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Anasagasti. Obra Completa, Exposición organizada por el Ministerio de Fomento, 2 de diciembre de 2003 - 26 de enero de 2004, Madrid, 2003.
TEODORO DE ANASAGASTI ALGÁN

 

 Arquitecto: Bermeo, Vizcaya, 7 de mayo de 1880 – Madrid, 21 de agosto de 1938.

 

Admirado en sus inicios profesionales por su arquitectura poética y futurista, sincera e innovadora, pero, como decía Luis Moya, dentro de las circunstancias de España, sufrió el olvido de la modernidad hasta que una nueva mirada sobre su obra, a partir de los años setenta del pasado siglo, inició el camino para la recuperación de su memoria. A ello contribuyeron, y no poco, la opinión de sus alumnos, pues Teodoro de Anasagasti “humanizó, actualizó y modernizó el modo de enseñar”[1].

 

De humildes orígenes familiares marineros, en Teodoro Anasagasti la vocación hacia la arquitectura fue una singularidad alimentada, así reconocida por él, por su sensibilidad artística y su admiración hacia las obras que por entonces se llevaban a cabo en su villa natal. Fueron sus padres José Felix de Anasagasti y Nardiz, capitán de marina mercante, y María Luisa Algán Goyenechea, de la misma población, siendo el tercero de cuatro hermanos varones[2].

 

A los dieciséis años se traslada a Madrid para iniciar su formación como arquitecto, asistiendo en paralelo, gracias a la mediación de su paisano Benito Barrueta, al taller del pintor Marceliano Santa María, lo que le marcaría profundamente, pudiendo adquirir herramientas plásticas útiles para su vida profesional, que completaron ya su natural predisposición hacia el dibujo y dotaron a sus proyectos de gran originalidad[3]. Anasagasti mantendría a lo largo de toda su vida una estrecha relación con su “querido” maestro, quién le abrió las puertas al conocimiento de la cultura y la sociedad del momento y al entendimiento de la necesaria integración entre las artes.

 

Compañero de Amós Salvador Carreras, tuvo entre sus maestros a Ricardo Velázquez Bosco, Vicente Lampérez, Luis Cabello Asó o Enrique Fort, enseñanzas que complemento con la consulta de revistas más extranjeras que españolas, especialmente alemanas, como Architekturwelt o Die Architektur, en las que pudo conocer las obras monumentales y expresivas de los arquitectos Hermann Billing y Otto Rieth, que influirían posteriormente en las suyas. En 1905 realiza su proyecto fin de carrera con el tema de una escuela de pintura, escultura y grabado, en el que aún muestra su sujeción al eclecticismo dominante, siendo publicado y comentado en la revista La Construcción Moderna por su director Luis Sainz de los Terreros, quién le llamaría para colaborar en ella.

 

Una vez finalizados sus estudios – obtiene su título el 5 de febrero de 1906 -, Marceliano Santa María le recomienda realizar un viaje por España para conocer su arquitectura, pero tras él acaba estableciéndose en Bermeo, donde es nombrado arquitecto municipal en 1907. Ya antes había comenzado a realizar en esta localidad y su entorno algunos proyectos públicos y particulares, destacando el panteón Erezuma en Mundaca, que remataría en 1913, o las viviendas de las calles Santa Clara y Francisco Ucelay, donde la influencia de Otto Wagner es patente, como señala Emilia Hernández Pezzi. Muy interesante es también la solución que da a la planta baja de las viviendas en la escalinata de Torrontero o el proyecto no construido para un sanatorio asilo de niños pobres y huérfanos, en el que hay una simbiosis entre las propuestas regionalistas y vienesas.

 

La pasión despertada hacia la arquitectura de Wagner y la Secesion le motivó a asistir al Congreso Internacional de Arquitectos de Viena de 1908, viaje que finalmente se malogró por el fallecimiento de su madre. No obstante, siguió atentamente a través de los medios de comunicación el debate en él sobre la modernidad europea, el cuál acabaría también por recalar en la arquitectura española.

 

Esta pérdida familiar propició su salida de Bermeo, presentándose a la convocatoria de la Academia de Bellas Artes de San Fernando para el pensionado en Roma, la que obtuvo, no por ser el único aspirante a las dos plazas, sino por el brillantísimo ejercicio que efectuó, proyectando un congreso de diputados con una bella composición convencional, salvo en uno de los puentes que acompañaban al edificio, donde muestra nuevamente la influencia wagneriana.

