora de Atocha en su monasterio real de dominicos, el solado de la misma con losas blancas y negras de Portugal. Don Sebastián de Herrera Barnuevo, maestro mayor de las obras reales, dictó las condiciones y los precios. Se le prometió que la hacienda real le pagaría todas las cantidades. Por cada pie cuadrado se le darían 3 reales y 19 maravedís, con 1000 reales en el momento de la firma y después pagas por el mismo valor. Se declaró que ya en 1648 se había rematado por orden real en Zumbigo el solado y se le pagaron algunas sumas pero no se había hallado razón de ellas, lo que certificó el prior dominico cuatro días antes del concierto de 1662. Herrera Barnuevo mediría lo realizado hacía 14 años y se abonaría a Zumbigo lo resultante.

 

Además, a fines de septiembre del mismo año de 1662, Zumbigo se obligó en favor de Felipe IV y don Juan de Góngora a hacer el pedestal del altar mayor de la capilla de Atocha, nuevamente por condiciones de Herrera Barnuevo. Una vez más se prometía que se les pagarían las cantidades estipuladas. El pedestal sería de 6 pies de alto y mármol de San Pablo con tableros en los tímpanos embutidos de jaspe de Cehegín o Tortosa y su moldura en torno a los vaciados. También haría cuatro gradas de 9 dedos de alto de mármol de San Pablo, tres para subir al presbiterio con profundidad de media vara, y una para la mesa del altar y una vara de huella. Zumbigo daría la planta y alzado de todo y acabaría en ocho meses. Se le darían 50 reales por pie superficial.

 

En 1665 trazó por encargo del cardenal don Baltasar de Moscoso y Sandoval, arzobispo de Toledo, el adorno de su sepulcro en la capilla de la Descensión de la catedral de Toledo, y el retablo de San Francisco de Borja para la capilla de Santiago, funeraria del cardenal, hoy en el Seminario Menor de Santo Tomás de Villanueva de la Ciudad Imperial[12]. Es un retablo de gran interés por los festones de los capiteles de las pilastras del primer cuerpo y el tipo de tarjetón central con guirnalda y frutos como marco. Para el siguiente arzobispo, el cardenal don Pascual de Aragón, trazó el convento de su fundación de las capuchinas de Toledo, su otra gran obra[13]. El edificio es austero pero con elementos novedosos, aumentados en la decoración, como las portadas o los retablos, que mezclan rasgos arcaicos con otros de gran originalidad pero que tuvieron poco seguimiento. Él mismo hizo los mármoles y jaspes y en la cantería trabajó a sus órdenes Rodrigo Carrasco, un maestro que tuvo gran peso las dos siguientes décadas en Madrid.

 

En 1666 Zumbigo contrató un gran tabernáculo exento para la urna de mármoles y jaspes que contendría el cuerpo de la venerable Juana de la Cruz en la iglesia del monasterio de franciscanas de Santa María de la Cruz en Cubas de la Sagra, posiblemente bajo la dirección del arquitecto Sebastián de Benavente. Haría la obra en cuatro cuerpos o trozos. El primero iría desde los fundamentos o cepa, que corría por su cuenta, hasta la cornisa que recibía el cuerpo de la venerable, y lo haría con un alma de piedra berroqueña para el mármol negro de San Pablo y jaspe de Tortosa. De estos mármoles y jaspes serían las gradas y frontales de altar. De ahí hacia arriba sería sin alma de piedra sino solo de mármol y jaspes. Desde los pavimentos de los altares se haría de jaspe de Cehegín; éstos llevarían aras consagradas para celebrar misa. A esa altura habría también dos sagrarios de jaspe gateado con las aras en su interior y enfrentados, uno mirando a la nave de la iglesia y el otro al testero, que era también trascoro. Éste tenía forma de portada, de manera que la cornisa que iba encima tenía vuelo suficiente para poner encima el Santísimo Sacramento sobre un ara de jaspe gateado, sin duda porque el retablo mayor no llevaría altar, sino que en su zócalo se abriría la ventana del coro de las monjas. Igualmente había a esa altura sobrepuestos o adornos de mármol blanco, y peanas de jaspe gateado para figuras o imágenes. El segundo cuerpo lo componía la urna y el zócalo de los arcos que servían de pedestales para niños, el tercero los arcos con sus pilastras hasta la cornisa, y el último los remates. Los materiales serían por cuenta de Sombigo, pero no los niños, efigies ni rejas para ver la urna. La obra la haría en año y medio o dos si no llegaran puntualmente las pagas. Se le pagaría a 50 reales el pie superficial; sin embargo se calculaban ya ocho pagas de 2.000 ducados, de los que había recibido ya la primera.

