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Retrato del arquitecto Miguel Aguado de la Sierra
MIGUEL AGUADO DE LA SIERRA

 

Miguel Aguado de la Sierra, Madrid 1842 – Madrid 1896.

 

Miguel Aguado de la Sierra obtuvo el título de arquitecto en 1866, en la Escuela Especial de Arquitectura de Madrid. Tras terminar la carrera, trabajó en el estudio Jerónimo de la Gándara y perfeccionó sus conocimientos en una estancia en Roma[1].

 

Heredado de su maestro, sus obras, tanto escultóricas como arquitectónicas, manifiestan un depurado clasicismo neogriego y son de una excelente calidad[2]. Desgraciadamente, no fue muy prolífico, quizás por su prematura muerte, o bien por haber empezado a construir en solitario muy tarde, prácticamente en la década de los 90, tras casi veinticinco años de enseñanza y gestión en la Escuela de Arquitectura. Entre todas sus obras destaca por su relevancia y estilo el edificio para la Real Academia de la Lengua, proyectado en 1891 y construido a lo largo de cuatro años.

 

También, al igual que de la Gándara, impartía clases en la Escuela Especial de Arquitectura de Madrid, donde llegó a ser catedrático de Teoría del Arte y Proyectos y desempeñó el cargo de director desde 1888 hasta su muerte en 1896. Allí, en 1870 publicó un Plan de un curso de Teoría General de la Arquitectura. Asimismo, fue académico de Bellas Artes desde 1883.

 

OBRAS ESCULTÓRICAS Y DE VIVIENDA

 

Su primera obra fue el panteón para López de Ayala (1882) en el cementerio de San Justo. Volverá a realizar dos obras escultóricas más, en esta ocasión en colaboración con el afamado escultor Mariano Benlliure, como fueron los pedestales para la estatua de don Álvaro de Bazán, situada en la plaza de la Villa (1891) y para el monumento a María Cristina delante del Casón (1893), el cual ha sido elogiado por su belleza y corrección extrema en su diseño[3].

 

En cuanto a sus aportaciones en el ámbito de la vivienda, realizó dos casas palacio para familias adineradas del momento. La primera se trata de la Casa-palacio para el marqués del Pozo, en el paseo de Recoletos, construida en 1890, y la segunda fue el Palacio de Elduayen[4] en la calle Fomento, cuya construcción comenzó también en 1890 pero se demoró hasta 1895.

 

EL EDIFICIO DE LA REAL ACADEMIA DE LA LENGUA

 

La Real Academia Española se había fundado en Madrid en 1713, a instancias de Juan Manuel Fernández-Pacheco, marqués de Villena y duque de Escalona, quien fue además su primer director, con objeto de «cultivar y fijar la pureza y la elegancia de la lengua castellana». Sus primeras juntas se celebraron en la propia residencia de sus directores y más adelante, a partir de 1754 y hasta 1790, en unas dependencias de la Real Casa del Tesoro, cedidas por Fernando VI. En 1790, Carlos IV mandó construir para la Real Academia un edificio en la calle de Valverde, en el que permaneció hasta su traslado a la nueva sede diseñada por Aguado de la Sierra, pasando el anterior edificio a convertirse en sede de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

 

En 1884 se realizaron ya las primeras gestiones para la nueva ubicación en los terrenos del Buen Retiro, en un solar propiedad del Estado en la actual calle de Felipe IV, aunque el proyecto no sería presentado al Ayuntamiento hasta seis años después. La obra se desarrollará entre los años 1891 y 1894. Se trata de un lugar excepcional, situado en alto sobre el paseo del Prado, al norte del Museo del Prado y muy cerca del Casón del Buen Retiro y la iglesia de los Jerónimos.

 

El nuevo edificio consiste en un volumen exento de planta rectangular y cuatro niveles: semisótano -destinado a diversos departamentos para servicios subalternos-, bajo y principal -con salones, oficinas y demás dependencias de la Real Academia-, y segundo o ático, distribuido en varias habitaciones para el personal.

 

La nueva sede fue inaugurada finalmente el 1 de abril de 1894, asistiendo a la ceremonia la regente María Cristina de Habsburgo con su pequeño hijo Alfonso XIII. Aguado planteó un edificio de estilo clasicista, con notas eclécticas, inspirándose en las construcciones de los templos griegos, sobre todo en la fachada principal y el gran salón interior.

 

En las fachadas, prima la claridad volumétrica, con una lisa y sobria fábrica de ladrillo visto a contraste con piedra caliza en guarniciones, encadenados de esquina, zócalo, portada de ingreso y acroterio. Hay referencias clasicistas en la ornamentación del ático –con una suerte de friso de metopas (medallones) y triglifos (ventanas)-, acroterio y guarnición de los amplios huecos, pero sobre todo en el pórtico de acceso, de orden dórico, rotundo y elegante a la par, aunque según los expertos[5] es tan solo una referencia culta y grave como conviene a la institución que alberga el edificio. En realidad, en las fachadas los elementos históricos se manejan con eclecticismo y gran libertad, pero con suma belleza y corrección. En el interior se disponen amplios espacios chapados en piedra, solemnes y elegantes, destacando las cuatro vidrieras con temas alegóricos del Salón de Actos, realizadas en 1893 por el taller bordelés de C.P. Dragant.

