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Francisco Bautista, Capilla de la Venerable Orden Tercera. Madrid. 1664.
FRANCISCO BAUTISTA

 

Arquitecto y ensamblador. Murcia, 1595 – Madrid, 1679

 

Francisco Bautista nació en Murcia en 1595, hijo de un ensamblador de retablos, Juan Bautista Estangueta, con quien aprendería el oficio hasta los 15 años, en que ingresó en la compañía de Jesús. Lo hizo en el colegio de su ciudad natal como lego o coadjutor para poder servir como ensamblador[1]. Realizó el noviciado durante dos años en Villarejo de Fuentes (Cuenca) y recaló en el colegio de Alcalá de Henares. De él se dijo entonces que era un hombre fuerte, de carácter flemático e insigne escultor y arquitecto[2].

 

Ahí hizo la primera obra de la que se tiene noticia y que es de gran importancia, el retablo mayor colegial, por lo que tuvo que hacer algunos otros en sus etapas murciana y conquense. Es de gran tamaño con tres cuerpos con columnas, tres calles para pinturas y dos entrecalles con esculturas en hornacinas. El primer cuerpo contuvo una custodia en el nicho central y tiene columnas con capiteles del llamado orden del hermano Bautista, de su propia invención, derivado del compuesto clásico, formado por hojas de acanto corintias, dardos y ovas del cimacio jónico en el equino -sin las volutas- y ábaco dórico[3]. El entablamento muestra triglifos dóricos curvos que acaban con gotas en el arquitrabe, elemento conocido pero novedoso en la zona madrileña. El segundo cuerpo es más tradicional, y tiene orden corintio como el remate. En este son interesantes los alargados triglifos del frontispicio curvo, que hace juego en la parte central con los frontones partidos curvo y triangular del primer y segundo cuerpo. Los adornos son florones, pirámides y una tarjeta, y destacan los codillos de los marcos de las pinturas. En general hay una gran variedad de elementos manieristas que animan la estructura clásica. En Alcalá de Henares se le atribuye además el tabernáculo de la iglesia del monasterio de bernardas, fundación del cardenal don Bernardo de Sandoval y Rojas.

 

A continuación pasó a Madrid para trabajar en el Colegio Imperial. Hizo de 1630 a 1633 los retablos gemelos de las capillas del primer tramo de la nave, en los que encontramos rasgos parecidos a los del retablo complutense: columnas corintias, frontones curvos partidos y completos, codillos y pirámides. En el banco hay un sagrario con columnillas. Se conserva el de la Sagrada Familia pero el de la Concepción se perdió en el incendio de 1936. A continuación (1634-39) realizó los colaterales del crucero inscritos en grandes hornacinas; uno de ellos se perdió igualmente en el incendio. Encontramos una vez más el capitel y entablamento característicos de Bautista, presentes también en los sagrarios de estos retablos, que en 1658 se agrandaron haciéndolos avanzar algo por los laterales y la parte superior para rellenar las hornacinas con pilastras y pinturas de santos y de ángeles.

 

La muerte en 1633 del hermano Pedro Sánchez, gran arquitecto de la Compañía en Madrid y antes en Andalucía, hizo que Bautista tuviera que proseguir las obras que este había dejado comenzadas, como el Noviciado madrileño, donde en 1634 dictaminó junto a Giovanni Battista Crescenzi, fray Francisco de San José y Alonso Fernández de forma unánime seguir el costoso proyecto de Sánchez, que es el que se mantuvo, sin perjuicio de que Bautista introdujera probablemente algunos rasgos propios suyos como el capitel y entablamento en la fachada y el interior y la llamada cúpula “encamonada” [4], que aplicó por primera vez en el Colegio Imperial, como veremos[5]. En la iglesia de la casa profesa de San Ildefonso de Toledo, igualmente obra de Pedro Sánchez, encontramos nuevamente los capiteles que hemos visto en Alcalá, tanto en el interior del templo como en la fachada. En esta aparece el entablamento de nuevo orden, con la novedad de los triglifos pareados y haciendo juego con los canes de la cornisa, desarrollados hasta casi formar modillones con esos triglifos.