 

La urna quedaba fuera del camarín y retablo mayor, su ubicación habitual, porque la venerable Juana no había sido canonizada, ni tan siquiera beatificada; se encontró una solución situando la urna de mármoles y jaspes delante del retablo mayor y simulando que quedaba encastrado en él. Sin embargo, no debió haber dinero suficiente y las monjas tuvieron que buscar un patrocinador en don Juan José de Austria, medio hermano de Carlos II, quien impondría unos años más tarde un nuevo maestro para la obra interrumpida, Rodrigo Carrasco.

 

Otra empresa muy relevante fue la que hizo desde 1667 para la capilla del Santo Cristo de San Ginés. El 31 de agosto contrató con la real congregación el retablo, custodia, fajas hasta lo alto de la cornisa y solado del presbiterio según la traza y condiciones de ese día de Herrera Barnuevo. Se ha conservado y está hecho en mármol de San Pablo y jaspes de Cehegín. El retablo tiene sus pilastrones y muros y un arco que arranca de la cornisa con cartelas de jaspe. Los elementos de bronce no entraban en su obligación. La custodia, desaparecida pero conocida por un grabado, era de jaspe gateado de Urda y embutido de jaspe de Cehegín. Las gradas son cuatro de mármol con embutidos de jaspe, y la primera tiene dos conchas de mármol que reciben la grada voladiza y hacen de nichos y arcos a las entradas a la estancia bajo el camarín. El solado es de losas blancas y negras ajedrezadas. Acabaría el 1 de marzo de 1669 y cobraría 50000 reales, 11000 al contado, 32000 reales en ocho meses cada paga de 4000 –en dos ocasiones, diciembre de 1667 y febrero de 1668-, y los 7000 restantes al finalizar, con pena de 200 ducados en caso de retraso[14].

 

Los pagos se realizaron con regularidad[15]. Sin embargo, el 3 de julio de 1668 se reelaboró el contrato y Zumbigo contrató unos añadidos trazados por Herrera Barnuevo, todos en mármol de San Pablo y jaspe de Cehegín: el chapado de la bóveda bajo el presbiterio de mármol con embutidos y fajas de jaspe siguiendo la forma de las lunetas y jambas de ventanas de yesería, y los vaciados de las pilastras, enjutas y arcos no se pintarían sino que se embutirían de jaspe y tendrían una faja de mármol como orla. También hizo cuatro repisas con placas recortadas para los ángeles de bronce atribuidos a Adriaen de Vries y una peana para la Virgen de la Soledad situada bajo el santo Cristo. Cobraría 38000 reales, de los cuales recibió 11000 al otorgamiento de la escritura, y como se le debían 23000 reales de la primera, el montante ascendería a 50000 reales[16]. Percibiría 11666 reales y 22 maravedís el 1 de septiembre[17] y otros tantos el 1 de noviembre y el 1 de enero de 1669, y los 15000 reales restantes al acabar[18].