 

Durante su estancia en Roma recorre toda Italia y otros muchos países, con el fin de conocer sus manifestaciones artísticas, históricas y contemporáneas, de las cuales da cuenta en sus apuntes y dibujos de esta época. Además, se interesó por la enseñanza en otras escuelas, se mantuvo como corresponsal de la revista La Construcción Moderna, dándole a ésta un enfoque internacional, y participó en numerosos concursos y exposiciones nacionales e internacionales. En todos consiguió un gran reconocimiento público, siendo premiado con la primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1910 con el proyecto de referencias pictóricas para un Cementerio Ideal, con una de las seis medallas de oro en el IX Congreso Internacional de Arquitectos de Roma en 1911, la medalla de plata en el siguiente, el X, celebrado en Leipzig en 1913, y el Gran Premio en la Exposición Internacional de Panamá en 1916.

 

El referido Cementerio Ideal expresa ya su recurso habitual en los proyectos de esta época, contraponer a la horizontalidad del plano los volúmenes prismáticos erguidos, que rodean a la construcción principal. Como lo ha definido Ángel Urrutia, “nace así una composición geométrica de fundamento axial, intemporal y desnuda, a veces integrada románticamente en cimas montañosas”.

 

En colaboración con el escultor José Capuz, también pensionado en Roma, se presenta en 1911 al concurso para la erección de un Monumento a las Cortes, a la Constitución y al Sitio de Cádiz, con un extenso programa escultórico que domina la composición. Al año siguiente volvió a presentarse al Premio Nacional de Bellas Artes, que esta vez perdió, aun cuando tuvo un amplísimo reconocimiento a las obras presentadas, la Villa del César y el Templo del Dolor, consideradas por la prensa como avasalladoras e imponentes.

 

En 1913, el diario El Pueblo Vasco promueve una suscripción popular para levantar en San Sebastián un monumento a la reina María Cristina, encargándole el proyecto a Anasagasti. Éste lo plantea como una exedra alrededor del trono de la reina y entre dos altas torres, que representan a España y la dinastía de los Habsburgo, a la que se accedería por una escalinata, todo en armonía con el paisaje, acentuando las vistas y rechazando los estilos históricos. La composición, clara, sencilla y simbólica, recuerda a algunas propuestas del futurista Antonio Sant’Ellia.

 

Tras concluir su pensionado en Roma, viaja a Dresde, Praga, Viena y Múnich y en octubre de 1914 regresa a Bermeo, cesando al año siguiente en su cargo de arquitecto municipal para trasladarse a Madrid. Su reconocimiento en el ámbito profesional, artístico y académico es extenso, aunque no ajeno también a la crítica, dada la situación de hermetismo en la que se sitúan la mayor parte de los arquitectos, no capaces de aceptar su genialidad innovadora y la carga poética e ideológica de sus proyectos.

 

En 1915 se presenta con el escultor Mateo Inurria al concurso para erigir un monumento a Miguel de Cervantes en Madrid, exponiéndose los anteproyectos en el Palacio de Cristal del Retiro. Ganaron en votos en primera vuelta, pero no en la segunda, cuando se les requirió a todos los seleccionados un proyecto más elaborado, aun consiguiendo que fuera muy bien aceptado por la crítica y el público. Su intención fue ensalzar la lengua castellana y no sólo la obra cervantina mediante una conjunción arquitectónica y escultórica, apostando por un lenguaje moderno.

 

Viaja a Alemania y en la primavera de este mismo año ingresa en el Ministerio de Fomento y en la Escuela de Arquitectura, primero como profesor auxiliar y al poco como auxiliar numerario. El 27 de diciembre contrae matrimonio en la Iglesia de la Concepción de Madrid con Dolores López-Sallaberry, hija del laureado arquitecto municipal José López Sallaberry, uno de los autores de la Gran Vía de Madrid, y de María Monasterio y Arrillaga, hermana del también arquitecto José María. Ofició la ceremonia el hermano del novio Pedro de Anasagasti.