 

En la fachada del Colegio Imperial madrileño aparecen los mismos rasgos de Toledo pero dispuestos con mayor coherencia. Otro tanto hizo con los capiteles y entablamento del interior de la iglesia, cuyo crucero remató con una cúpula (1638-1640) de nueva invención, denominada “encamonada”. Consistía en disponer camones de madera que se revestían de yeso por el interior y pizarra al exterior. Así se evitaba hacer las cúpulas de piedra, consiguiendo un mismo efecto estético pero abaratando mucho la obra y evitando que el peso provocara resquebrajamientos o incluso el desplome del edificio[6]. Al interior arranca de un anillo similar a los entablamentos ya mencionados y sigue con vanos alternados con dobles pilastras cajeadas y otro anillo con modillones y fajas. En el exterior la forma es octogonal y muestra una robusta linterna.

 

Desde 1640 hizo además el gran retablo mayor colegial. Tenía un pedestal con entradas a la sacristía, primer cuerpo con cuatro columnas gigantes que encerraban nichos para esculturas con codillos y cornisas como en la fachada, y también se repetían de esta los capiteles y el entablamento. En el ático había machones, un gran lienzo del titular San Francisco Javier y los escudos de armas de la fundadora del colegio, la emperatriz María de Austria. En el siglo XVIII Ventura Rodríguez reformó el retablo en estilo clasicista y puso, en el lugar de la gran custodia que ocupaba el nicho del cuerpo principal, la urna de San Isidro, nueva advocación del templo tras la expulsión de los jesuitas en 1767.

 

Los importantes trabajos del hermano Bautista para los retablos y edificios jesuitas hizo que se propagara su fama y que desde los años treintas se le llamara con frecuencia a trazar obras fuera de la Compañía, aunque no trabajar, porque esto solo lo hacía para esta, y de hecho los emolumentos por todas estas intervenciones ajenas los destinaba a pagar de su propio bolsillo las obras que hacía para los jesuitas.

 

En 1639 presentó con Pedro de la Torre, arquitecto con el que colaboró en varias ocasiones, un proyecto para la capilla de las Reliquias o de la Virgen del Sagrario de la catedral toledana que desbancó por su modernidad y gran planteamiento a los ideados anteriormente por los maestros mayores catedralicios, aunque no comenzó a realizarse hasta 1648. Las proporciones son armónicas, con dos cuerpos y media naranja con gran linterna, y los materiales suntuosos (mármoles, jaspes y bronces). Bautista incluyó sus característicos capiteles y entablamento en el primer cuerpo, en cuyos nichos están los retablos-relicarios. El segundo tiene vanos enmarcados por codillos y rematados en frontones curvos y triangulares alternados. Al exterior se mantiene la forma octogonal.

 

Bautista asistió entre 1641 y 1643 en la nueva capilla que se trataba de hacer en honor de san Isidro en la iglesia parroquial de San Andrés. El jesuita ayudó a determinar el emplazamiento, la forma de los cimientos y en la elaboración de condiciones. Además participó en el concurso de 1642 pero sus trazas no resultaron elegidas. Apoyó la vencedora de Pedro de la Torre en cuanto a los costosos materiales y el orden compuesto, así como en no derribar la iglesia de San Andrés, frente a las opiniones de Juan Gómez de Mora, pero después tuvo que admitir que no se podía seguir adelante porque sería necesario el apeo de la iglesia para demoler sus pilares, lo que suponía un coste excesivo[7].

 

En 1641 se derrumbó la nave de la iglesia de San Ginés y, según se ha documentado, si bien la noticia ha pasado inadvertida, se encomendó la traza de la nueva obra a Francisco Bautista y fray Lorenzo de San Nicolás, que también debieron de idear las reparaciones de la cabecera -caída al año siguiente-, la torre y las portadas. El estilo es simple porque la parroquia no disponía de suficientes fondos para afrontar una obra ambiciosa: al interior hay un zócalo de piedra berroqueña, pilastras de orden toscano, entablamento canónico, arcos de medio punto y bóvedas de medio cañón; la escasa decoración desapareció en las reformas posteriores. A los pies está el coro alto que da a la portada de la calle de Bordadores, modificada pero con un eco de los triglifos curvos de Vignola empleados por ambos religiosos que pudo contener. La entrada de la calle del Arenal tiene tres arcos y unos pocos campos relevados. La torre y su chapitel son sencillos, de varios cuerpos.