 

En 1670 se obligó a hacer el pedestal del altar mayor de la iglesia parroquial de Vallecas. Tenía que hacerse en la forma del basamento del altar mayor de la iglesia del Colegio Imperial de los jesuitas madrileños, que había hecho él mismo. De ahí que tuviera que trabajar a satisfacción del hermano Francisco Bautista. La planta la recibiría de manos de Pedro y Francisco de la Torre, que estaban haciendo el retablo mayor. También en ese año proyectó las reparaciones y solado del puente de San Martín de Toledo[19] y la iglesia de la Casa Profesa de los jesuitas en la misma ciudad[20].

 

La última década de su vida es parca en obras pero se suceden los elogios hacia su persona. En 1671 fue nombrado maestro mayor de la catedral de Toledo. En un libro de cortes de cantería que escribió siguiendo el de Alonso de Vandelvira, custodiado en la Escuela Superior de Arquitectura, se dice en su prólogo que ““era hombre muy estudioso, de muchas letras, gran capacidad, comprensión e inventiva. Estudió gramática, retórica y filosofía y luego materias de cartabón, alturas, proporciones, etc. todos principios y partes de la Arquitectura”[21]. Además, en 1671 se incendió el monasterio de El Escorial y el fuego dañó gravemente las cubiertas, amenazando con poner en riesgo la estabilidad de la fábrica, pero Zumbigo consiguió hábilmente evitar el peligro y dirigir con acierto la reconstrucción[22], lo que elogió José Jiménez Donoso en un memorial de 1685 para optar a la maestría mayor de las obras reales[23]. Muestra de su prestigio fue su llamada a trazar y tasar en otras obras en Toledo, Guadalajara, Jaén, Marchena y Granada.

 

En 1674 construyó con su hermano Miguel el pedestal de mármol y jaspe del altar mayor del colegio real de la Clerecía jesuita de Salamanca por traza del hermano Bautista y a 55 reales el pie superficial[24]. También en ese año hizo la pila bautismal y dos pilas de agua bendita para la parroquial de Leganés. En su testamento de 1682 declaró que había hecho mármoles y jaspes en el palacio y jardín del Prado de Recoletos del X Almirante de Castilla. Zumbigo falleció ese año en Toledo. Su inventario de bienes demuestra que vivió con mucho desahogo, ya que poseyó casas, tierras, viñas, criados e importantes bienes muebles: pinturas, plata, joyas, muebles, tapices, herramientas y 244 libros, 80 de ellos de arquitectura[25].

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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LLAGUNO Y AMÍROLA, EUGENIO, Noticias de los arquitectos y arquitectura de España desde su restauración, Madrid: Imprenta Real, 1829, t. IV.

 

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SALTILLO, MARQUÉS DE, «Artistas madrileños (1592-1850)», Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, LVII (1953), pp. 138-243.

 

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TOVAR MARTÍN, VIRGINIA, Arquitectos madrileños de la segunda mitad del siglo XVII, Madrid: Instituto de Estudios Madrileños, 1975.

 

CATÁLOGO DE OBRAS MADRILEÑAS

 

– Revestimiento de mármol y jaspe de la Pieza Ochavada del Alcázar (1647-1651)

A.G.S., C.M.C., legs. 756, 1409 y 1878.

AZCÁRATE, p. 370.

 

– Revestimiento de mármol y jaspe, altar y retablo del Panteón de El Escorial (1649-1654)

LLAGUNO, pp. 62 y 151. NAVARRO, pp. 724-728. BUSTAMANTE, pp. 200-201, 207 y 212.

 

– Frontal, gradas, dinteles de puertas y solado de la capilla del Santo Cristo de la parroquial de San Ginés (1656-1657).

Archivo de la Congregación del Santo Cristo de San Ginés.

KREISLER, p. 340. BASANTA, p. 108.

 

– Fuente del Ave María (1656)

A.H.P.T., prot. 3425.

RODRÍGUEZ MARTÍN, p. 150.

 

– Fuente en la Casa de Campo (1657)

AZCÁRATE (1962), p. 544.

 

– Montaje de las fuentes de Baco y de los Tritones en el Jardín de la Isla del real sitio de Aranjuez y construcción del estanque y desagüe para esta (1657-1658).