 

En 1917 realiza una primera obra en Madrid, el edificio de viviendas de alquiler de la calle Fuencarral, sobre un proyecto anterior de su suegro y destinado a la alta burguesía. Manteniendo la organización de las plantas, dota a sus alzados del gusto vienés, con esquinas en rotonda, pero no torreadas, prescindiendo de excesos decorativos y consiguiendo el dinamismo con la balconada corrida, balcones y miradores.

 

A instancia también de López Sallaberry interviene en la Gran Vía, construyendo dos edificios de viviendas y unos grandes almacenes. El primero lo lleva a cabo en 1920 junto a López Sallaberry y para el marqués de Cubas y Fontalba, siguiendo la línea del de Fuencarral. El centro del conjunto se reservó para teatro, con gran lujo interior y moderno sistema de instalaciones. El segundo inmueble residencial, en cambio, lo construye sobre un solar perteneciente a su suegra en 1923, cuya fachada mantienes, aunque no así su interior.

 

Más interesantes, por su carácter cosmopolita, son los antiguos Almacenes Madrid-París, que ocupan una manzana completa de la nueva avenida, aun cuando su intervención se centró en modificar un proyecto que venía de Francia, al parecer del arquitecto Charles Siclis, y dirigir las obras. A los madrileños les impresionaron sus escaparates, sus amplias escaleras, su amplísimo salón de té, con capacidad para seiscientas personas, sus elegantes interiores, que comercialmente colocaban a Madrid al unísono del resto de capitales europeas. En 1933 el propio Anasagasti se ocuparía de reformar el edificio, tras cesar su actividad comercial, modificando y elevando sus plantas superiores y suprimiendo sus torres esquineras, además de realizar un cine en los bajos, cerrando los soportales. Aquí propuso la partición del espacio para ubicar un gran vestíbulo, sala de doble altura y al fondo aseos, servicios auxiliares y salida de emergencia hacia la calle Desengaño. Lo más interesante era el vestíbulo, en el que hábilmente integró los pilares intermedios para la vitrina con los fotogramas, la taquilla y un espejo con fuente Arte Déco.

 

A partir de 1918 el reconocimiento profesional se traduce en sucesivos cargos, tesorero de la Sociedad Central de Arquitectos, presidente de la sección de arquitectura del Círculo de Bellas Artes, arquitecto conservador del Monumento a Alfonso XII en el Parque del Retiro de Madrid, jurado en las oposiciones al pensionado de Roma, secretario de redacción de la revista La Construcción Moderna o director artístico del taller de hierro forjado Gabriel Asins en 1923. También prosigue su carrera académica en la Escuela, siendo nombrado en 1923 catedrático numerario de historia de las artes plásticas y arquitectura, que dos años más tarde permutaría por la de la asignatura de copia de conjuntos arquitectónicos.

 

En 1916 había ganado el concurso para la realización de las oficinas de correos en Málaga, en las que apuesta por el regionalismo frente al historicismo, línea que sigue en el Parque Municipal de Mieres tres años posterior. Aquí plantea un trazado de senderos sinuosos, con un lago artificial, cascadas de rocalla y vegetación distribuida libremente. Para el quiosco de música, las tribunas cubiertas del estadio de fútbol y la puerta de entrada diseñó unas rejerías con decoración naturalista.

 

También en Mieres lleva a cabo la colonia de Casas Baratas en 1920, finalmente para 52 hogares, la cual le dio la oportunidad de materializar su preocupación por la vivienda obrera, mejorando las condiciones sanitarias y su comodidad, que entendía el arquitecto como un derecho. Dos años más tarde construye en esa localidad la regionalista Casa Vigil, levantada sobre un basamento rústico de piedra, y sin salir de Asturias plantea en 1924 el plan de ensanche de Oviedo, cuyos planos fueron exhibidos en el I Congreso Internacional de Urbanización de Madrid de 1925. En él se distingue una avenida central en quiebro, a lo largo de la cual se suceden hasta cinco plazas públicas, jugando con la perspectiva. Aunque el plan llegó a aprobarse, Anasagasti y su socio el ingeniero Rogelio Sol se vieron obligados a renunciar, por lo que no se llegó a ejecutar.