 

En 1645 viajaron el jesuita y Pedro de la Torre a Segovia para llevar la traza que habían hecho para el retablo de la ermita de la Virgen de la Fuencisla, patrona de Segovia, encargo del obispo don Pedro de Neyla, si bien Torre no lo contrató hasta seis años después. Aunque el diseño muestra abundantes rasgos de Torre, los hay también de Bautista y su retablo mayor del Colegio Imperial. De éste deriva el orden monumental del cuerpo central, aunque el banco sea bastante grande, las desarrolladas orejetas del ático y los pedestales de los ángeles en el cuerpo superior. Los arbotantes en forma de voluta siguen los de la fachada del Gesù de Vignola, un modelo posiblemente aplicado por Bautista. El camarín y el orden corintio eran obligados por la imagen titular de la Virgen[8].

 

Hemos propuesto que el nuevo cardenal de Toledo, don Baltasar Moscoso y Sandoval, protector de Alonso Cano, le encargó un diseño para el trono de plata de la Virgen del Sagrario y su capilla hacia 1646. Francisco Bautista y Pedro de la Torre, encargados del Ochavo, reaccionaron y presentaron al año siguiente, muy poco después que Cano y su socio el platero Joaquín Pallarés, otro proyecto para el trono que, a la postre, resultó vencedor. Lo contrató finalmente el platero genovés Virgilio Fanelli en 1655 y tardó muchos años en finalizarse, al igual que el Ochavo. El trono fue concebido como un tabernáculo de un solo cuerpo formado por dos grupos de cuatro columnas -que se hicieron salomónicas- que sostenían un arco de rayos con la Trinidad en el remate y ángeles por todo el trono. En el pedestal había ángeles músicos y el retrato de Felipe IV, que finalmente sería sustituido por el relieve de la Imposición de la casulla a san Ildefonso[9].

 

En 1647 viajó Bautista a Salamanca para supervisar la obra del real colegio jesuita de la Clerecía, y se le ha atribuido una intervención en la traza del segundo cuerpo de la fachada del templo, por tener su habitual orden compuesto y cartelas a modo de triglifos en el friso[10].

 

En 1653 se contrató el retablo mayor de la parroquial de Orgaz según la traza que habían hecho Francisco Bautista y Pedro de la Torre. Destaca principalmente el entablamento, retranqueado en la parte central, y los recuadros divididos en las enjutas con decoración vegetal[11].

 

Un año más tarde se comenzó la capilla mayor y el crucero del convento de San Basilio, patronato del marqués de Leganés, con trazas de Bautista. En el crucero había una cúpula encamonada, y el alzado sería similar al de San Ginés: zócalo de piedra berroqueña y pilastras con capiteles dóricos, como el entablamento.

 

En 1656 trazó el jesuita el chapitel de la torre de la iglesia parroquial de Navalcarnero. El diseño es muy elegante y complicado, con unos faldones que dan a un primer anillo octogonal, cuerpo con vanos divididos por arbotantes finalizados en bolas con agujas, moldura octogonal, pequeños faldones con cuatro buhardas rematadas en bolas con agujas, más molduras ochavadas y aguja en la cúspide. A continuación haría con Pedro y José de la Torre la traza para el retablo de la capilla de la Concepción, documentado a nombre de estos pero en el que vemos la participación de Bautista por ser la estructura de arco con marco escalonado como los retablos colaterales del Colegio Imperial, y también hay detalles decorativos suyos como los triples roleos superpuestos en el pedestal, bolas con agujas y jarrones.