 

La piedra y el ladrillo combinan, muy en la línea de Ventura Rodríguez o de Juan de Villanueva, en las fachadas, destacando entre ellas el frente principal, al que se adosa el pórtico central que hemos nombrado, tetrástilo, configurado por una escalinata, una columnata dórica y un frontón recto. La estructura se resuelve, sin embargo es más novedosa en cuanto a soluciones técnicas y constructivas se refiere, ya que combina muros de carga y atado, con forjados de hierro laminado. También es muy interesante y avanzada para su época, la estructura de la cubierta, con lucernarios acristalados, fijos y móviles.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

BALDELLOU, Miguel Ángel, Arquitectos en Madrid, Madrid: Ayuntamiento de Madrid, 2005.

 

CHUECA GOITIA, Fernando, La arquitectura isabelina en Madrid, Madrid: Instituto de Estudios Madrileños, 1992.

 

COLEGIO OFICIAL DE ARQUITECTOS DE MADRID, Guía de Madrid. Arquitectura y Urbanismo, Madrid: COAM, 2014.

 

DÍEZ DE BALDEÓN, Clementina, Arquitectura y clases sociales en el Madrid del siglo XIX, Madrid: Siglo XXI de España Editores S. A., 1986.

 

GUERRA DE LA VEGA, Ramón, Guía de Madrid, siglo XIX. 2 tomos, Madrid: Ed. del autor, 1993.

 

HERNANDO, Juan, Arquitectura en España 1770- 1900, Madrid: Cátedra, 1989.

 

LASSO DE LA VEGA ZAMORA, Miguel; SANZ HERNANDO, Alberto; RIVAS QUINZAÑOS, Pilar, Palacios de Madrid, Madrid: Consejería de Cultura, Turismo y Deportes, Dirección General de Patrimonio Cultural, 2010.

 

NAVASCUÉS PALACIO, Pedro, Arquitectura y arquitectos madrileños del siglo XIX, Madrid: Instituto de Estudios Madrileños, 1973.

 

NAVASCUÉS PALACIO, Pedro, «Arquitectura», Historia del Arte Hispánico. El siglo XIX, t. V, Madrid: Alambra, 1980.

 

NAVASCUÉS PALACIO, Pedro, «El problema del eclecticismo y clasicismo español del siglo XIX. Arquitectura española contemporánea», Anuario del Departamento de Historia del Arte, 5 (1993), pp. 22-34.

 

NAVASCUÉS PALACIO, Pedro, «La Escuela de Arquitectura de Madrid (1844- 1914)», en AA. VV., Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. Memoria 1991-1993, Madrid: Instituto Juan de Herrera, 1994, pp. 10-17.

 

NAVASCUÉS PALACIO, Pedro, Arquitectura española 1808-1914. (Summa Artis. Historia General del Arte, t. XXXV), Madrid: Espasa-Calpe, 1994.

 

NAVASCUÉS PALACIO, Pedro, «La creación de la Escuela de Arquitectura de Madrid», en AA. VV., Madrid y sus arquitectos: 150 años de la Escuela de Arquitectura, Madrid: Consejería de Educación y Cultura, 1996, pp. 23-34.

 

PRECKLER, Ana María, Historia del arte universal de los siglos XIX y XX, Volumen 1, Madrid, 2005.

 

PRIETO GONZÁLEZ, José Manuel, Aprendiendo a ser arquitectos. Creación y desarrollo de la Escuela de Arquitectura de Madrid (1844-1914), Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2004.

 

CRONOLOGÍA (OBRAS EN MADRID)

 

1882:

 

Panteón para López de Ayala en el cementerio de San Justo.

 

1890:

 

Casa-palacio para el marqués del Pozo, en el paseo de Recoletos.

 

1890-1895:

 

Proyecto y construcción del Palacio de Elduayen en la calle Fomento.

 

1891:

 

Colaboración con Mariano Benlliure en la realización de la estatua de don Álvaro de Bazán, situada en la plaza de la Villa.

 

1891-94:

 

Proyecto y construcción del edificio de la Real Academia Española de la Lengua en la calle de Ruiz de Alarcón.

 

1893:

 

Colaboración con Mariano Benlliure en la realización del Monumento a la Reina María Cristina, situado en la calle de Felipe IV.

 

EVA JUANA RODRÍGUEZ ROMERO

 

FECHA DE REDACCIÓN 27 DE DICIEMBRE DE 2020

FECHA DE REVISIÓN:

 

NOTAS

 

[1] JOSÉ MANUEL PRIETO GONZÁLEZ, Aprendiendo a ser arquitectos. Creación y desarrollo de la Escuela de Arquitectura de Madrid (1844-1914), Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2004.

[2] MIGUEL ÁNGEL BALDELLOU, Arquitectos en Madrid, Madrid: Ayuntamiento de Madrid, 2005.

[3] PEDRO NAVASCUÉS PALACIO, Arquitectura española 1808-1914. (Summa Artis. Historia General del Arte, t. XXXV), Madrid: Espasa-Calpe, 1994, pág. 480.

[4] Cfr. MIGUEL LASSO DE LA VEGA ZAMORA; ALBERTO SANZ HERNANDO y PILAR RIVAS QUINZAÑOS, Palacios de Madrid, Madrid: Consejería de Cultura, Turismo y Deportes, Dirección General de Patrimonio Cultural, 2010.

[5] PEDRO NAVASCUÉS PALACIO, Arquitectura española 1808-1914, op. cit., pág. 479.

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