 

De 1921 es la intervención de Anasagasti en el Carmen del pintor José María Rodríguez Acosta en La Alhambra de Granada, ya iniciado por el arquitecto Ricardo Santa Cruz en 1916. Sin embargo, el artista propietario vio en el arquitecto vasco a quién mejor podría materializar su edificio, conociendo sus visiones pictóricas o su apuesta por la carencia de estilo. Aunque la relación clientelar se rompió dos años después, hay que atribuir a Anasagasti el juego de masas de las construcciones, su silueta pintoresca y su dinamismo de líneas.

 

No olvida su tierra y sigue realizando distintos proyectos en ella, como su participación en 1919 en el concurso para la Casa de Correos de Vitoria, el monumento funerario Arrotegui en Busturia de 1920, el camarín para la Virgen en el Santuario de la Antigua de Orduña o un proyecto de cine en Sestao no ejecutado, estos últimos de 1922.

 

Borrosa queda su condición de pionero de la arquitectura cinematográfica, por haber desaparecido o hallarse muy mutilados los proyectos que a este propósito realizó, pero a la que dotó de su propia tipología y estructura, adquiriendo el hormigón armado un papel esencial. De este modo apuesta por este nuevo material, por muchos detractado, en el que visualiza su enorme recorrido y su incidencia en el lenguaje arquitectónico.

 

El primero, el Real Cinema, se fecha en 1919, siendo muy admirado por intelectuales, como Ramón Gómez de la Serna, por dar fisonomía a un nuevo tipo de espectáculo, para el que ya se adivinaba un fructífero y largo futuro. Anasagasti se ocupó de distanciarse de los requisitos del teatro, que fue el primer espacio al que se asemejó, tratando de darle un carácter propio y digno, que se adaptara mejor a su programa.

 

En 1922 la misma empresa Sagarra, propietaria del Real Cinema, le encarga el Teatro-Cine Monumental en la Plaza de Antón Martín de Madrid, cuyo aforo de casi 3.000 localidades superaba los usuales en la época. Para lograrlo saca el máximo partido a las características del hormigón armado, tanto estéticas, dejando vista la estructura, como mecánicas, aligerando la sección de los soportes y su número. De este modo, la sala contaba con una gran diafanidad, siendo modelo para su época, a lo que se unió una sencilla decoración con fuerte presencia del color, que, con la geometrización espacial, expresaban la asimilación de las nuevas tendencias Art Déco. Además, sus condiciones acústicas favorecían su uso para conciertos. En sus fachadas, hoy transformadas, también destacaba el empleo del color y la geometría del referido estilo, con triple entrada con arcos, marquesina curva de losas de hormigón y cuerpo volado a modo de mirador en el tercer nivel, además de torres laterales.

 

Tres años más tarde concluye el Teatro-Cine Pavón, destinado a variedades, más parecido al Real Cinema por su aforo y su torre presidiendo la fachada, tributo a su admiración por la arquitectura vienesa de Wagner y Hoffmann. Sobre un solar en esquina distribuye su planta, situando en las fachadas en L los vestíbulos, escaleras y otras dependencias complementarias para dejar el resto de la superficie a la sala de más 1.200 espectadores. Como estructura vuelve a emplear el hormigón armado, en pro de su mayor diafanidad.

 

Por entonces realiza uno de sus edificios mejor conservados, la Iglesia anglicana de San Jorge en Madrid, cuyo esquema de planta responde a la tipología tradicional de templo de una sola nave, paralela a la dirección norte-sur, crucero y cabecera poligonal, donde se encuentra el altar elevado. A su izquierda se sitúa la sacristía, mientras que la torre cuadrada se dispone, singularmente, en el ángulo exterior que forman la nave y el brazo derecho del crucero, y junto a ella un atrio para proteger la entrada lateral, que es también la principal. La edificación es casi exenta en un reducido solar rectangular, quedando separado de la vía pública por un jardín.

 

La fisonomía de la Iglesia se distingue por su monumentalidad urbana, a pesar de su reducida escala, y su sinceridad estructural, con paramentos enfoscados blancos y detalles decorativos de ladrillo visto en machones, arcos, cornisas, e incluso en el remate de la torre, con arquillos polilobulados, que delatan la reciente influencia regionalista recibida por el arquitecto tras su experiencia en Andalucía.