A.G.P., caja 527-3.

SANCHO (2000a), pp. 348-352.

 

– Obra sin especificar en el real sitio del Buen Retiro y bufetes para la ermita de San Pablo (1657 y 1661)

A.H.P.T. prot. 151.

RODRÍGUEZ MARTÍN, p. 150-151.

 

– Sepulcro del rey don Pedro I el cruel y el infante don Juan en la iglesia del monasterio de Santo Domingo el real (1657-1660)

A.H.P.M., prot. 24878 y 6887. A.H.P.T., prot. 30119 y 32123.

SALTILLO, pp. 149-151. AGULLÓ (1997), pp. 37-38. DÍAZ FERNÁNDEZ (2013), p. 234.

 

– Fuente de Hércules y de Neptuno en el jardín de la Isla de Aranjuez (1661-1662)

A.G.P., cajas 557-1 y 568-4.

SANCHO (2000a), pp. 352-359.

 

– Solado, gradas, pedestal y grada del altar mayor de la capilla de Nuestra Señora de Atocha (1662-1663)

A.H.P.M., prot. 7455.

TOVAR (1975), p. 105.

 

– Tabernáculo y urna de la venerable Juana de la Cruz en la iglesia del monasterio de Santa María de la Cruz en Cubas de la Sagra (desde 1666)

A.H.P.M., prot. 8014.

RODRÍGUEZ MARTÍN, pp. 151-152. AGULLÓ (1997), p. 37. GONZÁLEZ ASENJO, pp. 348-351. CRUZ YÁBAR (2013), pp. 378-381.

 

– Retablo, custodia, fajamientos, gradas, cuatro repisas, peana y revestimiento de la bóveda de la capilla del Santo Cristo de la iglesia parroquial de San Ginés (1667-1668).

Archivo de la parroquia de San Ginés de Madrid, Libro I de acuerdos y cuentas del tesorero. A.H.P.M. 9976.

KREISLER, p. 340. BASANTA, 110. CRUZ YÁBAR (2010), pp. 237-238.

 

– Pedestal del altar mayor de la iglesia parroquial de Vallecas (1670-1671).

A.H.P.M., prot. 10124.

RODRÍGUEZ MARTÍN, p. 152. DÍAZ FERNÁNDEZ (2004), p. 153.

 

– Reconstrucción de las cubiertas del monasterio real de El Escorial (1671-1682)

LLAGUNO, p. 62. FERNÁNDEZ TALAYA y SANCHO.

 

– Pila bautismal y dos pilas de agua bendita para la iglesia parroquial de San Salvador de Leganés (1674-1675).

A.H.P.T., prot. 324 y 325.

RODRÍGUEZ MARTÍN, pp. 152-153.

 

– Obra en el palacio y jardín del Almirante de Castilla en el Prado de Recoletos

A.H.P.T., prot. 32102, fol. 671-678r.

RODRÍGUEZ MARTÍN, p. 28.

 

JUAN MARÍA CRUZ YÁBAR

FECHA DE REDACCIÓN: 12 DE DICIEMBRE DE 2021

FECHA DE REVISIÓN:

 

NOTAS

 

[1] AGULLÓ Y COBO, Mercedes, Documentos…, pp. 151-153.

[2] Aunque a Zumbigo no se le concedió licencia para ausentarse, lo hizo y a pesar de eso, Felipe IV ordenó en 1656 pagarle todo su salario. Hasta 1660 no se eligió a un ayuda de trazador interino, Cristóbal de la Peña (vid. BLANCO MOZO, Juan Luis, Alonso Carbonel…, pp. 403-404).

[3] AGULLÓ Y COBO, Mercedes, Documentos…, pp. 153-154. MADRUGA REAL, Ángela, Arquitectura…, pp. 236-238.

[4] PÉREZ SEDANO, Francisco, Datos documentales inéditos para la historia del arte español. I. Notas del archivo de la catedral de Toledo, Madrid: Imprenta de Fortanet y Clásica Española, 1914-1943, p. 93.