 

Hemos fechado hacia 1656 una intervención de Bautista en la traza de la custodia de asiento de la catedral de Segovia[12]. La habían contratado los plateros de Madrid Rafael González y Juan de Vergara Costilla en 1654, seguramente según el diseño de ambos. A comienzos de 1656 revisó el cabildo la traza por considerarla ordinaria, y pidió un proyecto para lo que faltaba por hacer a Madrid, de lo que se encargó el jesuita. El primer cuerpo se debe al estilo de Rafael González, algo arcaico, pero el segundo cuerpo y la cúpula son de Bautista: arbotantes con volutas, linterna con pilastras, jarrones y bolas con agujas. Es novedad que las tarjetas remonten el entablamento, y es la primera vez que vemos el empleo de columnas con fustes recorridos por un emparrado que sugiere el efecto de las salomónicas, un recurso que tuvo que estar presente en Madrid ya antes de 1640.

 

En 1658 trazó la remodelación de la iglesia parroquial de Valdemoro, en la que dispuso un zócalo, pilastras con vaciados con los capiteles y el entablamento de su invención, igual que la cúpula encamonada. También proyectó las bóvedas con lunetas, el coro a los pies, la curiosa y sencilla fachada, compuesta únicamente con pilastras de orden gigante que separan tres arcos más el frontispicio triangular y recuadros como decoración, todo como en San Ginés, el pórtico y el último cuerpo de la torre, que incluye vanos con codillos y chapitel con extraña linterna en forma de templete, tal vez modificada.

 

Hemos atribuido a Bautista y Pedro de la Torre el diseño del retablo de la capilla del Sagrario-Cámara Santa de la catedral de Oviedo, conocida actualmente como de Santa Bárbara o de las Reliquias, patrocinado por el obispo Bernardo Caballero de Paredes. Las coincidencias estilísticas con las obras del primero se concretan en la gran custodia que ocupa toda la caja central, al modo del retablo mayor del Colegio Imperial madrileño. La cornisa, muy quebrada, y las hornacinas laterales con esculturas unidas a los recuadros superiores mediante unas tarjas muy abultadas, se observan en Orgaz. La traza la debió llevar a Oviedo el ensamblador José de Huici, oficial de Torre, hacia 1660, que es cuando se contrató el retablo[13].

 

En ese año pidió Antonio de Alloytiz, importante ensamblador vasco muy relacionado con Madrid y concretamente con Pedro de la Torre, una traza para el retablo mayor de la parroquial de Santa María la Real de Azcoitia (Guipúzcoa), y recibió una de Bautista que pudo tener otro destino anterior porque no hay presencia mariana en él. Se halla en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid[14]. El dibujo da buena medida de la capacidad de Bautista como arquitecto y dibujante. Las líneas están trazadas muy precisamente, por contraposición a las más esbozadas de adornos y figuras. Además del gran tabernáculo o expositor en la caja central y el orden gigante, son elementos habituales del jesuita -presentes en los retablos y fachada del Colegio Imperial- las tarjetas y cajas de diferente disposición en las entrecalles y el tipo de codillos en la parte superior de los marcos.

 

En 1662 se empezó la nueva capilla de la Venerable Orden Tercera del convento madrileño de San Francisco por trazas del hermano Bautista. Tiene una sola nave dividida en cinco tramos, el primero el presbiterio con cuatro hornacinas aveneradas para esculturas en las esquinas y bóveda con decoración de yesería en forma de recuadros, el segundo con una estructura similar pero rematado por la media naranja sobre pechinas. Esta tiene un anillo con modillones y fajas dobles que se repiten en menor tamaño a la altura de la linterna. Los tres últimos tramos tienen arcos para altares separados por pilastras con vaciados y bóvedas con lunetas y recuadros simples. El orden de sus capiteles es dórico, y estos se prolongan en los machones de los ángulos de los dos primeros tramos. Recorre toda la capilla el entablamento típico de Bautista. Pieza fundamental es el tabernáculo de gran tamaño y exento en la cabecera, contratado en 1664 igualmente por traza del jesuita. Se trata de una custodia de retablo desarrollada y calada en su cúpula para que la luz de los vanos de la cubierta caiga sobre la escultura del Cristo de los Dolores. El orden es corintio compuesto y la linterna gruesa. El exterior de la cúpula de la capilla recuerda al chapitel de Navalcarnero en algunos elementos; tiene un tambor octogonal de ladrillo con vanos separados por dobles pilastrillas, faldones con buhardas rematadas por bolas con agujas, linterna ochavada con dos molduras y vanos y aguja. La fachada remite a la de San Ginés y la de Valdemoro, con tres arcos, aunque solamente dos pilastras gigantes en los extremos, tres vanos y encima frontispicio triangular.