 

En 1928 presenta dos propuestas para el concurso internacional de Monumento a Cristóbal Colón en Santo Domingo, un faro de líneas expresionistas, y al año siguiente se fechan las dos propuestas de casas baratas en Irún dentro de las premisas de la ciudad-jardín, unas viviendas económicas en las zonas conocidas como Lapice y Anaka, siendo éstas de mayor calidad, pero unas y otras con una pintoresca solución regionalista vasca.

 

Tanto en la iglesia anglicana, como en sus viviendas económicas, Anasagasti se encaminó hacia la arquitectura popular, demostrando su interés por el pensamiento de John Ruskin y William Morris como alternativa al historicismo y a las modernas vanguardias, de un modo sencillo y modesto, racional y funcional. Este alineamiento con lo popular sería heredado por su discípulo Fernando García Mercadal, quién buscó su conciliación con el Movimiento Moderno.

 

La citada vocación temprana por la difusión arquitectónica tiene su continuidad como miembro del consejo editorial de la revista Arquitectura en 1926 y al año siguiente jefe de su redacción, para fundar su propio pero efímero periódico decenal ANTA en 1932, y eso sin abandonar La Construcción Moderna, de la que es nombrado director al año siguiente. En cuanto a la revista ANTA, ésta pretendía tener un carácter abierto a la sociedad, fomentando el debate público, con espacios para estudiantes y asociaciones municipales. Fue un intento de democratizar la arquitectura que concluyó demasiado pronto, a juicio de Hernández Pezzi, por su carácter excesivamente ambicioso y en este sentido por la falta de una línea temática principal.

 

El interés por mantenerse actualizado en los avances arquitectónicos y profesionales se observa también en su participación en los congresos nacionales de arquitectura, celebrados en Barcelona en 1922, en Santander en 1924 y en Santiago de Compostela en 1927, formando parte de la comisión ejecutiva del último, junto con Antonio Palacios. Además, en 1926 asiste al I Congreso de Urbanismo, firmando algunas de sus conclusiones, y al año siguiente viaja a Holanda para asistir al XI Congreso Internacional de Arquitectos, en el que presenta la ponencia: “Desarrollo artístico de la arquitectura a partir de 1900”.

 

Dentro del nuevo rumbo regionalista de su obra habría que citar en Jerez de la Frontera el Teatro Villamarta, encargado por el marqués de este apellido en 1926, quien lo concibió como un elemento singular en la escala urbana. Para conseguirlo recurrió al movimiento de líneas y volúmenes, pero sin perder su sujeción al carácter que imprimen las dos torres de su fachada, que aluden a su proyectado monumento donostiarra.

 

En esa ciudad andaluza llevó a cabo varios edificios de viviendas, uno para Luis de la Calle en 1927 en la Plaza de las Angustias, que se distingue por un singular mirador y espadaña curva en el chaflán, y otro para Rogelio Mayol en la calle de Armas al año siguiente, con patios con lucernarios. También reformó la fachada del casino La Gran Peña, en el que sigue explorando las posibilidades estéticas del ladrillo e intervino sobre los restos del antiguo Alcázar, que eran de propiedad particular, salvando lo posible de la obra primigenia e introduciendo nuevos edificios de viviendas con un lenguaje moderno para distinguirlo de la ruina.

 

1927 fue un año fructífero, pues es nombrado arquitecto conservador de la Capilla Real de Granada, presidente de la Sociedad Central de Arquitectos e incluso en lo político miembro de la Asamblea Nacional, durante la dictadura del general Primo de Rivera y en representación del gremio de arquitectos. Incluso es el año que obtiene la cátedra en la referida asignatura “Copia de conjuntos” de la Escuela de Arquitectura de Madrid, sucediendo en esta plaza a su suegro López Sallaberry tras su fallecimiento el 22 de junio. No sería su cátedra definitiva, pues en 1933 accedía a la de Proyectos Arquitectónicos de segundo curso.

 

La desaparición de José López Sallaberry también dejó vació su sillón de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, para el que sería elegido Anasagasti. Fue una elección no exenta de polémica, que había necesitado hasta cuatro votaciones, pero el 24 de marzo de 1929 pronunciaba su discurso de ingreso en la Academia sobre la arquitectura popular, siendo respondido por su maestro Marceliano Santa María. Desde la Academia, su actividad se centró en la defensa del patrimonio y su preocupación por su restauración, con posiciones cercanas a Camilo Boito, cuando seguían dominando las teorías seguidoras de Viollet-le Duc.