[5] RODRÍGUEZ MARTÍN, El arquitecto…, p. 93.

[6] Hacia 1660-1662 hizo también bufetes para la ermita de San Pablo en el Retiro.

[7] DESCALZO LORENZO, Amalia, Aldeavieja y su santuario de la Virgen del Cubillo, Ávila: Diputación Provincial, 1988.

[8] El chapitel lo hizo en 1657 el carpintero Alonso de Urbina.

[9] Fue testigo el hermano Francisco Bautista.

[10] Habitualmente se atribuyen las trazas a uno de estos dos arquitectos, pero solo pudo ser en la forma general de las dos fuentes; sería entonces Herrera Barnuevo por su perfil de creador de piezas de adorno frente al de maestro de obras de Villarreal, quien recurría a aquel para este tipo de obras.

[11] Un dibujo de Herrera Barnuevo para una estatua de Venus (Courtauld Gallery de Londres) se suele relacionar con la entrada de Mariana de Austria de 1649, pero por el tipo de pedestal y de figura, parecidos a las esculturas de Venus entre el palacio de Aranjuez y la fuente de Hércules, preferimos identificar su ubicación como algún jardín real.

[12] RODRÍGUEZ MARTÍN, El arquitecto…, pp. 141-142. DÍAZ FERNÁNDEZ, Antonio José, «En torno al proceso de caracterización barroca del retablo toledano del siglo XVII», Anales de Historia del Arte, 22 (2012), pp. 103-123.

[13] Vid. al respecto los numerosos e importantes trabajos de Juan Nicolau Castro, así como RODRÍGUEZ MARTÍN, El arquitecto…, pp. 107-133.

[14] A.H.P.M., prot. 9976, fol. 489-500r.

[15] Miguel Zumbigo cobró, por poder de su hermano Bartolomé del 31 de agosto de 1667, las siguientes cantidades (todas las cartas de pago en A.H.P.M. prot. 9976): en 1667 el 5 de septiembre los primeros 11000 reales (fol. 502r) y el 5 de diciembre 4000 reales (fol. 518r); otros tantos el 6 de febrero de 1668 (fol. 541r); el 20 de marzo de ese año 4500 reales (fol. 565r), el 27 de abril 500 (fol. 582r) y el 29 de mayo 3000 (fol. 589r).

[16] A.H.P.M. prot. 9976, fol. 604-604v.

[17] Los cobró el 13 de octubre (A.H.P.M. prot. 9976, fol. 667r).

[18] En su testamento de 1682 declaró que hizo demasías por valor de 16000 reales pero la congregación las redujo a 800 ducados.

[19] DÍAZ FERNÁNDEZ, Antonio José, «El maestro de cantería Rodrigo Carrasco Gallego (c. 1640-1690) y su período toledano», Espacio, Tiempo y Forma, Serie VII, Historia del Arte, 14 (2001), pp. 73-88, espec. 76-79.

[20] RODRÍGUEZ MARTÍN, José María, El arquitecto…, pp. 135-140.

[21] BARBÉ-COQUELIN DE LISLE, Geneviève, El tratado de arquitectura de Alonso de Vandelvira, Albacete: Caja de Ahorros Provincial, 1977.

[22] En su testamento de 1682 declaró que se le habían librado 800 ducados por esta obra (RODRÍGUEZ MARTÍN, José María, El arquitecto…, p. 28.

[23] BLASCO ESQUIVIAS, BEATRIZ, «Sobre el debate entre arquitectos profesionales y arquitectos artistas en el barroco madrileño: las posturas de Herrera, Olmo, Donoso y Ardemans», Espacio, Tiempo y Forma, Serie VII, Historia del Arte, 4 (1991), pp. 159-194, espec. 184-187.

[24] AGULLÓ Y COBO, Mercedes, Documentos…, p. 156.

[25] RODRÍGUEZ MARTÍN, El arquitecto…, pp. 31-70.

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