 

En torno a estas fechas o algo antes proyectó el hermano Bautista la capilla de Nuestra Señora del Buen Consejo en el Colegio Imperial. En ella vemos pilastras en el transepto que se funden con el entablamento dórico como en la V.O.T. La cúpula tiene más interés al exterior, con su típica forma octogonal, incluído el tambor, vanos entre arbotantes como en el chapitel de Navalcarnero y una original aguja por voluminosa con las habituales buhardas.

 

Rodríguez G. de Ceballos le ha atribuido la capilla y el retablo del Santo Cristo en el Colegio Imperial. La capilla tiene una planta sencilla, pilastras, entablamento dórico y la media naranja típicos del maestro, y ha quedado desfigurada por los muchos añadidos de rocalla del siglo XVIII. Es cierto que la estructura del retablo es la habitual en el jesuita, con un arco que entra en el segundo cuerpo y se ve enmarcado por codillos, además de rellenar la hornacina por la parte superior y por los lados, y que las columnas tiene sus típicos capiteles compuestos. Pero parte de la decoración del retablo parece cercana al momento de su contratación (1674) y es más avanzada que la del jesuita, por lo que pensamos que se puede deber a otro artífice. Los intradoses tienen recuadros, los fustes son salomónicos y destacan sobre todo los perfiles de las cartelas del banco, modillones del entablamento y las tarjetas del remate, una con Dios Padre con vides y una concha y otra con el INRI sostenida por ángeles.

 

Bautista se ocupó también de la sacristía del Colegio Imperial, nuevamente con nichos, pilastras vaciadas, entablamento con los triglifos curvos y portadas de granito con codillos. Prosiguió las torres de la fachada, con pilastras y dobles vanos superpuestos enmarcados por orejetas y pilastras con entablamento de su invención, y remate con las esquinas achaflanadas, pilastras cajeadas y vanos con codillos simples.

 

En 1672 hizo escritura en Madrid el ensamblador José de Acedo para realizar el retablo de Nuestra Señora de la Soterraña, patrona de Ávila, en la cripta de la iglesia abulense de San Vicente, como se había convenido con don Sebastián de Briviesca, secretario real, conforme a la planta que estaba hecha y quedaba en poder de Acedo, a satisfacción de Francisco Bautista. Esta última claúsula parece indicar que este fue el tracista, en lo que abunda que Acedo hiciera el retablo del Santo Cristo del Colegio Imperial por estas fechas[15].

 

Hemos atribuido a Francisco Bautista la traza del retablo del colegio real jesuita conocido como la Clerecía. Antes se consideraba su tracista a quien lo ensambló, el riosecano Juan Fernández. Hemos aportado argumentos documentales y estilísticos para señalar a Bautista como su autor. Este tenía relación anterior con la fábrica del colegio salmantino, y trazó el pedestal de mármol y jaspe del retablo, lo que es revelador de su participación en la traza del mismo. El pedestal y el dorado se contrataron en Madrid. Fernández era un maestro joven, barato y más arcaico y no parece lógico que se confiara a él la traza teniendo en Madrid a un tracista tan prestigioso como Bautista. El estilo corresponde a éste en sus retablos del Colegio Imperial y el proyecto para el de Azcoitia[16].

 

Según Tormo y Rodríguez G. de Ceballos, Bautista trazó las portadas y el patio colegiales, en lo que coincidimos. En las portadas hallamos nuevamente los elementos típicos del jesuita: pilastras cajeadas con capiteles dóricos prolongados, entablamento con triglifos curvos y canes alargados pareados, vanos con codillos. La tarjeta principal recuerda la de los retablos del Santo Cristo y de la Clerecía, y la tarjeta superior es como las del segundo cuerpo del patio colegial. A los lados están los escudos de armas de la emperatriz María y de Felipe IV, fundador de los Reales Estudios. El patio tiene en el primer cuerpo arcos, pilastras con vaciados, entablamento con triglifos curvos, y el segundo cuerpo las mismas pilastras pero con vanos con marcos de codillos con cornisillas. Destacan los modillones de la cornisa y alero últimos y las tarjetas en forma de mascarón del segundo cuerpo; sobre las placas recortadas en la clave de los arcos del primero hay unas águilas bicéfalas en alusión nuevamente a la fundadora.