 

En el referido año de 1927 participa en la Exposición Internacional de Artes Decorativas de París con una capilla o altar junto al escultor José Capuz y dos años después en la Universal de Barcelona, realizando el pabellón de Cementos Hispania Kerament. Viaja a Francis y Marruecos y todavía encuentra tiempo para trasladar su residencia familiar y estudio a un hotel por él proyectado en el Paseo de Rosales, que desaparecía durante la Guerra por hallarse en primera línea del frente. Esta desgraciada circunstancia le obligó a trasladar su domicilio al Paseo de la Castellana, aunque, cuando los bombardeos lo permitían, volvía a ella para recuperar apuntes y dibujos, como ha señalado María Díez Ibargoitia. La pérdida de su hogar, en que tantos recuerdos dejaba de feliz ambiente festivo, afectó profundamente al arquitecto.

 

Se trataba de una casa de cuatro plantas en un solar estrecho, pero al que dotó de grandes ventanales para llevar la luz al interior, complementándolos con un patio y un lucernario para la escalera principal.

 

Anasagasti mantiene estos años previos a la contienda su producción residencial, proyectando en 1929 en Madrid el edificio de la calle Alonso Cano de Madrid, con una racional solución en planta y alzado, y al año siguiente el del marqués de Olaso, situado en el Paseo de la Castellana y caracterizado por su adopción del gusto burgués, tanto por su programa como por sus referencias formales hacia el historicismo. Mayor austeridad presenta el de la calle Fray Luis de León, de viviendas modestas, destacando sus singulares cuerpos verticales de miradores de planta triangular, y el de la calle Vallehermoso, fechado en 1935, en este caso con terrazas en L en su esquina, con influencia en obras posteriores de otros arquitectos.

 

En cuanto a las viviendas unifamiliares que lleva a cabo estos años destaca la Casa Erezuma de la calle Bosque de Madrid, fechada en 1934, en la que destacan sus decoraciones con el propio ladrillo, aprovechando distintos aparejos y demostrando sus posibilidades en un lenguaje atemporal.

 

Con ocasión de crearse el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, participa en 1930 en la primera asamblea constitutiva y al año siguiente se inscribe como colegiado, formando parte en 1932 de la Asociación Madrileña de Arquitectos e Ingenieros. En 1934 el Ministerio de Agricultura, Industria y Comercio le nombra vocal de la Junta Facultativa de Construcciones Civiles.

 

Anasagasti también se distinguió como aplaudido conferenciante, en muchas ocasiones en el Ateneo de Madrid, y como escritor, pues además de sus números artículos en revistas y prensa, publicó en 1923 el libro: La enseñanza de la arquitectura, cuyas propuestas fueron tachadas de revolucionarias y vanguardistas por muchos profesores, pues abogaba por enseñar a observar e investigar y por el dibujo libre como expresión personal. Ocho años más tarde veía la luz otra obra: Hundimientos. Grandes estafas de la construcción, criticando la especulación, la crisis obrera y la situación de la profesión, y en 1932, con varios compañeros, Saturnino Ulargui, Otto Czekelius, José Fonseca, Agustín Chávarri y Felipe de Lazcano, El Futuro Madrid, en el que critican acusadamente el reciente Plan de Extensión y Extrarradio de la ciudad.

 

Iniciada la Guerra, Anasagasti asumió la jefatura de la Oficina Técnica del Servicio de Socorro de Bombardeos, de la que llegaron a formar parte más de dos mil arquitectos, ingenieros, aparejadores, peritos y distintos oficiales. Dependiendo del Comité de Reforma, Reconstrucción y Saneamiento de Madrid, presidido por Julián Besteiro, Anasagasti pasó los dos últimos años de su vida limpiando escombros, liberando a la gente atrapada, apeando edificios y dibujando con su mirada expresiva los desastres de la Guerra.

 

Mientras preparaba dos publicaciones sobre el arquitecto Juan de Herrera y sobre refugios, en el verano de 1938 contraía unas fiebres infecciosas que propiciaban su ingreso en una clínica madrileña, de la que no saldría, falleciendo el 21 de agosto. De su matrimonio con Dolores López-Sallaberry dejó cinco hijos, María Luisa, Ricardo, José María, Rafael y Jesús, aunque éste había fallecido ya, el 9 de febrero de 1935 con diez años y de rápida enfermedad, causando un profundo e irreparable dolor en la familia.