 

Francisco Bautista falleció a finales de 1679 con gran prestigio y el reconocimiento de sus compañeros de profesión. Su honradez y conocimientos hicieron que se le llamara para hacer mediciones, tasaciones e informes constantemente[17]. Según un elogio hecho a su muerte por un jesuita, “adelantó tanto que, ayudándose de libros y escritos de este arte, mediante su gran capacidad y entendimiento, salió tan consumado y superior maestro de todo género de Arquitectura que como a tal le llamaron muchas iglesias catedrales y ciudades para consultar sus fábricas principales”. Ejerció un gran influjo en los edificios y retablos cortesanos a través de sus invenciones.

 

CRONOLOGÍA DE OBRAS MADRILEÑAS

 

– Retablo mayor del colegio de jesuitas de Alcalá de Henares (h. 1625-1630)

ARSI, Toledo, Signatura 8-II.

RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS (1970), p. 420.

 

– Retablos de las capillas de la Concepción y de la Sagrada Familia en la iglesia del Colegio Imperial (1630-1633)

A.H.N., Sección Jesuitas, libro 265.

BONET (1961), p. 294. RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS (1970), pp. 414-415 y 420.

 

– Retablos colaterales de la iglesia del Colegio Imperial (1634-1639)

A.H.N., Sección Jesuitas, libro 265.

RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS (1970), pp. 418-420.

 

– Obras en el Noviciado jesuita (desde 1634)

LLAGUNO, pp. 3-4. RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS (1968), p. 263.

 

– Remate de la fachada del Colegio Imperial (1634)

A.H.N., Sección Jesuitas, libro 265.

RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS (1970), pp. 415-418.

 

– Bóvedas de la iglesia del Colegio Imperial (1634-1637)

A.H.N., Sección Jesuitas, libro 265.

RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS (1970), p. 420.

 

– Cúpula de la iglesia del Colegio Imperial (1638-1641)

A.H.N., Sección Jesuitas, libro 265.

RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS (1970), pp. 420-423.

 

– Retablo mayor del Colegio Imperial (desde 1641)

A.H.N., Sección Jesuitas, libro 265.

RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS (1970), pp. 425-430.

 

– Traza para la iglesia parroquial de San Ginés (1641)

Archivo parroquial de San Ginés.

BASANTA REYES, pp. 73-79 y 81-86.

 

– Traza para la capilla mayor del monasterio de San Basilio (1654)

A.H.N., Sección Clero, leg. 3744.

TOVAR (1975), p. 144.

 

– Traza del chapitel de la iglesia parroquial de Navalcarnero (1656)

Archivo parroquial de Navalcarnero, Libro de fábrica 1642-1715.

CORELLA (1985), pp. 83-85.

 

– Traza para la iglesia parroquial de Valdemoro (1658)

RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS, (1982).

 

– Capilla de la Virgen del Buen Consejo en el Colegio Imperial (1660-1665)

A.H.N., Sección Jesuitas, libro 265.

RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS (1970), p. 431.

 

– Traza para la capilla de la Venerable Orden Tercera en el monasterio de San Francisco (1662)

Archivo de la V. O. T., caja 403.

CASTRILLO, p. 274. TOVAR (1975), pp. 144-149.

 

– Traza para el tabernáculo de la capilla de la Venerable Orden Tercera en el monasterio de San Francisco (1664)

Archivo de la V. O. T., caja 403.

TOVAR (1975), p. 149.

 

– Capilla y retablo del Santo Cristo de la Caridad en el Colegio Imperial (h. 1670-1674)

RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS (1970), pp. 435-436.