 

Con Teodoro de Anasagasti desaparecía una de las figuras clave para hacer posible la transición del eclecticismo a la modernidad, y quizás en esta circunstancia reside la incomprensión de sus contemporáneos y de las inmediatas generaciones.

 

CRONOLOGÍA DE OBRAS EN MADRID

 

1915

 

Anteproyecto para un monumento a Miguel de Cervantes, Madrid, con el escultor Mateo Inurria.

 

1917

 

Anteproyecto para la ampliación del Monte de Piedad, Plaza del Celenque, Madrid

 

Proyecto para Almacenes Generales de Depósito, Paseo de las Acacias, Madrid, con el ingeniero Juan Pradillo de Osma (Archivo de Villa de Madrid 22-181-26)

 

Viviendas para don Luis Castañares, calle Fuencarral, 107, Madrid, con José López Sallaberry (Archivo de Villa de Madrid 22-188-27 y 22-192-51)

 

1918

 

Reforma del Teatro Martín, calle Santa Brígida, 3, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 22.190-82)

 

1919

 

Teatro-Cine Real Cinema para la empresa cinematográfica Sagarra, Plaza de Isabel II, 6, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 27-290-10)

 

1920

 

Reforma del Teatro Príncipe Alfonso para la empresa cinematográfica Sagarra, calle Génova, 20, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 23-280-63)

 

Reforma y conclusión de viviendas para don Federico Power, calle Diego de León, 49, Madrid.

 

Edificio Fontalba para el marqués de Cubas y Fontalba, calle Gran Vía, 30, con José López Sallaberry

 

Ejecución del proyecto de los Almacenes Madrid-París, calle Gran Vía, 32, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 16-111*-37; 16-111-36)

 

Ampliación del Convento y Colegio de las Siervas de María, Plaza de Chamberí, 6-7, Madrid.

 

1922

 

Viviendas para el conde de Godó, calle Gran Vía, 44, Madrid, con José López Sallaberry (Archivo de Villa de Madrid 20-451*-21 y 22)

 

Monumental Cinema, calle Atocha, 65, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 23-182-20)

 

1923

 

Reforma del Teatro Novedades para Victoriano Sobera, calle de Toledo, Madrid

 

Viviendas para doña María Monasterio y Arrillaga, calle Gran Vía, 36, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 15-32*-39)

 

Cine Cisne, luego Chueca, para Luis Rubio Amoedo, Plaza de Chamberí, 8, Madrid

 

Reforma de vivienda para don Torcuato Luca de Tena, calle Ayala, 11, Madrid.

 

1924

 

Nave para almacén de muebles para don Joaquín Ruiz-Jiménez, calle General Pardiñas, 25, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 24-144-41)

 

Iglesia anglicana de San Jorge, calle Núñez de Balboa, 43, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 44-199-2)

 

Teatro-Cine Pavón, calle Embajadores, 11, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 44-126-2)

 

1925

 

Anteproyecto para el concurso de la sede de la Compañía Adriática de Seguros, Plaza del Callao, Madrid

 

Proyecto del Salón de Baile Palestra, calle Santa Isabel, Madrid

 

1926

 

Ejecución de la fachada de la Sede de Prensa Española, Paseo de la Castellana, y calle Serrano, 55, Madrid, con proyecto de Aníbal González (Archivo de Villa de Madrid 44-74-12; 7-90-59; 42-441-27)

 

1927

 

eforma de viviendas para don José Gómez-Alfaro, calle Preciados, 24, Madrid Vivienda y estudio Anasagasti, Paseo de Rosales, 74, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 12-261*-21)

 

1929

 

Viviendas para don Luis Garrido, calle Alonso Cano, 51, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 44-37-9)

 

Proyecto de adecuación del antiguo palacete de don Jaime Ceriola para Escuela de Reforma Santa Rita de los Padres Terciarios Capuchinos, FALTA, Carabanchel Bajo, Madrid

 

Proyecto de Panteón para los Padres Terciarios Capuchinos, Carabanchel Bajo, Madrid.