 

– Sacristía del Colegio Imperial (1669-1673)

A.H.N., Sección Jesuitas, libro 265.

RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS (1970), p. 432.

 

– Finalización de las torres del Colegio Imperial (1672-75)

A.H.N., Sección jesuitas, libro 265.

RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS (1970), p. 432.

 

– Portadas del Colegio Imperial (antes de 1679)

RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS (1970), p. 442.

 

– Patio del Colegio Imperial (antes de 1679)

RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS (1970), pp. 440-442.

 

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TORMO Y MONZÓ, ELÍAS, «El Hermano Francisco Bautista, arquitecto», Boletín de la Junta de Patronato del Museo Provincial de Bellas Artes de Murcia, 7-8 (1929), pp. 14-74.

 

TOVAR MARTÍN, VIRGINIA, Arquitectos madrileños de la segunda mitad del siglo XVII, Madrid: Instituto de Estudios Madrileños, 1975.

 

TOVAR MARTÍN, VIRGINIA, Arquitectura madrileña del siglo XVII. (Datos para su estudio), Madrid: Instituto de Estudios Madrileños, 1983.

 

JUAN MARÍA CRUZ YÁBAR

FECHA DE REDACCIÓN: 17 DE DICIEMBRE DE 2020

FECHA DE REVISIÓN:

 

NOTAS

[1] BRAUN, Joseph, Spaniens… TORMO, Elías, «El Hermano…», p. 440. AGÜERA ROS, José Carlos, «Sobre el arquitecto…».

[2] RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS, Alfonso, «Francisco Bautista…».

[3] GARCÍA Y BELLIDO, Antonio, «La obra…».

[4] IBÍD.

[5] RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS, Alfonso, «El antiguo noviciado…», p. 260.

[6] Elogiada por fray Lorenzo de San Nicolás en la segunda parte de su tratado Arte y uso de Arquitectura: “…hizo la primera un famoso Arquitecto de la Compañía de Jesús, por nombre el Padre Francisco Bautista, en el Colegio Imperial de su Religión, en su gran fabrica de su Iglesia, que por los malos materiales de esta Corte, fue necesario echarla de madera” (vid. DÍAZ MORENO, Félix, Fray Lorenzo…, p. 740). También aducía como motivos que las paredes fueran poco gruesas y que la piedra era costosa.

[7] Vid. CRUZ YÁBAR, Juan María, «La capilla…», pp. 176-184.

[8] MARCOS, Alberto, «El retablo…». CATURLA, María Luisa «Noticias…». CRUZ YÁBAR, Juan María, «Pedro de la Torre…» (2014), pp. 97-99.

[9] Se abrió una estampa con la traza del trono en 1649, muy anterior a la terminación de la obra, que se envió para hacer por ella el trono de la Virgen de los Ojos Grandes, patrona de Lugo, en su catedral, con el retrato de Alonso VII en el basamento (ABEL VILELA, Adolfo de, «Pedro de la Torre…»).

[10] La bibliografía relativa a la obra del Ochavo es abundante y conocida. Por falta de espacio no la incluimos aquí.

[11] NICOLAU CASTRO, Juan, «El desaparecido…».

[12] Vid. CRUZ YÁBAR, Juan María, «Pedro de la Torre…» (2014), pp. 99-100.

[13] ÍBÍD. pp. 107-109.

[14] También se utilizó la traza para hacer el retablo de la Virgen de la Antigua de Orduña y el mayor del convento de San Francisco de Laredo (vid. CRUZ YÁBAR, Juan María, «Pedro de la Torre…» (2011), pp. 109-112; IBÍD., «Pedro de la Torre…» (2014), p. 98) y BARTOLOMÉ GARCÍA, Fernando R., y ZORROZUA SANTISTEBAN, Julen, «Antonio de Alloytiz…», pp. 144-146.

[15] CRUZ YÁBAR, Juan María, «Pedro de la Torre… » (2014), p. 105.

[16] IBÍD., pp. 106-109.

[17] Ante la imposibilidad de incluirlas aquí por falta de espacio, vid. principalmente TOVAR MARTÍN, Virginia, Arquitectos…, pp. 86-89.

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