 

Viviendas para don Roberto Pintos y don Santiago Garriga, calle Fray Luis de León, 12, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 7-320*-5)

 

1930

 

Viviendas para el marqués de Olaso, Paseo de la Castellana, 20 c/v Marqués de Villamagna

 

Ampliación de oficinas y talleres en la sede de Prensa Española, Paseo de la Castellana, Madrid, con José María Castell.

 

1931

 

Viviendas para don Melecio Rojo, calle Amaniel, 5, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 27-301-14)

 

1932

 

Viviendas para don Ricardo Zofio, calle Gaztambide, Madrid

 

1933

 

Vivienda unifamiliar para don Ricardo Zofio, calle Joaquín María López, 9, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 42-377-16)

 

Reforma de los Almacenes Madrid-París y Cine, calle Gran Vía, 32, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 23-182-24; 26-396-114)

 

1934

 

Casa don José María Erezuma, calle Bosque, 29, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 43-444-7)

 

Reforma de bar, calle Alberto Aguilera, 35, Madrid

 

1935

 

Viviendas para don Esteban Velasco Jiménez, calle Vallehermoso, 100, Madrid

 

Cine Gong, calle Marqués de Cubas, 11, Madrid

 

Viviendas para doña María Zofio, calle Gaztambide, 62, Madrid (Archivo de Villa de Madrid 42-349-54)

 

BIBLIOGRAFÍA

 

AA. VV., Arquitectura del Movimiento Moderno. Registro DOCOMOMO Ibérico, Barcelona: Mies, Docomomo, 1996.

 

ABRIL, MANUEL, «El arte de Anasagasti», Gran Mundo, 2 (1914), pp. 23-27.

 

ALCÁNTARA, FRANCISCO, «La vida artística: Anasagasti, constructor y teorizante. El Monumental Cinema y la enseñanza de la arquitectura», El Sol, 25 de octubre de 1923, p. 6.

 

ANASAGASTI, TEODORO DE, «Teodoro de Anasagasti Algán», Arquitectura, 240 enero-febrero (1983).

 

ANASAGASTI, TEODORO DE, «Antología incompleta de la obra deAnasagasti y catálogo de proyectos y obras», Arquitectura, 240, enero-febrero (1983), pp. 14-17.

 

ANASAGASTI, TEODORO DE, «Teodoro deAnasagasti y Algán (1880-1938), un espacio entre el historicismo y la modernidad», Arquitectura, 240, enero-febrero (1983), pp. 10-13.

 

ANASAGASTI, RAFAEL «A la memoria de Teodoro Anasagasti y Algán, Arquitecto (1880- 1938), Jefe de la Oficina Técnica de Socorro de Bombardeos», Gaceta del Museo Municipal de Madrid (1986), pp. 63-70.

 

TEODORO DE ANASAGASTI, Arquitectura popular. Discurso de D. Teodoro Anasagasti y contestación del Excmo. Sr. D. Marceliano Santa María […], Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 1929.

 

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MIGUEL LASSO DE LA VEGA

FECHA DE REDACCIÓN: 12 DE DICIEMBRE 2020

FECHA DE REVISIÓN:

 

NOTAS

[1] Así lo expresaba Fernando García Mercadal en 1981.

[2] Su hermano Pedro fue canónigo de la Catedral de Vitoria y luego de Madrid y su hermano Victorio, asentado también en esta ciudad, sería un poeta y escritor taurino con cierto reconocimiento. José, el otro hermano, fue ingeniero industrial y permaneció en el País Vasco, falleciendo en Villafranca de Oria (Guipúzcoa) el 14 de noviembre de 1935.

[3] La mejor monografía sobre la vida y obra de Teodoro de Anasagasti sigue siendo el catálogo de la exposición del Ministerio de Fomento de 2003. Ver: EMILIA HERNÁNDEZ PEZZI (dir), Anasagasti. Obra completa, catálogo de exposición, Madrid, Ministerio de Fomento, 2003. En él se incluye un excelente estudio biográfico realizado por la propia directora del catálogo, Hernández Pezzi, que ha sido guía para la redacción de este texto. EMILIA HERNÁNDEZ PEZZI, «Anasagasti: vida y obra», en EMILIA HERNÁNDEZ PEZZI (dir), Anasagasti. Obra completa, catálogo de exposición, Madrid, Ministerio de Fomento, 2003, pp. 24-145

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